EVANGELIO SEGUN SAN JUAN
Cap. I

[1] En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. [2] El estaba en el principio junto a Dios. [3] Todo fue hecho por él, y sin él no se hizo nada de cuanto ha sido hecho. [4] En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. [5] Y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la recibieron.
[6] Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. [7] Este vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. [8] No era él la luz, sino el que debía dar testimonio de la luz.
[9] Era la luz verdadera, que ilumina a todo hombre, que viene a este mundo. [10] En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por él, y el mundo no le conoció. [11] Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron. [12] Pero a cuantos le recibieron les dio poder para ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre, [13] que no han nacido de la sangre, ni de la voluntad de la carne, ni del querer del hombre, sino de Dios.
[14] Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y hemos visto su gloria, gloria como de Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. [15] Juan da testimonio de él y clama: Este era de quien yo dije: el que viene después de mí ha sido antepuesto a mí, porque existía antes que yo. [16] Pues de su plenitud todos hemos recibido, y gracia por gracia. [17] Porque la Ley fue dada por Moisés; la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo. [18] A Dios nadie lo ha visto jamás; el Dios Unigénito, el que está en el seno del Padre, él mismo lo dio a conocer.

PRIMERA PARTE: LA MANIFESTACION DE JESUS COMO EL MESIAS, MEDIANTE LOS MILAGROS JESUS AUTOR DE LA NUEVA ECONOMIA SALVIFICA: PRIMERAS MANIFESTACIONES DE FE

[19] Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos le enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas para que le preguntaran: ¿Tú quién eres? [20] Entonces él confesó la verdad y no la negó, y declaró: Yo no soy el Cristo. [21] Y le preguntaron: ¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías? Y dijo: No lo soy. ¿Eres tú el Profeta? Respondió: No. [22] Por último le dijeron: ¿Quién eres, para que demos una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo? [23] Contestó: Yo soy la voz del que clama en el desierto: enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.
[24] Los enviados eran de los fariseos. [25] Le preguntaron: ¿Pues por qué bautizas si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el Profeta? [26] Juan les respondió: Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis. [27] El es el que viene después de mí, a quien yo no soy digno de desatar la correa de sus sandalias. [28] Esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando.
[29] Al día siguiente vio a Jesús venir hacia él y dijo: He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. [30] Este es de quien yo dije: Después de mí viene un hombre que ha sido antepuesto a mí, porque existía antes que yo. [31] Yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que él sea manifestado a Israel.
[32] Y Juan dio testimonio diciendo: He visto el Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y permanecía sobre él. [33] Yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar en agua me dijo: Sobre el que veas que desciende el Espíritu y permanece sobre él, ése es quien bautiza en el Espíritu Santo. [34] Y yo he visto y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.
[35] Al día siguiente estaba allí de nuevo Juan y dos de sus discípulos [36] y, fijándose en Jesús que pasaba, dijo: He aquí el Cordero de Dios. [37] Los dos discípulos, al oírle hablar así, siguieron a Jesús. [38] Se volvió Jesús y, viendo que le seguían, les preguntó: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabbí (que significa Maestro), ¿dónde vives? [39] Les respondió: Venid y veréis. Fueron y vieron dónde vivía, y permanecieron aquel día con él. Era alrededor de la hora décima.
[40] Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y siguieron a Jesús. [41] Encontró primero a su hermano Simón y le dijo: Hemos encontrado al Mesías (que significa el Cristo). [42] Y lo llevó a Jesús. Mirándolo Jesús le dijo: Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que significa Piedra).
[43] Al día siguiente determinó encaminarse hacia Galilea y encontró a Felipe. Y le dijo Jesús: Sígueme. [44] Felipe era de Betsaida, ciudad de Andrés y de Pedro. [45] Encontró Felipe a Natanael y le dijo: Hemos encontrado a aquel de quien escribieron Moisés en la Ley, y los Profetas: Jesús de Nazaret, el hijo de José. [46] Entonces le dijo Natanael: ¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret? Le respondió Felipe: Ven y verás.
[47] Vio Jesús a Natanael que se acercaba y dijo de él: He aquí un verdadero israelita en quien no hay doblez. [48] Le contestó Natanael: ¿De qué me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas bajo la higuera, yo te vi. [49] Respondió Natanael: Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel. [50] Contestó Jesús: ¿Porque te he dicho que te vi bajo la higuera crees? Cosas mayores verás. [51] Y añadió: En verdad, en verdad os digo que veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del Hombre.


Cap. II

[1] Al tercer día se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y estaba allí la madre de Jesús. [2] También fueron invitados a la boda Jesús y sus discípulos. [3] Y, como faltase el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino. [4] Jesús le respondió: Mujer, ¿qué nos va a ti y a mí? Todavía no ha llegado mi hora. [5] Dijo su madre a los sirvientes: Haced lo que él os diga.
[6] Había allí seis tinajas de piedra preparadas para las purificaciones de los judíos, cada una con capacidad de dos o tres metretas. [7] Jesús les dijo: Llenad de agua las tinajas. Y las llenaron hasta arriba. [8] Entonces les dijo: Sacad ahora y llevad al maestresala. Así lo hicieron. [9] Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, sin saber de dónde provenía, aunque los sirvientes que sacaron el agua lo sabían, llamó al esposo [10] y le dijo: Todos sirven primero el mejor vino, y cuando ya han bebido bien, el peor; tú, al contrario, has guardado el vino bueno hasta ahora. [11] Así, en Caná de Galilea hizo Jesús el primero de sus milagros con el que manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él.
[12] Después de esto bajó a Cafarnaún con su madre, sus hermanos y sus discípulos; y permanecieron allí pocos días.
[13] Estaba próxima la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. [14] Encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; [15] y haciendo un látigo de cuerdas arrojó a todos del Templo, con las ovejas y los bueyes; tiró las monedas de los cambistas y volcó las mesas. [16] Y dijo a los que vendían palomas: Quitad esto de aquí, no hagáis de la casa de mi Padre un mercado. [17] Recordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me consume. [18] Entonces los judíos replicaron: ¿Qué señal nos das para hacer esto? [19] Jesús respondió: Destruid este Templo y en tres días lo levantaré. [20] Los judíos contestaron: ¿En cuarenta y seis años ha sido construido este Templo, y tú lo vas a levantar en tres días? [21] Pero él hablaba del Templo de su cuerpo. [22] Cuando resucitó de entre los muertos, recordaron sus discípulos que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había pronunciado Jesús.
[23] Mientras estaba en Jerusalén durante la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en su nombre al ver los milagros que hacía. [24] Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos, [25] y no necesitaba que nadie le diera testimonio acerca de hombre alguno, pues sabía lo que hay dentro de cada hombre.


Cap. III

[1] Había entre los fariseos un hombre, llamado Nicodemo, judío influyente. [2] Este vino a él de noche y le dijo: Rabbí, sabemos que has venido de parte de Dios como Maestro, pues nadie puede hacer los prodigios que tú haces si Dios no está con él. [3] Contestó Jesús y le dijo: En verdad, en verdad te digo que si uno no nace de nuevo, no puede ver el Reino de Dios. [4] Nicodemo le respondió: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Acaso puede entrar otra vez en el seno de su madre y nacer? [5] Jesús contestó: En verdad, en verdad te digo que si uno no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. [6] Lo nacido de la carne, carne es; y lo nacido del Espíritu, espíritu es. [7] No te sorprendas de que te haya dicho que os es preciso nacer de nuevo. [8] El viento sopla donde quiere y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu.
[9] Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede ser esto? [10] Contestó Jesús: ¿Tú eres maestro en Israel y lo ignoras? [11] En verdad, en verdad te digo que hablamos de lo que sabemos, y damos testimonio de lo que hemos visto, pero no recibís nuestro testimonio. [12] Si os he hablado de cosas terrenas y no creéis, ¿cómo ibais a creer si os hablara de cosas celestiales? [13] Pues nadie ha subido al Cielo, sino el que bajó del Cielo, el Hijo del Hombre. [14] Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es preciso que sea levantado el Hijo del Hombre, [15] para que todo el que crea tenga vida eterna en él.
[16] Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. [17] Pues Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. [18] El que cree en él no es juzgado; pero quien no cree ya está juzgado, porque no cree en el nombre del Hijo Unigénito de Dios. [19] Este es el juicio: que vino la luz al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, ya que sus obras eran malas. [20] Pues todo el que obra mal odia la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprobadas. [21] Pero el que obra según la verdad viene a la luz, para que sus obras se pongan de manifiesto, porque han sido hechas según Dios.
[22] Después de esto fue Jesús con sus discípulos a la región de Judea, y allí convivía con ellos y bautizaba. [23] También Juan estaba bautizando en Ainón junto a Salín, porque había allí mucha agua, y acudían a ser bautizados, [24] pues aún no había sido encarcelado Juan.
[25] Se originó una discusión entre los discípulos de Juan y un judío acerca de la purificación. [26] Y fueron a Juan y le dijeron: Rabbí, el que estaba contigo al otro lado del Jordán, de quien tú diste testimonio, está bautizando y todos van a él. [27] Respondió Juan: No puede el hombre apropiarse nada si no le es dado del cielo. [28] Vosotros mismos me sois testigos de que dije: Yo no soy el Cristo, sino que he sido enviado delante de él. [29] Esposo es el que tiene la esposa; el amigo del esposo, el que está presente y le oye, se alegra mucho con la voz del esposo. Por esto mi gozo se ha colmado. [30] Es necesario que él crezca y que yo disminuya.
[31] El que viene de arriba está sobre todos. El que es de la tierra, de la tierra es y de la tierra habla. El que viene del Cielo está sobre todos, [32] y da testimonio de lo que ha visto y oído, pero nadie recibe su testimonio. [33] El que recibe su testimonio confirma que Dios es veraz; [34] pues aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, porque da el Espíritu sin medida. [35] El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en sus manos. [36] El que cree en el Hijo tiene vida eterna, pero quien rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.


