"Seis tratados muy devotos y útiles para cualquier fiel cristiano"

Ejercicio espiritual repartido por todos los días de la semana.

San Francisco de Borja.

Prólogo

Por no ser de aquellos que reciben en vano su ánima (Sal 23,4), conviene considerar dos cosas a menudo, es a saber: lo que Dios hace con nosotros y lo que nosotros hacemos con Él. Porque, hablando nuestro corazón en la consideración de ellas, entremos en nosotros, y conociendo lo nada que somos y lo mucho que recibimos del Señor, le amemos con todas nuestras potencias y sentidos en esta vida, para que después le gocemos en la eterna.

Este ejercicio se repartirá en siete partes, para los siete días de la semana, con una breve oración para el fin del ejercicio.

También tendrá un despertador, para tratar aquel día con su ánima la materia del ejercicio. El provecho del cual, el que lo continuare lo sentirá. Porque, así como se escalienta el que llega al fuego, así queda encendido el que se allega al fuego del divino amor por oración o meditación. Despierta, pues, alma devota, pues te dan por lección lo que tienen por oficio los serafines, que es amar sin cesar. El Señor nos lo deje alcanzar. Amen.

Preparación antes del ejercicio.

Examinar la conciencia por la confesión mental, trabajando de tener dolor de sus pecados y proponiendo de confesarlos. Dirá un Pater noster y una Ave María por satisfacción, suplicando a Jesucristo, nuestro Señor, disponga su ánima dándole la lumbre de su conocimiento y el fuego de su amor y que, desconfiando el alma de sus propias fuerzas, confíe sólo en la bondad de Dios y en que al Redentor le fue presente esa su necesidad y rogó por ella al Padre eterno; y así pedirá la gracia para la oración diciendo: "Quia non possumus cogitare aliquid ex nobis, tanquam ex nobis, sed sufficientia nostra ex Deo est": (1Cor 3,5) Veni, Creator Spiritus, mentes tuorum visita, imple superna gratia quae tu creasti pectora.

LUNES

Lo que hizo Dios con nosotros.

Considerar cómo antes que fuese era nada, y cómo me crió y dio el ser.

Lo que hacemos con Él.

Cómo me volví en nada por el pecado, perdiendo el ser de gracia que tenía, de manera que lo que formaron sus manos destruí en las mías.

Lo que hizo con nosotros.

Cómo me crió a su imagen y semejanza.

Lo que hacemos con Él.

Cómo borré su imagen y semejanza, y por cuán viles cosas destruí una casa tan admirable.

Lo que hizo con nosotros.

Cómo, por haberme criado, lo que quiere de mí es darse a mí.

Lo que hacemos con Él.

Cómo siendo tan bueno para mí, lo que quiere de mí, lo que yo he querido de Él ha sido no quererle y apartarme de Él, como si pudiera vivir sin Él.

Consideración.

Considera ahora, tras esto, cómo sabiendo quién yo había de ser, quiso hacerse hombre para satisfacer los pecados. Y acabaré meditando este misterio de la Encarnación, haciendo gracias por este beneficio.

Oración.

¡Oh Señor y Criador del cielo y de la tierra! Conozca ya vuestra criatura lo que hacéis con ella por vuestra bondad y lo que ella hace en sí por su maldad, para que viendo cómo deshace lo que en ella hacéis y cómo borra lo que en ella pintáis, se tenga por destructora de si misma y de vuestras obras, y por tal se conozca y se persiga hasta que merezca ser atada por vuestra misericordia para el mal obrar, y de esta manera alcance que vos obréis en ella. Y pues vos decís, Señor, que vuestro Padre eterno de cada día obra, y que Vos siempre obráis (Jn 5,17), obren en mi Señor vuestras manos, y la mano del pecador no me mueva, para que os alaben vuestras obras y seen alabadas de los ángeles en la corte celestial. Amen.

Despertador.

Perditio tua Israël ex te est, auxilium autem tuum ex me. Que quiere decir: Tu perdición, Israel, de ti es, mas el socorro y ayuda de mí te viene (Os 13,19).

MARTES

Lo que Dios hizo con nosotros.

Cómo me crió de tierra para que, conociéndome polvo y ceniza, me tuviese en lo que soy, y así, como necesitado, le pidiese siempre misericordia.

Lo que hacemos con Él.

Cómo abusé de este beneficio no queriendo poner los ojos en mi miseria, viviendo como si no hubiera de morir, apartando de mi memoria mi flaqueza, habiendo de salir mi bien de la memoria de ella.

Lo que hizo con nosotros.

