LA TIBIEZA, OBSTÁCULO PARA SER SANTOS

P. Eliseo García Rubio

Santo Tomas de Aquino en la suma teológica, (2-2.q.35,a.3) dice que «La tibieza es una cierta tristeza por lo que el hombre se vuelve tardo, para realizar actos espirituales, a causa del esfuerzo que comportan».

Debemos examinarnos para ver si nosotros somos tibios, y no para angustiarnos, porque la angustia es mala, sino para inquietarnos, que esa inquietud es buena siempre que sea con el fin de corregirnos.

Este es el mayor peligro contra la santidad, por pereza, y muy poco esfuerzo vamos siendo infieles a Dios. “El camino del perezoso esta lleno de espinos”. (Prov 15,19). La devoción es la voluntad decidida para entregarse a todo lo que pertenece al servicio de Dios. Prontitud para las cosas de Dios, que es lo contrario. “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón esta lejos de Mi”. (Mt 15,8).

Las personas que ya están cansadas de todo, que desconfían de todo y de todos, que viven amargados, les falta esperanza, y es por que viven en la tibieza y son capaces de pecar y romper la gracia de la santidad. Aunque no sean pecados graves, pero no se avanza nada, es mas se retrocede sin que nos demos cuenta. El abandonarse es malo en todos los campos, material o espiritual, pero en el campo espiritual el alma se va debilitando, y en este estado hay reproches de parte de Dios en la Sagrada Escritura. “Conozco tus obras y no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Pero eres solo tibio; ni caliente ni frío. Por eso voy a vomitare de mi boca “. (Ap 3,15-15). Hay quien confunde la tibieza con la aridez espiritual, y son distintas.

La aridez espiritual, es una situación, un estado de paso, transitorio, en el que nos esforzamos por ser santos, en amar a Dios y al prójimo, pero no nos salen sentimientos ni hacia Dios, ni hacia el prójimo; Es mas se siente un rechazo de todo lo referente a la vida espiritual, a la confesión, a la comunión, a rezar, se vive con escrúpulos, miedos, tentaciones. Pero aun así se suele seguir rezando y mortificándose para evitar los pecados. Los Santos han sacado mucho fruto de esta aridez espiritual, si lo intentan aprovechar.