Cap. IV

[1] Entonces, cuando supo Jesús que los fariseos habían oído que él hacía más discípulos y bautizaba más que Juan [2] (aunque Jesús mismo no bautizaba sino sus discípulos), [3] abandonó Judea y se marchó de nuevo a Galilea. [4] Tenía que pasar por Samaría. [5] Llegó, pues, a una ciudad de Samaría, llamada Sicar, junto al campo que dio Jacob a su hijo José. [6] Estaba allí el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta.
[7] Vino una mujer de Samaría a sacar agua. Jesús le dijo: Dame de beber. [8] Sus discípulos se habían marchado a la ciudad a comprar alimentos. [9] Entonces le dijo la mujer samaritana: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana? Pues no se tratan los judíos con los samaritanos. [10] Jesús le respondió: Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice dame de beber, tú le habrías pedido y él te habría dado agua viva. [11] La mujer le dijo: Señor, no tienes ni con qué sacar agua y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas, pues, el agua viva? [12] ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebió él, sus hijos y sus ganados? [13] Respondió Jesús: Todo el que bebe de esta agua tendrá sed de nuevo, [14] pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed nunca más, sino que el agua que yo le daré se hará en él fuente de agua que salta hasta la vida eterna. [15] La mujer le dijo: Señor, dame de esa agua, para que no tenga sed ni tenga que venir hasta aquí a sacarla. [16] Le contestó: Anda, llama a tu marido y vuelve aquí. [17] Le respondió la mujer: No tengo marido. Le contestó Jesús: Bien has dicho no tengo marido, [18] pues cinco has tenido y el que tienes ahora no es tu marido; en esto has dicho la verdad.
[19] Le dijo la mujer: Señor, veo que tú eres un profeta. [20] Nuestros padres adoraron a Dios en este monte, y vosotros decís que el lugar donde se debe adorar está en Jerusalén. [21] Le respondió Jesús: Créeme mujer, llega la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. [22] Vosotros adoráis lo que no conocéis, nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación procede de los judíos. [23] Pero llega la hora, y es ésta, en la que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. Porque así son los adoradores que el Padre busca. [24] Dios es espíritu, y los que le adoran deben adorar en espíritu y en verdad. [25] La mujer le dijo: Sé que el Mesías, el llamado Cristo, va a venir. Cuando él venga nos anunciará todas las cosas. [26] Le respondió Jesús: Yo soy, el que habla contigo.
[27] A continuación llegaron sus discípulos, y se admiraron de que hablara con una mujer. Pero ninguno le preguntó: ¿Qué buscas?, o ¿qué hablas con ella? [28] La mujer dejó su cántaro, fue a la ciudad y dijo a la gente: [29] Venid, ved a un hombre que me ha dicho cuanto hice. ¿No será éste el Cristo? [30] Salieron de la ciudad y venían a él.
[31] Entre tanto los discípulos le rogaban diciendo: Rabbí, come. [32] Pero él les dijo: Yo tengo para comer un alimento que vosotros no conocéis. [33] Decían los discípulos entre sí: ¿Acaso le trajo alguien de comer? [34] Jesús les dijo: Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra. [35] ¿No decís vosotros que después de cuatro meses viene la siega? Pues yo os digo: Levantad vuestros ojos y mirad los campos que están dorados para la siega; [36] el segador recibe ya su jornal y recoge el fruto de cara a la vida eterna, para que se gocen juntos el que siembra y el que siega. [37] Pues en esto es verdadero el refrán de que uno es el que siembra y otro el que siega. [38] Yo os envié a segar lo que vosotros no habéis trabajado; otros trabajaron y vosotros os habéis aprovechado de su esfuerzo.
[39] Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer que atestiguaba: Me ha dicho todo cuanto hice. [40] Así que, cuando vinieron a él los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. [41] Entonces creyeron en él muchos más por su predicación. [42] Y decían a la mujer: Ya no creemos por tu palabra; nosotros mismos hemos oído y sabemos que éste es en verdad el Salvador del mundo.
[43] Dos días después marchó de allí hacia Galilea. [44] Pues Jesús mismo había dado testimonio de que un profeta no es honrado en su patria. [45] Cuando vino a Galilea, le recibieron los galileos porque habían visto todo cuanto hizo durante la fiesta en Jerusalén, pues también ellos habían ido a la fiesta.
[46] Entonces vino de nuevo a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaún, [47] el cual, al oír que Jesús venía de Judea hacia Galilea, se acercó a él y le rogaba que bajase y curara a su hijo, pues estaba muriéndose. [48] Jesús le dijo: Si no veis signos y prodigios, no creéis. [49] Le respondió el funcionario real: Señor, baja antes de que se muera mi hijo. [50] Jesús le contesto: Vete, tu hijo vive. Aquel hombre creyó en la palabra que Jesús le dijo y se marchó.
[51] Mientras bajaba, sus siervos le salieron al encuentro diciendo que su hijo vivía. [52] Les preguntó la hora en que empezó a mejorar. Le respondieron: Ayer a la hora séptima le dejó la fiebre. [53] Entonces el padre cayó en la cuenta de que aquélla era la hora en que Jesús le había dicho: Tu hijo vive. Y creyó él y toda su casa. [54] Este segundo milagro lo hizo Jesús cuando vino de Judea a Galilea.


Cap. V
JESUS MANIFIESTA SU DIVINIDAD



[1] Después de esto había una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. [2] Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, una piscina, llamada en hebreo Betzata, que tiene cinco pórticos. [3] En estos yacía una muchedumbre de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos.
[5] Había allí un hombre que padecía una enfermedad desde hacía treinta y ocho años. [6] Jesús, al verlo tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dijo: ¿Quieres ser curado? [7] El enfermo le contestó: Señor, no tengo un hombre que me introduzca en la piscina cuando se mueve el agua; mientras voy, desciende otro antes que yo. [8] Le dijo Jesús: Levántate, toma tu camilla y anda. [9] Al instante aquel hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar. Aquel día era sábado. [10] Entonces dijeron los judíos al que había sido curado: Es sábado y no te es lícito llevar la camilla. [11] El les respondió: El que me ha curado es el que me dijo: Toma tu camilla y anda. [12] Le interrogaron: ¿Quién es el hombre que te dijo: Toma tu camilla y anda? [13] El que había sido curado no sabía quién era, pues Jesús se había apartado de la turba allí reunida.
[14] Después de esto lo encontró Jesús en el Templo y le dijo: Mira, has sido curado; no peques más para que no te ocurra algo peor. [15] Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús el que le había curado. [16] Por eso perseguían los judíos a Jesús, porque había hecho esto en sábado. [17] Jesús les replicó: Mi Padre trabaja hasta el presente, y yo también trabajo. [18] Por esto los judíos con más ahínco buscaban matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios.
[19] Respondió Jesús y les dijo: En verdad, en verdad os digo que el Hijo no puede hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; pues lo que El hace, eso lo hace del mismo modo el Hijo. [20] Porque el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que El hace, y le mostrará obras mayores que éstas para que vosotros os maravilléis. [21] Pues así como el Padre resucita a los muertos y les da vida, del mismo modo el Hijo da vida a quienes quiere. [22] El Padre no juzga a nadie, sino que todo juicio lo ha dado al Hijo, [23] para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo ha enviado.
[24] En verdad, en verdad os digo que el que oye mi palabra y cree en el que me envió tiene vida eterna, y no viene a juicio sino que pasa de la muerte a la vida. [25] En verdad, en verdad os digo que llega la hora, y es ésta, en la que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán, [26] pues como el Padre tiene vida en sí mismo, así ha dado al Hijo tener vida en sí mismo. [27] Y le dio poder de juzgar, ya que es el Hijo del Hombre. [28] No os maravilléis de esto, porque viene la hora en la que todos los que están en los sepulcros oirán su voz; [29] y los que hicieron el bien saldrán para la resurrección de la vida; y los que practicaron el mal, para la resurrección del juicio. [30] Yo no puedo hacer nada por mí mismo: según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad sino la voluntad del que me envió.
[31] Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no sería verdadero. [32] Otro es el que da testimonio de mí, y sé que es verdadero el testimonio que da de mí. [33] Vosotros enviasteis legados a Juan y él dio testimonio de la verdad. [34] Pero yo no recibo el testimonio de hombre, sino que os digo esto para que os salvéis. [35] Aquél era la antorcha que ardía y alumbraba, y vosotros quisisteis alegraros por un momento con su luz. [36] Pero yo tengo un testimonio mayor que el de Juan, pues las obras que me ha dado mi Padre para que las lleve a cabo, las mismas obras que yo hago, dan testimonio acerca de mí, de que el Padre me ha enviado. [37] Y el Padre que me ha enviado, El mismo ha dado testimonio de mí. Vosotros no habéis oído nunca su voz ni habéis visto su rostro; [38] ni permanece su palabra en vosotros, porque no creéis en éste a quien El envió. [39] Escudriñad las Escrituras, ya que vosotros pensáis tener en ellas la vida eterna: ellas son las que dan testimonio de mí. [40] Y no queréis venir a mí para tener vida.
[41] Yo no busco recibir gloria de los hombres; [42] pero os conozco y sé que no hay amor de Dios en vosotros. [43] Yo he venido en nombre de mi Padre y no me recibís; si otro viniera en nombre propio a ése lo recibiríais. [44] ¿Cómo podéis creer vosotros, que recibís gloria unos de otros, y no buscáis la gloria que procede del único Dios? [45] No penséis que yo os acusaré ante el Padre; hay quien os acusa: Moisés, en quien vosotros esperáis. [46] En efecto, si creyeseis a Moisés, tal vez me creeríais a mí, pues él escribió de mí. [47] Pero si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?


