EL MENSAJE DE FÁTIMA

EL ÁNGEL DE PORTUGAL

En la primavera de 1916 rezaban el Rosario Lucía, Jacinta y Francisco en Aljustrel, aldea perteneciente a Fátima. Se les acerca un joven rodeado de viva luz. Atemorizados los niños, «no temáis, les dice, soy el Ángel de la paz, rezad conmigo». Inclinó su cabeza hasta el suelo con mucha reverencia y dijo: «Dios mío: yo creo adoro, espero y te amo, te pido perdón por los que no creen, adoran, esperan y no te aman».
Al poco tiempo se aparece otra vez el Ángel a los niños, y les dice: «Rezad, rezad mucho. Los Corazones de Jesús y María tienen sobre vosotros designios de misericordia.
Ofreced constantemente al Altísimo oraciones y sacrificios». Nuevamente ven al Ángel. En una mano trae un cáliz y encima la hostia consagrada. De ella caen gotas de sangre en el cáliz. Lo deja en el aire, se arrodilla al lado de los niños, que repiten con él esta oración: «Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el precioso cuerpo, sangre, alma y divinidad de Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra. Te los ofrezco en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencia con que Jesús es ofendido. Te pido, por los méritos infinitos del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado de María, la conversión de los pecadores».
Se levantó el Ángel, dio la forma a Lucía y distribuyó lo que había en el cáliz entre Francisco y Jacinta, diciendo: «Tomad el cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo, ultrajado horriblemente por los hombres ingratos: reparad sus crímenes y consolad a tu Dios».
Repitió tres veces postrado la oración del primer día y se retiró al cielo. La Virgen Santísima preparaba a los niños para las grandes apariciones.

PRIMERA APARICIÓN (13-5-1917)

El Cabezo se halla en la sierra del Aire, en la Extremadura portuguesa. Protege del viento a Aljustrel, aldea perteneciente a Fátima. Distan El Cabezo y Aljustrel un kilómetro y los separa el punto llamado Valiños, muy célebre también. Cerca nace el Bezelga, y Fátima es encuentra a dos kilómetros de Cova de Iría, esto es, cuenca o valle de Iría. A unos veinticinco kilómetros está Leiría, la ciudad episcopal.
El 13 de mayo de 1917, tres pastores de Aljustrel apacentaban su rebaño en la Cova de Iría. Allí tenían una posesión los padres de Lucía, donde se encontraban algunas encinas y olivos. Los niños eran Francisco, de nueve años; Jacinta, su hermanita, de siete; y Lucía, prima de ellos, de diez. Era aquel 13 de mayo el domingo que precede a la Ascensión del Señor, y antes de sacar al campo su rebaño, los niños habían oído Misa. Hacia el mediodía, aunque de un modo imperfecto, rezaron el Rosario. Estaban entretenidos en hacer cabañas de piedra, cuando un relámpago vivo cruza el aire. juntan al punto su rebaño, creyendo que se formaba una tempestad. Ilumina el espacio otro relámpago, y ven sobre una encina de algo más de un metro de alta, a una Señora hermosa. Quedan los pequeños como a dos pasos de la Virgen, dentro de la luz que la envolvía. Temen, no temáis miedo, les dice la Visión; que no te haré daño.
El vestido es de gran sencillez y todo blanco; una túnica a la que sujetaba al cuello un cordón de oro, le llega a los pies, que apenas tocan la encina; desde la cabeza amablemente inclinada, desciende también hasta los pies un manto orlado de oro. El manto y la túnica los circunda la luz. Tenía las manos puestas en actitud de orar, con los dedos hacia arriba y hasta mitad del pecho. En la mano derecha traía un Rosario, de cadena y cuentas blancas y el crucifijo de plata bruñida. Se mostraba seria, ni triste, ni alegre.
-¿De dónde es usted?, dice Lucía a la Visión.
- Del cielo.
-¿Qué quiere de mí?
- He venido a deciros que vengáis aquí el trece de cada mes hasta es. Entonces te diré quien soy y qué quiero
-¿Y yo iré al cielo?, dice Lucía.
- Sí. - ¿Y Jacinta?
- También. -¿Y Francisco?
- Sí, pero tiene que rezar muchos rosarios.
Habían muerto, hacía poco, dos jóvenes, amigas de Lucía, y preguntó por ellas. Una está en la gloria ya, y la otra en el purgatorio, se le respondió.
- ¿Y queréis - le dijo la Madre de Dios - ofreceros al Señor para soportar todos los sacrificios que te envíe, en reparación de los pecados con que es ofendido y como súplica por la conversión de los pecadores?
- Sí queremos -contestó Lucía por los tres. -Tendréis mucho que sufrir, pero la gracia divina te confortará.
La Virgen separó sus manos y salió de ellas luz intensa y misteriosa, la cual penetró en el pecho de los pequeños hasta lo más íntimo del alma, dándoles un conocimiento tan grande de sí mismos, que quedaron internamente inundados de Dios, como si se vieran en un limpio espejo.
Cayeron de rodillas y dijeron cada uno por separado:
Oh Santísima Trinidad, yo te adoro!;Dios mío, lo te amo!Así se lo había enseñado, un año antes, el Ángel de la paz, que la Virgen prudente por tres veces les había enviado, preparándolos para las grandes misericordias.
La aparición dice después a los niños que recen el Rosario con devoción todos los días para obtener la paz del mundo. En seguida sube a lo alto hacia Oriente. Los pequeños resuelven no decir nada de lo acaecido; pero Jacinta todo lo divulga, porque no puede contener el gozo en su pecho. Será eso fuente de sinsabores, que heroicamente padecerán.

