JESÚS ORÓ MUCHO A LO LARGO DE TODA SU VIDA.

No hay nada en el Evangelio que nos revele mejor la necesidad de la oración, que el ver el lugar que ocupa en la vida de Jesús. Oró al hacer su entrada en el mundo (Heb 10,50); oró mientras le bautizaban en el río Jordán (Lc 3,21); oró antes de la elección de los Apóstoles (Lc 6,12); oró antes de prometer el primado a Pedro (Lc 9,1); oró antes de transfigurarse en el monte Tabor (Lc 9,29); oró al instituir la Eucaristía (Mt 26,30), y al final de la última cena (Jn 17), la oración sacerdotal; oró en el huerto de los olivos, en el momento más difícil de su vida en la tierra (Mt 26,36); oró en la cruz (Mt 23,46); oró antes de hacer los grandes milagros: antes de la curación del sordomudo (Mc 7,34); antes de la resurrección de Lázaro (Jn 11,41); oró pidiendo por otros (Lc 22,32); oró dando gracia (Jn 11,41-42).

Oró tanto porque como hombre sabía que dependía totalmente de la voluntad de su Padre.

Gran lección para nosotros, hombres pecadores y débiles para todo, y en especial en este ambiente de retiro con Dios, de ejercicios espirituales para cambiar de vida.

 ¿PODEMOS NOSOTROS ORAR SIEMPRE COMO JESUS?

El hombre es imagen y semejanza de Dios, y puede dialogar con Él. Si es el mismo Dios el que nos lo pide, no nos puede pedir imposibles. Nos pide que seamos mansos y humildes de corazón como lo es Él, “Aprended de Mi que soy manso y humilde de corazón…” (Mt 11,29)

Luego se puede. Nos pide “velar y orad”, (Mc 14,38)

 
Luego se puede. No nos pide que todos seamos ricos, o guapos etc. luego todos no pueden. Hay cosas que todos no podemos hacerlas aunque tengamos buena voluntad para hacerlas. Pero rezar nada humano nos lo impide. Pueden rezar los muy inteligentes y los menos inteligentes, los sanos y los enfermos, los que ven bien y los ciegos, los que oyen y los sordos, los que físicamente se mueven sin problema, y los paralíticos de parte del cuerpo o de todo ello. Aun sin lengua, porque con el corazón y la mente ya se puede estar en contacto, conversando con Dios que siempre nos escucha, porque todo pensamiento o deseo Él lo ve y lo atiende. Luego siempre podemos rezar si queremos. Como dice la Santa, aun en la enfermedad.

<<En la misma enfermedad y en las ocasiones se hace la verdadera oración, cuando es alma que ama, ofreciendo aquello y acordándose del Señor por quien lo sufre, y conformándose con ello, y mil cosas que se ofrecen. Aquí ejercita el amor, que no es indispensable tener tiempo de soledad para que se haga oración. Con un poquito de cuidado grandes bienes se encuentran cuando con trabajos el Señor nos quita el tiempo de la oración>> (Vida. 7, 12)

C.E.C. nº 2743: Orar es siempre posible: El tiempo del cristiano es el de Cristo Resucitado que esta “con nosotros todos los días” (Mt 28,20), cualesquiera que
sean las tempestades (Lc 8,24). Nuestro tiempo esta en las manos de Dios: Es posible, incluso en el mercado o en un paseo solitario, hacer una frecuente y fervorosa oración. Sentados en vuestra tienda, comprando o vendiendo, o incluso haciendo la cocina. (San Juan Crisóstomo, ecl. 2).

San Agustín habla mucho en sus escritos de la oración como camino para llegar a Dios, pero a este camino le llama amor. Por eso, afirma que <<a Dios no vamos caminando, sino amando>> (Carta 155, 4, 13). Tambien dice que, en este camino de la oración, no hay que darse tregua: <<Si dices basta, ya estás perdido. No te detengas, avanza siempre; no vuelvas hacia atrás, no te desvíes. En este camino, el que no adelanta, retrocede>> (Sermón 169,18). Cuando un amigo de verdad llega de lejos, nos falta tiempo para ir a verlo y abrazarlo. Los amigos siempre estamos diciendo, haber cuando vienes un día y hablamos un rato, lógico para que haya amistad. Dios quiere amistad con nosotros, esos ratos de compañía y conversación, nos quiere mucho y nos dice por medio de su Hijo. ”Vosotros sois mis amigos… Ya no os llamo siervos sino amigos”. (Jn 15,14-15).

La Santa insiste en no dejar nunca.