Cap. VI
JESUS ES EL PAN DE VIDA



[1] Después de esto partió Jesús al otro lado del mar de Galilea, el de Tiberíades. [2] Le seguía una gran muchedumbre porque veían los milagros que hacía con los enfermos. [3] Jesús subió al monte, y se sentó allí con sus discípulos. [4] Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos. [5] Jesús, al levantar la mirada y ver que venía hacia él una gran muchedumbre, dijo a Felipe: ¿Dónde compraremos pan para que coman éstos? [6] Lo decía para probarle, pues él sabía lo que iba a hacer. [7] Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno coma un poco. [8] Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: [9] Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero, ¿qué es esto para tantos? [10] Jesús dijo: Haced sentar a la gente. En aquel lugar había mucha hierba. Se sentaron, pues, los hombres en número de unos cinco mil. [11] Jesús tomó los panes y, habiendo dado gracias, los repartió a los que estaban sentados, e igualmente les dio de los peces cuanto quisieron. [12] Cuando se saciaron, dijo a sus discípulos: Recoged los trozos que han sobrado para que nada se pierda. [13] Entonces los recogieron, y llenaron doce cestos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido.
[14] Aquellos hombres, viendo el milagro que Jesús había hecho, decían: Este es verdaderamente el Profeta que viene al mundo. [15] Jesús, conociendo que iban a venir para llevárselo y hacerlo rey, se retiró de nuevo al monte él solo.
[16] Caída la tarde, bajaron sus discípulos al mar, [17] y habiendo subido a la barca, se dirigían a la otra orilla hacia Cafarnaún. Ya había oscurecido y Jesús aún no había venido junto a ellos. [18] El mar estaba agitado por el fuerte viento que soplaba. [19] Después de remar unos veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a la barca, y les entró miedo. [20] Pero él les dijo: Soy yo, no temáis. [21] Entonces ellos quisieron recibirle en la barca; y al instante la barca llegó a tierra, adonde iban.
[22] Al día siguiente, la multitud que estaba al otro lado del mar vio que no había allí más que una sola barca, y que Jesús no había subido a la barca con sus discípulos, sino que éstos se habían marchado solos. [23] Llegaron otras barcas de Tiberíades, junto al lugar donde habían comido el pan después de haber dado gracias al Señor. [24] Cuando vio la multitud que Jesús no estaba allí ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún buscando a Jesús. [25] Y al encontrarle al otro lado del mar, le preguntaron: Maestro, ¿cuándo llegaste aquí?
[26] Jesús les respondió: En verdad, en verdad os digo que vosotros me buscáis no por haber visto los milagros, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. [27] Obrad no por el alimento que perece sino por el que perdura hasta la vida eterna, el que os dará el Hijo del Hombre, pues a éste lo confirmó Dios Padre con su sello. [28] Ellos le preguntaron: ¿Qué haremos para realizar las obras de Dios? [29] Jesús les respondió: Esta es la obra de Dios, que creáis en quien El ha enviado.
[30] Le dijeron: ¿Pues qué milagro haces tú, para que lo veamos y te creamos? ¿Qué obras realizas tú? [31] Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del Cielo. [32] Les respondió Jesús: En verdad, en verdad os digo que no os dio Moisés el pan del Cielo, sino que mi Padre os da el verdadero pan del Cielo. [33] Pues el pan de Dios es el que ha bajado del Cielo y da la vida al mundo. [34] Ellos le dijeron: Señor, danos siempre de este pan.
[35] Jesús les respondió: Yo soy el pan de vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá nunca sed. [36] Pero os lo he dicho: me habéis visto y no creéis. [37] Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que viene a mí no lo echaré fuera, [38] porque he bajado del Cielo no para hacer mi voluntad sino la voluntad de Aquel que me ha enviado. [39] Esta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que El me ha dado, sino que lo resucite en el último día. [40] Esta es, pues, la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
[41] Los judíos, entonces, murmuraban de él porque había dicho: Yo soy el pan que ha bajado del Cielo. [42] Y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, de quien conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo ahora dice: He bajado del Cielo? [43] Respondió Jesús y les dijo: No murmuréis entre vosotros. [44] Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado, y yo lo resucitaré en el último día. [45] Está escrito en los Profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Todo el que ha escuchado al que viene del Padre, y ha aprendido, viene a mí. [46] No es que alguien haya visto al Padre, sino que aquel que procede de Dios, ése ha visto al Padre. [47] En verdad, en verdad os digo que el que cree tiene vida eterna.
[48] Yo soy el pan de vida. [49] Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron. [50] Este es el pan que baja del Cielo, para que si alguien come de él no muera. [51] Yo soy el pan vivo que he bajado del Cielo. Si alguno come de este pan vivirá eternamente; y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.
[52] Discutían, pues, los judíos entre ellos diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? [53] Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros. [54] El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. [55] Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. [56] El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. [57] Como el Padre que me envió vive y yo vivo por el Padre, así, aquel que me come vivirá por mí. [58] Este es el pan que ha bajado del Cielo, no como el que comieron los padres y murieron: quien come este pan vivirá eternamente.
[59] Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Cafarnaún.
[60] Entonces, oyéndole muchos de sus discípulos, dijeron: Dura es esta enseñanza, ¿quién puede escucharla? [61] Jesús, conociendo en su interior que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo: ¿Esto os escandaliza? [62] Pues, ¿si vierais al Hijo del Hombre subir a donde estaba antes? [63] El espíritu es el que da vida, la carne de nada sirve: las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. [64] Sin embargo, hay algunos de vosotros que no creen. En efecto, Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que le iba a entregar. [65] Y decía: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí si no le fuera dado por el Padre. [66] Desde entonces muchos discípulos se echaron atrás y ya no andaban con él.
[67] Entonces Jesús dijo a los doce: ¿También vosotros queréis marcharos? [68] Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna; [69] nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Santo de Dios. [70] Les respondió Jesús: ¿No os he elegido yo a los doce? Sin embargo, uno de vosotros es un diablo. [71] Hablaba de Judas, hijo de Simón Iscariote, pues éste, aun siendo uno de los doce, era el que le iba a entregar.


