EVANGELIO SEGUN SAN MARCOS

PREPARACION DEL MINISTERIO DE JESUS
Cap. I

[1] Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. [2] Como está escrito en el profeta Isaías: He aquí que yo envío a mi mensajero, para que te preceda, y prepare tu camino. [3] Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas. [4] Apareció Juan Bautista en el desierto predicando un bautismo de penitencia para perdón de los pecados. [5] Y acudía a él toda la región de Judea y todos los habitantes de Jerusalén, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados. [6] Juan llevaba un vestido de pelos de camello y un ceñidor de cuero a la cintura, y comía langostas y miel silvestre. [7] Y predicaba diciendo: Después de mí viene el que es más poderoso que yo, ante quien yo no soy digno de inclinarme para desatar la correa de sus sandalias. [8] Yo os he bautizado en agua, pero él os bautizará en el Espíritu Santo.
[9] Y sucedió que en aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. [10] Y nada más salir del agua vio los Cielos abiertos y al Espíritu que, en forma de paloma, descendía sobre él; [11] y sobrevino una voz desde los Cielos: Tú eres el Hijo mío, el Amado, en ti me he complacido.
[12] Enseguida el Espíritu lo impulsó hacia el desierto. [13] Y estuvo en el desierto cuarenta días mientras era tentado por Satanás; estaba con los animales, y los ángeles le servían.

COMIENZOS DEL MINISTERIO DE JESUS EN GALILEA

[14] Después de haber sido apresado Juan, llegó Jesús a Galilea predicando el Evangelio de Dios, [15] y diciendo: El tiempo se ha cumplido y está cerca el Reino de Dios; haced penitencia y creed en el Evangelio.
[16] Y, al pasar junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, que echaban las redes en el mar, pues eran pescadores. [17] Y les dijo Jesús: Seguidme, y os haré pescadores de hombres. [18] Y, al instante, dejaron las redes y le siguieron. [19] Y avanzando un poco, vio a Santiago el de Zebedeo y a Juan, su hermano, que remendaban las redes en la barca. [20] Y enseguida los llamó. Y dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él.
[21] Entran en Cafarnaún; y, al llegar el sábado, fue a la sinagoga y enseñaba. [22] Y quedaban admirados de su doctrina, pues les enseñaba como quien tiene potestad y no como los escribas. [23] Se encontraba entonces en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu inmundo, [24] y decía a gritos: ¿Qué hay entre nosotros y tú, Jesús Nazareno? ¿Has venido a perdernos? ¡Sé quién eres tú: el Santo de Dios! [25] Y Jesús le conminó diciendo: Calla, y sal de él. [26] Entonces, el espíritu inmundo, zarandeándolo y dando una gran voz, salió de él. [27] Y se quedaron todos estupefactos, de modo que se preguntaban entre sí diciendo: ¿Qué es esto? Una doctrina nueva con potestad. Manda incluso a los espíritus inmundos y le obedecen. [28] Y su fama corrió pronto por doquier en toda la región de Galilea.
[29] En cuanto salieron de la sinagoga, fueron a la casa de Simón y de Andrés, con Santiago y Juan. [30] La suegra de Simón estaba acostada con fiebre, y enseguida le hablan de ella. [31] Acercándose, la tomó de la mano y la levantó; le desapareció la fiebre y se puso a servirles.
[32] Al atardecer, cuando se puso el sol, llevaban hasta él a todos los enfermos y a los endemoniados; [33] y estaba toda la ciudad agolpada junto a la puerta. [34] Y curó a muchos que padecían diversas enfermedades, y expulsó a muchos demonios, y no les dejaba hablar, porque sabían quién era.
[35] De madrugada, todavía muy oscuro, se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, y allí oraba. [36] Salió a buscarle Simón y los que estaban con él; [37] y, cuando lo encontraron, le dijeron: Todos te buscan. [38] Y les dijo: Vayamos a otra parte, a las aldeas próximas, para que predique también allí, pues para esto he venido. [39] Y pasó por toda Galilea predicando en sus sinagogas y expulsando a los demonios.
[40] Y vino hacia él un leproso que, rogándole de rodillas, le decía: Si quieres, puedes limpiarme. [41] Y compadecido, extendió la mano, le tocó y le dijo: Quiero, queda limpio. [42] Y al momento desapareció de él la lepra y quedó limpio. [43] Le conminó y enseguida lo despidió, [44] diciéndole: Mira, no digas nada a nadie; pero anda, preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio. [45] Sin embargo, una vez que se fue, comenzó a proclamar y a divulgar la noticia, hasta el punto de que ya no podía entrar abiertamente en ciudad alguna, sino que se quedaba fuera, en lugares apartados. Pero acudían a él de todas partes.


Cap. II

[1] Y, al cabo de unos días, entró de nuevo en Cafarnaún. Se supo que estaba en casa, [2] y se juntaron tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio; y les predicaba la palabra. [3] Entonces vienen trayéndole un paralítico, que era transportado por cuatro. [4] Y al no poder llevarlo hasta él por causa del gentío, levantaron la techumbre por el sitio en donde se encontraba y, después de hacer un agujero, descuelgan la camilla en la que yacía el paralítico. [5] Al ver Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.
[6] Estaban allí sentados algunos de los escribas, y pensaban en sus corazones: [7] ¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios? [8] Y enseguida, conociendo Jesús en su espíritu que pensaban de este modo dentro de sí, les dice: ¿Por qué pensáis estas cosas en vuestros corazones? [9] ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: tus pecados te son perdonados; o decir: levántate, toma tu camilla y anda? [10] Pues, para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene en la tierra el poder de perdonar los pecados `se dirige al paralítico`: [11] A ti te digo: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. [12] Y se levantó y, tomando al instante la camilla, salió en presencia de todos, de manera que todos quedaron admirados y dieron gloria a Dios diciendo: Nunca vimos cosa igual.
[13] Y se fue otra vez a la orilla del mar. Y toda la muchedumbre iba hacia él, y les enseñaba. [14] Al pasar, vio a Leví el de Alfeo sentado en el telonio, y le dijo: Sígueme. El se levantó y le siguió. [15] Y ocurrió que, estando a la mesa en casa de éste, se sentaron con Jesús y sus discípulos muchos publicanos y pecadores, pues eran muchos y le seguían. [16] Los escribas de los fariseos, viendo que comía con pecadores y publicanos, decían a sus discípulos: ¿Por qué come con los publicanos y pecadores? [17] Al oír Jesús esto, les dijo: No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos; no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.
[18] Los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando; y vinieron a decirle: ¿Por qué los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunan y, en cambio, tus discípulos no ayunan? [19] Jesús les respondió: ¿Acaso pueden ayunar los convidados a la boda, mientras el esposo está con ellos? Durante el tiempo en que tienen al esposo con ellos no pueden ayunar. [20] Días vendrán en que el esposo les será arrebatado; entonces, en aquellos días, ayunarán. [21] Nadie pone una pieza de paño nuevo a un vestido viejo; pues de otro modo la pieza tira de él, lo nuevo de lo viejo, y se produce un desgarrón peor. [22] Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; pues de lo contrario, el vino rompe los odres, y se pierden el vino y los odres; por eso, el vino nuevo se echa en odres nuevos.
[23] Un sábado pasaba el Señor por los sembrados, y sus discípulos iban delante desgranando espigas. [24] Los fariseos le decían: Mira, ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito? [25] Y les dice: ¿Nunca habéis leído lo que hizo David cuando se vio necesitado, y tuvo hambre él y los que estaban con él? [26] ¿Cómo entró en la Casa de Dios en tiempos de Abiatar, Sumo Sacerdote, y comió los panes de la proposición, que no es lícito comer más que a los sacerdotes, y los dio también a los que estaban con él? [27] Y les decía: El sábado fue hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. [28] Por tanto, el Hijo del Hombre es señor hasta del sábado.


