“Yo aconsejo a todos que hagan meditación” (Camino de Perfección. 16,3)

Continuamos con este tema de la oración, que por otro lado, es el más amplio, y yo creo que apasionante en los escritos de Santa Teresa. Es una oración distinta, pero que no debemos descartar para nosotros, y menos aun, creer que no la necesitamos.

La Santa se enfadaba con esto.

<<¿Qué es esto, cristianos? Los que decís que no es necesaria la oración mental, os entendéis? Yo quisiera dar voces y disputar, siendo la que soy, con los que dicen que no es necesaria la oración mental.
Ciertamente, creo que no os entendéis, y por eso queréis que desatinemos todos: ni sabéis lo que es oración mental, ni cómo se ha de hacer la vocal, ni lo que es contemplación, porque si lo supierais, no condenaríais por un lado lo que alabáis por otro>> (Camino de Perfección. 22,2)

Y es que es necesario hacer otra clase de oración, además de la vocal, sobre todo, cuando Dios nos va atrayendo a ello. Lo dice San Francisco de Sales, aconseja a que no vacilemos en dejar la oración vocal, que témenos costumbre de hacer, por la meditación, si nos sentimos atraídos. No vamos a perder nada, al contrario, nuestra oración empezará a ser meditación, de otro modo.

<<Si mientras haces la oración vocal, sientes el corazón inclinado y movido a la oración interior o mental, no te niegues a entrar en ella, sino deja que ande tu espíritu con suavidad, y no te preocupe el no haber terminado las oraciones vocales que te habías propuesto rezar, pues la mental que habrás hecho en su lugar, es más agradable a Dios y más útil a tu alma>>. (Introducción a la vida devota, 2ª parte, cap I).

También la Santa lo aconseja, aunque cueste, pero después compensará.

<<Al principio cuesta esfuerzo, pero cuando la persona se ha acostumbrado, se suaviza el esfuerzo. Después ocurre lo contrario, pues lo que entonces cuesta es tener que abrir los ojos... En el mismo recogimiento percibe la persona que el espíritu se robustece para luchar contra la carne>> (Camino de Perfección. 28,7)

En la meditación una parte es indudable que tenemos que reflexionar, darlo vueltas, meditarlo en el corazón. Por ejemplo, leyendo un libro, que fue la forma de meditación de la Santa muchos años.

<<Yo estuve catorce años que nunca podía tener meditación sino junto
con lectura. Habrá muchas personas de este arte, y otras que, aunque sea
con la lección, no puedan tener meditación, sino rezar vocalmente, y aquí
se detienen más. Hay pensamientos tan ligeros que no pueden estar en
una cosa, sino siempre desasosegados, y en tanto extremo que, si quieren
detenerle a pensar en Dios, se les va a mil disparates y escrúpulos y
dudas>>. (Camino de Perfección. 17,3)

LA ORACION QUE PRACTICÓ LA VIRGEN MARÍA.

Siempre tuvo la Virgen vida de oración, ya que nunca perdió la presencia de Dios, ni antes ni después de la Encarnación. Pero, al fin de su vida, esta oración tuvo que ser aún todavía más intensa si cabe.

¿Cómo iba Ella a estar ni un momento sin pensar en su Hijo querido? ¿No le recordaría sin cesar? ¿No estaría incesantemente acordándose de sus palabras, de sus milagros, de su predicación, de su pasión y muerte, de su resurrección y Ascensión, de su amor, a los hombres? Los evangelistas nos presentan a María muchas veces orando, que a pesar de los poquísimos detalles que de Ella narran, nos hablan varias veces de la oración de María. La Anunciación y Encarnación tienen lugar durante la oración de la Virgen. Sube al templo, sin tener obligación ninguna, a orar. La purificación y presentación, son misterios de oración.


Ora en el Calvario junto a la cruz y en el Cenáculo, por espacio de ocho días seguidos, con los apóstoles no hace sino orar. Haciendo la meditación imitamos a la Virgen María que “guardaba todo esto y lo meditaba en su corazón”. (Lc 2,19).

La Virgen oraba. En oración estaba cuando el ángel la anuncio el misterio de la Encarnación. Y después, todos los acontecimientos que Ella había vivido con Jesús. Sus misterios, que eran para María objeto de meditación. ¡Como no lo van a ser para nosotros!La oración vocal sosegada, provoca y empieza a desarrollar otra oración distinta, de deseos, de entrarnos en intimidad con el Señor y para asimilar personalmente los grandes misterios de la fe, de la vida de Jesus, los evangelios.

Tratar de amistad (Vida 8,5), que es distinto para la Santa.


<<Hacía la oración de esto modo: como no podía discurrir con el entendimiento, intentaba representarme a Cristo dentro de mí y me encontraba mejor, creo, en los lugares donde le veía más solo. Me parecía que estando solo y afligido, como persona necesitada de compañía, me admitiría a mí. De estas simplicidades tenía muchas. En especial me hallaba muy bien en la oración del Huerto; allí era mi acompañarle; si podía pensaba en aquel sudor y aflicción que allí había tenido; deseaba limpiarle aquel tan penoso sudor, mas recuerdo que jamás osaba determinarme a hacerlo, porque se me representaban mis pecados tan graves; estaba allí con él todo el tiempo que me dejaban los pensamientos, porque eran muchos los que me atormentaban>> (Vida. 9,4)


Como nos dice santa Teresa, para que poquito a poquito vayamos acostumbrando el alma a tratar con Dios. Ya no solo a hablar con Él en la oración vocal, porque hablar lo hacemos con todas las personas, aunque no tengamos con ellas trato de amistad. No es perder el tiempo pararse en algo.