Cap. VII
JESUS ES LA LUZ DEL MUNDO


[1] Después de esto Jesús caminaba por Galilea, pues no quería andar por Judea, ya que los judíos le buscaban para matarle.
[2] Estaba próxima la fiesta judía de los Tabernáculos. [3] Entonces le dijeron sus hermanos: Márchate de aquí y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces, [4] porque nadie hace algo a escondidas si quiere ser conocido. Puesto que haces estas cosas, muéstrate al mundo. [5] Ni siquiera sus hermanos creían en él. [6] Entonces, Jesús les dijo: Mi tiempo aún no ha llegado, pero vuestro tiempo siempre está a punto. [7] El mundo no puede odiaros, pero a mí me odia porque doy testimonio acerca de él, de que sus obras son malas. [8] Vosotros subid a la fiesta; yo no subo a esta fiesta porque mi tiempo aún no se ha cumplido. [9] Dicho esto, él se quedó en Galilea.
[10] Una vez que sus hermanos subieron a la fiesta, entonces él también subió, no públicamente sino como a escondidas. [11] Los judíos le buscaban durante la fiesta y decían: ¿Dónde está ése? [12] Y había entre la gente muchos comentarios acerca de él. Unos decían: Es bueno. Otros, en cambio: No. Seduce a la gente. [13] Sin embargo, nadie hablaba abiertamente de él por miedo a los judíos.
[14] Mediada ya la fiesta, subió Jesús al Templo y se puso a enseñar. [15] Los judíos quedaron admirados y comentaban: ¿Cómo sabe éste de letras sin haber estudiado? [16] Entonces Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía sino del que me ha enviado. [17] Si alguno quiere hacer su voluntad conocerá si mi doctrina es de Dios, o si yo hablo por mí mismo. [18] El que habla por sí mismo busca su propia gloria; pero el que busca la gloria del que le envió, ése es veraz y no hay injusticia en él. [19] ¿Acaso no os dio Moisés la Ley? Sin embargo, ninguno de vosotros cumple la Ley. ¿Por qué queréis matarme? [20] Respondió la multitud: Estás endemoniado; ¿quién te quiere matar? [21] Jesús les contestó: Yo hice una sola obra y todos os habéis extrañado. [22] Puesto que os dio Moisés la circuncisión `aunque no es de Moisés sino de los Patriarcas`, incluso en sábado circuncidáis a un hombre. [23] Si un hombre recibe la circuncisión en sábado para no quebrantar la Ley de Moisés, ¿os indignáis contra mí porque he curado por completo a un hombre en sábado? [24] No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con recto juicio.
[25] Entonces, algunos de Jerusalén decían: ¿No es éste el que buscan para matarle? [26] Pues mirad cómo habla con toda libertad y nada le dicen. ¿Acaso habrán reconocido las autoridades que éste es el Cristo? [27] Sin embargo sabemos de dónde es éste, mientras que cuando venga el Cristo nadie conocerá de dónde es. [28] Jesús enseñando en el Templo clamó: Me conocéis y sabéis de dónde soy; en cambio, yo no he venido de mí mismo, pero el que me ha enviado, a quien vosotros no conocéis, es veraz. [29] Yo le conozco, porque de El vengo y El mismo me ha enviado. [30] Buscaban cómo detenerle, pero nadie le puso las manos encima porque aún no había llegado su hora.
[31] Muchos de la multitud creyeron en él y decían: Cuando venga el Cristo, ¿acaso hará más milagros que los que éste hace? [32] Al oír los fariseos que la multitud comentaba esto de él, los príncipes de los sacerdotes y los fariseos enviaron alguaciles para prenderlo. [33] Entonces, Jesús les dijo: Aún estaré entre vosotros un poco de tiempo, luego me iré al que me ha enviado. [34] Me buscaréis y no me encontraréis, porque donde yo estoy vosotros no podéis venir. [35] Se dijeron los judíos: ¿Adónde se irá éste que no podamos encontrarle? ¿Se irá tal vez a los dispersos entre los griegos y enseñará a los griegos? [36] ¿Qué significan estas palabras que ha dicho: Me buscaréis y no me hallaréis, y donde yo estoy vosotros no podéis venir?
[37] En el último día, el más solemne de la fiesta, estaba allí Jesús y clamó: Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba [38] quien cree en mí. Como dice la Escritura, brotarán de su seno ríos de agua viva. [39] Dijo esto del Espíritu que iban a recibir los que creyeran en él, pues todavía no había sido dado el Espíritu, ya que Jesús aún no había sido glorificado.
[40] De entre la multitud que escuchaba estas palabras, unos decían: Este es verdaderamente el Profeta. [41] Otros: Este es el Cristo. En cambio, otros replicaban: ¿Acaso el Cristo viene de Galilea? [42] ¿No dice la Escritura que el Cristo viene de la descendencia de David y de la ciudad de Belén de donde era David? [43] Se produjo, pues, una disensión entre la multitud por su causa. [44] Algunos de ellos querían prenderle, pero nadie puso las manos sobre él.
[45] Volvieron los alguaciles a los príncipes de los sacerdotes y fariseos, y éstos les dijeron: ¿Por qué no lo habéis traído? [46] Respondieron los alguaciles: Jamás habló así hombre alguno. [47] Les replicaron entonces los fariseos: ¿También vosotros habéis sido engañados? [48] ¿Acaso alguien de las autoridades o de los fariseos ha creído en él? [49] Pero esta gente, que desconoce la Ley, son unos malditos.
[50] Nicodemo, aquel que vino de noche a Jesús y que era uno de ellos, les dijo: [51] ¿Es que nuestra Ley juzga a un hombre sin haberle oído antes y conocer lo que ha hecho? [52] Le respondieron: ¿También tú eres de Galilea? Investiga y te darás cuenta de que ningún profeta surge de Galilea. [53] Y se volvió cada uno a su casa.


Cap. VIII

[1] Jesús marchó al Monte de los Olivos. [2] De mañana volvió de nuevo al Templo, y todo el pueblo venía a él; se sentó y se puso a enseñarles.
[3] Los escribas y fariseos trajeron una mujer sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio, [4] le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. [5] Moisés en la Ley nos mandó lapidar a éstas; ¿tú qué dices? [6] Esto lo decían tentándole, para tener de qué acusarle. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en la tierra.
[7] Como ellos insistieran en preguntarle, se incorporó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado que tire la piedra el primero. [8] E inclinándose de nuevo, seguía escribiendo en la tierra. [9] Al oírle, se iban marchando uno tras otro, comenzando por los más viejos, y quedó solo Jesús y la mujer, de pie, en medio. [10] Jesús se incorporó y le dijo: Mujer, ¿dónde están? ¿Ninguno te ha condenado? [11] Ella respondió: Ninguno, Señor. Díjole Jesús: Tampoco yo te condeno; vete y desde ahora no peques más.
[12] De nuevo les dijo Jesús: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. [13] Le dijeron entonces los fariseos: Tú das testimonio de ti mismo; tu testimonio no es válido. [14] Jesús les respondió: Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es válido porque sé de dónde vengo y adónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo ni adónde voy. [15] Vosotros juzgáis según la carne, yo no juzgo a nadie; [16] y si yo juzgo, mi juicio es verdadero porque no estoy solo, sino yo y el Padre que me ha enviado. [17] En vuestra Ley está escrito que el testimonio de dos personas es válido. [18] Yo soy el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre, que me ha enviado, también da testimonio de mí. [19] Entonces le decían: ¿Dónde está tu Padre? Jesús respondió: Ni me conocéis a mí ni a mi Padre; si me conocierais a mí conoceríais también a mi Padre.
[20] Estas palabras las dijo Jesús en el gazofilacio, enseñando en el Templo; y nadie le prendió porque aún no había llegado su hora.
[21] Jesús les dijo de nuevo: Yo me voy y me buscaréis, y moriréis en vuestro pecado; a donde yo voy vosotros no podéis venir. [22] Los judíos decían: ¿Es que se va a matar y por eso dice: A donde yo voy vosotros no podéis venir? [23] Y les decía: Vosotros sois de abajo; yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo; yo no soy de este mundo. [24] Os he dicho que moriréis en vuestros pecados, porque si no creéis que yo soy, moriréis en vuestros pecados.
[25] Entonces le decían: ¿Tú quién eres? Jesús les respondió: Ante todo, lo que os estoy diciendo. [26] Tengo muchas cosas que hablar y juzgar de vosotros, pero el que me ha enviado es veraz, y yo, lo que le he oído, eso hablo al mundo. [27] Ellos no entendieron que les hablaba del Padre. [28] Díjoles, pues, Jesús: Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy, y que nada hago por mí mismo, sino que como el Padre me enseñó así hablo. [29] Y el que me ha enviado está conmigo; no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada. [30] Al decir estas cosas, muchos creyeron en él.
[31] Decía Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permanecéis en mi palabra, sois en verdad discípulos míos, [32] conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. [33] Le respondieron: Somos linaje de Abrahán y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Os haréis libres? [34] Jesús les respondió: En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado, esclavo es del pecado. [35] El esclavo no queda en casa para siempre; mientras que el hijo queda para siempre; [36] pues, si el Hijo os librase, seréis verdaderamente libres. [37] Yo sé que sois linaje de Abrahán y, sin embargo, buscáis darme muerte porque mi palabra no tiene cabida en vosotros.
[38] Yo hablo lo que vi en mi Padre, y vosotros hacéis lo que oísteis a vuestro padre. [39] Le respondieron: Nuestro padre es Abrahán. Jesús les dijo: Si fueseis hijos de Abrahán haríais las obras de Abrahán. [40] Pero ahora queréis matarme, a mí que os he dicho la verdad que oí de Dios; Abrahán no hizo esto. [41] Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Le respondieron: Nosotros no hemos nacido de fornicación; tenemos un solo padre que es Dios. [42] Jesús les dijo: Si Dios fuese vuestro padre, me amaríais; pues yo he salido de Dios y he venido. Yo no he salido de mí mismo sino que El me ha enviado. [43] ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis oír mi palabra. [44] Vosotros tenéis por padre al diablo y queréis cumplir las apetencias de vuestro padre; él era homicida desde el principio, y no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla la mentira, de lo suyo habla, porque es mentiroso y padre de la mentira. [45] Sin embargo, a mí, que digo la verdad, no me creéis. [46] ¿Quién de vosotros me argüirá de pecado? Si digo la verdad, ¿por qué no me creéis? [47] El que es de Dios escucha las palabras de Dios; por eso vosotros no las escucháis, porque no sois de Dios.
[48] Los judíos le respondieron: ¿No decimos bien que tú eres samaritano y estás endemoniado? [49] Jesús respondió: Yo no estoy endemoniado, sino que honro a mi Padre; y vosotros me deshonráis a mí. [50] Yo no busco mi gloria; hay quien la busca y juzga. [51] En verdad, en verdad os digo: si alguno guarda mi palabra jamás verá la muerte. [52] Los judíos le dijeron: Ahora conocemos que estás endemoniado. Abrahán murió y también los profetas, y tú dices: Si alguno guarda mi palabra, jamás gustará la muerte. [53] ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas murieron. ¿Por quién te tienes tú? [54] Jesús respondió: Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria nada vale. Mi Padre es el que me glorifica, el que decís que es vuestro Dios, [55] y no lo conocéis; yo, sin embargo, lo conozco. Y si dijera que no lo conozco sería mentiroso como vosotros, pero lo conozco y guardo su palabra. [56] Abrahán vuestro padre se regocijó por ver mi día; lo vio y se alegró. [57] Los judíos le dijeron: ¿Aún no tienes cincuenta años y has visto a Abrahán? [58] Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: antes de que Abrahán naciese, yo soy. [59] Entonces tomaron piedras para tirárselas; pero Jesús se escondió y salió del Templo.