SEGUNDA APARICIÓN (13-6-1917)

A la hora señalada por la Virgen llegaron los tres niños. Se colocaron arrodillados bajo la encina grande, distante del sitio de las Apariciones como cincuenta pasos; se pusieron a rezar el Rosario. Se vio el relámpago. Fueron los pastores presurosos hacia la encina pequeña.

¿Qué queréis de mí? Más adelante les diría lo que deseaba. Les dice que aprendiesen a leer.
Lucía prosiguió su diálogo, y pidió a la Señora que llevase a los tres al cielo.

- Sí,
-respondió-, a Jacinta y Francisco los llevaré pronto. Tú debes permanecer aquí más tiempo, Jesús quiere servirse de ti para hacerme conocer y amar. Quiere establecer en el mundo la devoción a mi Corazón Inmaculado. -¿Debo quedarme sola? -No, hija; ¿sufres mucho?
La Santísima Virgen aludía a las persecuciones que en las semanas anteriores padeció la pequeña. No te desanimes!Yo no te abandonaré jamás. Mi Corazón Inmaculado será tu refugio, y el camino que te conducirá a Dios.
Al decir estas palabras abrió las manos, salió de ellas luz que iluminó a los pastores, con la cual se veían como sumergidos en Dios. Delante de la mano derecha de la Virgen se veía un Corazón, cercado de espinas. Pedía penitencia y reparación. Se vio levantarse en el espacio como una nube y la encina, que por ser junio tenía abundantes hojas, las mostraba recogidas y plegadas en la dirección del Oriente, como si el manto de la Virgen les hubiera dado esa posición, al despedirse la Señora.

TERCERA APARICIÓN( 13-7-1917)

Tuvieron los niños mucho que sufrir. El clero, y en particular el señor Párroco de Fátima, creían que podía haber engaño. Lo mismo la madre de Jacinta y, sobre todo, la de Lucía, que le dio muy malos ratos.
No faltaban los que defendían a los niños. Ellos, por su parte, no se acobardaron.
Ofrecían todos sus contratiempos al Inmaculado Corazón de María para desagraviarle, y por la salvación de los pecadores.
Como el patrón de Fátima es San Antonio, concurrió mucha gente a la parroquia el 13 de junio, y se divulgó la noticia de las Apariciones. El 13 de junio había en la Cova de Iría unas tres mil personas. Temerosa Lucía de estar engañada, viendo la actitud de los suyos para con ella y la del señor Párroco, no quería ir a la Cova; pero cerca ya del mediodía, sintió un impulso tan fuerte, que marchó animosa al sitio de las Apariciones.
Llegaron los niños y se pusieron junto al árbol, con dificultad, por la mucha gente. Lucía dirigía el Rosario y todos los circunstantes lo rezaron de rodillas. A las doce en punto se presentó la Virgen Santísima. ¿Qué queréis de mí? Insistió en que rezasen el Rosario, para conseguir la paz y el fin de la guerra, en que no faltasen el día 13 del mes siguiente. En cuanto a la guerra, dijo:

Solamente Yo los puedo socorrer. Pidió Lucía que dijese quién era, e hiciese un milagro.
Estaban temerosos los pequeños. Respondió la Visión que en octubre diría su nombre y haría un prodigio, para que todos creyesen.
Suplicó además Lucía que sanase a un lisiado, convirtiese a una familia de Fátima y llevase al cielo a un enfermo de Atouguía. Al lisiado, dijo la Señora que no le sanaría, ni le libraría de la pobreza; Ella sabía mejor lo que le convenía, que rezase todos los días el Rosario en familia. Los demás, en el próximo año conseguirían lo que pedían, pero que rezasen el Rosario.
Sacrificaos por los pecadores, y decid con frecuencia al hacer algún sacrificio: ¡Oh Jesús!, es por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación de los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María.
En este punto, sin darse cuenta, dio Lucía un ¡ay!Les confió un secreto con expresa prohibición de manifestarlo. Fue lo que dio motivo al ¡ay!desgarrador. Nuestra Señora abrió las manos. El haz de luz pareció que penetraba en la tierra.
Vimos como un gran mar de fuego, y en él sumergidos negros y broncíneos demonios y almas en forma humana, que lanzadas a lo alto por las llamas, volvían a caer en todas direcciones, como chispas de un gran incendio, sin peso ni equilibrio, entre gritos y lamentos de horror y desesperación. Nos hacían estremecer de espanto. Los demonios se distinguían por sus formas repugnantes y horribles, de animales espantosos y desconocidos; pero trasparentes, como negros carbones en ascuas. Esta visión duró un instante. Gracias a la Madre de Misericordia, que nos previno para ella diciéndonos qué iríamos al cielo; de otra suerte hubiéramos muerto de terror.
Angustiados los niños, levantaron sus ojos a la que es consuelo de afligidos, como pidiendo amparo en tamaño trance. Es cierto que aquel día desaparecieron del alma de los pastores las dudas y zozobras acerca de las Apariciones, y recobraron la paz, que estaba un tanto turbada en su alma.
Llena de bondad y tristeza, continuó la Virgen: Habéis visto el infierno, adonde van a parar las almas de los pobres pecadores. Para salvarlos, el Señor quiere establecer en el mundo la devoción a mi Corazón Inmaculado. Si se hiciese lo que te diré, muchas almas se salvarán, y vendrá la paz.
La guerra está para terminar (la de 1914-18), pero si no cesan de ofender al Señor, no pasará mucho tiempo, en el Pontificado de Pío XI empezará otra peor. Cuando veáis una noche iluminada por una luz desconocida, sabed que es la señal que te da Dios de que está próximo el castigo del mundo por sus tantos delitos, mediante la guerra, el hambre y las persecuciones contra la Iglesia y el Padre Santo. Para impedir eso vendré a pedir la Consagración del mundo a mi Corazón Inmaculado, y la Comunión reparadora en los cinco primeros sábados de mes. Si fuesen atendidas mis súplicas, Rusia se convertiría y habrá paz. De otra suerte, una propaganda impía difundirá por el mundo sus errores, suscitando guerras y persecuciones contra la Iglesia; muchos buenos serán martirizados y el Padre Santo tendrá mucho que sufrir; varias naciones serán aniquiladas. Ahora, después de tantas sombras, un rayo de luz. Al fin, mi Corazón Inmaculado triunfará.
Le da a entender que desea la consagración del mundo al Corazón Inmaculado de María, la conversión de Rusia y la paz de que más tarde hablará. Creyó Lucía ver la gran señal de que habla la Virgen, en lo que llamaron los astrónomos aurora boreal, y se verificó.
En la noche del 25 de enero de 1938 sucedió ese fenómeno en distintas partes del mundo y con amplitud. Lucía cree ver en él la señal que precedía a la calamitosa guerra que se acaba de presenciar. La llama horrible, horrible.
Por su parte Jacinta, de enero a febrero de 1920, como asegura la Superiora del
Orfelinato en que se encontraba la pequeña en Lisboa, decía: Si los hombres no se enmiendan, Nuestro Señor enviará al mundo un castigo, como jamás se ha visto igual; y primeramente en España; y habla de grandes acontecimientos mundiales que sucederían hacia 1940. (Carta del 19 y 30 de noviembre de 1947, escrita por la Superiora, que recogió a la niña en los últimos días.)