<<Pues tornando a los que discurren, digo que no se les vaya todo el tiempo en esto; porque, aunque es muy meritorio, no les parece como es oración sabrosa que ha de haber día de domingo, ni rato que no sea trabajar. Luego les parece es perdido el tiempo, y tengo yo por muy ganada esta pérdida; sino que como he dicho se representen delante de Cristo, y sin cansancio del entendimiento se estén hablando y regalando con El, sin cansarse en componer razones, sino presentar necesidades y la razón que tiene para no nos sufrir allí: lo uno un tiempo, y lo otro otro, porque no se canse el alma de comer siempre un manjar. Estos son muy gustosos y provechosos, si el gusto se usa a comer de ellos; traen consigo gran sustentamiento para dar vida al alma, y muchas ganancias>>. (Vida. 13,11)


Pero en la oración de meditación es aún más importante el encuentro personal

<<con quien sabemos que nos ama>> (Vida. 8,5).

En este sentido la meditación es oración en la medida en que se produce en ella ese encuentro personal y amistoso con el Señor.

<<Que no está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho>> (4 Moradas.1,7)


<<El aprovechamiento del alma no está en pensar mucho, sino en amar
mucho>> (Fundaciones. 5,2)

Estarle amando.


C.I.C. nº 2705: La meditación es, sobre todo, una búsqueda. El espíritu trata de comprender el porqué y el cómo de la vida cristiana para adherirse y responder a lo que el Señor pide. Hace falta una atención difícil de encauzar.
Habitualmente se hace con la ayuda de algún libro, que a los cristianos no les falta: las Sagradas Escrituras, especialmente el Evangelio, las imágenes sagradas, los textos litúrgicos del día o del tiempo, los escritos de los Padres espirituales, las obras de espiritualidad, el gran libro de la creación y el de la historia, la pagina del "hoy" de Dios.


Por eso dice la Santa a los que discurren, y se cansan de reflexionar, que no se les vaya todo el tiempo en esto.


<<es gran remedio tomar un buen libro de romance, aun para recogeros para rezar vocalmente (digo como se ha de rezar), y poquito a poquito ir acostumbrando el alma con halagos y artificio para no la amedrentar.
Haced cuenta que ha muchos años que se ha ido huida de su Esposo y que hasta que quiera tornar a su casa es menester mucho saberlo negociar.
Que así somos los pecadores: tenemos tan acostumbrada nuestra alma y pensamiento a andar tan a su placer -o pesar, por mejor decir-, que la triste alma no se entiende; que para que torne a tomar amor con su marido y a acostumbrarse a estar en su casa, es menester mucho artificio y que sea con amor y poco a poco; si no, nunca haremos nada. Y creed cierto que, si con cuidado os acostumbráis a considerar que traéis con vos a este Señor y a hablar con él muchas veces, que sacaréis tan gran ganancia, que aunque yo ahora os la quiera decir, por ventura no me creeréis>>. (Camino de Perfección. 43,3)

MEDITAR SOBRE LO QUE MEDITABA LA VIRGEN MARÍA

Así nos dice el Evangelio. “María guardaba todas estas cosas y las meditaba en sus corazón”. (Lc 2,19). Nos podemos preguntar. ¿Cómo meditaría la Virgen, sobre qué, cuáles serían sus afectos, sus coloquios, qué fruto sacaría de ella? La Virgen componía su oración con los acontecimientos de la vida de su Hijo y la suya. Cuantas veces recordaría los misterios de la infancia, los misterios de gozo. Cuantas veces pasaría por su cabeza el anuncio del ángel. La Anunciación. (Lc 1)

La Visitación a su prima Santa Isabel. El Nacimiento del Niño Jesús (Lc 2)La Presentación en el Templo.

Y el gran dolor de perder al Niño Jesús en el templo. Otras veces los misterios de luz.


La autorrevelación en las bodas de Caná. (Jn 2,1-5) etc. Otras veces los misterios tan dolorosos de la pasión, verle azotado, coronado de espinas, insultado por la gente, con la cruz acuestas, y calvado en ella. Esto al pie de la cruz, (Jn 19,25).

Y después con el cuerpo muerto de su hijo en su regazo. Otras veces los misterios gloriosos. La Resurrección de su hijo, el volverlo a ver vivo. (Mt 28, 5-6)

La Ascensión de Jesús a los cielos (Mc 16,20) y La Venida del Espíritu Santo en Pentecostés, donde estaba ella con los apóstoles. (Hch 1,14) etc. De todos estos recuerdos hacia Maria su meditación.

Cuando nosotros rezamos y meditamos los misterios del Rosario, estamos meditando los mismos misterios que la Virgen meditaba en su corazón, estamos imitando a la Virgen María, que guardaba y meditaba los mismos misterios, (Lc 2,19), que son de los que está compuesto el Evangelio.