Cap. IX

[1] Y al pasar vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento. [2] Y le preguntaron sus discípulos: Rabbí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego? [3] Respondió Jesús: Ni pecó éste ni sus padres, sino que eso ha ocurrido para que las obras de Dios se manifiesten en él. [4] Es necesario que nosotros hagamos las obras del que me ha enviado mientras es de día, pues llega la noche cuando nadie puede trabajar. [5] Mientras estoy en el mundo soy luz del mundo.
[6] Dicho esto, escupió en el suelo, hizo lodo con la saliva, aplicó el lodo en sus ojos [7] y le dijo: Anda, lávate en la piscina de Siloé `que significa Enviado`. Fue, pues, se lavó y volvió con vista. [8] Los vecinos y los que le habían visto antes cuando era mendigo decían: ¿No es éste el que estaba sentado y pedía limosna? [9] Unos decían: Es él. Otros en cambio: De ningún modo, sino que se le parece. El decía: Soy yo. [10] Entonces le preguntaban: ¿Cómo se te abrieron los ojos? [11] El respondió: Ese hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos y me dijo: Ve a Siloé y lávate. Entonces fui, me lavé y comencé a ver. [12] Le dijeron: ¿Dónde está ése? El respondió: No lo sé.
[13] Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. [14] Era sábado el día en que Jesús hizo el lodo y le abrió los ojos. [15] Y le preguntaban de nuevo los fariseos cómo había comenzado a ver. El les respondió: Me puso lodo en los ojos, me lavé y veo. [16] Entonces algunos de los fariseos decían: Ese hombre no es de Dios, ya que no guarda el sábado. Pero otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer tales prodigios? Y había división entre ellos. [17] Dijeron, pues, otra vez al ciego: ¿Tú qué dices de él, puesto que te ha abierto los ojos? Respondió: Que es un profeta. [18] No creyeron los judíos que aquel hombre habiendo sido ciego hubiera llegado a ver, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista, [19] y les preguntaron: ¿Es éste vuestro hijo que decís ha nacido ciego? ¿Entonces cómo es que ahora ve? [20] Respondieron sus padres: Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; [21] pero cómo es que ahora ve, no lo sabemos; o quién le abrió los ojos, nosotros no lo sabemos. Preguntadle a él, que edad tiene, él dará razón de sí mismo. [22] Sus padres dijeron esto porque temían a los judíos, pues ya habían acordado que si alguien confesaba que él era el Cristo fuese expulsado de la sinagoga. [23] Por eso sus padres dijeron: Edad tiene, preguntadle a él.
[24] Llamaron, pues, por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre es un pecador. [25] El les contestó: Si es un pecador yo no lo sé. Sólo sé una cosa: que yo era ciego y ahora veo. [26] Entonces le dijeron: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos? [27] Les respondió: Ya os lo dije y no lo escuchasteis, ¿por qué lo queréis oír de nuevo? ¿Es que también vosotros queréis haceros discípulos suyos? [28] Ellos le insultaron y le dijeron: Tú serás discípulo suyo; nosotros somos discípulos de Moisés. [29] Sabemos que Dios habló a Moisés, pero ése no sabemos de dónde es. [30] Aquel hombre les respondió: Esto es precisamente lo admirable, que vosotros no sepáis de dónde es y que me abriera los ojos. [31] Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino que si uno honra a Dios y hace su voluntad, a éste le escucha. [32] Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento. [33] Si ése no fuera de Dios no hubiera podido hacer nada. [34] Ellos le respondieron: Has nacido empecatado y ¿nos vas a enseñar tú a nosotros? Y lo echaron fuera.
[35] Oyó Jesús que lo habían echado fuera, y encontrándose con él le dijo: ¿Crees tú en el Hijo del Hombre? [36] El respondió: ¿Y quién es, Señor, para que crea en él? [37] Le dijo Jesús: Lo has visto; el que habla contigo, ése es. [38] Y él exclamó: Creo, Señor. Y se postró ante él. [39] Dijo Jesús: Yo he venido a este mundo para un juicio, para que los que no ven vean, y los que ven se vuelvan ciegos.
[40] Oyeron esto algunos de los fariseos que estaban con él y le dijeron: ¿Acaso nosotros también somos ciegos? [41] Les dijo Jesús: Si fuerais ciegos no tendríais pecado, pero ahora decís: Vemos; por eso vuestro pecado permanece.


Cap. X

[1] En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta del redil de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es un ladrón y un salteador. [2] Pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. [3] A éste le abre el portero y las ovejas atienden a su voz, llama a sus propias ovejas por su nombre y las saca fuera. [4] Cuando ha sacado fuera a todas sus ovejas, camina delante de ellas y las ovejas le siguen porque conocen su voz. [5] Pero a un extraño no le seguirán, sino que huirán de él porque no conocen la voz de los extraños. [6] Jesús les propuso esta comparación, pero ellos no entendieron qué era lo que les decía.
[7] Entonces dijo de nuevo Jesús: En verdad, en verdad os digo: Yo soy la puerta de las ovejas. [8] Todos cuantos han venido antes que yo son ladrones y salteadores, pero las ovejas no les escucharon. [9] Yo soy la puerta; si alguno entra a través de mí, se salvará; y entrará y saldrá y encontrará pastos. [10] El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Yo vine para que tengan vida y la tengan en abundancia.
[11] Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por sus ovejas. [12] El asalariado, el que no es pastor dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye `y el lobo las arrebata y las dispersa`, [13] porque es asalariado y no le importan las ovejas. [14] Yo soy el buen pastor, conozco las mías y las mías me conocen. [15] Como el Padre me conoce a mí, así yo conozco al Padre, y doy mi vida por las ovejas. [16] Tengo otras ovejas que no son de este redil, a ésas también es necesario que las traiga, y oirán mi voz y formarán un solo rebaño, con un solo pastor. [17] Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida para tomarla de nuevo. [18] Nadie me la quita, sino que yo la doy libremente. Tengo poder para darla y tengo poder para tomarla de nuevo. Este es el mandato que he recibido de mi Padre.
[19] Se produjo de nuevo una disensión entre los judíos a causa de estas palabras. [20] Muchos de ellos decían: Está endemoniado y loco, ¿por qué le escucháis? [21] Otros decían: Estas palabras no son de quien está endemoniado. ¿Acaso puede un demonio abrir los ojos de los ciegos?

JESUS ES UNO CON EL PADRE


[22] Se celebraba por entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno. [23] Paseaba Jesús por el Templo, en el pórtico de Salomón. [24] Entonces le rodearon los judíos y le decían: ¿Hasta cuándo nos vas a tener en vilo? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente. [25] Les respondió Jesús: Os lo he dicho y no lo creéis; las obras que hago en nombre de mi Padre, éstas dan testimonio de mí. [26] Pero vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas. [27] Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y me siguen. [28] Yo les doy vida eterna; no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mi mano. [29] Mi Padre que me las dio, es mayor que todos; y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. [30] Yo y el Padre somos uno.
[31] Los judíos cogieron de nuevo piedras para lapidarle. [32] Jesús les replicó: Os he mostrado muchas obras buenas de parte del Padre, ¿por cuál de estas obras queréis lapidarme? [33] Le respondieron los judíos: No queremos lapidarte por obra buena alguna sino por blasfemia; y porque tú, siendo hombre, te haces Dios. [34] Jesús les contestó: ¿No está escrito en vuestra Ley: Yo dije: sois dioses? [35] Si llamó dioses a aquellos a quienes se dirigió la palabra de Dios, y la Escritura no puede fallar, [36] ¿a quien el Padre santificó y envió al mundo, decís vosotros que blasfema porque dije que soy Hijo de Dios? [37] Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; [38] pero si las hago, creed en las obras, aunque no me creáis a mí, para que conozcáis y sepáis que el Padre está en mí y yo en el Padre.
[39] Intentaban entonces prenderlo otra vez, pero se escapó de sus manos. [40] Y se fue de nuevo al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba al principio, y allí se quedó. [41] Y muchos acudieron a él y decían: Juan no hizo ningún milagro, pero todo lo que dijo Juan acerca de él era verdad. [42] Y muchos allí creyeron en él.