La tercera aparición concluyó así: No digáis esto a nadie. A Francisco podéis decírselo. Y añadió: Cuando recéis el Rosario. decid al final de cada decena: ¡Oh Jesús!, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo todas las almas, especialmente las más necesitadas de tu misericordia. Esto es lo que oyeron las dos niñas, Lucía y Jacinta. Por lo demás acojámonos al Inmaculado Corazón de María para no perecer y desagraviémoslo cuanto podamos.

CUARTA APARICIÓN (13-8-1917)

En las apariciones se verificaba una disminución grande en la luz del sol, hasta el punto de verse las estrellas al mediodía; eso todos lo notaban. La cuarta aparición tuvo otro matiz debido a la intervención masónica. Sus periódicos empezaron a escribir contra los pastores. Se trata, decían, de casos epilépticos, exageraciones, sugestiones y aun de especulaciones con el milagro, como en Lourdes. Tales calumnias tuvieron efecto contraproducente. Hicieron más públicos los prodigios de Fátima.
El día 13 de agosto había en la Cova de Iría unas quince mil personas. El alcalde de Vila Nova de Ourem, que era jefe de una logia, quiso acreditarse entre los suyos. Se presentó en Fátima, diciendo que quería ir a la Cova de Iría. Llegó a Aljustrel, habló con los padres de los niños; llamó a éstos. Dijo que los llevaría en su coche; respondieron que no tenían necesidad de eso. Eran como las doce. Al fin los llevó a Fátima a la parroquia. El señor Párroco, don Manuel Marques Ferreira, en presencia del señor alcalde, ya mencionado, don Arturo d'Oliveira Santos, advirtió a Lucía que si mentía haciendo tanto daño, iba al infierno. Respondió la pequeña: Según eso, no voy al infierno, porque no miento, y si la gente va a la Cova es por quererlo así; yo no he llamado a nadie.
La autoridad eclesiástica había ordenado proceder con mucha prudencia; de ahí la conducta del señor Párroco.
- Si usted quiere, le pido permiso a la Señora para descubrirlo; entonces lo descubriré.
-¿Te ha dicho algún secreto la Señora? Insistió el señor Párroco en saberlo.
-¡Sí!, contestó Lucía.
El señor alcalde intervino:
- Esto es sobrenatural – dijo -; vámonos.
Llevó a los niños a Vila Nova de Ourem y pasó la hora de la aparición. El alcalde
preguntó a los pequeños acerca del secreto, los amenazó, les ofreció oro, les quiso coger en contradicción; todo inútil. La Virgen les había mandado guardar el secreto, y lo guardaban. Por la mañana los tuvo en casa, a la tarde los llevó a la cárcel pública. Jacinta lloraba y decía a su prima: Yo quiero ver a mi madre. Tenemos que morir sin volver a abrazar a nuestros padres.
-No llores - dijo Francisco -; ofrezcamos esto por los pecadores. Y juntando las manos, añadió: ¡Oh Jesús!, por nuestro amor y por la conversión de los pecadores. Y por el Santo Pudre - prosiguió Jacinta -, y para reparar las ofensas que recibe el Inmaculado Corazón de María.
Presenciaban los presos la escena y rogaban a los pastores que descubriesen el secreto. Antes morir, contestó Jacinta. Y acordándose que no había rezado el Rosario, cogió una medalla y le pidió a uno de los encarcelados la pusiese en la pared. Los presos, arrodillados, rezaron el Rosario con los niños. Llevados nuevamente a la Alcaldía, les dicen que los freirán en aceite hirviendo si no revelan el secreto. Lo hacían por atemorizarlos; pero los pequeños creían que era de veras la amenaza. Rezaron y no descubrieron el secreto. En fin, viendo que era inútil la violencia, el mismo alcalde los llevó a Fátima el día 15 y los dejó en la Casa Parroquial.
El 19 de agosto, domingo, apacentaba Lucía su rebaño en los Valiños. La acompañaban Francisco y un hermano de éste llamado Juan. El aire se colora, como en los días de las Apariciones; Lucía ve el relámpago; va Juan a llamar a Jacinta. Al poco tiempo ven a la Virgen en un árbol, como antes. Se quejó la Madre de Dios del que les había impedido ir el día 13 a la Cova de Iria, y dijo que por eso sería menor el milagro prometido para octubre. Los exhortó a rezar el Rosario y a ir a la Cova los dos meses siguientes el día 13, a la hora señalada. Rogad, rogad mucho y haz sacrificios por los pecadores. Muchas almas se van al infierno, porque no hay quien se sacrifique ruegue por ellas.
Algún dinero que había de ofrendas, dijo la Virgen que se emplease en comprar dos andas que llevarían Lucía y Jacinta con otras dos niñas, y Francisco v otros tres niños, revestidos de un manto blanco. Lo restante se invirtiese en la fiesta de Nuestra Señora del Rosario y en una capilla.
Se puede preguntar por qué el pueblo no se enojó contra el alcalde de Vila Nova de Ourem, al llevarse a los niños el día 13. Si la Virgen Santísima no hubiera intervenido, aquella muchedumbre de quince mil personas hubiera mostrado su indignación; pero la Virgen acudió el día 13 al lugar de la Aparición, aunque la muchedumbre no la vio. Los que estaban en la Cova de Iría, oyeron el trueno que precedía a las Apariciones y vieron las nubes matizadas con los colores del arco iris, y las hojas de los árboles como si fueran flores. Así lo atestiguó también el señor Párroco Manuel Marques.
Desde el día 19, las familias de los pastores empezaron a ver que éstos tenían razón, pero se les aumentó el sufrimiento, porque las gentes empezaron a no darles reposo con visitas y preguntas a todas horas.