<<Que no desmaye nadie de los que han comenzado a hacer oración diciendo: "Si vuelvo a caer, es peor seguir haciendo oración". Yo así lo creo si se deja la oración y no se corrige; mas si no la deja, crea que el Señor la sacará a puerto de luz>> (Vida 19,4)

LA ORACION QUE ENSEÑO JESUS A LOS APOSTOLES.

Es la primera manera de oración, la que consiste en dedicar a Dios el don hermosísimo de la palabra, empleándola en alabarle, en darle gracias, en pedirle
mercedes. Es la oración más natural y espontánea que brota del corazón que ama y sube a los labios, ya que de la abundancia del corazón habla la boca.

C.E.C. nº 2701: La oración vocal es un elemento indispensable de la vida cristiana. A los discípulos, atraídos por la oración silenciosa de su Maestro, éste les enseña una oración vocal: el "Padre Nuestro". Jesús no solamente ha rezado las oraciones litúrgicas de la sinagoga; los Evangelios nos lo presentan elevando la voz para expresar su oración personal, desde la bendición exultante del Padre (cf Mt 11, 25-26), hasta la agonía de Getsemaní (cf Mc 14, 36).

a) La oración vocal:

A esta oración se refería Cristo, cuando mandaba a sus discípulos que orasen y cuando Él mismo les enseñó aquella fórmula divina del Padre nuestro que es, sin duda, la oración vocal más perfecta y la que con mayor gusto y devoción debemos repetir. “Y sucedió que, estando él orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: “Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos.” El les dijo: “Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, y perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación” (Lc 11,1-4)¿No es acaso, al contemplar a su Maestro en oración, cuando los discípulos de Cristo desea orar? Claro que si, les enseño lo que él hacía.

Y santa Teresa lo aconseja, haciéndolo bien.
<<Rezar el Paternóster y Avemaría o lo que quisiereis, es oración vocal. Pues mirad qué mala música hará sin lo primero, (la oración vocal sin la mental)>> (Camino de perfección. 25,3)

Cuando hablamos de la oración, casi siempre nos estamos refiriendo a esta clase, a la vocal, que consiste en recitar oracionales que ya han sido compuestas, o por Dios en la Sagrada Escritura, como los salmos, el Padrenuestro, etc. La Santa, porque lo dice, seguro lo haría muchas veces así.

<<Siempre es gran bien fundar vuestra oración sobre oraciones dichas de tal boca como la del Señor. En esto tienen razón, que si no estuviese ya nuestra flaqueza tan flaca y nuestra devoción tan tibia, no eran menester otros conciertos de oraciones, ni eran menester otros libros>>. (Camino de Perfección. 21,3)

O las oraciones dichas por la Virgen Maria como el Magnificat. Bastaría saber qué brotó de labios de nuestra Madre, para que no nos fuera una oración indiferente.

O las oraciones dichas por los Santos, como el Cántico de las Criaturas de san
Francisco de Asís. O por la Iglesia, como son las oraciones de la Misa, la Salve, etc. O, sencillamente, cuando le contamos nuestras cosas a Dios, y se lo expresamos con los labios. Siempre que nuestros labios acompañen a la mente y al corazón.

<<Sabed, hijas, que no está la falta para ser o no ser oración mental en tener cerrada la boca. Si hablando, estoy enteramente entendiendo y viendo que hablo con Dios con más advertencia que en las palabras que digo, junto está oración mental y vocal. Salvo si no os dicen que estéis hablando con Dios rezando el Paternóster y pensando en el mundo; aquí callo. Mas si habéis de estar, como es razón se esté, hablando con tan gran Señor, que es bien estéis mirando con quién habláis y quién sois vos>>. (Camino de Perfección. 22,1)
Muchas veces, porque la ignorancia es tan atrevida, se menosprecia la oración
vocal, y se dice que es de niños, de beatas de ignorantes. Mientras que los santos y los
grandes maestros espirituales la recomiendan con toda su alma. Santa Teresa la
valoraba muchísimo:
<<No penséis que se saca poca ganancia de rezar vocalmente con perfección. Os digo que es muy posible que estando rezando el Paternóster os ponga el Señor en contemplación perfecta, o rezando otra oración vocal>> (Camino de Perfección. 25,1)

C.E.C. nº 2704: La oración vocal es la oración por excelencia de las multitudes por ser exterior y tan plenamente humana. Pero incluso la más interior de las oraciones no podría prescindir de la oración vocal. La oración se hace interior en la medida en que tomamos conciencia de Aquel "a quien hablamos" (Santa Teresa de Jesús, Cam. 26).