Cap. XI
JESUS ES LA VIDA DEL MUNDO


[1] Había un enfermo llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de su hermana Marta. [2] María era la que ungió al Señor con perfume y le secó los pies con sus cabellos; su hermano Lázaro había enfermado. [3] Entonces las hermanas le enviaron este recado: Señor, mira, aquel a quien amas está enfermo. [4] Al oírlo, dijo Jesús: Esta enfermedad no es de muerte, sino para gloria de Dios, a fin de que por ella sea glorificado el Hijo de Dios.
[5] Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. [6] Cuando oyó que estaba enfermo, se quedó aún dos días en el mismo lugar. [7] Después, pasados éstos, dijo a sus discípulos: Vamos otra vez a Judea. [8] Le dijeron los discípulos: Rabbí, hace poco te buscaban los judíos para lapidarte, y ¿vas a volver allí? [9] Respondió Jesús: ¿Acaso no son doce las horas del día? Si alguien camina de día no tropieza porque ve la luz de este mundo; [10] pero si alguien camina de noche tropieza porque no tiene luz. [11] Dicho esto, añadió: Lázaro, nuestro amigo, está dormido, pero voy a despertarle. [12] Le dijeron entonces sus discípulos: Señor, si está dormido se salvará. [13] Jesús había hablado de su muerte, pero ellos pensaron que hablaba del sueño natural. [14] Entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto, [15] y me alegro por vosotros de no haber estado allí, para que creáis; pero vayamos a donde está él. [16] Tomás, llamado también Dídimo, dijo a sus compañeros: Vayamos también nosotros y muramos con él.
[17] Jesús, al llegar, encontró que estaba sepultado ya desde hacía cuatro días. [18] Betania distaba de Jerusalén como quince estadios. [19] Muchos judíos habían ido a visitar a Marta y María para consolarlas por su hermano.
[20] En cuanto Marta oyó que Jesús venía, salió a recibirle; María, en cambio, se quedó sentada en casa. [21] Dijo Marta a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano, [22] pero incluso ahora sé que cuanto pidieres a Dios, Dios te lo concederá. [23] Jesús le dijo: Tu hermano resucitará. [24] Marta le respondió: Ya sé que resucitará en la resurrección, en el último día. [25] Le dijo Jesús: Yo soy la Resurrección y la Vida, el que cree en mí, aunque hubiera muerto, vivirá, [26] y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre. ¿Crees esto? [27] Le contestó: Sí, Señor, yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido a este mundo.
[28] Y dicho esto fue y llamó a su hermana María diciéndole en voz baja: El Maestro está aquí y te llama. [29] Cuando ésta lo oyó, se levantó en seguida y fue hacia él. [30] Todavía no había llegado Jesús a la aldea, sino que estaba aún en el lugar en que Marta le había salido al encuentro. [31] Los judíos que estaban con ella en la casa y la consolaban, al ver que María se levantó de repente y se marchó, la siguieron pensando que iba al sepulcro a llorar allí. [32] Entonces María, cuando llegó a donde estaba Jesús, al verle se postró a sus pies y le dijo: Señor, si hubieses estado aquí, no hubiera muerto mi hermano. [33] Jesús, cuando la vio llorando y que los judíos que la acompañaban también lloraban, se estremeció en su interior, se conmovió [34] y dijo: ¿Dónde le habéis puesto? Le contestaron: Señor, ven y lo verás. [35] Jesús comenzó a llorar. [36] Decían entonces los judíos: Mirad cómo le amaba. [37] Pero algunos de ellos dijeron: Este, que abrió los ojos del ciego, ¿no podía haber impedido que muriese?
[38] Jesús, conmoviéndose de nuevo, fue al sepulcro. Era una cueva tapada con una piedra. [39] Jesús dijo: Quitad la piedra. Marta, la hermana del difunto, le dijo: Señor, ya hiede, pues lleva cuatro días. [40] Le dijo Jesús: ¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios? [41] Quitaron entonces la piedra. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: Padre, te doy gracias porque me has escuchado. [42] Yo sabía que siempre me escuchas, pero lo he dicho por la multitud que está alrededor, para que crean que Tú me enviaste. [43] Y después de decir esto, gritó con fuerte voz: ¡Lázaro, sal afuera! [44] Y el que estaba muerto salió atado de pies y manos con vendas, y el rostro envuelto con un sudario. Jesús les dijo: Desatadle y dejadle andar. [45] Muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que hizo Jesús, creyeron en él.
[46] Pero algunos de ellos fueron a los fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho. [47] Entonces los pontífices y los fariseos convocaron el Sanedrín y decían: ¿Qué hacemos, puesto que este hombre realiza muchos milagros? [48] Si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los romanos y destruirán nuestro lugar y nuestra nación.
[49] Uno de ellos, Caifás, que era Sumo Pontífice aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada, [50] ni os dais cuenta de que os conviene que un solo hombre muera por el pueblo y no que perezca toda la nación. [51] Pero esto no lo decía por sí mismo, sino que, siendo Sumo Pontífice aquel año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación; [52] y no sólo por la nación, sino para reunir a los hijos de Dios que estaban dispersos. [53] Así, desde aquel día decidieron darle muerte. [54] Entonces Jesús ya no andaba en público entre los judíos, sino que se marchó de allí a una región cercana al desierto, a la ciudad llamada Efraín, donde se quedó con sus discípulos.
[55] Estaba próxima la Pascua de los judíos, y muchos subieron de aquella región a Jerusalén antes de la Pascua para purificarse. [56] Los que estaban en el Templo buscaban a Jesús, y se decían unos a otros: ¿Qué os parece, acaso vendrá a la fiesta? [57] Los príncipes de los sacerdotes y los fariseos habían dado órdenes de que si alguien sabía dónde estaba, lo denunciase, con el fin de prenderlo.


Cap. XII
JESUS ACLAMADO REY MESIANICO

 