El P. Pió de Pietrelcina era un gran devoto de esta oración del rosario: <<Llevaba siempre el rosario consigo o enrollado en la mano o en el brazo, como si fuera una sarta de perlas o un escudo de defensa. Tenía rosarios en todas partes, bajo la almohada, en la mesilla de noche, en los bolsillos. Era el religioso del rosario. Consideraba el rosario como su arma predilecta contra toda clase de enemigos. Decía: Diariamente recitaré no menos de cinco rosarios completos. la oración del rosario es la oración que hace triunfar de todo y a todos. María nos lo ha enseñado así, lo mismo que Jesús nos enseñó el padrenuestro>> (Sáez de Ocáriz Leandro, Pío de Pietrelcina, Ed. San Pablo, Madrid, 1999, pp. 300-302).

Como no va a ser buena esta clase de oración, la meditación, la que hacia la Virgen María. Y necesaria para todo el día.


<<Lo que medita por la mañana, tráigalo presente todo el día, y en esto ponga mucha diligencia, porque hay gran provecho>> (Avisos. 31)


C.I.C. nº 2708: La meditación hace intervenir al pensamiento, la imaginación, la emoción y el deseo. Esta movilización es necesaria para profundizar en las convicciones de fe, suscitar la conversión del corazón y fortalecer la voluntad de seguir a Cristo. La oración cristiana se aplica preferentemente a meditar "los misterios de Cristo", como en la "lectio divina" o en el Rosario. Esta forma de reflexión orante es de gran valor, pero la oración cristiana debe ir más lejos: hacia el conocimiento del amor del Señor Jesús, a la unión con El.


<<Yo aconsejo a todos que hagan meditación aunque no tengan virtudes porque es principio para alcanzar todas las virtudes y cosa en que nos va la vida comenzarla a todos los cristianos, y ninguno por perdido que esté debía de dejar de hacer>> (Camino de Perfección. 16,3)

SANTA TERESA ENSEÑO A HACER ORACION MENTAL

Además de la oración vocal, y la oración de meditación, hay otra forma de contacto con Dios más simple, la oración mental. El alma a medida que va progresando en la oración, va disminuyendo el número de oraciones y la diversidad de los afectos, y esto es fácil.

<<De esta suerte rezaremos con mucho sosiego vocalmente, y es quitarnos de trabajo. Porque a poco tiempo que forcemos a nosotros mismos para estarnos cerca de este Señor, nos entenderá por señas, de manera que si habíamos de decir muchas veces el Paternóster, nos entenderá de una. Es muy amigo de quitarnos de trabajo. Aunque en una hora no le digamos más de una vez, como entendamos estamos con Él y lo que le pedimos y la gana que tiene de darnos y cuán de buena gana se está con nosotros, no es amigo de que nos quebremos las cabezas hablándole mucho>> (Camino de Perfección. 29,6)


Ella tenía una oración muy especial, que le había enseñado el mismo Dios. No
nos tiene que asustar, al contrario.
<<Pensar y entender qué hablamos, y con quién hablamos y quién somos los que osamos hablar con tan gran Señor; pensar esto y otras cosas semejantes de lo poco que le hemos servido y lo mucho que estamos obligados a servir, es oración mental; no penséis es otra algarabía, ni os espante el nombre>>. (Camino de Perfección. 25,3)


Y es un modo muy sencillo, el que enseño. La Santa lo entendió como el mayor bien en esta vida, por eso se lo procuro a la persona que más quería en esos momentos, a su padre.


<<Como quería tanto a mi padre, le deseaba el bien que yo tenía con hacer oración, que me parecía que en esta vida no podía ser mayor. Con rodeos y como pude comencé a procurar con él que hiciese. Le dí libros para que la hiciera. Como era tan virtuoso, se cimentó tan bien en él este ejercicio, que en cinco o seis años adelantó tanto, que yo alababa mucho al Señor y me daba grandísimo consuelo>> (Vida. 7,10)


Pero la Santa enseño a hacer oración a muchas más personas que se encontraron con ella, de manera especial a sus monjas carmelitas.


<<No sólo procuré que hiciese oración mi padre sino también algunas otras personas. Aun metida yo en estas vanidades, como las veía amigas de rezar, les decía el modo de hacer meditación y les ayudaba y les daba libros; porque tenía deseo de que otros sirviesen a Dios desde que comencé a hacer oración>> (Vida. 7,13)


C.E.C. nº 2710: La elección del tiempo y de la declaración de la oración de contemplación depende de una voluntad decidida reveladora de los secretos del corazón. No se hace contemplación cuando se tiene tiempo, sino que se toma el tiempo de estar con el Señor con la firme decisión de no dejarlo y volverlo a tomar, cualesquiera que sean las pruebas y la sequedad del encuentro. No se puede meditar en todo momento, pero sí se puede entrar siempre en contemplación, independientemente de las condiciones de salud, trabajo o afectividad. El corazón es el lugar de la búsqueda y del encuentro, en la pobreza y en la fe.
En resumidas cuentas, lo que importa no es sobrecargarse con muchas prácticas y ejercicios de piedad, que muchas veces va en detrimento de la devoción interior. Sino que también en esta materia de la oración, vale más la calidad que la cantidad. Le llamamos oración mental, al tiempo en que el alma, se desentiende de todas las ocupaciones, y se está recogida en Dios, dándose cuenta de que esta con Él, y Dios con el alma, y eso con mucho amor. ¡Qué fácil lo dice la Santa!