Cap. III

[1] De nuevo entró en la sinagoga, donde se encontraba un hombre que tenía la mano seca. [2] Le observaban de cerca por si lo curaba en sábado, para acusarle. [3] Y dice al hombre que tenía la mano seca: Ponte en medio. [4] Y les dice: ¿Es lícito en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla? Ellos permanecían callados. [5] Entonces, mirándolos con ira, entristecido por la ceguera de sus corazones, dice al hombre: Extiende tu mano. La extendió, y su mano quedó curada. [6] Al salir, los fariseos, junto con los herodianos, celebraron enseguida una reunión contra él, para ver cómo perderle.
[7] Jesús con sus discípulos se alejó hacia el mar. Y le siguió una gran muchedumbre de Galilea y de Judea; [8] también de Jerusalén, de Idumea, de más allá del Jordán, y de los alrededores de Tiro y de Sidón, vino hacia él una gran multitud al oír las cosas que hacía. [9] Y dijo a sus discípulos que le tuviesen dispuesta una pequeña barca, por causa de la muchedumbre, para que no le oprimiesen; [10] porque sanaba a tantos, que se le echaban encima para tocarle todos los que tenían enfermedades. [11] Los espíritus inmundos, cuando lo veían, se arrojaban a sus pies y gritaban diciendo: Tú eres el Hijo de Dios. [12] Y les ordenaba con energía que no le descubriesen.
[13] Y subiendo al monte llamó a los que él quiso, y fueron junto a él. [14] Y eligió a doce, para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar [15] con poder de expulsar demonios. [16] Y formó el grupo de los doce: a Simón, a quien puso el nombre de Pedro; [17] y a Santiago el de Zebedeo y a Juan, el hermano de Santiago, a quienes llamó Boanerges, esto es, «Hijos del trueno»; [18] y a Andrés y Felipe, y a Bartolomé y Mateo, y a Tomás y Santiago el de Alfeo, y a Tadeo y Simón Cananeo, [19] y a Judas Iscariote, el que lo entregó.
[20] Entonces llega a casa; y se vuelve a juntar la muchedumbre, de manera que no podían ni siquiera comer. [21] Al enterarse sus parientes fueron a llevárselo, porque decían que había perdido el juicio.
[22] Y los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: Tiene a Beelzebul, y en virtud del príncipe de los demonios arroja a los demonios. [23] Y convocándolos les decía en parábolas: ¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? [24] Si un reino está dividido en su interior, no puede mantenerse en pie aquel reino; [25] y si una casa está dividida en su interior, no podrá mantenerse en pie aquella casa. [26] Y si Satanás se levanta contra sí mismo, entonces se encuentra dividido y no puede mantenerse en pie, sino que ha llegado su fin. [27] Pues nadie puede entrar en la casa del fuerte y saquear sus bienes, a no ser que antes ate al fuerte; entonces podrá saquear su casa. [28] En verdad os digo que se perdonarán a los hijos de los hombres todos los pecados y cuantas blasfemias profieran; [29] pero quien blasfeme contra el Espíritu Santo jamás tendrá perdón, sino que será reo de delito eterno. [30] Porque ellos decían: Tiene un espíritu inmundo.
[31] Vienen su madre y sus hermanos y, quedándose fuera, enviaron a llamarlo. [32] Y estaba sentada a su alrededor una muchedumbre, y le dicen: Mira, tu madre, tus hermanos y tus hermanas te buscan fuera. [33] Y, en respuesta, les dice: ¿Quién es mi madre y quiénes mis hermanos? [34] Y mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dice: Ved aquí a mi madre y mis hermanos. [35] Porque quien haga la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.


Cap. IV
PARABOLAS DEL REINO DE DIOS


[1] De nuevo comenzó a enseñar a la orilla del mar. Y se reunió junto a él tan gran muchedumbre, que tuvo que subir a sentarse en una barca, en el mar; mientras, toda la muchedumbre permanecía en tierra, a la orilla del mar. [2] Les explicaba en parábolas muchas cosas, y les decía en su enseñanza: [3] Escuchad: he aquí que salió el sembrador a sembrar. [4] Y ocurrió que, al arrojar la semilla, parte cayó junto al camino, y vinieron los pájaros y se la comieron. [5] Parte cayó en terreno rocoso, donde no había mucha tierra, y brotó pronto, por no ser hondo el suelo; [6] pero cuando salió el sol se agostó, y se secó porque no tenía raíz. [7] Otra parte cayó entre espinos, y crecieron los espinos y la sofocaron, y no dio fruto. [8] Y otra cayó en tierra buena, y daba fruto: crecía y se desarrollaba; y producía el treinta por uno, el sesenta por uno y el ciento por uno. [9] Y decía: El que tenga oídos para oír, que oiga.
[10] Y cuando se quedó solo, los que le acompañaban junto con los doce le preguntaron por el significado de las parábolas. [11] Y les decía: A vosotros se os ha transmitido el misterio del Reino de Dios; en cambio, a los que están fuera todo se les anuncia en parábolas, [12] de modo que los que miran miren y no vean, y los que oyen oigan pero no entiendan, no sea que se conviertan y se les perdone.
[13] Y les dice: ¿No entendéis esta parábola? ¿Pues cómo podréis entender las demás parábolas? [14] El que siembra, siembra la palabra. [15] Los que están junto al camino donde se siembra la palabra son aquellos que, aun cuando la oigan, al instante viene Satanás y arrebata la palabra sembrada en ellos. [16] Los que reciben la semilla sobre terreno rocoso son aquellos que, cuando oyen la palabra, al momento la reciben con alegría, [17] pero no tienen raíz en sí mismos, sino que son inconstantes; y después, al venir una tribulación o persecución por causa de la palabra, se escandalizan en seguida. [18] Hay otros que reciben la semilla entre espinos: son aquellos que han oído la palabra, [19] pero las preocupaciones de este mundo, la seducción de las riquezas y los apetitos de las demás cosas les asedian, sofocan la palabra y queda estéril. [20] Y los que han recibido la semilla sobre la tierra buena, son aquellos que oyen la palabra, la reciben y dan fruto: el treinta por uno, el sesenta por uno y el ciento por uno.
[21] Y les decía: ¿Acaso se enciende la lámpara para ponerla debajo del celemín o debajo de la cama? ¿No se pone en el candelero? [22] Pues no hay cosa escondida que no haya de saberse, ni hecho oculto que no haya de ser manifiesto. [23] Si alguno tiene oídos para oír, que oiga.
[24] Y les decía: Prestad atención a lo que oís. Con la medida con que midáis, se os medirá, y aun se os añadirá. [25] Porque al que tiene, se le dará; y al que no tiene, incluso lo que tiene se le quitará.
[26] Y decía: El Reino de Dios viene a ser como un hombre que echa la semilla sobre la tierra, [27] y duerma o vele noche y día, la semilla nace y crece, sin que él sepa cómo. [28] Porque la tierra produce fruto ella sola: primero hierba, después espiga, y por fin trigo maduro en la espiga. [29] Y en cuanto está a punto el fruto, en seguida mete la hoz, porque ha llegado la siega. [30] Y decía: ¿A qué asemejaremos el Reino de Dios?, o ¿con qué parábola lo compararemos? [31] Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es la más pequeña de todas las semillas que hay en la tierra; [32] pero, una vez sembrado, crece y se hace mayor que todas las hortalizas, y echa ramas grandes, de manera que los pájaros del cielo puedan anidar bajo su sombra.
[33] Y con muchas parábolas semejantes les anunciaba la palabra, conforme a lo que podían entender; [34] no les hablaba sino en parábolas. Pero a solas, explicaba todo a sus discípulos.

MILAGROS Y ACTIVIDAD DE JESUS EN GALILEA


[35] Aquel día, llegada la tarde, les dice: Crucemos al otro lado. [36] Y, despidiendo a la muchedumbre, le llevaron en la barca tal como se encontraba, y le acompañaban otras barcas. [37] Y se levantó una gran tempestad de viento, y las olas se echaban encima de la barca, de manera que se inundaba la barca. [38] El estaba en la popa durmiendo sobre un cabezal; entonces lo despiertan, y le dicen: Maestro, ¿no te importa que perezcamos? [39] Y levantándose, increpó al viento y dijo al mar: ¡Calla, enmudece! Y se calmó el viento, y se produjo una gran bonanza. [40] Entonces les dijo: ¿Por qué tenéis miedo? ¿Todavía no tenéis fe? [41] Y se llenaron de gran temor, y se decían unos a otros: ¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?