[1] Jesús, seis días antes de la Pascua, fue a Betania, donde vivía Lázaro, al que Jesús resucitó de entre los muertos. [2] Allí le prepararon una cena. Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban a la mesa con él.
[3] María, tomando una libra de perfume muy caro, de nardo puro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se llenó de la fragancia del perfume. [4] Dijo entonces Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que iba a entregarle: [5] ¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres? [6] Pero esto lo dijo no porque él se preocupara de los pobres, sino porque era ladrón, y, como tenía la bolsa, se llevaba lo que echaban en ella. [7] Entonces dijo Jesús: Dejadle que lo emplee para el día de mi sepultura; [8] pues a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis.
[9] Una gran multitud de judíos se enteró de que estaba allí, y fueron no sólo por Jesús, sino también por ver a Lázaro al que había resucitado de entre los muertos. [10] Los príncipes de los sacerdotes decidieron dar muerte también a Lázaro, [11] porque muchos, por su causa, se apartaban de los judíos y creían en Jesús.
[12] Al día siguiente las muchedumbres que iban a la fiesta, oyendo que Jesús se acercaba a Jerusalén, [13] tomaron ramos de palmas, salieron a su encuentro y gritaban: Hosanna, bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel. [14] Jesús encontró un borriquillo y se montó sobre él, conforme a lo que está escrito: [15] No temas, hija de Sión. Mira a tu rey, que llega montado en un pollino de asna.
[16] Sus discípulos no comprendieron esto de momento, pero cuando Jesús fue glorificado, entonces recordaron que estas cosas estaban escritas acerca de él, y que fueron precisamente las que le hicieron.
[17] La multitud que estaba con él cuando llamó a Lázaro del sepulcro y le resucitó de entre los muertos, daba testimonio. [18] Por eso las muchedumbres le salieron al encuentro, porque oyeron que Jesús había hecho este milagro. [19] Entonces los fariseos se dijeron unos a otros: Ya veis que no adelantáis nada; mirad cómo todo el mundo se ha ido tras él.
[20] Entre los que subieron a adorar a Dios en la fiesta había algunos griegos; [21] éstos se acercaron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le rogaban diciendo: Señor, queremos ver a Jesús. [22] Fue Felipe y se lo dijo a Andrés, y Andrés y Felipe fueron y se lo dijeron a Jesús. [23] Jesús les contestó: Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del Hombre. [24] En verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo no muere al caer en tierra, queda infecundo; pero si muere, produce mucho fruto. [25] El que ama su vida la perderá, y el que aborrece su vida en este mundo, la guardará para la vida eterna. [26] Si alguien me sirve que me siga, y donde yo estoy allí estará también mi servidor; si alguien me sirve, el Padre le honrará.
[27] Ahora mi alma está turbada; y ¿qué diré?: ¿Padre, líbrame de esta hora?, si para eso vine a esta hora. [28] ¡Padre, glorifica tu nombre! Entonces vino una voz del cielo: Lo he glorificado y de nuevo lo glorificaré.
[29] La multitud que estaba presente y la oyó, decía: Ha sido un trueno. Otros decían: Un ángel le ha hablado. [30] Jesús respondió: Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. [31] Ahora es el juicio de este mundo, ahora el príncipe de este mundo va a ser arrojado fuera. [32] Y yo, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí. [33] Decía esto señalando de qué muerte iba a morir. [34] La multitud le replicó: Nosotros hemos oído en la Ley que el Cristo permanece para siempre; entonces, ¿cómo dices tú: Es necesario que sea levantado el Hijo del Hombre? ¿Quién es este Hijo del Hombre? [35] Jesús les dijo: Todavía por un poco de tiempo está la luz entre vosotros. Caminad mientras tenéis la luz, para que las tinieblas no os sorprendan; pues el que camina en tinieblas no sabe a dónde va. [36] Mientras tenéis la luz, creed en la luz para que seáis hijos de la luz. Jesús les dijo estas cosas, se marchó y se ocultó de ellos.
[37] Aunque había hecho Jesús tantos milagros delante de ellos, no creían en él, [38] de modo que se cumplieran las palabras que dijo el profeta Isaías: Señor, ¿quién ha creído nuestro mensaje?; y el brazo del Señor, ¿a quién ha sido revelado? [39] Por eso no podían creer, porque también dijo Isaías: [40] Ha cegado sus ojos y ha endurecido su corazón, de modo que no vean con los ojos, ni entiendan con el corazón, ni se conviertan, y los sane.
[41] Esto dijo Isaías cuando vio su gloria y habló acerca de él. [42] Sin embargo, incluso muchos de los judíos principales creyeron en él, pero a causa de los fariseos no le confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga, [43] pues amaron más la gloria de los hombres que la gloria de Dios.
[44] Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en Aquel que me ha enviado; [45] y el que me ve a mí, ve al que me ha enviado. [46] Yo soy la luz que ha venido al mundo para que todo el que cree en mí no permanezca en tinieblas. [47] Y si alguien escucha mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, ya que no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. [48] Quien me desprecia y no recibe mis palabras tiene quien le juzgue: la palabra que he hablado, ésa le juzgará en el último día. [49] Porque yo no he hablado por mí mismo, sino que el Padre que me envió, El me ha ordenado lo que he de decir y hablar. [50] Y sé que su mandato es vida eterna; por tanto, lo que yo hablo, según me lo ha dicho el Padre, así lo hablo.


Cap. XIII
SEGUNDA PARTE: MANIFESTACION DE JESUS COMO EL MESIAS HIJO DE DIOS, EN SU PASION, MUERTE Y RESURRECCION LA ULTIMA CENA


[1] La víspera de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, como amase a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin. [2] Y mientras celebraban la cena, cuando el diablo ya había sugerido en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, que lo entregara, [3] sabiendo Jesús que todo lo había puesto el Padre en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía, [4] se levantó de la cena, se quito el manto, tomó una toalla y se la ciñó. [5] Después echó agua en una jofaina, y empezó a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que se había ceñido.
[6] Llegó a Simón Pedro y éste le dijo: Señor, ¿tú me vas a lavar a mí los pies? [7] Respondió Jesús: Lo que yo hago no lo entiendes ahora, lo comprenderás después. [8] Le dice Pedro: No me lavarás los pies jamás. Le respondió Jesús: Si no te lavo, no tendrás parte conmigo. [9] Simón Pedro le replicó: Señor, no solamente los pies, sino también las manos y la cabeza. [10] Jesús le dice: El que se ha bañado no tiene necesidad de lavarse más que los pies, pues todo él está limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos. [11] Porque sabía quién le iba a entregar, por eso dijo: No todos estáis limpios.
[12] Después de lavarles los pies tomó el manto, se puso de nuevo a la mesa, y les dijo: ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? [13] Vosotros me llamáis el Maestro y el Señor, y decís bien, porque lo soy. [14] Pues si yo, que soy el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. [15] Os he dado ejemplo para que como yo he hecho con vosotros, así hagáis vosotros. [16] En verdad, en verdad os digo: no es el siervo más que su señor, ni el enviado más que quien le envió. [17] Si comprendéis esto y lo hacéis seréis bienaventurados. [18] No lo digo por todos vosotros: yo sé a quiénes elegí; sino para que se cumpla la Escritura: El que come mi pan levantó contra mí su calcañar. [19] Os lo digo desde ahora, antes de que suceda, para que cuando ocurra creáis que yo soy. [20] En verdad, en verdad os digo: quien recibe al que yo envíe, a mí me recibe; y quien a mí me recibe, recibe al que me ha enviado.
[21] Cuando dijo esto Jesús se turbó en su espíritu, y declaró: En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me entregará. [22] Los discípulos se miraban unos a otros no sabiendo a quién se refería. [23] Estaba recostado en el pecho de Jesús uno de los discípulos, el que Jesús amaba. [24] Simón Pedro le hizo señas y le dijo: Pregúntale de quién habla. [25] El, que estaba recostado sobre el pecho de Jesús, le dice: Señor, ¿quién es? [26] Jesús responde: Es aquel a quien dé el bocado que voy a mojar. Mojando, pues, el bocado, lo toma y se lo da a Judas, hijo de Simón Iscariote. [27] Entonces, tras el bocado, entró en él Satanás. Y Jesús le dijo: Lo que vas a hacer, hazlo pronto. [28] Pero ninguno de los que estaban a la mesa entendió con qué fin le dijo esto, [29] pues algunos pensaban que, como Judas tenía la bolsa, Jesús le decía: Compra lo que necesitamos para la fiesta, o da algo a los pobres. [30] Aquél, después de tomar el bocado, salió enseguida. Era de noche.
[31] Cuando salió, Jesús dijo: Ahora es glorificado el Hijo del Hombre y Dios es glorificado en él. [32] Si Dios es glorificado en él, también Dios le glorificará a él en sí mismo, y pronto le glorificará.
[33] Hijitos, todavía estoy un poco con vosotros. Me buscaréis y como dije a los judíos: a donde yo voy, vosotros no podéis venir; lo mismo os digo ahora a vosotros. [34] Un mandamiento nuevo os doy, que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros. [35] En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor entre vosotros.
[36] Le dijo Simón Pedro: Señor, ¿adónde vas? Jesús respondió: A donde yo voy, tú no puedes seguirme ahora, me seguirás más tarde. [37] Pedro le dijo: Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti. [38] Respondió Jesús: ¿Tú darás la vida por mí? En verdad, en verdad te digo que no cantará el gallo antes de que me niegues tres veces.


Cap. XIV


[1] No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios, creed también en mí. [2] En la casa de mi Padre hay muchas moradas, si no, os lo hubiera dicho, porque voy a prepararos un lugar; [3] y cuando haya marchado y os haya preparado un lugar, de nuevo vendré y os llevaré junto a mí, para que, donde yo estoy, estéis también vosotros; [4] a donde yo voy, sabéis el camino. [5] Tomás le dijo: Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podremos saber el camino? [6] Le respondió Jesús: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida; nadie va al Padre sino por mí. [7] Si me habéis conocido a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora le conocéis y le habéis visto. [8] Felipe le dijo: Señor, muéstranos al Padre y nos basta. [9] Jesús le contestó: Felipe, ¿tanto tiempo como llevo con vosotros y no me has conocido? El que me ha visto a mí ha visto al Padre; ¿cómo dices tú: Muéstranos al Padre? [10] ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Las palabras que yo os digo, no las hablo por mí mismo. El Padre, que está en mí, realiza sus obras. [11] Creedme: Yo estoy en el Padre y el Padre en mí; y si no, creed por las obras mismas. [12] En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y las hará mayores que éstas porque yo voy al Padre. [13] Y lo que pidáis en mi nombre eso haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. [14] Si me pidiereis algo en mi nombre, yo lo haré.
[15] Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; [16] y yo rogaré al Padre y os dará otro Paráclito para que esté con vosotros siempre: [17] el Espíritu de la verdad, al que el mundo no puede recibir porque no le ve ni le conoce; vosotros le conocéis porque permanece a vuestro lado y está en vosotros. [18] No os dejaré huérfanos, yo volveré a vosotros. [19] Todavía un poco y el mundo ya no me verá, pero vosotros me veréis porque yo vivo y también vosotros viviréis. [20] En aquel día conoceréis que yo estoy en el Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. [21] El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama. Y el que me ama será amado por mi Padre, y yo le amaré y yo mismo me manifestaré a él.
[22] Judas, no el Iscariote, le dijo: Señor, ¿y qué ha pasado para que tú te vayas a manifestar a nosotros y no al mundo? [23] Jesús contestó y le dijo: Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos morada en él. [24] El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que escucháis no es mía sino del Padre que me ha enviado. [25] Os he hablado de todo esto estando con vosotros; [26] pero el Paráclito, el Espíritu Santo que el Padre enviará en mi nombre, El os enseñará todo y os recordará todas las cosas que os he dicho.
[27] La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde. [28] Habéis escuchado que os he dicho: Me voy y vuelvo a vosotros. Si me amarais os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es mayor que yo. [29] Os lo he dicho ahora antes de que suceda, para que cuando suceda creáis. [30] Ya no hablaré mucho con vosotros, pues viene el príncipe del mundo; contra mí no puede nada, [31] pero el mundo debe conocer que amo al Padre y que obro tal como me ordenó. ¡Levantaos, vámonos de aquí!