Por ello, la oración vocal se convierte en una primera forma de oración contemplativa.

b) La oración vocal se hace mal con frecuencia:

 Y es una de las causas de menospreciarla. Se hace muchas veces de prisa, sin atención, sin enterarnos muy bien de lo que estamos diciendo y con quien estamos hablando. “Este pueblo me honra con los labios dice el Señor, pero su corazón está lejos de mí” (Is 29,13). Hay que pensar lo que se dice, aconseja la Santa.
<<Para rezar vocalmente como es debido, ya sabéis que enseña Su Majestad que sea a solas; pues así lo hacía él siempre que oraba... Esto bien sabido es, pues no es compatible hablar con Dios y con el mundo a la vez, que eso es lo que se pretende cuando se reza mientras se está escuchando lo que están hablando, o cuando se reza dejando que el pensamiento divague en lo que se le va ocurriendo, sin cortar los pensamientos>> (Camino de Perfección. 24,4)

Puesto que es conveniente, es necesaria la oración de alabanza a Dios con la boca, hay que hacerla bien hecha, por lo que dice la Carta a los Hebreos. “Ofrezcamos sin cesar, por medio de él, a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de los labios que celebran su nombre” (Heb 13,15). Santa Teresa reprende el que se haga mal.
<<El que no advierte con quién habla y lo que pide y quién es quien pide y a quién, a eso no lo llamo yo oración, aunque mucho menee los labios>> (1 Moradas. 1,7)

c) La oración vocal es necesaria.

Por supuesto, cuando se reúne a rezar la asamblea, de oración entre varios (una comunidad) necesariamente ha de ser con palabras, con cantos. La oración litúrgica de la Iglesia. Pero aun como oración personal, individual.
Porque los hombre creados para alabar a Dios, debemos de manifestar nuestro cariño y amor a Dios con todos los recursos humanos que Él nos ha dado para ello. Y el lenguaje es el recurso que tenemos más expresivo para alabar a Dios, “abre, Señor, mis labios, mi boca proclamara tu alabanza”. (Sal 50,17).

Además, muchas veces tenemos la necesidad psicológica de expresar los sentimientos que llevamos en lo más profundo de nuestro corazón, y es la forma perfecta de hacerlo con los hombres y con Dios, vocalmente.

C.E.C. nº 2702: Esta necesidad de asociar los sentidos a la oración interior
responde a una exigencia de nuestra naturaleza humana. Somos cuerpo y
espíritu, y experimentamos la necesidad de traducir exteriormente nuestros
sentimientos. Es necesario rezar con todo nuestro ser para dar a nuestra
súplica todo el poder posible.

Y además algunas personas no podrían hacer otra clase de oración que está.
Dios a esas almas sencillas, pero fieles a la práctica de esta oración vocal, les pueden, y de hecho lo hace muchas veces, elevarles a la contemplación. Se comprende por eso la importancia que santa Teresa da a la oración vocal, bien vivida, con sosiego.
<<De esta suerte rezaremos con mucho sosiego vocalmente, y es quitarnos de trabajo. Porque a poco tiempo que forcemos a nosotros mismos para estarnos cerca de este Señor, nos entenderá por señas, de manera que si habíamos de decir muchas veces el Paternóster, nos entenderá de una. Es muy amigo de quitarnos de trabajo. Aunque en una hora no le digamos más de una vez, como entendamos estamos con El y lo que le pedimos y la gana que tiene de darnos y cuán de buena gana se está con nosotros, no es amigo de que nos quebremos las cabezas hablándole mucho>> (Camino de Perfección. 29,6)

Hablar con Jesús. Son tantas las veces que los hombres hablaron con Jesús, que no cabrían en una pocas de páginas. El centurión se dirige a Jesús humilde pidiendo la curación de su siervo “Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo”. (Mt 8,8).

La cananea pedía la curación de su hija con perseverancia y Jesús se la concedió. (Mt 16,21).

Un leproso se postró ante Jesús rogando “si quieres puedes limpiarme”, enseñando la conformidad con la voluntad de Dios. (Mt 8,2).

Marta y María tenían tanta confianza en Jesús que, cuando su hermano enfermó gravemente le mandaron a decir, “Señor, mira, el que amas está enfermo”. (Jn 11,3).

El buen ladrón al convertirse, lleno de confianza exclamó. “Señor, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”. (Lc 23,42).