QUINTA APARICIÓN(13 - 9 -1917)

El haber sido encarcelados los pastores fue causa de que se extendiese más la noticia, de lo que pasaba en Fátima. También muchos se convencieron de la intervención sobrenatural, viendo la firmeza y heroica constancia de los pequeños. Aunque era tiempo de vendimia, había como veinte mil personas en la Cova de Iría. Costó mucho trabajo a los niños ir allí. Muchos se arrodillaban a su paso, encomendándoles peticiones. Se pusieron cerca de la encina. Lucía ordenó a la muchedumbre que rezara el Rosario. Al llegar la Virgen, todos cayeron de rodillas, llorando y rezando en alta voz. Pedían el auxilio de la Madre de Dios. Una vez más recomendó a los niños la devoción del Rosario y prometió que en el mes siguiente aparecerían el Niño Jesús y San José, y que el Señor bendeciría a Portugal.
En los momentos de las Apariciones disminuía la luz del sol, de modo que podían verse la luna y las estrellas, y tomaba la atmósfera como un tinte dorado. El espectáculo de este día lo contemplaba, entre otras personas dignas, el Rvdmo. Vicario General de Leiría.

SEXTA APARICIÓN

Había en Aljustrel, aldehuela donde nacieron los niños, enorme expectación para el día 13 de octubre de 1917. La víspera había gente en la Cova de Iría venida de todas las regiones de Portugal. Las familias de los niños temían; pero ellos estaban seguros.

La Virgen -repetían- cumplirá lo que nos ha prometido. - Hija - dijo a Lucía su madre -, vamos a confesarnos porque si no hay milagro, la gente nos mata. - Vamos, pero no por ese motivo --contestó.
Amaneció triste y lluvioso el 13 de octubre, y la gente aumentaba. Habían venido también de Oporto, Coimbra y Lisboa. Había en la Cova de Iría unas setenta mil personas. El suelo estaba como un charco de barro. Llegan los pastores a las once y media con dificultad por el gentío. Van vestidos como en los domingos. Se colocan junto al árbol, del que no queda sino un tronco. Lucía manda cerrar los paraguas. La multitud obedece, y reza el Rosario. A las doce en punto, la niña hace un gesto y queda hermoso. Los circunstantes por tres veces ven formarse alrededor de los niños una nube blanca, como de incienso que sube por el aire. La emoción es indecible.
-¿Quién sois Ti, y qué queréis de mí?, pregunta Lucía. La Visión responde que es Nuestra Señora del Rosario.