<<Adonde está Dios, es el cielo…. San Agustín que le buscaba en muchas partes y que le vino a hallar dentro de sí mismo.., que no ha menester para hablar con su Padre Eterno ir al cielo, ni para regalarse con El, ni ha menester hablar a voces…., está tan cerca que nos oirá. Ni ha menester alas para ir a buscarle, sino ponerse en soledad y mirarle dentro de sí y no extrañarse de tan buen huésped; sino con gran humildad hablarle como a padre, pedirle como a padre, contarle sus trabajos, pedirle remedio para ellos, entendiendo que no es digna de ser su hija>> (Camino de Perfección. 28,2)


Dios quiere que vayamos, con el paso del tiempo, si somos almas de oración, simplificando cada vez más nuestra forma amistad con Él. Como en el evangelio, lo que leemos es una recomendación, “orad sin cesar”. (1Tes 5,17).


C.E.C. nº 2711: La entrada en la contemplación es análoga a la de la Liturgia eucarística: "recoger" el corazón, recoger todo nuestro ser bajo la moción del Espíritu Santo, habitar la morada del Señor que somos nosotros mismos, despertar la fe para entrar en la presencia de Aquel que nos espera, hacer que caigan nuestras máscaras y volver nuestro corazón hacia el Señor que nos ama para ponemos en sus manos como una ofrenda que hay que purificar y transformar.


Nuestra oración no tiene que ser algo complicado, sino, cada vez algo más sencillo, más simple, que lo hagamos con mucho gusto y con mucha facilidad. Porque si oramos de una manera cada vez más costosa, más difícil, más complicada, lo más seguro será que nos cansemos y lo dejemos de hacer, o en el peor de los casos, que le cojamos manía a la oración. La Santa, todo lo contrario, nos enseña que era la manera más satisfactoria de rezar, algo fácil.


<<El Señor lo enseñe a las que no lo sabéis, que de mí os confieso que nunca supe qué cosa era rezar con satisfacción hasta que el Señor me enseñó este modo. Y siempre he hallado tantos provechos de esta costumbre de recogimiento dentro de mí, que eso me ha hecho alargar tanto>>. (Camino de Perfección. 29,7)


No siempre, pero el Señor a las almas que tratan de intimidad con Él les suele regalar, algunas veces momentos especiales de su presencia, sobre todo en esta clase de oración, la oración mental, como a la Santa.


<<comenzó el Señor a regalarme tanto por este camino, que me hacía
merced de darme oración de quietud, y alguna vez llegaba a unión, aunque
yo no entendía qué era lo uno ni lo otro y lo mucho que era de preciar,
que creo me fuera gran bien entenderlo>> (Vida. 4,7)

¿ES DIFÍCIL HACER LA ORACIÓN MENTAL?

Sí, porque es lógico, se necesita entregarse a ese tiempo tan especial, con decisión, con empeño, con ganas de tratar con Dios. Esto no siempre es fácil que
consigamos el recogimiento, y esto a veces es una dificultad, pero cuando se supera, el gozo es muy grande.

<<Son tantas las cosas que el demonio pone delante a los principios para que no comiencen este camino de hecho, como quien sabe el daño que de aquí le viene, no sólo en perder aquel alma sino muchas. Si el que comienza se esfuerza con el fervor de Dios a llegar a la cumbre de la perfección, creo jamás va solo al cielo; siempre lleva mucha gente tras sí. Como a buen capitán, le da Dios quien vaya en su compañía. Póneles tantos peligros y dificultades delante, que no es menester poco ánimo para no tornar atrás, sino muy mucho y mucho favor de Dios>> (Vida. 11,4)

Y como todo en lo que hay parte humana, hay que trabajar para conseguirlo, y en la oración, trato de amistad, como hemos dicho hay dos personas, Dios y el hombre, y de parte nuestra, puede ser trabajosa.

<<Pues nada se desprende sin un poco de trabajo, por amor de Dios, hermanas, que deis por bien empleado el cuidado que en esto gastareis. Y yo sé que, si le tenéis, en un año y quizá en medio, saldréis con ello, con el favor de Dios. Mirad qué poco tiempo para tan gran ganancia como es hacer buen fundamento para sí quisiere el Señor levantaros a grandes cosas, que halle en vos aparejo, hallándoos cerca de sí. Plega a Su Majestad no consienta nos apartemos de su presencia>>. (Camino de Perfección. 29,8)

Hay aspectos que la hacen muy agradable, la hacen muy fácil, la hacen muy descansada, como son recordar que Dios está presente, los silencios en su presencia, las miradas a las imágenes, al sagrario, al Señor en la custodia, los gestos llenos de significado, llenos de confianza. Todos estos aspectos hechos en la presencia de Dios, en el tiempo que le dedicamos a la oración, enriquece mucho nuestra vida espiritual, y mucho nuestro trato de amistad. (Vida 8,5) Con Dios todo es agradable, y más el trato de amistad.

<<Nos hemos de desocupar de todo para llegarnos interiormente a Dios, y aun en las mismas ocupaciones retirarnos a nosotros mismos. Aunque sea por un momento solo, aquel acuerdo de que tengo compañía dentro de mí es gran provecho. En fin, irnos acostumbrando a gustar de que no es menester dar voces para hablarle, porque Su Majestad se dará a sentir cómo está allí>> Camino de Perfección. 29,5)
Lo principal es estar amando, más que hablando, o reflexionando o incluso que
pensando. Sin amor, nada vale nada. Dice san Pablo: “Ya podría hablar lenguas de hombres y de ángeles, si no tengo amor, soy como bronce que suena o címbalo que hace ruido... Ya podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve” (1 Cort 13,1-3). ¡Qué fácil es orar, cuando hay amor!

A) Orar recordando, pensando que Dios está presente.

Hay veces que en nuestra vida, incluso, lo más fácil que es la oración vocal, nos puede resultar cansada, y en este momento también debemos rezar. Pensando solamente, que nos hace estar en contacto con Dios con una forma mucho más sencilla. Sencillamente, porque Dios está en todas partes. “¿Adónde iré lejos de tu aliento, adónde escaparé de tu mirada? Si escalo el cielo, allí estás tú; si me acuesto en el abismo, allí te encuentro” (Sal 139.7- 8)En el evangelio “si alguien me ama, cumplirá mi palabra, mi Padre le amará, vendremos a él y habitaremos en él”, (Jn 14,23)

<<Ahora entenderéis la diferencia que hay de la contemplación a la oración
mental, que consiste en pensar y entender lo que decimos y con quién hablamos,
y quiénes somos los que osamos hablar con tan gran Señor. Pensar esto y otras cosas semejantes sobre lo poco que hemos hecho por él y lo mucho que le debemos, es oración mental>> (Camino de Perfección. 25,3)

C.E.C. nº 2697: Los Padres espirituales, en la tradición del Deuteronomio y de los profetas, insisten en la oración como un "recuerdo de Dios", un frecuente despertar la "memoria del corazón": "Es necesario acordarse de Dios más a menudo que de respirar" (San Gregorio Nacianceno, or. theol. 1, 4).

Siempre podemos recordar a quien amamos. Porque, como dice la Santa, el recuerdo nos persigue.

<<El amante verdadero en todas partes ama y siempre se acuerda del Amado. ¡Recia cosa sería que sólo se pudiera hacer oración en los rincones!Más, ¡oh,Señor mío!¡Cuánta fuerza tiene ante Vos un suspiro salido de las entrañas>> (Fundaciones. 5,15)

<<se representen delante de Cristo, y sin cansancio del entendimiento se estén hablando y regalando con El, sin cansarse en componer razones, sino presentar necesidades y la razón que tiene para no nos sufrir allí: lo uno un tiempo, y lo otro otro, porque no se canse el alma de comer siempre un manjar. Estos son muy gustosos y provechosos, si el gusto se usa a comer de ellos; traen consigo gran sustentamiento para dar vida al alma, y muchas ganancias>>. (Vida. 13,11)

Esta forma es mucho más sencilla y nos animara a hacerla con mucha frecuencia. Tener conciencia de que él, que tanto nos ama, se encuentra junto a nosotros. Dice la beata Isabel de la Trinidad:

<<He hallado mi cielo en la tierra, pues el cielo es Dios y Dios está en mi alma. El día que comprendí esta verdad, todo se iluminó para mí. Quisiera revelar este secreto a todas las personas a quienes amo para que ellas se unan siempre a Dios a través de todas las cosas, y se cumpla así la oración de Jesucristo: “Padre, que sean completamente uno>> (Carta 110).

Es una experiencia de cielo, como tatas veces lo experimentó Santa Teresa.

<<Puede representarse delante de Cristo y acostumbrarse a enamorarse mucho de su sagrada Humanidad y traerle siempre consigo y hablar con Él, pedirle para sus necesidades y quejársele de sus trabajos, alegrarse con Él en sus contentos y no olvidarle por ellos, sin procurar oraciones compuestas, sino palabras conforme a sus deseos y necesidad. Es excelente manera de aprovechar y muy en breve; y quien trabajare a traer consigo esta preciosa compañía y se aprovechare mucho de ella y de veras cobrare amor a este Señor a quien tanto debemos, yo le doy por aprovechado>>. (Vida. 12,2)

Debemos de caer en la cuenta de que, en este momento estamos juntos, Dios y yo. Yo, un pobre pecador, en presencia del Dios de la bondad y de la misericordia, que me ama. Y yo con el pensamiento acompañarle.

<<Tenía este modo de oración: que, como no podía discurrir con el entendimiento, procuraba representar a Cristo dentro de mí, y hallábame mejor a mi parecer de las partes adonde le veía más solo. Parecíame a mí que, estando solo y afligido, como persona necesitada me había de admitir a mí. De estas simplicidades tenía muchas. En especial me hallaba muy bien en la oración del Huerto. Allí era mi acompañarle. Pensaba en aquel sudor y aflicción que allí había tenido, si podía. Deseaba limpiarle aquel tan penoso sudor. Más acuérdome que jamás osaba determinarme a hacerlo, como se me representaban mis pecados tan graves. Estábame allí lo más que me dejaban mis pensamientos con El, porque eran muchos los que me atormentaban>>. (Vida. 9,4)

 
Pensar en Jesús, como lo hacía Simeón, pensaba con amor toda la vida en el Mesías.
Deseaba conocerle y verle. Cuando le hubo conocido exclamó lleno de gozo. “Ahora Señor, puedo morir en paz, porque mis ojos han visto a mi Salvador”. (Lc 2,29).

Aquella mujer que padecía de flujos de sangre hacia doce años y había gastado toda su fortuna en curarse, pensaba “con solo que toque su vestido quedare sanada” y así fue. (Mt 9,21).

<<Procurad luego, hija, pues estáis sola, tener compañía. Pues ¿qué mejor que la del mismo maestro que enseñó la oración que vais a rezar? Representad al mismo Señor junto con vos y mirad con qué amor y humildad os está enseñando. Y creedme, mientras pudiereis no estéis sin tan buen amigo. Si os acostumbráis a traerle cabe vos y El ve que lo hacéis con amor y que andáis procurando contentarle, no le podréis -como dicen- echar de vos; no os faltará para siempre; ayudaros ha en todos vuestros trabajos; tenerle heis en todas partes: ¿pensáis que es poco un tal amigo al lado?>>. (Camino de Perfección. 26,1) 

B) Orar escuchando a Dios en el silencio.

La misma santa Teresa dice, que hay temporadas en las que ni pensar nos es fácil. Será también una buena forma de estar en la presencia de Dios en silencio. Orando como cuando lo hacemos hablando con Él, o meditando en su vida, pero ahora en silencio. Un amor silencioso, que es como un fundirse dos en uno por el amor, donde sobran las palabras o, a lo máximo, sólo puede repetirse constantemente: (Te amo, te amo, te amo)

Es la oración de aquel campesino de que habla el santo cura de Ars. Iba a rezar todos los días a la iglesia y un día el santo le preguntó: <<Tú ¿qué haces? ¿Cómo oras? Yo lo miro y él me mira>>.

Y esta oración tiene su valor, solo por el mero hecho de seguir con el Señor. Y la Santa lo vivió, queriendo pensar no podía.

<<Hay temporadas de mal humor, cuando se está deprimido o se tiene debilidad cerebral en las que queriendo pensar no se puede; y hay días en los que Dios permite grandes tempestades para mayor bien de sus siervos; entonces, aunque se afligen e intentan relajarse, no pueden ni están en lo que dicen por mucho que se esfuercen ni pueden mantener la atención y están alterados y nerviosos como si tuvieran frenesí>> (Camino de Perfección. 24,4)

C.E.C. nº 2717: La contemplación es silencio, este "símbolo del mundo venidero" (San Isaacá de Nínive, tract. myst. 66) o "amor silencioso" (San Juan de la Cruz).

Las palabras en la oración contemplativa no son discursos, sino ramillas que alimentan el fuego del amor. En este silencio, insoportable para el hombre "exterior", el Padre nos da a conocer a su Verbo encarnado, sufriente, muerto y resucitado, y el Espíritu filial nos hace partícipes de la oración de Jesús. Escuchar a Jesús en silenciocomo Maria sentada a los pies del Señor, sin hablar nada, solo le miraba y escuchaba. (Lc 10,39).

En el monte de las Bienaventuranzas, cuando Jesús abrió su labios, un silencio impresionante se hizo entre la muchedumbre que le seguía, y todos escucharon las Bienaventuradas. (Mt, 5,1ss).

La Madre Teresa de Calcuta: <<Antes de hablar, es preciso que escuches, Dios habla en el silencio del corazón>>.

Y la Santa, nos recuerda que habla, aunque no le oigamos.

<<Lo que nosotros podemos hacer es procurar estar solos..., a fin de que nos demos cuenta de con quién estamos y de lo que responde el Señor a nuestras peticiones. ¿Pensáis que está callado? Aunque no le oímos, bien que habla al corazón cuando le pedimos de corazón>> (Camino de Perfección. 24,5) 

C) Oración de simple mirada.

Este tipo de oración surge de la oración en silencio, sin hablar, sin reflexionar en la meditación, sin pensar por que nos cuesta, y en el silencio, que mejor que mirar. Oración de la simple mirada. Entre otros motivos, porque en la oración estamos con quien sabemos que nos ama, (Vida 8,5)

No tenemos necesidad de estar hablando continuamente, como las parejas de enamorados, con una mirada se dicen mucho, sobre todo que se aman. No estamos mirando a una persona extraña a la que tenemos que estar atendiendo con detalles de cortesía y de buena conversación. Si no, que es mirando a quien nos ama.

<<Puesta en la presencia del Señor, el alma mire que le mira>> (Vida. 13,22)

C.E.C. nº 2715: La contemplación es mirada de fe, fijada en Jesús. "Yo le miro y él me mira", decía a su santo cura un campesino de Ars que oraba ante el Sagrario. Esta atención a Él es renuncia a "mi'. Su mirada purifica el corazón.
La luz de la mirada de Jesús ilumina los ojos de nuestro corazón; nos enseña a ver todo a la luz de su verdad y de su compasión por todos los hombres. La contemplación dirige también su mirada a los misterios de la vida de Cristo.

Aprende así el "conocimiento interno del Señor" para más amarle y seguirle (cf San Ignacio de Loyola, ex. sp. 104).
Simple mirada, con atención amorosa. Porque el Señor también desea que en su presencia sepamos en silencio, es cucharle y mirarle con amor. Como decía la Santa a sus monjas.

<<Sólo os pido que le miréis. Pues ¡quién os impide volver los ojos del alma, aunque sea rápidamente si no podéis deteneros más, a este gran Señor? podéis mirar cosas muy feas, ¿y no vais a poder mirar la cosa más hermosa que se puede imaginar? Pues nunca aparta vuestro Esposo sus ojos de vosotras..., ¿es mucho pediros que apartando los ojos de las cosas exteriores, le miréis algunas veces a él? Mirad que no está esperando otra cosa, como dice a la esposa en los Cantares, más que le miremos. Cuando queráis le encontraréis. Desea tanto que le miremos que no quedará por él>> (Camino de Perfección. 26,3)

Mirar a Jesús como los Pastores cuando llegaron a Belén, miraron y contemplaron a Jesús recién nacido, como les habían dicho los Ángeles. Los Reyes Magos, llegaron lo vieron y lo adoraron. La Virgen y San José también miraban con amor a Jesús.Santa Teresa decía de ella misma que no tenía mucha habilidad para representarse las cosas en la cabeza, por eso necesitaba de las imágenes.
<<Por eso era tan amiga de imágenes. ¡Pobrecitos los que por su culpa pierden este bien!A mí me parece que no aman al Señor, porque si le amaran, se alegrarían de ver su retrato, como nos ocurre con el de las personas que queremos>>. (Vida. 9,6)

En la oración de mirada, ponemos en práctica el consejo de Jesús, en una de sus enseñanzas de la oración: “Mirad las aves del cielo… mirad los lirios del campo”
(Mt 6,26.28).

Es estar mirando sin prisa, sin pensar en otra cosa que en estar amando al amado. Mirándole según este nuestro espíritu en ese momento, si alegre o triste. 

<<Si estáis alegre, miradle resucitado; que sólo imaginar cómo salió del sepulcro os alegrará. Con qué claridad y con qué hermosura salió!; ¡con qué majestad, qué victorioso, qué alegre!Como el que venció en la batalla en la que ganó un Reino tan grande que todo lo quiere para vos, junto con él. Pues ¿es mucho pediros que volváis una vez los ojos para mirar quien tanto os da?.. Si estáis con trabajos o triste, miradle camino del huerto: ¡qué aflicción tan grande llevaba en su alma, pues con ser el mismo sufrimiento la dice y se queja de ella!O miradle atado a la columna, lleno de dolores, todas sus carnes hechas pedazos por lo mucho que os ama; tanto padecer, perseguido de unos, escupido de otros, negado de sus amigos, desamparado de ellos, sin nadie que vuelva por El, helado de frío, puesto en tanta soledad, que el uno con el otro os podéis consolar. O miradle cargado con la cruz, que aun no le dejaban hartar de huelgo.
Miraros ha El con unos ojos tan hermosos y piadosos, llenos de lágrimas, y olvidará sus dolores por consolar los vuestros, sólo porque os vayáis vos con El a consolar y volváis la cabeza a mirarle>> (Camino de Perfección. 26,4-5)

Esta oración de mirada al Señor o bien expuesto en la custodia, o en el sagrario, sabiendo que está detrás de la puerta. El sagrario de nuestras iglesias o la custodia donde está Expuesto Jesús sacramentado es el mejor lugar del mundo para entablar una relación de amor y amistad con Dios. Allí nos espera el Dios omnipotente y allí podemos decirle, mejor que en ningún otro lugar, que lo amamos.

<<Lo mejor es acordarse de que está delante de Dios y tomar conciencia de quién es este Dios>> (4 Moradas. 3,8)

Por eso, es el mejor lugar del mundo para hacer oración. O mirando a un crucifijo o en otra imagen del Señor, o de la Virgen María, o de un santo, etc. La Virgen también nos da ejemplo en esta clase de oración de mirada, porque Ella miraba a Jesús.

Así lo dice Juan Pablo II:

<<El rostro del Hijo le pertenece de un modo especial. Ha sido en su vientre donde se ha formado, tomando también de Ella una semejanza humana que evoca una intimidad espiritual ciertamente más grande aún. Su mirada, siempre llena de adoración y asombro, no se apartará jamás de Él. Será a veces una mirada interrogadora, como en el episodio de su extravío en el Templo: Hijo mío, por qué nos has hecho esto?; será en todo caso una mirada penetrante, capaz de leer en lo íntimo de Jesús, hasta percibir sus sentimientos escondidos y presentir sus decisiones como en Caná; otras veces será una mirada dolorida, sobre todo bajo la cruz, donde todavía será, en cierto sentido, la mirada de la parturienta, ya que María no se limitará a compartir la pasión y la muerte de su Hijo, sino que acogerá al nuevo hijo en el discípulo predilecto confiado a Ella; en la mañana de Pascua será una mirada radiante por la alegría de la resurrección y, por fin, una mirada ardorosa por la efusión del Espíritu en el día de Pentecostés>> (Rosarium Virginis Mariae, 10)

D) Oración del gesto.

Orar con gestos ha sido en la historia una oración muy practicada, sobre todo lo conocemos por las vidas de los santos. No tenemos, por qué esforzarnos para expresarlo todo con las palabras. Dios sabe bien lo que decimos con nuestros gestos, y hay gestos muy expresivos, que son oración. Cuenta san Gregorio un ejemplo de la oración de gesto que se dio en santa Escolástica.