Pedro, al ver la pesca milagrosa, exclamo. “Señor, apártate de mí, que soy un pecador”. Se sintió indigno del trato con el Señor. (Lc 5,8). En el Catecismo de la Iglesia se nos dice:

C.E.C. nº 2667: <<Esta invocación sencilla ha sido desarrollada en la tradición
de la oración bajo diversas formas en Oriente y Occidente. La formulación más
habitual transmitida por los espirituales del Sinaí, de Siria y del monte Athos es la invocación: “Jesús, Cristo, Hijo de Dios, Señor, ten piedad de nosotros
pecadores>>

C.E.C. nº 2668: <<La invocación del santo nombre de Jesús es el camino más
sencillo de la oración continua. Repetida con frecuencia por un corazón humildemente atento, no se dispersa en palabrerías... Es posible en todo tiempo, porque no es una ocupación al lado de otra, sino la única ocupación, la
de amar a Dios, que anima y transfigura toda acción en Cristo Jesús>>

<<Conozco una persona que nunca pudo tener sino oración vocal, y asida a ésta lo tenía todo; y si no rezaba, íbasele el entendimiento tan perdido que no lo podía sufrir. Mas ¡tal tengamos todas la mental!En ciertos Paternósters que rezaba a las veces que el Señor derramó sangre se estaba y en poco más rezado algunas horas. Vino una vez a mí muy congojada, que no sabía tener oración mental ni podía contemplar, sino rezar vocalmente. Preguntéle qué rezaba, y vi que, asida al Paternóster, tenía pura contemplación y la levantaba el Señor a juntarla consigo en unión; y bien se parecía en sus obras recibir tan grandes mercedes, porque gastaba muy bien su vida. Así, alabé al Señor y hube envidia a su oración vocal. Si esto es verdad como lo es, no penséis los que sois enemigos de contemplativos que estáis libres de serlo, si las oraciones vocales rezáis como se han de rezar, teniendo limpia conciencia>>. (Camino de Perfección. 52 (30),4)

No puede ser de poco valor la oración vocal, puesto que es la que les enseño Jesús a los apóstoles cuando le pidieron que les enseñara a rezar.

Santa Teresita del Niño Jesús decía:

<<Algunas veces, cuando mi espíritu se encuentra en una sequedad tan grande que me es imposible formar un solo pensamiento para unirme a Dios, rezo muy despacio un padrenuestro y luego la salutación angélica. Estas oraciones, así rezadas, me encantan y alimentan mi alma mucho más que si las recitara precipitadamente un centenar de veces>> (MC fol 26).

<<Cuando estoy junto al sagrario no sé decir más que una sola cosa a Nuestro Señor: “Dios mío, Tú sabes que te amo>> (Carta 131).

<<Dios nunca se cansa de escucharme cuando le cuento con toda sencillez mis penas y alegrías como si El no las conociese>> (Ms C 32v)

<<Y siempre es bueno fundamentar vuestra oración sobre las oraciones pronunciadas por la boca del Señor. En eso tienen razón, que si no estuviera ya nuestra flaqueza tan flaca y nuestra devoción tan tibia, no sería necesaria otra clase de oraciones, ni serían necesarios otros libro>> (Camino de Perfección. 21,3)

El Beato Charles de Foucauld El gran contemplativo del desierto tiene estas páginas de fuego comentando el “Padrenuestro”:

<<¡Qué bueno sois, Dios mío, permitiéndome llamaros “Padre nuestro”!¿Quién soy yo, para que mi Creador, mi Rey, mi supremo Señor me permita llamarle“Padre mío”? ¿Y no sólo me lo permita, sino que me lo mande? ¡Dios mío, qué bueno sois!¡Cómo debo recordarme en todos los momentos de mi vida de este mandato tan dulce!¡Qué reconocimiento, qué alegría, qué amor, pero sobre todo qué confianza debe inspirarme!Pues eres mi Padre debo esperar siempre en ti. Y siendo Tú tan bueno para conmigo, ¡Cómo debo ser yo también bueno para con los demás!
Queriendo ser tú mi Padre y de todos los hombres, debo alimentar para con ellos, sean quienes sean, sentimientos de un verdadero hermano… Padre nuestro…Padre nuestro, enséñame a tener continuamente este nombre en los labios, junto con Jesús, en él y gracias a él, pues poderlo decir es mi mayor felicidad. Padre nuestro…Padre nuestro, que yo pueda vivir y morir diciendo: ¡Padre nuestro!, y ser siempre, por mi gratitud, amor y obediencia, un
hijo tuyo verdaderamente fiel y según tu corazón>>.

<<Y bueno será que consideremos que esta oración nos la enseñó a cada
una de nosotras y que nos la está enseñando, pues nunca está el Maestro
tan lejos del discípulo que sea necesario gritar, sino que está muy cerca.
Esto... es lo que os conviene para rezar bien el Padrenuestro; que no os
separéis de junto al Maestro que os lo enseñó>> (Camino de Perfección.
24,5)