Lo que hay en mi cabeza y lo que sale de mis ojos, de las narices, de la boca; cómo el estómago es una laguna podrida, considerando la amargura de la hiel y la corrupción, y de las otras partes del cuerpo, para tenerlo en lo que es, espantándome de lo que soy.

Lo que hacemos con Él.

Cómo he puesto a mi cabeza almohadas blandas, cómo he regalado esta hediondez, qué solicitud he puesto en ello, qué tiempo tan mal empleado ha sido, el fruto que he sacado ¿qué fue sino ser despensero de los gusanos?

Lo que hizo con nosotros.

En lo que me tengo de volver a la hora de la muerte, cómo se ha de corromper el cuerpo en mal olor, cómo ha de ser dejado de todos, y cómo todo esto hizo el Señor porque no pusiese el amor en cosa tan vil v tan caduca.

Lo que hacemos con Él.

Cómo he sido injusto en tratar mal el ánima, que es tan hermosa, por tratar bien este cuerpo, que es tan hediondo; cómo lo tengo de sentir a la hora de la muerte, cómo lo hice mal en poner el amor en el cuerpo, siendo mortal, dejando de ponerle en el ánima, que es inmortal.

Consideración.

Considerar cómo siendo tan miserable nuestro cuerpo humano, quiso vestirse de él y nacer para padecer; y acabar meditando este misterio de la Natividad, haciendo gracias por este beneficio.

Oración.

Señor ¿quién es el hombre para ponerle en tu corazón (Ver Sal 8,5)? ¿qué hallaste en él para engrandecerle? Pues él no conoció tus beneficios por no conocer su miseria, conozca ya sus maleficios por olvidarse de ella; entienda que dejo de entender por estar puesto en honra. Por lo cual te suplico, clementísimo Señor, me hagas decir a la corrupción que ella es mi padre, y a los gusanos que son mi madre y hermanos (Job 17,14), para que entienda que no tengo a quién pedir ni de quién esperar sino de ti solo, que eres el verdadero bien del cielo y de la tierra, en cuyas manos me pongo como obra de tus manos. No la menosprecies, Señor, porque ya que mi padre y mi madre me dejaron (Sal 26,12), pueda decir que Tú, Señor, me recibiste. A quien se debe gloria in saecula saeculorum. Amen.

Despertador.

Quasi putredo consumendus sum et quasi vestimentum quod comeditur e tinea. Que quiere decir: Yo soy el que me tengo de consumir como une cosa podrida, así como el vestido se come de la polilla (Job 13,28).

MIÉRCOLES

Lo que Dios hizo con nosotros.

Considerar con qué amor puso las tres potencies en mi ánima, cómo me dio la memoria para que, acordándome de sus beneficios, le amase y pensando en su bondad me deleitase.

Lo que hacemos con Él.

En qué tengo empleada mi memoria, cuán olvidada está de los beneficios recibidos, cómo me deberían de confundir las cosas que guardo en ella, cómo muero por poner cosas que después me matan.

Lo que hizo con nosotros.

Cómo puso lumbre en el entendimiento para que, conociendo la verdad, anduviese en claridad, y contemplase siempre el piélago de las misericordias de Dios.

Lo que hacemos con Él.

Cómo he cegado el entendimiento por la falta del conocimiento, siendo rebelde a la divina lumbre, cómo puedo decir con David: mis maldades me cercaron y quitaron le vista (Sal 39,13).

Lo que hizo con nosotros.

Cómo dio el gusto a la voluntad para la dulcedumbre del divino amor, dándomele en esta vida por arras para la eterna, para que por la liberalidad del albedrío, con los méritos de la sangre de Cristo, amando a Dios, fuese Dios por participación.

Lo que hacemos con Él.

Cómo he cautivado mi voluntad en cosas que me den pena y tormento, cómo perdí mi libertad, cuán poco me dieron por ella. ¿Qué perdí y qué cobré? perdí la vida y cobré la muerte; dejé de ser Dios por participación, por ser cautivo del demonio.

Consideración.

Considerar que en pago de no circuncidar yo mis potencies, quiso el Señor ser circuncidado, derramando su sangre por mí en tan tierna edad, y meditando este misterio, acabar.

Oración.

¿Qué halló, Señor, mi memoria en lo transitorio para ponerlo en vuestro lugar? ¿Qué pudo mi entendimiento descubrir en la tierra sin Vos, que fuese digno de ser entendido? ¿Qué pudo mi voluntad amar que fuese digno de ser amado? Pues no es amor sino dolor todo lo que se ama sin Vos. Y pues por no emplear mi voluntad las fuerzas del amor en Vos he cegado el entendimiento y destruido la memoria, sed servido, Señor, por quien Vos sois, de poner amargura en todas las cosas que amo sin Vos, para que de esta manera las venga a aborrecer y comience a amar al que se me dio por amor. Amen.

Despertador.

Retribuebant mihi mala pro bonis, et odium pro dilectione. Que quiere decir: Volvíanme males por bienes y aborrecimiento por amor (Sal 34,13).

JUEVES

Lo que hizo Dios con nosotros.

Cómo me dio los ojos para que, mirando la hermosura de las criaturas y sacando el amor con que me las dio, le amase con gran amor continuamente en todo lo que mirase.

Lo que hacemos con Él

Cómo por los ojos di entrada a sus enemigos, y abusando de la hermosura de las criaturas me volví un basilisco contra mi ánima y contra mi prójimo, soltando la lengua a la concupiscencia.

Lo que hizo con nosotros.

Cómo me dio los oídos para que se enterneciese mi ánima con la dulzura del esposo.

Lo que hacemos con Él.

Cómo me volví serpiente poniendo la cola en el oído por no oír las santas inspiraciones, y cómo abrí los oídos a las murmuraciones.

Lo que hizo con nosotros.

Cómo me dio el sentido del oler para alabarle en la suavidad de las flores, para que ellas me moviesen tras el olor de sus ungüentos (Ver Cant 1,3).

Lo que hacemos con Él.

Cómo la suavidad de las flores me inclinó a deleites terrenales, diciendo con los pecadores: coronémonos de rosas antes que se sequen (Sal 2,8), por lo cual perdí el rastro de las pisadas de mi Criador, y cuán perdido anduve por la hediondez.

Lo que hizo con nosotros.

Cómo me dio diversidad y suavidad en el gusto de los manjares para que en todo conociese su amor y espiritualmente gustase cuan suave es el Señor.

Lo que hacemos con Él.

Cómo por la gula me hice un dragón, convirtiendo en mi daño este beneficio, por lo cual perdí el verdadero gusto espiritual, sabiéndome a la miel la hiel de los pecados.

Lo que hizo con nosotros.

Cómo me dio las manos para que hiciese obras que fuesen alegría y gozo de los ángeles, y para que me acompañasen y siguiesen en la muerte, y no me dejasen hasta la bienaventuranza.

Lo que hacemos con Él.

Cómo se hicieron mis manos fieras y bestiales por las olas del pecado, cómo no sólo han dejado de dar gozo a los ángeles, mas antes han sido de dolor y pena de los justos; cómo son tales que temo su compañía, y cómo ellas son las que me condenan.

Consideración.

Considerar que en pago de lo que pequé con mis sentidos, fue el Señor a hacer la satisfacción al desierto, ayunando por mi gula; y acabaré con este misterio.

Oración.

Señor ¿qué diré de mis ojos, pues habiendo de ser unos fuelles para encender el fuego de vuestro amor por la vista de las criaturas, los he hecho fuelles del fuego infernal por mis desordenados afectos? ¿Qué diré de la sordez de mis oídos a las voces de los afligidos? ¿Cómo consideraré para lo que me fue dada la lengua y lo que hago con ella? ¿Cómo contaré lo que he tenido por gusto? ¿Qué diré de las obras de mis manos, qué responderé, como sea yo el que lo he hecho? No hallo a quien volverme, porque, aunque supe yo solo caer, no sé ni puedo solo levantarme; mis amigos me han engañado y dejado, por lo cual los sentidos de mi corazón se han turbado en mí. Pues, mirad, Señor, único refugio mío, mi aflicción, y remediad por vuestra bondad esta miseria, ordenando mis sentidos a vuestra gloria, para la cual fueron criados. Amen.

Despertador.

Ascendit mors per fenestras, ne ambuletis sicut gentes in vanitate sensus. Que quiere decir: Subió la muerte por las ventanas, no andéis, pues, como los gentiles en la vanidad del sentido (Jer 9,21).

VIERNES

Lo que hizo con nosotros.

Cómo estando en el pecado no me quitó el servicio de las criaturas, cómo me daba la vida y las fuerzas, empleándolas en sus ofensas.

Lo que hacemos con Él.

Cómo no sólo dejaba de conocer que era indigno del servicio de las criaturas, mas aun me quejaba, si en algo me faltaban; cómo no deseaba la vida y las fuerzas sino para cumplir con mi voluntad; cómo no me maravillaba que la tierra me sustentase.

Lo que hizo con nosotros.