Cap. V

[1] Y llegaron a la orilla del mar, a la región de los gerasenos. [2] Al salir de la barca, en seguida le salió al encuentro desde los sepulcros un hombre poseído por un espíritu inmundo, [3] que vivía en los sepulcros y nadie podía tenerlo sujeto ni siquiera con cadenas; [4] porque había estado muchas veces atado con grilletes y cadenas, y había roto las cadenas y deshecho los grilletes, y nadie podía dominarlo. [5] Y se pasaba las noches enteras y los días por los sepulcros y por los montes, gritando e hiriéndose con piedras. [6] Al ver a Jesús desde lejos, corrió y se postró ante él; [7] y, gritando con gran voz, dijo: ¿Qué tengo que ver contigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes. [8] Porque le decía: Sal, espíritu inmundo, de este hombre. [9] Y le preguntaba: ¿Cuál es tu nombre? Le contestó: Mi nombre es legión, porque somos muchos. [10] Y le suplicaba con insistencia que no lo expulsara fuera de la región.
[11] Había allí junto al monte una gran piara de cerdos paciendo. [12] Y le suplicaron diciendo: Envíanos a los cerdos, para que entremos en ellos. [13] Y se lo permitió. Y, saliendo los espíritus inmundos, entraron en los cerdos; y con gran ímpetu la piara, alrededor de dos mil, corrió por la pendiente hacia el mar, donde se iban ahogando. [14] Los porqueros echaron a correr, y contaron por la ciudad y los campos lo sucedido. Y acudieron a ver qué había ocurrido. [15] Y llegaron junto a Jesús, y vieron al que había estado endemoniado, sentado, vestido y en su sano juicio; y se quedaron asustados. [16] Los que lo habían presenciado les contaron lo que había sucedido con el que había estado poseído por el demonio y con los cerdos. [17] Y comenzaron a rogarle que se alejase de su región. [18] Y al subir en la barca, el que había estado endemoniado le suplicaba quedarse con él; [19] pero no lo admitió, sino que le dijo: Vete a tu casa con los tuyos y cuéntales todo lo que el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti. [20] Se fue y comenzó a proclamar en la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; y todos se admiraban.
[21] Y habiendo cruzado de nuevo Jesús en la barca hasta la otra orilla, se reunió una gran muchedumbre a su alrededor mientras él estaba junto al mar. [22] Viene uno de los jefes de la sinagoga, de nombre Jairo, y, al verlo, se postra a sus pies, [23] y le suplica con insistencia diciendo: Mi hija está en las últimas. Ven, impón tus manos sobre ella para que se salve y viva. [24] Se fue con él, y le seguía la muchedumbre, que le apretujaba.
[25] Y una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, [26] y que había sufrido mucho por parte de muchos médicos, y gastado todos sus bienes sin aprovecharle de nada, sino que iba del mal en peor, [27] cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la muchedumbre y tocó su vestido; [28] porque decía: Si pudiera tocar, aunque sólo fuera su manto, quedaré sana. [29] En el mismo instante se secó la fuente de sangre, y sintió en su cuerpo que estaba curada de la enfermedad. [30] Y al momento Jesús, conociendo en sí mismo la virtud salida de él, vuelto hacia la muchedumbre, decía: ¿Quién ha tocado mis vestidos? [31] Y le decían sus discípulos: Ves que la muchedumbre te oprime y dices ¿quién me ha tocado? [32] Y miraba a su alrededor para ver a la que había hecho esto. [33] La mujer, asustada y temblorosa, sabiendo lo que le había ocurrido, se acercó, se postró ante él y le confesó toda la verdad. [34] El entonces le dijo: Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu dolencia.
[35] Todavía estaba él hablando, cuando llegan desde la casa del jefe de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas ya al Maestro? [36] Jesús, al oír lo que hablaban, dice al jefe de la sinagoga: No temas, tan sólo ten fe. [37] Y no permitió que nadie le siguiera, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. [38] Llegan a la casa del jefe de la sinagoga, y ve el alboroto, y a los que lloraban y a las plañideras. [39] Y al entrar, les dice: ¿Por qué alborotáis y estáis llorando? La niña no ha muerto, sino que duerme. [49] Y se reían de él. Pero él, haciendo salir a todos, toma consigo al padre y a la madre de la niña y a los que le acompañaban, y entra donde estaba la niña. [41] Y tomando la mano de la niña, le dice: Talita qum, que significa: Niña, a ti te digo, levántate. [42] Y en seguida la niña se levantó y se puso a andar, pues tenía doce años. Y quedaron llenos de asombro. [43] Les insistió mucho en que nadie lo supiera, y dijo que dieran de comer a la niña.


Cap. VI

[1] Partió de allí y se fue a su ciudad, y le seguían sus discípulos. [2] Llegado el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga, y muchos de los oyentes, admirados, decían: ¿De dónde sabe éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es la que se le ha dado y estos milagros que se hacen por sus manos? [3] ¿No es éste el artesano, el hijo de María, y hermano de Santiago y de José y de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros? Y se escandalizaban de él. [4] Y les decía Jesús: No hay profeta menospreciado sino en su propia patria, entre sus parientes y en su casa. [5] Y no podía hacer allí ningún milagro; solamente sanó a unos pocos enfermos imponiéndoles las manos. [6] Y se asombraba por causa de la incredulidad de ellos.

VIAJE DE JESUS CON SUS APOSTOLES

Y recorría las aldeas de los contornos enseñando.
[7] Y llamó a los doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles potestad sobre los espíritus inmundos. [8] Y les mandó que no llevasen nada para el camino, ni pan, ni alforja, ni dinero en la bolsa, sino solamente un bastón; [9] y que fueran calzados con sandalias y no llevaran dos túnicas. [10] Y les decía: Si entráis en una casa, permaneced allí hasta que salgáis de aquel lugar. [11] Y si en algún sitio no os reciben ni os escuchan, al salir de allí sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos. [12] Y habiendo marchado, predicaron que hicieran penitencia; [13] y expulsaban muchos demonios, y ungían con óleo a muchos enfermos y los curaban.
[14] Llegó esto a oídos del rey Herodes, pues su nombre se había hecho famoso, y decía: Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos, y por eso tiene poder de hacer milagros. [15] Otros decían: Es Elías. Otros, en fin, decían: Es un profeta, igual que los demás profetas. [16] Pero cuando lo oyó Herodes decía: Este es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado.
[17] En efecto, el propio Herodes había mandado prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, a la cual Herodes había tomado como mujer. [18] Juan decía a Herodes: No te es lícito tener a la mujer de tu hermano. [19] Herodías le odiaba y quería matarlo, pero no podía: [20] porque Herodes temía a Juan, sabiendo que era un varón justo y santo, y le protegía; y al oírlo tenía muchas dudas, pero le escuchaba con gusto. [21] Cuando llegó un día propicio, en el que Herodes por su cumpleaños dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea, [22] entró la hija de la propia Herodías, bailó y gustó a Herodes y a los que con él estaban a la mesa. Dijo el rey a la muchacha: Pídeme lo que quieras y te lo daré. [23] Y le juró varias veces: Cualquier cosa que me pidas te daré, aunque sea la mitad de mi reino. [24] Y, saliendo, dijo a su madre: ¿Qué he de pedir? Ella dijo: La cabeza de Juan el Bautista. [25] Y al instante, entrando deprisa donde estaba el rey, pidió así: Quiero que en seguida me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista. [26] El rey se entristeció; pero, a causa del juramento y de los comensales, no quiso contrariarla; [27] y, enviando un verdugo, el rey mandó traer su cabeza. Aquél marchó y lo decapitó en la cárcel, [28] y trajo su cabeza en una bandeja, y la dio a la muchacha, y la muchacha la entregó a su madre. [29] Cuando se enteraron sus discípulos, vinieron, tomaron su cuerpo y lo pusieron en un sepulcro.
[30] Reunidos los apóstoles con Jesús, le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. [31] Y les dice: Venid vosotros solos a un lugar apartado, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, y ni siquiera tenían tiempo para comer. [32] Se marcharon, pues, en la barca a un lugar apartado ellos solos.
[33] Pero los vieron marchar, y muchos los reconocieron; fueron allá a pie desde todas las ciudades, y llegaron antes que ellos. [34] Al desembarcar, vio Jesús una gran multitud, y se llenó de compasión, porque estaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas. [35] Y cuando ya se hizo muy tarde, se acercaron sus discípulos y le dijeron: El lugar es desierto y la hora es ya avanzada; [36] despídelos para que vayan a las aldeas y pueblos de alrededor, y compren algo de comer. [37] Y les respondió: Dadles vosotros de comer. Y le dicen: ¿Es que vamos a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer? [38] El les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Id a verlo. Y habiéndolo visto, dicen: Cinco, y dos peces. [39] Entonces les mandó que acomodaran a todos por grupos sobre la hierba verde. [40] Y se sentaron en grupos de ciento y de cincuenta. [41] Y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los daba a sus discípulos para que los distribuyesen; también repartió los dos peces para todos. [42] Y comieron todos hasta que quedaron satisfechos. [43] Y recogieron doce cestos llenos de los trozos de pan y de los peces. [44] Los que comieron los panes eran cinco mil hombres.
[45] Y en seguida hizo subir a sus discípulos a la barca, y que se adelantaran a la otra orilla junto a Betsaida, mientras él despedía a la multitud. [46] Y después de despedirlos, se retiró al monte a orar. [47] Cuando se hizo de noche, la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra. [48] Y viéndoles remar con gran fatiga, pues el viento les era contrario, hacia la cuarta vigilia de la noche viene a ellos andando sobre el mar, e hizo ademán de pasar de largo. [49] Ellos, cuando lo vieron caminando sobre el mar, pensaron que era un fantasma y gritaron. [50] Todos, en efecto, le vieron y se asustaron. El habló en seguida con ellos, y les dijo: Tened confianza, soy yo, no temáis. [51] Y subió con ellos a la barca y cesó el viento. Entonces se quedaron mucho más asombrados; [52] pues no habían entendido lo de los panes, porque su corazón estaba embotado.
[53] Y terminada la travesía hasta la costa, llegaron a Genesaret y atracaron. [54] Cuando bajaron de la barca, al momento lo reconocieron. [55] Y recorriendo toda aquella región, a donde oían que estaba él le traían sobre las camillas a todos los que se encontraban mal. [56] Y adondequiera que entraba, en pueblos, o en ciudades, o en aldeas, colocaban a los enfermos en las plazas, y le suplicaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto; y todos los que le tocaban quedaban sanos.


