LOS SANTOS VIVEN

P. Eliseo García Rubio

Viven en el cielo los que ya murieron, y viven entre nosotros los que están en la tierra, aunque pasen desapercibidos.

1. Los Santos que están en el cielo: La Iglesia nos propone cada día unos cuantos santos para animarnos a imitar sus vidas de fidelidad al Evangelio y para que nos encomendemos a su protección.
«Cuanto mas perfecta ha sido la caridad de los santos que están ya en el cielo, tanto mas interceden por aquellos que están todavía en camino, ya que pueden ayudarles con sus oraciones; Y cuanto mas unidos están a Dios, tanto son mas eficaces estas oraciones suyas. Así se realiza el orden divino que hace refluir sobre los inferiores la excelencia de los superiores, como la claridad del sol se desparrama en el aire». (Suma teológica. 2-2 q. 83 a.11).

Santa Teresita poco antes de morir dijo: «Quiero pasar mi cielo haciendo bien sobre la tierra». Amando a Dios, y haciendo beneficios a los hombres, que es la misión que ahora tienen desde el cielo.

San Francisco de Sales le decía a Filotea en el libro de la vida devota: «Escoge algún santo en particular, cuya vida puedas mejor gustar e imitar, teniendo en su intercesión una particular confianza. El de tu nombre ya se te señalo desde tu bautismo».

«Los santos nos estimulan con su ejemplo en el camino de la vida, y nos ayudan con su intercesión». (Prefacio II de los Santos).

2. Los Santos que viven entre nosotros: Los santos que están en el cielo no fueron de madera, o de escayola en la tierra, sino de carne y hueso como nosotros.

Jesús cuando vivió su vida oculta en Nazaret, aunque era el Santo de Dios, tan solo era tenido por un simple artesano. ¿Pues no es este el hijo de José, el carpintero? Y de María, igual, siendo la mayor de los santos, una más del pueblo, junto con José, nada de especial.

De Santa Teresita, decía una de las hermanas del convento al verla morir. ¿Que puede decir la priora de sor Teresa? Si no ha hecho nada de particular. Esto es general con la mayoría.

En nuestra época hay, ciertamente mucho malo, pero hay, seguramente mucho bueno, santos entre nosotros. Mucha gente imagina que los santos son de la historia de la antigüedad, gloria que fue, y que en nuestra época moderna no los hay, por desgracia. Pero la Iglesia es perpetua y fecunda, y como hubo santos, los habrá hasta la consumación de los siglos, porque Dios así lo quiere; el estilo, la forma, la modalidad de los santos de hoy, puede variar, y de hecho varía, pero la santidad es la misma y es una realidad permanente y actual.

Es muy posible que en nuestra época actual no conozcamos santos como, San Francisco de Asís, Santa Teresa, San Ignacio de Loyola, etc. Pero no seria de extrañar que nos crucemos con algún santo de la escuela de Nazaret, y que por lo mismo, por que no resucita muertos, ni tiene visiones ni éxtasis en su oración, sino que vive, como San José, en el silencio de su casa, y cumpliendo en todo la voluntad de Dios. Estoy seguro, que de estos hay muchos, en los claustros y en los hogares.

San Pío X, decía un día de Santa Teresita: «He aquí la santa más grande de los tiempos modernos». ¿Y quien la conocía unos años antes?, ni se sabia que existiera esta monja enferma.

Una de las presencias de Dios en su Iglesia, es a través de sus santos. Ellos son la salvación de la Iglesia. El verdadero honor de la cristiandad no son los reyes, ni los jerarcas, ni los templos dorados, sino los santos. El día de mañana no contaran los hombres importantes de la Iglesia. Habrá caído el oropel, y solo quedara el oro puro de los santos. Siempre ha habido y habrá santos, quizás a nuestro lado haya alguno, y no lo sepamos valorar.