LA DEVOCIÓN DE LAS TRES AVEMARÍAS

Decía Jesús: “¿ De qué aprovechará al hombre ganar el mundo si pierde su alma?”
Y esas palabras repetía San Ignacio de Loyola, recordando que el negocio más
importante es el de alcanzar la eterna salvación. ¿Quieres salvarte? Encomiéndate a la Virgen María, que suplicando a su Divino Hijo es omnipotente. Pídele su protección como Madre, rezando todos los días TRES
AVEMARÍAS.
En recuerdo de los privilegios con que la enriqueció la Santísima Trinidad (el poder que le otorgó Dios-Padre, la sabiduría que le comunicó Dios-Hijo, y la misericordia de que la colmó Dios-Espíritu Santo).
La Virgen Inmaculada prometió a Santa Matilde y a o santos, que quien rece diariamente las TRES AVEMARÍAS, tendrá su auxilio durante la vida y su especial asistencia a la hora de la muerte.
Rezar así:

1ª María, Madre mía, líbrame de caer en pecado mortal! Por el poder que te concedió el Padre Eterno.

Dios te salve María, llena eres de gracia;
El Señor es contigo, bendita tú eres entre
todas las mujeres, y bendito es el fruto
de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte,
Amén 
 

2ª Por la sabiduría que te concedió el Hijo.

Dios te salve María, llena eres de gracia;
El Señor es contigo, bendita tú eres entre
todas las mujeres, y bendito es el fruto
de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte,
Amén

3ª Por el amor que te concedió el Espíritu Santo.

Dios te salve María, llena eres de gracia;
El Señor es contigo, bendita tú eres entre
todas las mujeres, y bendito es el fruto
de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte,
Amén
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Gloria al Padre, al Hijo y al Espiritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén