LA ORACIÓN ES UN MEDIO NECESARIO PARA LA VIDA CRISTIANA

Porque sin la ayuda de Dios no se puede permanecer en su amistad “Sin mí no podéis hacer nada”. (Jn 15,5).

San Agustín dice referente a esta afirmación del Señor:

<<No ha dicho que sin mí no podéis hacer cosas grandes, sino que sin mí no podéis hacer nada>>.

<<Para las mercedes tan grandes que me ha hecho a mí es la puerta la oración; cerrada ésta, no sé cómo las hará; porque aunque quiera entrar a regalarse con un alma y regalarla no hay por dónde, que la quiere sola y limpia y con gana de recibir los regalos. Si le ponemos muchos tropiezos y no ponemos nada para quitarlos, ¿cómo ha de venir a nosotros? ¡Y queremos que nos haga Dios grandes mercedes!>> (Vida. 8, 9)

Sacamos tiempo para lo que queremos. Y no es el tiempo lo que nos falta para rezar, sino la suficiente fe para creer en Dios como algo necesario en nuestra vida. Algo que nos lleva a no ser felices a que nos falte la alegría de vivir. Muchos de los que se consideran cristianos de verdad podemos ver cómo están en el error de esa secularización del mundo de hoy, se piensa que la oración es cosa de monjas de clausura, y si salieran fuera sería mejor que tanto rezar. Se entiende que la vida tiene que ser de mucha acción, y no tanta contemplación. Pensando así, es porque ó no se ha leído el Evangelio, ó no se ha comprendido, por que en los tiempos difíciles para un alma, para un pueblo, o para el mundo, entonces es más necesario que nunca la oración, porque nos pone en contacto con Dios, que ilumina nuestra situación, y nos hace comprender el secreto de su Providencia sobre nosotros.

a) Hoy se reza poco:

Esto es una realidad, el ritmo de vida que llevamos durante la semana es de mucho ruido, y casi sin tiempo para Dios, la mayor parte del tiempo se lo lleva el trabajo, la televisión, etc. Y los fines de semana nos suele pasar igual, es tiempo para descansar del estrés, del trabajo, del ruido, y nos vuelve a faltar el tiempo para Dios. (Pero esto es un error, porque de nadie se puede decir que murió de hambre porque no tuvo tiempo para comer). 

<<Ya después que yo andaba tan distraída y sin hacer oración, como veía que él pensaba que yo era la que solía, no lo pude sufrir sin desengañarle; porque estuve un año y más sin tener oración, pareciéndome más humildad. Y ésta, como después diré, fue la mayor tentación que tuve, que por ella me iba a acabar de perder; pues con la oración, un día ofendía a Dios y tornaba después a recogerme y a apartarme más de la ocasión >> (Vida. 7,11)

¿Dónde están aquellas hermosas estampas de testimonios de familias que rezaban el rosario al calor de la lumbre, o que de pie bendecían la mesa antes de ponerse a comer, o que interrumpían un momento el trabajo del campo al toque del ángelus para saludar a María? Es verdad que han cambiado y mucho los tiempos, y en muchos aspectos para bien hemos progresado materialmente, pero en otros vamos perdiendo los valores cristianos de muchas generaciones, y de entre ellos el valor de la oración. Oímos a diario que la juventud lo tiene todo lo que el cuerpo puede apetecer, salud, placer, dinero, libertad, y a pesar de esto no está alegre, vive triste.

Nos preguntamos: ¿No será que se ha olvidado el consejo del Apóstol San Pablo?: “Hermanos estar siempre alegres y orad sin cesar”. (1Tes 5,16-17).

Es decir, volver a las prácticas de piedad. Es una experiencia muy positiva la de la Santa, al tener largos ratos de oración. <<Verdad es que en estos años hubo muchos meses, y creo alguna vez año, que me guardaba de ofender al Señor y me daba mucho a la oración y hacía algunas y hartas diligencias para no le venir a ofender. Porque va todo lo que escribo dicho con toda verdad, trato ahora esto. Mas acuérdaseme poco de estos días buenos, y así debían ser pocos, y mucho de los ruines. Ratos grandes de oración pocos días se pasaban sin tenerlos, si no era estar muy mala o muy ocupada. Cuando estaba mala, estaba mejor con Dios; procuraba que las personas que trataban conmigo lo estuviesen, y suplicábalo al Señor; hablaba muchas veces en El >>. (Vida. 8,3)

b) Hoy se reza mucho:

Aunque parezca contradecir lo que acabamos de decir, tenemos que estar convencidos de que se reza más de lo que parece. Hay mucha oración oculta. Mucha oración (entre los pucheros). La gente sencilla, la gente de a píe, reza mucho y piensa más en Dios y en lo sagrado de lo que nosotros nos imaginamos. Esa oración de los sencillos es la que ablanda el corazón de Dios.