<<Ella llegaba a visitar a su hermano cada año a san Benito. Y el hombre de Dios se alejaba un poco de la puerta, a un sitio que pertenecía a la abadía, para platicar con ella. Su último encuentro sucedió tres días antes de la muerte de Escolástica, en un día en que el cielo estaba tan claro que no se veía ninguna nube. La hermana le rogó a Benito que pasaran la noche juntos, pero nada lo hizo acceder a ello, diciendo que por ningún motivo podía él pasar la noche fuera de la abadía. La monja, habiendo oído la negación de su hermano, juntó sus manos, las colocó sobre la mesa e, inclinándose sobre ellas, oró a Dios Todopoderoso. Al levantar la cabeza de la mesa, se desató una terrible tempestad de rayos y truenos, y tanta lluvia, que ni Benito, ni los monjes que lo acompañaban, pudieron sacar la cabeza fuera de la puerta>> (Diálogos. San Gregorio nº 3).

Es este un ejemplo de un gesto de oración que hacia la Santa, sin palabras, sin dejar de estar con los demás sentados a la mesa, pero el gesto era para Dios, y Dios acepto esa oración. Santa Teresita también ponía en práctica esta oración del gesto. En las “Últimas conversaciones” se lee este hecho recogido por la Madre Inés de Jesús, hermana de la santa.

<<Cuando estaba gravemente enferma, en los momentos de más grande sufrimiento, sin poder hablar, Teniendo entre sus manos el crucifijo, y después de haberle besado a las tres, hizo ademán de quererle quitar la corona y los clavos>>.

Estaba queriendo aliviar al Señor. Hagamos nosotros esta piadosa oración junto con la Virgen María, vayamos con Ella quitando aquellas espinas una a una, con mucho cuidado, como si aún sufriera con ellas Jesús. Limpiar aquellos ojos y aquel rostro afeado con tantas salivas y sangre, toca aquellas manos y pies agujereados y besa, besa aquel costado abierto y no apartes tus ojos de aquel corazón que se ve por la herida, sin vida, sin latir, sin movimiento, pero no sin amor y en cada herida, recuerda tus pecados y mira lo que has hecho con ellos.

 
<<Pues lo que más agradare a Dios tendría yo por más oración, porque no se entiende que no ora el que padece, pues lo está ofreciendo a Dios, y muchas veces mucho más que el que se está quebrando la cabeza a solas y piensa, si ha estrujado algunas lágrimas, que aquello es la oración>> (Cta. 133, 8. al P. Jerónimo Gracián).

También lo hacia el Hermano Rafael cuando estaba muy enfermo en la enfermería de la Trapa: <<Casi lloraba de alegría al verme a los pies de Jesús. Mis manos apretaban el crucifijo y mi corazón hubiera querido morir de rodillas,
abrazado a la cruz, amando la voluntad de Dios, amando mi enfermedad, mi encierro, mi silencio, mi oscuridad, mi soledad. Amando mis dolores; que en un momento de luz y con una chispita de amor de Dios, tan pronto se olvidan>>. (Diario, 26 de febrero de 1938)

VIDA DE ORACIÓN

Orar es hacer en la tierra lo que algún día realizaremos en el cielo. En el cielo los ángeles y los santos ven a Dios, le aman y no cesan de manifestárselo. “Estar siempre gozosos y orad sin cesar”. (1Tes 5,17).

No solo esta recomendación que lo impone, sino otras palabras del Evangelio. “Permanecer en Mi”. (Jn 15,17).

Y no vale que el discípulo del Maestro, entre en contacto con Él en algunos momentos, ó en ciertos tiempos del año, sino siempre. La oración continua nos hace vivir en amistosa relación con el Señor.

Ciertamente, entre dos amigos, la amistad pide largas y frecuentes conversaciones; pero también es cierto que a veces, si lo anterior no es posible, la amistad se mantiene y crece con frecuentes relaciones personales breves. Lo grave es dejar de rezar. La vida sin oración, lo peor dice la Santa.

<<No me parece es otra cosa perder el camino sino dejar la oración. ¡Dios nos libre, por quien El es!>> (Vida. 19,12)

Pues bien, es posible que Dios no le dé a un cristiano la gracia de tener largos ratos de oración, pero es indudable que quiere dar a todos sus hijos, sea cual fuere su vocación y forma de vida, esa oración continua que nos hace vivir siempre en amistad filial con él. En última estancia lo que vale es el amor. Las palabras celebres de Santa Teresa:

<<Hijas mías, cuando la obediencia os lleve a estar en la cocina, también entre los pucheros anda Dios>>. (Fundaciones. 5,8)

Santa Teresa recomienda para llevar vida de oración recurrir a San José:

<<Quien no hallare maestro que le enseñe oración, tome este glorioso santo por maestro y no errara el camino>>. (Vida. 6.8)

Quizás, con estos textos de la Santa, y con su mala experiencia de haber dejado en un momento concreto la oración, a nosotros, al igual que a ella, en estos ejercicios espirituales nos convenzamos de no dejarla si la hacemos, y de comenzar en serio si no hacemos nada o muy poco de oración.

<<Este padre dominico con quien me confesé me hizo harto provecho y se empeñó en hacer bien a mi alma con tacto y haciéndome ver la perdición que traía. Hacíame comulgar de quince en quince días; y poco a poco, comenzándole a tratar, le hablé de mi oración. Me dijo que no la dejase, que de ninguna manera me podía hacer más que provecho. Comencé a tornar a ella, aunque no a apartarme de las ocasiones, y nunca más la dejé>> (Vida. 7,17)