Cap. VII

[1] Se acercaron a él los fariseos y algunos escribas que habían llegado de Jerusalén, [2] y vieron a algunos de sus discípulos que comían los panes con manos impuras, es decir, sin lavar. [3] Pues los fariseos y todos los judíos nunca comen si no se lavan las manos muchas veces, observando la tradición de los antiguos; [4] y cuando llegan de la plaza no comen, si no se purifican; y hay otras muchas cosas que guardan por tradición: purificaciones de las copas y de las jarras, de las vasijas de cobre y de los lechos. [5] Le preguntaban, pues, los fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no se comportan conforme a la tradición de los antiguos, sino que comen el pan con manos impuras? [6] El les respondió: Bien profetizó Isaías de vosotros los hipócritas, como está escrito:
Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está bien lejos de mí. [7] En vano me dan culto, mientras enseñan doctrinas que son preceptos humanos.
[8] Abandonando el mandamiento de Dios, retenéis la tradición de los hombres. [9] Y les decía: ¡Qué bien anuláis el mandamiento de Dios, para guardar vuestra tradición! [10] Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y quien maldiga al padre o a la madre, sea reo de muerte. [11] Vosotros, en cambio, decís: Si un hombre dice al padre o a la madre: Lo que de mi parte pudieras recibir sea Corbán, que significa ofrenda, [12] ya no le permitís hacer nada por el padre o por la madre; [13] con ello anuláis la palabra de Dios por vuestra tradición, que vosotros mismos habéis establecido; y hacéis otras muchas cosas semejantes a éstas.
[14] Llamando de nuevo a la muchedumbre, les decía: Escuchadme todos y entended: [15] Nada hay fuera del hombre que, al entrar en él, pueda hacerlo impuro; las cosas que salen del hombre, ésas son las que hacen impuro al hombre.
[17] Y cuando entró en casa, alejado ya de la muchedumbre, sus discípulos le preguntaban el sentido de la parábola. [18] Y les dice: ¿Así que también vosotros sois incapaces de entender? ¿No sabéis que todo lo que entra en el hombre desde fuera no puede hacerlo impuro, [19] porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y va a la cloaca? De este modo declaraba puros todos los alimentos. [20] Pues decía: Lo que sale del hombre, eso hace impuro al hombre. [21] Porque del interior del corazón de los hombres proceden los malos pensamientos, fornicaciones, hurtos, homicidios, [22] adulterios, codicias, maldades, fraude, deshonestidad, envidia, blasfemia, soberbia, insensatez. [23] Todas estas cosas malas proceden del interior y hacen impuro al hombre.
[24] Y partiendo de allí se fue hacia la región de Tiro y de Sidón. Y habiendo entrado en una casa deseaba que nadie lo supiera, pero no pudo permanecer oculto. [25] Al punto, en cuanto oyó hablar de él una mujer cuya hija tenía un espíritu inmundo, entró y se postró a sus pies. [26] La mujer era griega, sirofenicia de origen. Y le rogaba que expulsara de su hija al demonio. [27] Y le dijo: Deja que primero se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perrillos. [28] Ella respondió diciendo: Señor, también los perrillos comen debajo de la mesa las migajas de los hijos. [29] Y le dijo: Por esto que has dicho, vete, el demonio ha salido de tu hija. [30] Y al regresar a su casa encontró a la niña echada en la cama, y que el demonio había salido.
[31] De nuevo, saliendo de la región de Tiro, vino a través de Sidón hacia el mar de Galilea, cruzando el territorio de la Decápolis. [32] Le traen un sordo y mudo, y le ruegan que le imponga su mano. [33] Y apartándolo de la muchedumbre, metió los dedos en sus orejas, y con saliva tocó su lengua; [34] y mirando al cielo, dio un suspiro, y le dice: Effetha, que significa: ábrete. [35] Al instante se le abrieron los oídos, quedó suelta la atadura de su lengua y hablaba correctamente. [36] Y les ordenó que no lo dijeran a nadie. Pero cuanto más se lo mandaba, tanto más lo proclamaban; [37] y estaban tan maravillados que decían: Todo lo ha hecho bien, hace oír a los sordos y hablar a los mudos.


Cap. VIII

[1] En aquellos días, reunida de nuevo una gran muchedumbre que no tenía qué comer, llamando a los discípulos les dice: [2] Siento profunda compasión por la muchedumbre, porque ya hace tres días que permanecen junto a mí y no tienen qué comer; [3] y si los despido en ayunas a sus casas desfallecerán en el camino, pues algunos han venido desde lejos. [4] Y le respondieron sus discípulos: ¿Quién podrá abastecerlos de pan aquí, en el desierto? [5] Les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Ellos dijeron: Siete. [6] Y ordenó a la multitud que se acomodase en el suelo. Tomando los siete panes, después de dar gracias, los partió y los fue dando a sus discípulos para que los distribuyeran; y los distribuyeron a la muchedumbre. [7] Tenían también unos pocos pececillos; después de bendecirlos, mandó que los distribuyeran. [8] Y comieron y quedaron satisfechos, y recogieron de los trozos sobrantes siete espuertas. [9] Los que habían comido eran alrededor de cuatro mil, y los despidió.
[10] Y subiendo en seguida a la barca con sus discípulos, se fue hacia la parte de Dalmanuta. [11] Salieron los fariseos y comenzaron a discutir con él, pidiéndole una señal del cielo para tentarle. [12] Suspirando desde lo más íntimo, dijo: ¿Por qué esta generación pide una señal? En verdad os digo que a esta generación no se le dará señal alguna. [13] Y dejándolos, subió de nuevo a la barca y se fue a la otra orilla.
[14] Se olvidaron de tomar panes y no tenían consigo en la barca más que un pan. [15] Y les advertía diciendo: Estad alerta y guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes. [16] Ellos comentaban entre sí que no tenían pan. [17] Al darse cuenta Jesús, les dice: ¿Qué andáis comentando de que no tenéis pan? ¿Todavía no entendéis ni comprendéis? ¿Tenéis embotado vuestro corazón? [18] ¿Teniendo ojos no veis y teniendo oídos no oís? ¿No os acordáis de [19] cuántos cestos llenos de trozos recogisteis, cuando partí los cinco panes para cinco mil? Le respondieron: Doce. [20] Y cuando los siete panes para los cuatro mil, ¿cuántas espuertas llenas de trozos recogisteis? Le contestaron: Siete. [21] Y les decía: ¿No entendéis aún?
[22] Llegan a Betsaida y le traen un ciego suplicándole que lo toque. [23] Tomando de la mano al ciego lo sacó fuera de la aldea, y poniendo saliva en sus ojos, le impuso las manos y le preguntó: ¿Ves algo? [24] Y alzando la mirada dijo: Veo a los hombres como árboles que andan. [25] Después puso otra vez las manos sobre sus ojos, y comenzó a ver y quedó curado, de manera que veía con claridad todas las cosas. [26] Y lo envió a su casa diciendo: No entres ni siquiera en la aldea.
[27] Salió Jesús con sus discípulos hacia las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntaba a sus discípulos: ¿Quién dicen los hombres que soy yo? [28] Ellos le respondieron: Unos que Juan el Bautista, otros que Elías y otros que uno de los profetas. [29] Entonces él les pregunta: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Pedro, le dice: Tú eres el Cristo. [30] Y les ordenó que no hablasen a nadie sobre esto.
[31] Y comenzó a enseñarles que el Hijo del Hombre debía padecer mucho, ser rechazado por los ancianos, por los príncipes de los sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días. [32] Hablaba de esto abiertamente. Pedro, tomándolo aparte, se puso a reprenderle. [33] Pero él, volviéndose y mirando a sus discípulos, increpó a Pedro y le dijo: ¡Apártate de mí, Satanás!, porque no sientes las cosas de Dios, sino las de los hombres.
[34] Y llamando a la muchedumbre junto con sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. [35] Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. [36] ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde su vida? [37] O, ¿qué dará el hombre a cambio de su vida? [38] Porque si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre también se avergonzará de él, cuando venga en la gloria de su Padre acompañado de sus santos ángeles.


