¿QUÉ ES ENTONCES LA SANTIDAD?

P. Eliseo García Rubio

La santidad es Dios. Dios es Santo. “Santo, santo, santo es Yahvé. Llena esta la tierra de su gloria”. (Is 6,3). En el prefacio de la Misa decimos: Santo, santo, santo es el Señor, Dios del universo. Y de Jesucristo que es Dios, decimos en el Credo. «Tú solo eres Santo». Por consiguiente Dios es la única fuente de la santidad, y el hombre será santo cuanto más se acerque y se asemeje a Dios. Y lo que mas nos asemeja a Dios es la gracia, que nos hace participar de la vida de Dios. Por esto la llamamos gracia santificante, porque nos santifica.

“Apártate del mal y obra el bien”. (Sal 36,27). En estas breves palabras del Salmo, esta encerrada en síntesis, toda la doctrina de la perfección cristiana, de la santidad. Esta es la voluntad de Dios, que la cumplamos evitando lo malo, (el pecado), y que practiquemos lo bueno, (la virtud). Y los medios que nos llevan a adquirirla. Lo primero es despojarse de todo lo que nos sobra y esclaviza, del hombre viejo; lo segundo, es revestirnos de Jesucristo, copiar en nosotros su divina imagen mediante la imitación de sus virtudes. “No os engañéis unos a otros; despojaos del hombre viejo con todas sus obras y vestidos del nuevo, que sin cesar renueva para lograr el perfecto conocimiento según la imagen de su Creador”. (Col 3,9-10). El es nuestro modelo, y su imitación es la que nos hace verdaderamente perfectos y santos. Que santos seriamos si acertásemos a reproducir en nosotros la caridad, la prudencia, la humildad, la obediencia, la paciencia, la castidad, la modestia, la mansedumbre, la dulzura, la bondad, etc. del Señor.

En las escenas de la Pasión se ve con claridad la defensa de la santidad de Jesucristo. Si los enemigos de Jesús hubieran conocido en él algún pecado por pequeño que pudiera ser, se lo hubieran echado en cara delante del publico numeroso que le seguía, y acusarle de soberbio, mentiroso. Los enemigos no pudieron dar más testimonio que el de su santidad.

En el tribunal que le acusaba, no encontraron pecado en Él, buscaron testigos falsos, y estos tampoco pudieron adjudicarle falta culpable.

Judas el discípulo que lo vendió, reconoce es seguida que ha entregado a un inocente, y se desespero amargamente por su crimen.

Poncio Pilato proclama varias veces que el reo que le han presentado es inocente, que no encuentra ninguna culpa en él para poderlo condenar. Le vence la debilidad y lo condena, pero con el gesto de lavarse las manos, proclama una vez más la inocencia del condenado.

Herodes tampoco se atreve a lanzar una sentencia justa de culpabilidad contra Jesús, porque lo considera inocente.

Uno de los ladrones crucificado en el calvario, al contemplar la actitud sobrehumana de Jesús en la cruz, increpa al otro ladrón regañándolo, y defiende y elogia en publico la inocencia y la santidad de aquel condenado, diferente a ellos que si que son culpables y merecen el castigo. “Nosotros sufrimos justamente por que estamos recibiendo el digno castigo de nuestras obras; pero esté nada malo ha hecho”. (Lc 23,41). Y dirigiéndose a Jesús le hace un ruego que es el reconocimiento de su santidad, de que es santo. “Acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”. ( Lc 23,42).

El centurión romano que había dirigido la ejecución, después de poder observar las circunstancias que han concurrido en la muerte de aquel ajusticiado afirma rotundamente. “Verdaderamente este hombre era justo”. (Lc 23,47). Etc.
Mientras peregrinamos aquí en la tierra hacia el Señor en el cielo, es cuando tenemos que hacernos santos, todos, y por el Bautismo recibimos la vida nueva de hijos de Dios. El ha puesto su misma vida en nuestros corazones. La santidad es la manera de ser que Dios tiene, (es santo) y nosotros al ser creados a (imagen y semejanza), (Jn 1,26), nos parecemos a Él, y hay que parecerse lo mas que podamos.

Catecismo. Nº 27: El deseo de Dios esta inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios; y Dios no cesa de atraer al hombre hacia sí, y solo en Dios encontrara el hombre la verdad y la dicha que no cesa de buscar.

Jesucristo mas que dar leyes, quiso dar ejemplos, y los ejemplos de las personas que queremos, nos llevan a imitarlos, Jesús a quien queremos, practica la santidad, y nos invita a que seamos santos, imitándole porque le queremos.