En una carta de Santa Teresita a su hermana Celina, le insiste en seguir rezando por alguien:

<No nos cansemos de orar. La confianza hace milagros, y Jesús dijo a la beata Margarita María: (Santa Margarita María de Alacoque). Un alma justa tiene tanto poder sobre mi corazón, que puede alcanzar de él el perdón para miles de criminales>>. (Carta. 129 a Celina).

El ajetreo y las prisas puede parecernos un obstáculo sin solución para rezar, y no lo es, con buena voluntad y ordenándose un poco el tiempo podremos cumplir lo que nos ha mandado el Señor: “Conviene orar siempre y nodesfallecer”. (Lc 18,1).

Que no seamos como aquellos invitados descorteses que por estar enredados en tantas cosas del mundo, no encontraron tiempo para acudir a la invitación del Padre. “Porque os digo que ninguno de aquellos invitados probará mi cena” (Lc 14,16-24)
<<¿Por qué lo han de dejar? Por cierto, si no es por pasar con más trabajo los trabajos de la vida, yo no lo puedo entender, y por cerrar a Dios la puerta para que en ella no les dé contento. Cierto, los tengo lástima, que a su costa sirven a Dios; porque a los que tratan la oración el mismo Señor les paga, pues por un poco de trabajo da gusto para que con él se pasen los trabajos>>. (Vida. 8,8)

La oración es la única cosa que podemos hacer sin dejar de hacer las demás cosas que podamos estar haciendo. Gracias a Dios, en algunos movimientos no ha desaparecido, también entre algunos jóvenes que asisten a talleres o practicas
de oración, en algunas parroquias o monasterios para buscar a Dios. Y como hemos dicho en muchas personas sencillas, que saben hablar con Dios y se comunican con Él con una intensa vida espiritual en sus quehaceres diarios. Jesucristo, la Virgen María, los apóstoles y los santos de todos los tiempos, son ejemplos que nos convencen, porque son un testimonio, que arrastra más que cualquier teoría. A la luz de estos ejemplos nos convencemos del deber que tenemos de hacer oración, dedicándole tiempo, y no un momento, sino, tiempos largos como ellos hicieron.

C.E.C. nº 2660:Orar en los acontecimientos de cada día y de cada instante es
uno de los secretos del reino revelado a los “pequeños”, a los servidores de Cristo, a los pobres de las bienaventuranzas. Es justo y bueno orar para que la
venida del Reino de justicia y de paz influya en la marcha de la historia, pero
también es importante impregnar de oración las humildes situaciones cotidianas. Todas las formas de oración pueden ser la levadura con la que el Señor compara el Reino. (cf Lc 13,20-21).

<<Pues ¡ea, hijas mías!, no haya desconsuelo cuando la obediencia os trajere empleadas en cosas exteriores; entended que si es en la cocina, entre los pucheros anda el Señor ayudándoos en lo interior y exterior>>. (Fundaciones. 5,8)

Tenemos que rezar con lo que nos rodea en nuestra vida. Los Santos a los que Dios les llevo por los caminos de la contemplación, nos pueden hacer pensar a
nosotros que la oración bien hecha es para unos pocos privilegiados, y esto es otro error. Tenemos que rezar con lo que nos rodea en nuestra vida. Oración en el Paraíso terrenal, era la conversación de Dios con Adán a la brisa del atardecer. Oración eran las dulces y sencillas conversaciones de la Sagrada Familia de Nazaret. Oración eran los diálogos y las conversaciones del Señor con la samaritana, con Zaqueo, con Nicodemo. Las visitas a Betania en casa de Lázaro, Marta y María. Oración eran las suplicas de Jesús al Padre en el huerto de Getsemaní. En todas estas conversaciones divinas, no hay forma ni método. Así era como Santa Teresita del Niño Jesús se dirigía al Señor por la fe, a veces con una sencilla y amorosa conversación, otras veces manteniéndose en silencio. Porque toda forma es buena cuando hay fe y el amor a Dios es grande. No es por falta de tiempo, sino por falta de fe y de amor.

Decía san Juan Crisóstomo: <<Aunque estés fuera de la iglesia, exclama: Ten
piedad de mí. No te contentes con mover los labios, grita con el pensamiento. Incluso los que se callan son escuchados por Dios. Lo que importa no es el lugar. Reza de viaje, en la cama, en el trabajo, en cualquier lugar que sea. Eres templo de Dios, no te preocupes del lugar, sólo tu voluntad es necesaria>>. (Homilía 10 sobre la cananea).

Se lo dice la Santa a su hermano.
<<Y ¿piensa que en cobrar los censos no hay trabajo? ¡Un andar siempre con ejecuciones!Mire que es tentación (el pesarle haber comprado la finca de la Serna, cerca de Ávila); no le acaezca más sino alabar a Dios por ello, y no piense que cuando tuviera mucho tiempo tuviera más oración. Desengáñese de eso, que tiempo bien empleado, como es mirar por la hacienda de sus hijos, no quita la oración. En un momento da Dios, más, hartas veces, que con mucho tiempo; que no se miden sus obras por los tiempos>>. (Carta LXXXII, 6)