Cómo me guardaba de los enemigos visibles e invisibles, poniéndome señal, como a Caín (Gén 4,15), para que los demonios no hiciesen la venganza en mí.

Lo que hacemos con Él.

Cómo en lugar de huir de mis enemigos, los buscaba y me daba a ellos por el pecado; aunque ellos no me querían sino para matarme; cómo me tenía por seguro estando en su compañía y me tenía por vivo estando muerto.

Lo que hizo con nosotros.

Cómo me amonestaba por amigos, enseñaba por predicadores, inspiraba por los ángeles, persuadía viendo morir a los otros, cuasi rogando lo que yo no merecía alcanzar, aunque lo pidiera.

Lo que hacemos con Él.

Cómo cerraba las puertas a los consejos de los amigos, los oídos a los sermones e inspiraciones, los ojos a la memoria de la muerte, y todo esto por servir a un rey tirano que no puede ni quiere sino dar pena, dejando al Rey piadoso celestial, que la recibió grandísima por librarme de ella.

Consideración.

Considerar que, por sacarme de la muerte del pecado, tomó la muerte de la cruz. Acabará con este misterio.

Oración.

¿Qué hallé, Señor, en Vos, para perseguiros? Y ¿qué hallé en mí para amarme? ¿Qué esperábades Vos de mí para sufrirme, y qué esperaba yo de mí para hacer lo que hacía contra Vos? ¡Oh, cómo es infinita la muchedumbre de vuestras misericordias! Muévanme ellas, Señor, a vuestro amor, persuádanme a vuestro servicio, incítenme a vuestras alabanzas, de manera que todo sea vuestro por gracia como lo soy por creación. Amen.

Despertador.

Quid est quod debut ultra facere vineae meae, et non feci ei? An quod expectavi ut faceret uvas et fecit labruscas? Que quiere decir: ¿Qué más hubiera de hacer a mi viña de lo que hice? ¿Por ventura porque esperé que hiciese uvas e hizo rebuscos (Is 5,4)

SÁBADO

Lo que hubiera de hacer Dios conmigo.

Cómo fuera justo condenar a mi memoria, por el olvido de Dios, a que se acordara siempre en el infierno que por ello había de penar eternamente; cómo mereciera el entendimiento la pena, conociendo entonces los remedios que tenía acá para librarse de ella; qué dolor fuera para la voluntad, no pudiendo acá mortificarse en parte, verse allá matar en todo.

Lo que hubiera de hacer con Él.

Cómo debiera de quedar con temor mi memoria de no caer en olvido de Dios, y el entendimiento muy despierto en cosas de su servicio, y mi voluntad muy ardiente en su amor; y cómo, en lugar de remediarlo, me pongo de nuevo en el infierno con nuevos pecados.

Lo que hubiera de hacer conmigo.

Qué espanto fuera para mis ojos las tinieblas y visiones de los demonios, qué afición para los oídos los gemidos de los dañados, qué abominaciones para las narices la hediondez infernal, qué amargura para el gusto el cáliz de los tormentos, qué crueldad para mis manos el tocamiento del fuego eterno.

Lo que hubiera de hacer con Él.

Cómo me tiene, por la conservación de la gracia, que no caiga en el pecado, y de ahí en el infierno, librándome cada momento. Cuántas veces le debo esta salida de la pena eterna, cómo cada vez me daba de nuevo a mi mismo.

Lo que hubiera de hacer con Él.

Cómo hago diligencias por desasirme y soltarme para caer. Cómo no baste contar mi memoria las veces que he recibido este beneficio, y cómo me vuelvo yo a afar de nuevo a sus enemigos.

Consideración.

Considerar cómo para librar a los santos padres del limbo abajó a los infiernos, dejando su santísimo cuerpo en la cruz, quedando al pie de ella su bendita Madre. Acabar meditando este misterio.

Oración.

¡Oh, cómo puedo, Señor, decir que mi ánima está llena de males y mi vida se llegó al infierno! (Sal 87,4) Oh, qué de veces me habéis vuelto de las puertas de la muerte, y cuántas me he vuelto yo a ellas! Y, pues yo no ando sino tras darme la muerte y Vos tras darme la vida, sed servido, Señor, que me conozca para guardarme de mí y os conozca para darme a Vos, pues me criastes y librastes por sola vuestra clemencia. Amen.

Despertador.

Nisi quia Dominus adiuvit me, paulo minus habitasset in inferno anima mea. Que quiere decir: Si el Señor no me ayudara, poco menos del infierno estuviera mi ánima (Sal 83,17).

DOMINGO

Lo que hizo con nosotros.