Hay que experimentar a Cristo resucitado en nuestra vida para imitarle. Los discípulos de Emaús, iban tristes, y solo cuando volvieron a experimentar la presencia de Cristo resucitado dentro de ellos, volvieron a ser felices. El Señor hoy sigue muerto para muchos, o es tan solo una idea o un recuerdo que paso, y esto no hace felices a nadie, ni atrae el quererse parecer a Él, a ser santos. Hay que experimentarle, porque el saber muchas cosas de El no basta, hay que sentirle, porque es Dios cercano a los hombres, y por el Bautismo hemos sido revestidos de Cristo. (Gal 3,27), y en el Bautismo sembró Dios la semilla de la gracia en nuestras almas, para que crezca y se desarrolle hasta hacernos santos.

Dom. Columba Marmión dice: «No olvidemos jamás que toda la vida cristiana, como toda santidad se reduce a ser por gracia, lo que Jesucristo es por naturaleza, Hijo de Dios: Por esto el santo mas encumbrado en el cielo será el que en este mundo fuere el mejor hijo de Dios».
Por esto la santidad será identificarnos con Jesucristo que se hizo hombre como nosotros, semejante en todo menos en el pecado. “Pues no es el sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras flaquezas, sino que las ha experimentado todas excepto el pecado”. (Heb 4,15). “Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí”. (Gal 2,20).

Catecimo Nº 2012: Sabemos que en todas las cosa interviene Dios para bien de los que le aman, a los que de antemano conoció, también los predestino a reproducir la imagen de su Hijo, para que fuera él el primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, a ésos también los llamó; y a los que llamó, a ésos también los justificó, a los que justificó, a ésos también los glorificó “. (Rom 8,28-30).

Cambiar nuestra manera de pensar, de actuar, de ser cristianos, religiosos etc. “Sois elegidos de Dios, pueblo suyo y objeto de su amor; revestíos, pues, de sentimientos de compasión, de bondad, de humildad, de mansedumbre y de paciencia”. (Gal 3,12). También se lo dice San Pablo a los romanos. “Porque a los que conoció de antemano, los destino también desde el principio a reproducir la imagen de su Hijo, llamado a ser primogénito entre muchos hermanos”. (Rom 8,29).

Si pensamos como el Señor, se nos hará fácil actuar en todo como actúa él. Este camino de identificación con Jesús, de parecernos cada vez mas a El, nos dura toda la vida, pero como somos pecadores, lo dice el Apóstol Santiago. “Porque todos fallamos en muchas cosas”. (Sant 3,2). Necesitamos siempre de la misericordia de Dios, y de su perdón, teniendo que rezar muchas veces sabiendo lo que decimos en el Padre nuestro. “Perdona nuestras ofensas”. (Mt 6,12).

Así la mejor definición de lo que es la santidad: Conformidad de nuestra voluntad con la voluntad de Dios. El Papa dijo que la santidad, es la alegría de hacer siempre la voluntad de Dios en todo.
«Para alcanzar esta perfección los creyentes han de emplear sus fuerzas, según la medida del don de Cristo, para entregarse totalmente a la gloria de Dios y al servicio del prójimo. Lo harán siguiendo las huellas de Cristo, haciéndose conformes a su imagen y siendo obedientes en todo a la voluntad del Padre. De esta manera, la santidad del pueblo de Dios producirá frutos abundantes, como lo muestra claramente en la historia de la Iglesia la vida de los santos». (L.G. 40).

«Uno cambia cuando se enamora. Siempre recuerdo lo que me sucedió con aquella joven que venia a confesarse con asiduidad. En cada confesión, a la vez que se acusaba de pequeñas cosas, me hablaba del problema de sus padres: que no los aceptaba como eran, que no los aguantaba, que quería huir de casa.

Le hacía ver que eran buenos, aunque tuviesen opiniones distintas a las suyas, que la querían del todo y como a hija única se gastaban y desgastaban para dejarle un buen porvenir. Pasó mucho tiempo sin que fuese capaz de comprenderles y cambiar. Un día vino radiante, gozosa... y otro y otro...., había desaparecido el problema de sus padres. Al preguntarle por su cambio, contesto: Tengo novio, estoy enamorada. Mis padres son un encanto, como me decía usted. (Desierto: una experiencia de gracia». (Francisco María López Melús. Ediciones Sígueme. Pagina 452).