Desea que en aquel sitio se le haga una Capilla. Que continuasen rezando el Rosario todos los días, que la guerra estaba para terminar y que los soldados volverían pronto a sus casas. Es necesario que las gentes se enmienden y pidan perdón de sus pecados. En seguida, con acento triste y suplicante, añadió:
No ofendan más a Nuestro Señor. ¡Que ya es demasiado ofendido!; abrió las manos que reverberaban en el sol.
Lucía señaló el sol, diciendo: ¡Mirad hacia el sol!Los ojos de los presentes se volvieron al sol; cesó la lluvia y se rasgaron de repente las nubes. Apareció el astro como un disco de plata.
Se le podía mirar con fijeza y su luz no quemaba. Comenzó a dar vueltas con vertiginosa rapidez, como una rueda de fuego. Lanzaba el sol luz roja, azul, verde y amarilla, luz rosada. Matizaba las la tierra, los árboles y las rocas; matizaba la muchedumbre, que apenas respiraba.
Mientras tanto se para el sol unos instantes y gira después con la misma velocidad.
Por tercera vez envía reflejos de luz, cuando de repente nota la multitud que el astro se desprende del firmamento y viene sobre ella. Un grito de terror se escucha y voces que claman:
¡Milagro!¡Creo en Dios!¡Ave María!Caen todos de rodillas en el barro y rezan en voz alta el acto de contrición. Para que el prodigio fuera completo, notaron los que allí estaban que sus vestidos, empapados poco antes por la lluvia, de repente se habían secado.
La Virgen había prometido a los niños que en octubre vendría San José y el Niño Jesús.
Se extendían sobre el gentío haces de rayos con los reflejos del arco iris. Un inmenso tapiz de color gualda, azul y escarlata cubría a la muchedumbre y tina columna de humo se levantaba a tres o cuatro metros del suelo; tres veces se repitió este fenómeno maravilloso por espacio de diez minutos. Mientras sucede este magnífico espectáculo, la Santísima Virgen cumple su palabra a los pastores.
Sube la Madre de Dios como envuelta en un globo de luz, y en la lejanía se aparece junto al sol la Sagrada Familia. Con luz más resplandeciente que la del astro, aparece la Virgen vestida de blanco y un manto azul; a la izquierda están San José y el Niño, que bendicen al mundo formando la cruz con la mano al bendecirlo. Desaparece la visión; pero de nuevo se presenta a Lucía Nuestro Señor, que bendice al pueblo. Dos veces además se muestra Nuestra Señora como Dolorosa y como Virgen del Carmen.
Aparece en edad muy joven y recuerda así los misterios Gozosos. Se manifiesta como Dolorosa, recordando la Pasión; como Virgen del Carmen haciéndonos pensar en la gloria. ¡Cuánto desea que recemos el Rosario!

MENSAJE DE FÁTIMA PRACTICADO POR LA VIRGEN

Como se ve por las apariciones referidas, la Virgen trae un mensaje al mundo. Desea salvar las almas, precio de la sangre de su Hijo. He aquí lo que pide y los medios que da para conseguirlo. No se olvide que nos habla la Madre de misericordia.
Pide la penitencia, la cual consiste en que cada uno guarde los mandamientos y cumpla con los deberes de su estado. Quiere que tengamos devoción a su Corazón Inmaculado, propaguemos esa devoción y amemos al Papa; cosas tan provechosas como dulces y que fácilmente nos enriquecen con multitud de gracias.
Demanda reparación y desagravios por las ofensas que recibe su Corazón Purísimo, herido de espinas; desea la Consagración del mundo y la de Rusia a su Corazón. Nos presenta los atractivos de su Corazón materno que está herido por la ingratitud, y es nuestro refugio.
En la segunda aparición, dice la Virgen a Lucía: «Yo no te abandonaré jamás». No estarnos los demás ajenos a esta promesa. La Señora habló también así a la pequeña: «Jesús quiere servirse de ti para hacerme conocer y amar». Es su voluntad establecer en el mundo la devoción a mi Corazón Inmaculado. Al que la abrace le prometo la salvación».
Los medios que propone en el Mensaje son: La comunión reparadora de los primeros sábados, la Consagración a su Corazón, la oración y sacrificios por los pecadores v el rezo diario del santo Rosario. Desea la Virgen se rece en familia.
La paz nos vendrá por el Rosario; la restauración de las costumbres, por el Rosario; la vida sobrenatural por María y su Rosario.
Con insistencia pide María se rece el Rosario en familia. Por algo será. La paz está en la imitación de la Sagrada Familia, que nos enseña a orar y a sacrificarnos por nuestros prójimos.
Eso restablece la concordia entre las clases sociales.
Con voz maternal, dolorida e insinuante nos pide que volvamos a la práctica de la vida cristiana. En la potente intercesión de María han depositado los pontífices sobre todo desde León XIII hasta Juan Pablo II su confianza para conseguir la paz. La paz de las almas, la paz de las
armas. La paz individual. La paz social.