Cómo está con nosotros, en cuya virtud vivimos, nos meneamos y somos (Hch 17,28); cómo nos guarda cuando dormimos y en ningún tiempo nos deja.

Lo que hice con Él.

Cómo me había de mover esto a tener mucho acatamiento a su divina presencia, y no menos amor, siquiera por la vecindad y por la compañía; y cómo, haciendo esto con mí, allí mismo traté yo muchas abominaciones y traiciones.

Lo que hizo con nosotros.

Cómo viéndolo Él todo, allí mismo trata del remedio para el daño que me hago.

Lo que hacemos con Él.

Cómo yo no tomo el remedio, antes busco salidas a ello, porfiando con mal.

Lo que hizo con nosotros.

Cómo, tras esto, lo va disponiendo suavemente, aguardando la sazón por mi parte para plantar las virtudes.

Lo que hacemos con Él.

Cómo después de plantadas con tanta bondad y paciencia, en un punto las arranqué todas.

Lo que hizo con nosotros.

Cómo para que no las arranque otra vez, las conserva con la confusión y humildad, para que sean perfectas y duren en el alma.

Lo que hacemos con Él.

Cómo, ya que no las arranqué por su sola misericordia, o las dejo sacar o las combato con mis afectos. De manera que debo de espantarme cuando me veo con ellas, según lo que hago contra ellas.

Lo que hizo con nosotros.

Cómo, estando en la gracia, se está dando a mí por amor, y para la conservación de la caridad se dejó en el Sacramento del altar. Cómo en todo se me quiere dar, y no queriendo de mí sino que le reciba.

Lo que hacemos con Él.

Cómo dejé de tener atención a esto, recibiendo otras cosas que me impiden; cómo soy ingrato al pan de los ángeles que me da, de manera que no hago sino impedir al bien que me hizo.

Consideración.

Considerar cómo resucitó, y lo que debemos al Padre eterno por haber glorificado aquellas llagas que nosotros hicimos; cómo está con gloria asentado a la diestra del Padre, cómo le glorifican nuestras obras, y cómo habemos de temer su juicio cuando son males, y cuánto nos cumple tenerle siempre presente, y acabar con esto.

Oración.

¡Oh Alteza de infinita sabiduría! en la mar son vuestros caminos y vuestras sendas en las muchas aguas (Sal 76,20), por lo cual vuestras pisadas no se comprenden ni conocen. ¡Oh, cómo me debería, Señor, de maravillar, cuando me veo con un buen deseo, y mucho más si le comienzo a poner en obra, y cuánto me debería de espantar si le veo efectuado, considerando cómo sembráis en la tierra tan seca, y cómo sacáis fruto de tierra tan inútil! ¡Oh, si conociese, Señor, cómo echo a perder la simiente que en el alma sembráis y, cuando comienza a salir, cómo la destruyo pisándola, y cuando está para cogerse, cómo la arranco; cierto que en todo quedaría humillado, sacando gran confusión para mí en las buenas obras que en mi veo! Pues, Señor, dádmelo ya a conocer por vuestra bondad, para que de ello salga la santificación de vuestro santo nombre, in saecula saeculorum. Amen.

Despertador.

In me eras et ego non te cognoscebam; sero te cognovi, bonitas infinita, sero te cognovi. Que quiere decir: En mí estabas y yo no te conocía. Tarde te conocí, Bondad infinita, tarde te conocí.

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Meditación para recibir el Santísimo Sacramento

Primer punto: Considerar quién es el que he de recibir, y cómo en cuanto a la divinidad es igual al Eterno Padre, y cómo en cuanto hombre es el más ilustre de todos los hombres.

Segundo punto: Considerar de dónde viene: del Cielo. Consideraré que me hace mayor don que a los Apóstoles el Jueves de la Cena. Y he de confundirme trayendo a la memoria lo que haría si esperase a un amigo o hermano que me viniese a ver de tierras lejanas, o si el Papa o el Emperador hubiese de venir a verme, y lo poco que hago con la venida de Jesucristo, de los Cielos a mi ánima.

Tercer punto: Ver cómo viene. Consideraré cómo habiéndome dado todas las criaturas, Él mismo disfrazado se me da en una de ellas, haciéndose pequeñito, conforme a mi pequeñez.

Cuatro punto: Ver adónde viene. A este mundo donde tantas ofensas y pecados se cometen contra su divina Majestad.

Quinto punto: Considerar quién soy yo que le he de recibir, y mostrarle mis llagas, pidiéndole con el leproso del Evangelio que me sane. Así miraré de dónde viene, adónde viene y a qué viene.

Alabado sea Dios.