Cap. IX

[1] Y les decía: En verdad os digo que hay algunos de los aquí presentes que no sufrirán la muerte hasta que vean el Reino de Dios que ha llegado con poder.
[2] Seis días después, tomó Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y los llevó a ellos solos aparte a un monte alto, y se transfiguró ante ellos. [3] Sus vestidos se volvieron resplandecientes y muy blancos; tanto que ningún batanero en la tierra puede dejarlos así de blancos. [4] Y se les aparecieron Elías y Moisés, y conversaban con Jesús. [5] Tomando Pedro la palabra, dice a Jesús: Maestro, qué bien estamos aquí; hagamos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. [6] Pues no sabía lo que decía, porque estaban llenos de temor. [7] Entonces se formó una nube que los cubrió, y se oyó una voz desde la nube que decía: Este es mi Hijo, el Amado, escuchadle. [8] Y luego, mirando a su alrededor, ya no vieron a nadie, sino solo a Jesús con ellos.
[9] Mientras bajaban del monte les ordenó que a nadie contasen lo que habían visto, hasta que el Hijo del Hombre resucitara de entre los muertos. [10] Ellos retuvieron estas palabras, discutiendo entre sí qué era lo de resucitar de entre los muertos. [11] Y le hacían esta pregunta: ¿Por qué dicen los fariseos y los escribas que Elías debe venir primero? [12] El les respondió: Elías vendrá antes y restablecerá todas las cosas; pero, ¿cómo está escrito del Hijo del Hombre que padecerá mucho y será despreciado? [13] Sin embargo, yo os digo que Elías ya ha venido e hicieron con él lo que quisieron, según está escrito de él.
[14] Al llegar junto a los discípulos vieron una gran muchedumbre que les rodeaba, y unos escribas que discutían con ellos. [15] En seguida, al verle, todo el pueblo se quedó sorprendido, y acudían corriendo a saludarle. [16] Y él les preguntó: ¿Qué discutíais entre vosotros? [17] A lo que respondió uno de la muchedumbre: Maestro, te he traído a mí hijo, que tiene un espíritu mudo; [18] y en cualquier sitio que se apodera de él, lo tira al suelo, le hace echar espuma y rechinar los dientes y lo deja rígido. Pedí a tus discípulos que lo expulsaran, pero no han podido. [19] El les contestó: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo tendré que estar entre vosotros? ¿Hasta cuándo tendré que sufriros? ¡Traédmelo! [20] Y se lo trajeron. En cuanto el espíritu vio a Jesús, agitó violentamente al niño, que cayendo a tierra se revolcaba echando espuma. [21] Entonces preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Le contestó: Desde muy niño; [22] y muchas veces lo ha arrojado al fuego y al agua, para acabar con él; pero si algo puedes, ayúdanos, compadecido de nosotros. [23] Y Jesús le dijo: ¡Si puedes...! ¡Todo es posible para el que cree! [24] En seguida el padre del niño exclamó: Creo, Señor; ayuda mi incredulidad. [25] Al ver Jesús que aumentaba la muchedumbre, increpó al espíritu inmundo diciéndole: ¡Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando, sal de él y ya no vuelvas a entrar en él! [26] Y gritando y agitándole violentamente salió; y quedó como muerto, de manera que muchos decían: Ha muerto. [27] Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó y se mantuvo en pie.
[28] Cuando entró en casa le preguntaron sus discípulos a solas: ¿Por qué nosotros no hemos podido expulsarlo? [29] Y les respondió: Esta raza no puede ser expulsada por ningún medio, sino con la oración.
[30] Una vez que salieron de allí cruzaban Galilea, y no quería que nadie lo supiese; [31] pues iba instruyendo a sus discípulos y les decía: El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán, y después de muerto resucitará a los tres días. [32] Pero ellos no entendían sus palabras y temían preguntarle.
[33] Y llegaron a Cafarnaún. Estando ya en casa, les preguntó: ¿De qué discutíais por el camino? [34] Pero ellos callaban, porque en el camino habían discutido entre sí sobre quién sería el mayor. [35] Entonces se sentó y, llamando a los doce, les dijo: Si alguno quiere ser el primero, hágase el último de todos y servidor de todos. [36] Y tomando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: [37] El que reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mí me recibe; y quien me recibe, no me recibe a mí, sino al que me envió.
[38] Juan le dijo: Maestro, hemos visto a uno expulsando demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido, porque no viene con nosotros. [39] Jesús contestó: No se lo prohibáis, pues no hay nadie que haga un milagro en mi nombre y pueda a continuación hablar mal de mí: [40] el que no está contra nosotros, está con nosotros. [41] Y cualquiera que os dé de beber un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, en verdad os digo que no perderá su recompensa.
[42] Y al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le pongan al cuello una piedra de molino, de las que mueve un asno, y sea arrojado al mar.
[43] Y si tu mano te escandaliza, córtala: más te vale entrar manco en la Vida que con las dos manos ir al infierno, al fuego inextinguible.
[45] Y si tu pie te escandaliza, córtatelo: más te vale entrar cojo en la Vida que con los dos pies ser arrojado a la gehena del fuego inextinguible.
[47] Y si tu ojo te escandaliza, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios que con los dos ojos ser arrojado al fuego del infierno, [48] donde su gusano no muere y el fuego no se apaga. [49] Porque todos serán salados con fuego. [50] Buena es la sal; pero si la sal se vuelve insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened en vosotros sal y tened paz unos con otros.


Cap. X
HACIA JUDEA Y JERUSALÉN


[1] Saliendo de allí llegó a la región de Judea, al otro lado del Jordán; y otra vez se congregó ante él la multitud y, como era su costumbre, de nuevo les enseñaba. [2] Se acercaron entonces unos fariseos que le preguntaban, para tentarle, si es lícito al marido repudiar a su mujer. [3] El les respondió: ¿Qué os mandó Moisés? [4] Ellos dijeron: Moisés permitió darle escrito el libelo de repudio y despedirla. [5] Pero Jesús les dijo: Por la dureza de vuestro corazón os escribió este precepto. [6] Pero en el principio de la creación los hizo Dios varón y hembra: [7] por esto dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, [8] y serán los dos una sola carne; de modo que ya no son dos, sino una sola carne. [9] Por tanto lo que Dios unió, no lo separe el hombre. [10] Una vez en la casa, sus discípulos volvieron a preguntarle sobre esto. [11] Y les dice: Cualquiera que repudie a su mujer y se una con otra, comete adulterio contra aquélla; [12] y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio.
[13] Le presentaban unos niños para que les impusiera las manos; pero los discípulos les reñían. [14] Al verlo Jesús se enfadó y les dijo: Dejad que los niños se acerquen a mí, y no se lo impidáis, porque de éstos es el Reino de Dios. [15] En verdad os digo: quien no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él. [16] Y abrazándolos, los bendecía imponiéndoles las manos.
[17] Cuando salía para ponerse en camino, vino uno corriendo y, arrodillado ante él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué he de hacer para conseguir la vida eterna? [18] Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino uno, Dios. [19] Ya conoces los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no dirás falso testimonio, no defraudarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre.
[20] El respondió: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi adolescencia. [21] Y Jesús, fijando en él su mirada, se prendó de él y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende cuanto tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en el Cielo; luego ven y sígueme. [22] Pero él, afligido por estas palabras, se marchó triste, pues tenía muchos bienes.
[23] Jesús, mirando a su alrededor, dijo a sus discípulos: ¡Qué difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que tienen riquezas! [24] Los discípulos quedaron impresionados por sus palabras. Y hablándoles de nuevo, dijo: Hijos, ¡qué difícil es entrar en el Reino de Dios! [25] Es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el Reino de Dios. [26] Y ellos se asombraban aún más diciéndose unos a otros: Entonces, ¿quién podrá salvarse? [27] Jesús, fijándose en ellos, dijo: Para los hombres esto es imposible, pero no para Dios; pues para Dios todo es posible.
[28] Comenzó Pedro a decirle: Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. [29] Jesús respondió: En verdad os digo que no hay nadie que habiendo dejado casa, hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o campos por mí y por el Evangelio, [30] no reciba en esta vida cien veces más en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y campos, con persecuciones; y, en el siglo venidero, la vida eterna. [31] Porque muchos primeros serán últimos, y muchos últimos serán primeros.
[32] Iban de camino subiendo a Jerusalén. Jesús los precedía y estaban admirados; ellos le seguían con temor. Tomando aparte de nuevo a los doce, comenzó a decirles lo que le iba a suceder: [33] Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los príncipes de los sacerdotes y a los escribas, lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles; [34] se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán, pero a los tres días resucitará.
[35] Entonces se acercan a él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, diciéndole: Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir. [36] El les dijo: ¿Qué queréis que os haga? Y ellos le contestaron: Concédenos sentarnos uno a tu derecha y otro a tu izquierda en tu gloria. [38] Y Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo bebo, o recibir el bautismo con que yo soy bautizado? [39] Y ellos le respondieron: Podemos. Jesús les dijo: Beberéis el cáliz que yo bebo, y recibiréis el bautismo con que yo soy bautizado; [40] pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía concederlo, sino que es para quienes está dispuesto.
[41] Al oír esto los diez comenzaron a indignarse contra Santiago y Juan. [42] Entonces Jesús, llamándoles, les dijo: Sabéis que los que figuran como jefes de los pueblos los oprimen, y los poderosos los avasallan. [43] No ha de ser así entre vosotros; por el contrario, quien quiera llegar a ser grande entre vosotros, sea vuestro servidor; [44] y quien entre vosotros quiera ser el primero, sea esclavo de todos: [45] porque el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en redención por muchos.
[46] Llegan a Jericó. Y al salir él de Jericó con sus discípulos y una gran multitud, el hijo de Timeo, Bartimeo, ciego, estaba sentado junto al camino pidiendo limosna. [47] Y al oír que era Jesús Nazareno, comenzó a gritar y a decir: Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí. [48] Y muchos le reprendían para que se callase. Pero él gritaba mucho más: Hijo de David, ten compasión de mí. [49] Se detuvo Jesús y dijo: Llamadle. Llaman al ciego diciéndole: ¡Animo!, levántate, te llama. [50] El, arrojando su manto, dio un salto y se acercó a Jesús. [51] Jesús, preguntándole, dijo: ¿Qué quieres que te haga? El ciego le respondió: Rabboni, que vea. [52] Entonces Jesús le dijo: Anda, tu fe te ha salvado. Y al instante recobró la vista, y le seguía por el camino.


Cap XI

[1] Al acercarse a Jerusalén, a Betfagé y Betania, junto al Monte de los Olivos, envía a dos de sus discípulos [2] y les dice: Id a la aldea que tenéis enfrente, y nada más entrar en ella encontraréis un borriquillo atado, sobre el que todavía no ha montado ningún hombre; desatadlo y traedlo. [3] Y si alguien os dice: ¿Por qué hacéis eso?, responded que el Señor tiene necesidad de él, y que en seguida lo devolverá aquí. [4] Se marcharon y encontraron un borriquillo atado junto a una puerta, fuera, en un cruce de caminos, y lo desataron. [5] Algunos de los que estaban allí les decían: ¿Qué hacéis desatando el borriquillo? [6] Ellos les respondieron como Jesús les había dicho, y les dejaron. [7] Entonces llevaron el borriquillo a Jesús, echaron encima sus mantos, y se montó sobre él. [8] Muchos extendieron sus mantos en el camino, otros las ramas que cortaban en el campo. [9] Y tanto los que iban delante, como los que seguían detrás, gritaban: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! [10] ¡Bendito el Reino que viene, el de David nuestro padre! ¡Hosanna en las alturas!
[11] Y entró en Jerusalén en el Templo; y después de observar todo atentamente, como ya era hora tardía, salió para Betania con los doce.
[12] Al día siguiente, cuando salían de Betania, sintió hambre. [13] Al ver de lejos una higuera que tenía hojas, se acercó por si encontraba algo en ella, y cuando llegó no encontró más que hojas, pues no era tiempo de higos. [14] E increpándola, dijo: Nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y sus discípulos lo estaban escuchando.
[15] Llegan a Jerusalén. Y, entrando en el Templo, comenzó a expulsar a los que vendían y a los que compraban en el Templo, y derribó las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas. [16] Y no permitía que nadie transportase cosas por el Templo, [17] y les enseñaba diciendo: ¿No está escrito que mi casa será llamada casa de oración para todas las gentes? Vosotros, en cambio, la habéis convertido en una cueva de ladrones.
[18] Lo oyeron los príncipes de los sacerdotes y los escribas, y buscaban el modo de perderle; pues le temían, ya que toda la muchedumbre estaba admirada de su doctrina. [19] Y al atardecer salieron de la ciudad.
[20] Por la mañana, al pasar, vieron que la higuera se había secado de raíz. [21] Y acordándose Pedro, le dijo: Rabbí, mira, la higuera que maldijiste se ha secado. [22] Jesús les contestó: Tened fe en Dios. [23] En verdad os digo que cualquiera que diga a este monte: Arráncate y échate al mar, sin dudar en su corazón, sino creyendo que se hará lo que dice, le será concedido. [24] Por tanto os digo: todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo recibisteis y se os concederá. [25] Y cuando os pongáis de pie para orar, perdonad si tenéis algo contra alguno, a fin de que también vuestro Padre que está en los Cielos os perdone vuestros pecados.
[27] Llegan de nuevo a Jerusalén. Y mientras paseaba por el Templo, se le acercan los príncipes de los sacerdotes, los escribas y los ancianos, [28] y le dicen: ¿Con qué potestad haces estas cosas?, o ¿quién te ha dado tal potestad para hacerlas? [29] Jesús les contestó: Yo también os haré una pregunta, respondedme, y os diré con qué potestad hago estas cosas: [30] el bautismo de Juan ¿era del Cielo o de los hombres? Respondedme. [31] Y deliberaban entre sí diciendo: Si decimos que del Cielo, dirá: ¿por qué, pues, no le creísteis? [32] Pero ¿vamos a decir que de los hombres? Temían a la gente; pues todos tenían a Juan como a un verdadero profeta. [33] Y contestaron a Jesús: No lo sabemos. Entonces Jesús les dice: Pues tampoco yo os digo con qué potestad hago estas cosas.


Cap. XII

[1] Y comenzó a hablarles en parábolas: Un hombre plantó una viña, la rodeó de una cerca, excavó un lagar, edificó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó de allí. [2] A su tiempo envió un siervo a los labradores, para percibir de éstos los frutos de la viña. [3] Pero ellos, agarrándole, lo golpearon y despacharon con las manos vacías. [4] De nuevo les envió otro siervo, y a éste le hirieron en la cabeza y lo ultrajaron. [5] Y envió otro y lo mataron; y a otros muchos, de los cuales a unos los herían y a otros los mataban. [6] Todavía le quedaba uno, su hijo amado; y lo envió por último a ellos, diciéndose: A mi hijo lo respetarán. [7] Pero aquellos labradores se dijeron: Este es el heredero; vamos, matémoslo y será nuestra la heredad. [8] Y agarrándolo, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña. [9] ¿Qué hará, pues, el dueño de la viña? Vendrá, acabará con los labradores y entregará la viña a otros. [10] ¿No habéis leído esta Escritura?: La piedra que rechazaron los constructores, ésta ha llegado a ser piedra angular. [11] Es el Señor quien ha hecho esto, y es admirable a nuestros ojos. [12] Entonces intentaban prenderlo, pero temieron al pueblo: habían comprendido que la parábola iba dirigida a ellos. Y dejándole, se fueron.
[13] Le enviaron algunos de los fariseos y de los herodianos para sorprenderle en alguna palabra. [14] Acercándose, le dicen: Maestro, sabemos que eres veraz y que no te dejas llevar de nadie, pues no haces acepción de personas, sino que enseñas el camino de Dios de verdad. ¿Es lícito dar tributo al César o no? ¿Pagamos o no pagamos? [15] Pero él, advirtiendo su hipocresía, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Traedme un denario para que lo vea. [16] Ellos se lo mostraron, y les dice: ¿De quién es esta imagen y esta inscripción? Le respondieron: Del César. [17] Jesús les dijo: Dad, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios. Y se admiraban de él.
[18] Después se le acercan unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaban: [19] Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si muere el hermano de alguien y deja mujer sin hijos, que su hermano tome a la mujer para dar descendencia a su hermano. [20] Eran siete hermanos. El primero tomó mujer, muriendo sin dejar descendencia. [21] Entonces el segundo se casó con ella, y murió sin dejar tampoco descendencia. De igual modo el tercero. [22] Y los siete no dejaron descendencia. Después de todos murió también la mujer. [23] En la resurrección, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será mujer?, porque los siete la tuvieron por mujer. [24] Y Jesús les contestó: ¿No habéis caído en error al no entender las Escrituras ni el poder de Dios? [25] Cuando resuciten de entre los muertos, ni los hombres tomarán mujer ni las mujeres marido, sino que serán como los ángeles en el Cielo. [26] Y acerca de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en el pasaje de la zarza, cómo le habló Dios diciendo: Yo soy el Dios de Abrahán, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob? [27] Ahora bien, Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Estáis muy equivocados.
[28] Se acercó uno de los escribas, que había oído la discusión y, al ver lo bien que les había respondido, le preguntó: ¿Cuál es el primero de todos los mandamientos? [29] Jesús respondió: El primero es: Escucha, Israel, el Señor Dios nuestro es el único Señor; [30] y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. [31] El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos. [32] Y le dijo el escriba: ¡Bien, Maestro!, con verdad has dicho que Dios es uno sólo y no hay otro fuera de El; [33] y amarle con todo el corazón y con toda la inteligencia y con toda la fuerza, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y sacrificios. [34] Viendo Jesús que le había respondido con sensatez, le dijo: No estás lejos del Reino de Dios. Y ninguno se atrevía ya a hacerle preguntas.
[35] Y tomando Jesús la palabra, decía enseñando en el Templo: ¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de David? [36] El mismo David, movido por el Espíritu Santo, ha dicho: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos bajo tus pies.
[37] El mismo David le llama Señor, entonces, ¿de dónde puede ser su hijo? y una inmensa muchedumbre le escuchaba con gusto.
[38] Y enseñándoles, decía: Guardaos de los escribas, que les gusta pasear con vestidos lujosos y que los saluden en las plazas, [39] y ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; [40] que devoran las casas de las viudas mientras fingen largas oraciones. Estos recibirán un juicio más severo.
[41] Sentado Jesús frente al gazofilacio, miraba cómo la gente echaba en él monedas de cobre, y bastantes ricos echaban mucho. [42] Y al llegar una viuda pobre, echó dos monedas, que hacen la cuarta parte del as. [43] Llamando a sus discípulos, les dijo: En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más en el gazofilacio que todos los otros, [44] pues todos han echado algo de lo que les sobraba; ella, en cambio, en su necesidad, ha echado todo lo que tenía, todo su sustento.


Cap. XIII
DISCURSO ESCATOLOGICO


[1] Al salir del templo le dice uno de sus discípulos: Maestro, mira qué piedras y qué edificios. [2] Jesús le responde: ¿Ves estas grandes construcciones? No quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derruida. [3] Y estando sentado Jesús en el Monte de los Olivos, enfrente del Templo, le preguntaron aparte Pedro, Santiago, Juan y Andrés: [4] Dinos: ¿cuándo ocurrirán estas cosas y cuál será la señal de que todo esto está a punto de cumplirse?
[5] Entonces comenzó Jesús a decirles: Mirad que nadie os engañe. [6] Muchos vendrán en mi nombre diciendo: Yo soy; y seducirán a muchos. [7] Cuando oigáis hablar de guerras y de rumores de guerras, no os turbéis; pues es necesario que esto ocurra, pero todavía no es el fin. [8] Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá terremotos en diversos lugares, habrá hambre. Esto es el comienzo de los dolores.
[9] Vosotros estad alerta: os entregarán a los tribunales, y seréis azotados en las sinagogas, y compareceréis por causa mía ante los gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos. [10] Pero es necesario que antes sea predicado el Evangelio a todos los pueblos. [11] Y cuando os conduzcan para entregaros, no os preocupéis por lo que habéis de decir, sino decid lo que se os comunique en aquella hora, pues no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo. [12] Entonces el hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo, y se levantarán los hijos contra los padres y los harán morir. [13] Y seréis odiados por todos a causa de mi nombre. Pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará.
[14] Cuando veáis, pues, la abominación de la desolación establecida donde no debe (quien lea entienda), entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; [15] quien esté en el terrado no baje ni entre a tomar nada de su casa; [16] y quien esté en el campo no vuelva atrás para tomar su manto. [17] ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! [18] Rogad, pues, para que no ocurra en invierno: [19] habrá en aquellos días una tribulación tan grande, como no la hubo tal desde el principio de la creación que hizo Dios hasta ahora, ni la habrá. [20] Y si el Señor no acortase aquellos días, no se salvaría nadie; pero en atención a los elegidos, que él se eligió, abrevió aquellos días. [21] Entonces, si alguien os dijese: Aquí está el Cristo, o allí, no le creáis. [22] Porque surgirán falsos mesías y falsos profetas, y harán señales y prodigios para engañar, si fuera posible, a los elegidos. [23] Vosotros estad alerta; todo os lo he predicho.
[24] Pero en aquellos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá y la luna no dará su resplandor, [25] y las estrellas caerán del cielo, y las potestades de los cielos se conmoverán.
[26] Entonces verán al Hijo del Hombre que viene sobre las nubes con gran poder y gloria. [27] Y entonces enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.
[28] Aprended de la higuera esta parábola: cuando ya sus ramas están tiernas y brotan las hojas, sabéis que el verano está próximo; [29] así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que es inminente, que está a las puertas. [30] En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo esto suceda. [31] El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. [32] Sin embargo, acerca de aquel día o de la hora nadie lo sabe, ni los ángeles en el Cielo, ni el Hijo, sino el Padre.
[33] Estad atentos, velad: porque no sabéis cuándo será el momento. [34] Es como un hombre que al marcharse de su tierra, y al dejar su casa y dar atribuciones a sus siervos, a cada uno su trabajo, ordenó también al portero que velase. [35] Velad, pues, porque no sabéis a qué hora volverá el señor de la casa, si por la tarde, o a la medianoche, o al canto del gallo, o de madrugada; [36] no sea que, viniendo de repente, os encuentre dormidos. [37] Lo que a vosotros os digo, a todos lo digo: ¡velad!


Cap. XIV
PASION, MUERTE Y RESURRECCION DE JESUS


[1] Dos días después era la Pascua y los Azimos; y los sumos sacerdotes y los escribas buscaban cómo apoderarse de él con engaño y darle muerte. [2] Pues decían: No sea en la fiesta, para que no se produzca un alboroto del pueblo.
[3] Y estando en Betania en la casa de Simón el leproso, cuando estaba sentado a la mesa, vino una mujer que llevaba un frasco de alabastro con perfume de nardo puro de mucho precio; y rompiendo el frasco, lo derramó sobre su cabeza. [4] Algunos de los presentes, indignándose en su interior, decían: ¿Para qué se ha hecho este derroche de perfume? [5] Se podía haber vendido este perfume por más de trescientos denarios, y darlo a los pobres. Y se irritaban contra ella.
[6] Pero Jesús dijo: Dejadla, ¿por qué la molestáis? Ha hecho una buena obra conmigo, [7] pues a los pobres los tenéis siempre con vosotros, y podéis hacerles bien cuando queráis; a mí, en cambio, no siempre me tenéis. [8] Ha hecho cuanto estaba en su mano: se ha anticipado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura. [9] En verdad os digo: dondequiera que se predique el Evangelio en todo el mundo, se contará también lo que ella ha hecho, para memoria suya.
[10] Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, fue a los príncipes de los sacerdotes para entregárselo. [11] Estos, al oírle, se alegraron y prometieron darle dinero. Y él buscaba cómo podría entregarlo en un momento oportuno.
[12] El primer día de los Azimos, cuando sacrificaban el cordero pascual, le dicen sus discípulos: ¿Dónde quieres que vayamos y preparemos para que comas la Pascua? [13] Entonces envía dos de sus discípulos, y les dice: Id a la ciudad y os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle; [14] y allí donde entre, decid al dueño de la casa que el Maestro pregunta: ¿Dónde está mi sala, donde coma la Pascua con mis discípulos? [15] Y él os mostrará una habitación en el piso de arriba, grande, ya amueblada; disponed allí para nosotros. [16] Y marcharon los discípulos, llegaron a la ciudad, encontraron como les había dicho, y prepararon la Pascua.
[17] Al anochecer, llega con los doce. [18] Y mientras estaban a la mesa, comiendo, Jesús dijo: En verdad os digo que uno de vosotros me va a traicionar, el que come conmigo. [19] Comenzaron a entristecerse, y a decirle cada uno: ¿Acaso soy yo? [20] El les dijo: Uno de los doce, el que moja conmigo en la fuente. [21] Ciertamente que el Hijo del Hombre se va, según está escrito acerca de él; pero ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Más le valiera a aquel hombre no haber nacido.
[22] Mientras cenaban, tomó pan, y después de bendecir lo partió, se lo dio a ellos y dijo: Tomad, esto es mi cuerpo. [23] Y tomando el cáliz, habiendo dado gracias, se lo dio y bebieron de él todos. [24] Y les dijo: Esta es mi sangre de la Nueva Alianza, que será derramada por muchos. [25] En verdad os digo que ya no beberé del fruto de la vid hasta aquel día en que lo beba nuevo en el Reino de Dios.
[26] Y recitado el himno, salieron hacia el Monte de los Olivos. [27] Y les dice Jesús: Todos os escandalizaréis, porque está escrito: Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas.
[28] Pero después de que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea. [29] Entonces Pedro le dijo: Aunque todos se escandalicen, yo no. [30] Jesús le responde: En verdad te digo que tú hoy, en esta misma noche, antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres. [31] Pero él afirmaba con insistencia: Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré. Lo mismo decían todos.
[32] Llegan a una finca llamada Getsemaní. Y dice a sus discípulos: Sentaos aquí, mientras hago oración. [33] Y llevándose con él a Pedro, a Santiago y a Juan, comenzó a sentir pavor y a angustiarse. [34] Y les dice: Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad. [35] Y adelantándose un poco, se postró en tierra y rogaba que, a ser posible, se alejase de él aquella hora. [36] Decía: ¡Abbá, Padre!, todo te es posible, aparta de mí este cáliz; pero que no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú. [37] Vuelve y los encuentra dormidos, y dice a Pedro: Simón, ¿duermes? ¿No has sido capaz de velar una hora? [38] Velad y orad para no caer en tentación; el espíritu está pronto, pero la carne es débil. [39] Apartándose de nuevo, oró diciendo las mismas palabras. [40] Y al volver los encontró dormidos, pues sus ojos estaban pesados; y no sabían qué responderle. [41] Vuelve por tercera vez y les dice: ¿Aún estáis durmiendo y descansando? Basta, llegó la hora: mirad que el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. [42] Levantaos, vamos; ya llega el que me va a entregar.
[43] Y al instante, cuando todavía estaba hablando, llega Judas, uno de los doce, acompañado de una muchedumbre con espadas y palos, de parte de los príncipes de los sacerdotes, de los escribas y de los ancianos. [44] El que lo entregaba les había dado una señal: Aquel a quien yo bese, ése es; prendedlo y conducidlo con cautela. [45] Y al llegar, acercándose a él en seguida, le dice: Rabbí; y le besó. [46] Entonces le echaron mano y lo prendieron. [47] Pero uno de los que lo rodeaban, sacando la espada, hirió al criado del Sumo Sacerdote y le cortó la oreja. [48] En respuesta Jesús les dijo: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y palos a prenderme? [49] Todos los días estaba entre vosotros en el Templo enseñando, y no me prendisteis; pero que se cumplan las Escrituras. [50] Entonces, abandonándole, huyeron todos. [51] Y un joven, envuelto su cuerpo desnudo con una sábana, le seguía, y lo agarraron. [52] Pero él, soltando la sábana, se escapó desnudo.
[53] Condujeron a Jesús al Sumo Sacerdote; y se reunieron todos los príncipes de los sacerdotes, los ancianos y los escribas. [54] Pedro le siguió desde lejos hasta el interior del palacio del Sumo Sacerdote, y estaba sentado con los sirvientes calentándose junto a la lumbre. [55] Los príncipes de los sacerdotes y todo el Sanedrín buscaban contra Jesús un testimonio para darle muerte, y no lo encontraban. [56] Muchos atestiguaban en falso contra él, pero los testimonios no coincidían. [57] Y levantándose algunos atestiguaban en falso contra él, diciendo: [58] Nosotros le oímos decir: Yo destruiré este Templo, hecho por mano de hombre, y en tres días edificaré otro no hecho por mano de hombre. [59] Y ni aun así coincidía su testimonio. [60] Entonces el Sumo Sacerdote, levantándose en el centro, preguntó a Jesús diciendo: ¿No respondes nada a lo que éstos atestiguan contra ti? [61] Pero él permanecía en silencio y nada respondió. De nuevo el Sumo Sacerdote le preguntaba y le decía: ¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Bendito? [62] Jesús respondió: Yo soy, y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder, y venir sobre las nubes del cielo.
[63] El Sumo Sacerdote, rasgando sus vestiduras, dijo: ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? [64] Habéis escuchado la blasfemia; ¿qué os parece? Todos ellos sentenciaron que era reo de muerte. [65] Y algunos empezaron a escupirle, a taparle la cara, a golpearle y a decirle: Adivina; y los criados le recibieron a bofetadas.
[66] Cuando Pedro estaba abajo en el atrio, llega una de las criadas del Sumo Sacerdote [67] y, al ver a Pedro que se estaba calentando, fijándose en él, le dice: También tú estabas con Jesús, ese Nazareno. [68] Pero él lo negó diciendo: Ni lo conozco, ni sé de qué hablas. Y salió fuera, al vestíbulo de la casa, y cantó un gallo. [69] Y al verlo la criada empezó a decir otra vez a los que estaban alrededor: Este es de los suyos. [70] Pero él lo volvía a negar. Y un poco después, los que estaban allí decían a Pedro: Desde luego eres de ellos, porque también tú eres galileo. [71] Pero él comenzó a decir imprecaciones y a jurar: No conozco a ese hombre del que habláis. [72] Y, al instante, cantó un gallo por segunda vez. Entonces Pedro se acordó de las palabras que le había dicho Jesús: Antes de que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres. Y rompió a llorar.


Cap. XV

[1] Por la mañana, muy temprano, se reunieron en consejo los príncipes de los sacerdotes con los ancianos y los escribas, todo el Sanedrín, y atando a Jesús lo llevaron y entregaron a Pilato. [2] Y le preguntó Pilato: ¿Eres tú el Rey de los Judíos? El le respondió: Tú lo dices. [3] Y los príncipes de los sacerdotes le acusaban de muchas cosas. [4] Entonces Pilato volvió a preguntarle: ¿No respondes nada? Mira de cuántas cosas te acusan. [5] Pero Jesús ya no respondió nada, de modo que Pilato estaba admirado.
[6] En el día de la fiesta acostumbraba a soltarles uno de los presos, el que pedían. [7] Había uno llamado Barrabás, apresado con otros sediciosos, que en una revuelta habían cometido un homicidio. [8] Subió la turba y comenzó a pedirle lo que les solía conceder. [9] Pilato les respondió diciendo: ¿Queréis que os suelte al Rey de los Judíos? [10] Pues sabía que los príncipes de los sacerdotes lo habían entregado por envidia. [11] Pero los príncipes de los sacerdotes soliviantaron a la turba, para que les soltase más bien a Barrabás. [12] Pilato, respondiendo de nuevo, les decía: ¿Y qué queréis que haga con el Rey de los Judíos? [13] Ellos volvieron a gritar: ¡Crucifícalo! [14] Pilato les decía: Pues ¿qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban más fuerte: ¡Crucifícalo! [15] Pilato, queriendo contentar a la muchedumbre, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de haberle hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado.
[16] Los soldados lo condujeron dentro del patio, que es el Pretorio, y convocaron a toda la cohorte. [17] Lo vistieron de púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron. [18] Y comenzaron a saludarle: Salve, Rey de los Judíos. [19] Y golpeaban su cabeza con una caña, le escupían e hincando las rodillas le adoraban. [20] Después de reírse de él, le quitaron la púrpura y le pusieron sus vestidos. Entonces lo sacaron para crucificarlo.
[21] Y a uno que pasaba por allí, que venía del campo, a Simón Cireneo, el padre de Alejandro y de Rufo, le forzaron a que llevara la cruz de Jesús. [22] Y lo llevaron al lugar del Gólgota, que significa lugar de la Calavera. [23] Y le daban a beber vino con mirra, pero él no aceptó.
[24] Y le crucificaron, y repartieron sus vestidos, echando suertes sobre ellos para ver qué se llevaba cada uno. [25] Era la hora tercia cuando lo crucificaron. [26] Y el título de su causa tenía esta inscripción: El Rey de los Judíos. [27] También crucificaron con él a dos ladrones, uno a su derecha y otro a su izquierda.
[29] Los que pasaban le injuriaban, moviendo la cabeza y diciendo: ¡Ea! Tú que destruyes el Templo y lo edificas de nuevo en tres días, [30] sálvate a ti mismo, bajando de la cruz. [31] Del mismo modo, los príncipes de los sacerdotes, burlándose entre ellos con los escribas, decían: Salvó a otros, y a sí mismo no puede salvarse. [32] Que el Cristo, el Rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que veamos y creamos. Incluso los que estaban crucificados con él le insultaban.
[33] Y al llegar la hora sexta, toda la tierra se cubrió de tinieblas hasta la hora nona. [34] Y a la hora nona exclamó Jesús con fuerte voz: Eloí, Eloí, ¿lemá sabacthaní?, que significa: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? [35] Y algunos de los que estaban cerca, al oírlo, decían: Mirad, llama a Elías. [36] Uno corrió a empapar una esponja con vinagre y, sujetándola a una caña, le daba de beber mientras decía: Dejad, veamos si viene Elías a bajarlo. [37] Pero Jesús, dando una gran voz, expiró.
[38] Y el velo del Templo se rasgó en dos de arriba a abajo.
[39] El centurión, que estaba enfrente de él, al ver cómo había expirado, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.
[40] Había también unas mujeres mirando desde lejos, entre las que estaban María Magdalena y María la madre de Santiago el Menor y de José, y Salomé, [41] que le seguían y le servían cuando estaba en Galilea, y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.
[42] Y llegada ya la tarde, puesto que era la Parasceve, que es el día anterior al sábado, [43] vino José de Arimatea, miembro ilustre del Consejo, que también él esperaba el Reino de Dios y, con audacia, llegó hasta Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. [44] Pilato se sorprendió de que ya hubiera muerto y, llamando al centurión, le preguntó si efectivamente había muerto. [45] Cerciorado por el centurión, entregó el cuerpo a José. [46] Entonces éste, habiendo comprado una sábana, lo bajó y lo envolvió en ella, lo depositó en un sepulcro que estaba excavado en una roca, e hizo arrimar una piedra a la entrada del sepulcro. [47] María Magdalena y María la de José observaban dónde era colocado.


Cap. XVI

[1] Pasado el sábado, María Magdalena y María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. [2] Y, muy de mañana, al día siguiente del sábado, llegan al sepulcro, salido ya el sol. [3] Y se decían unas a otras: ¿Quién nos quitará la piedra de la entrada del sepulcro? [4] Y al mirar vieron que la piedra estaba apartada; era ciertamente muy grande. [5] Entrando en el sepulcro, vieron a un joven sentado a la derecha, vestido con una túnica blanca, y se quedaron asustadas. [6] El les dice: No tengáis miedo; buscáis a Jesús Nazareno, el crucificado. Ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar donde lo colocaron. [7] Pero marchad, decid a sus discípulos y a Pedro que él va delante de vosotros a Galilea; allí lo veréis, como os dijo. [8] Y saliendo, huyeron del sepulcro, pues estaban sobrecogidas de temblor y fuera de sí; y no dijeron nada a nadie, porque estaban atemorizadas.
[9] Habiendo resucitado, al amanecer el primer día de la semana, se apareció en primer lugar a María Magdalena, de la que había expulsado siete demonios. [10] Ella fue a anunciarlo a los que habían estado con él, que se encontraban tristes y llorosos. [11] Pero ellos, al oír que estaba vivo y que ella lo había visto, no lo creyeron. [12] Después de esto se apareció, bajo distinta figura, a dos de ellos que iban de camino a una aldea; [13] también ellos regresaron y lo comunicaron a los demás, pero tampoco les creyeron.
[14] Por último, se apareció a los Once cuando estaban a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no creyeron a los que lo habían visto resucitado. [15] Y les dijo: Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda criatura. [16] El que crea y sea bautizado, se salvará; pero el que no crea, se condenará. [17] A los que crean acompañarán estos milagros: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán lenguas nuevas, [18] cogerán serpientes y, si bebieran algún veneno, no les dañará; impondrán las manos sobre los enfermos y quedarán curados.
[19] El Señor, Jesús, después de hablarles, se elevó al Cielo y está sentado a la derecha de Dios.
[20] Y ellos, partiendo de allí, predicaron por todas partes, y el Señor cooperaba y confirmaba la palabra con los milagros que la acompañaban.