Cap. XV

[1] Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador. [2] Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto lo poda para que dé más fruto. [3] Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado. [4] Permaneced en mí y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. [5] Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada. [6] Si alguno no permanece en mí es echado fuera como los sarmientos y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. [7] Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y se os concederá. [8] En esto es glorificado mi Padre, en que deis mucho fruto y seáis discípulos míos.
[9] Como el Padre me amó, así os he amado yo. Permaneced en mi amor. [10] Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. [11] Os he dicho esto para que mi gozo esté en vosotros y vuestro gozo sea completo. [12] Este es mi mandamiento: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. [13] Nadie tiene amor más grande que el de dar uno la vida por sus amigos. [14] Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que os mando. [15] Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; a vosotros, en cambio, os he llamado amigos, porque todo lo que oí de mi Padre os lo he dado a conocer. [16] No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca, para que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. [17] Esto os mando, que os améis los unos a los otros.
[18] Si el mundo os odia, sabed que antes que a vosotros me ha odiado a mí. [19] Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero como no sois del mundo, sino que yo os escogí del mundo, por eso el mundo os odia. [20] Acordaos de la palabra que os he dicho: no es el siervo más que su señor. Si me han perseguido a mí, también a vosotros os perseguirán. Si han guardado mi doctrina, también guardarán la vuestra. [21] Pero os harán todas estas cosas a causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado. [22] Si no hubiera venido y les hubiera hablado, no tendrían pecado. Pero ahora no tienen excusa de su pecado.
[23] El que me odia a mí, también odia a mi Padre. [24] Si no hubiera hecho ante ellos las obras que ningún otro hizo, no tendrían pecado; sin embargo, ahora las han visto y me han odiado a mí, y también a mi Padre. [25] Pero había de cumplirse la palabra que estaba escrita en su Ley: Me odiaron sin motivo.
[26] Cuando venga el Paráclito que yo os enviaré de parte del Padre, el Espíritu de la verdad que procede del Padre, El dará testimonio de mí. [27] También vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo.


Cap. XVI

[1] Os he dicho estas cosas para que no os escandalicéis. [2] Seréis expulsados de las sinagogas; aún más, llega la hora en que todo el que os dé muerte pensará que hace un servicio a Dios. [3] Y esto os lo harán porque no han conocido a mi Padre ni a mí. [4] Pero os he dicho estas cosas para que cuando llegue la hora os acordéis de que ya os las había anunciado. No os las dije al principio porque estaba con vosotros. [5] Ahora voy a quien me envió y ninguno de vosotros me pregunta: ¿Adónde vas? [6] Pero porque os he dicho esto, vuestro corazón se ha llenado de tristeza; [7] mas yo os digo la verdad: os conviene que me vaya, pues si no me voy, el Paráclito no vendrá a vosotros. En cambio, si yo me voy os lo enviaré. [8] Y cuando venga El, argüirá al mundo de pecado, de justicia y de juicio: [9] de pecado, porque no creen en mí; [10] de justicia, porque me voy al Padre y ya no me veréis; [11] de juicio, porque el príncipe de este mundo ya está juzgado.
[12] Todavía tengo que deciros muchas cosas, pero no podéis sobrellevarlas ahora. [13] Cuando venga Aquél, el Espíritu de la verdad, os guiará hacia toda la verdad, pues no hablará por sí mismo, sino que dirá todo lo que oiga y os anunciará lo que ha de venir. [14] El me glorificará porque recibirá de lo mío y os lo anunciará. [15] Todo lo que tiene el Padre es mío. Por esto dije que recibe de lo mío y os lo anunciará.
[16] Dentro de un poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver. [17] Sus discípulos se decían unos a otros: ¿Qué es esto que nos dice: Dentro de un poco ya no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver, y que voy al Padre? [18] Decían pues: ¿Qué es esto que dice: Dentro de un poco? No sabemos lo que dice. [19] Conoció Jesús que querían preguntarle y les dijo: Intentáis averiguar entre vosotros acerca de lo que he dicho: dentro de un poco no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver. [20] En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, en cambio el mundo se alegrará; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. [21] La mujer, cuando va a dar a luz, está triste porque llegó su hora, pero una vez que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la tribulación por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo. [22] Así pues, también vosotros ahora os entristecéis, pero os volveré a ver y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo. [23] En aquel día no me preguntaréis nada. En verdad, en verdad os digo: si algo pedís al Padre en mi nombre, os lo concederá. [24] Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea completo.
[25] Os he dicho estas cosas por medio de comparaciones. Llega la hora en que ya no os hablaré por comparaciones, sino que abiertamente os anunciaré las cosas acerca del Padre. [26] Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, [27] pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado y habéis creído que yo salí de Dios. [28] Salí del Padre y vine al mundo; de nuevo dejo el mundo y voy al Padre. [29] Dicen sus discípulos: Ahora sí que hablas con claridad y no usas ninguna comparación; [30] ahora vemos que lo sabes todo, y no necesitas que nadie te pregunte; por esto creemos que has salido de Dios. [31] Jesús les dijo: ¿Ahora creéis? [32] Mirad que llega la hora, y ya llegó, en que os dispersaréis cada uno por su lado, y me dejaréis solo, aunque no estoy solo porque el Padre está conmigo. [33] Os he dicho esto para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis tribulación, pero confiad: yo he vencido al mundo.


Cap. XVII

[1] Jesús, dicho esto, elevó sus ojos al cielo y exclamó: Padre, ha llegado la hora. Glorifica a tu Hijo para que tu Hijo te glorifique; [2] ya que le diste poder sobre toda carne, que él dé vida eterna a todos los que Tú le has dado. [3] Esta es la vida eterna: que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien Tú has enviado. [4] Yo te he glorificado en la tierra: he terminado la obra que Tú me has encomendado que hiciera. [5] Ahora, Padre, glorifícame Tú a tu lado con la gloria que tuve junto a Ti antes de que el mundo existiera.
[6] He manifestado tu nombre a los que me diste del mundo. Tuyos eran, me los confiaste y han guardado tu palabra. [7] Ahora han conocido que todo lo que me has dado proviene de Ti, [8] porque las palabras que me diste se las he dado, y ellos las han recibido y han conocido verdaderamente que yo salí de Ti, y han creído que Tú me enviaste. [9] Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo sino por los que me has dado, porque son tuyos. [10] Todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío, y he sido glorificado en ellos.
[11] Ya no estoy en el mundo, pero ellos están en el mundo y yo voy a Ti. Padre Santo, guarda en tu nombre a aquellos que me has dado, para que sean uno como nosotros. [12] Cuando estaba con ellos yo los guardaba en tu nombre. He guardado a los que me diste y ninguno de ellos se ha perdido, excepto el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura. [13] Pero ahora voy a Ti y digo estas cosas en el mundo, para que tengan mi gozo completo en sí mismos.
[14] Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo como yo no soy del mundo. [15] No pido que los saques del mundo, sino que los guardes del Maligno. [16] No son del mundo como yo no soy del mundo. [17] Santifícalos en la verdad: tu palabra es la verdad. [18] Como Tú me enviaste al mundo, así los he enviado yo al mundo. [19] Por ellos yo me santifico, para que también ellos sean santificados en la verdad.
[20] No ruego sólo por éstos, sino por los que han de creer en mí por su palabra: [21] que todos sean uno; como Tú, Padre, en mí y yo en Ti, que así ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que Tú me has enviado. [22] Yo les he dado la gloria que Tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno. [23] Yo en ellos y Tú en mí, para que sean consumados en la unidad, y conozca el mundo que Tú me has enviado y los has amado como me amaste a mí. [24] Padre, quiero que donde yo estoy también estén conmigo los que Tú me has confiado, para que vean mi gloria, la que me has dado porque me amaste antes de la creación del mundo. [25] Padre justo, el mundo no te conoció; pero yo te conocí, y éstos han conocido que Tú me enviaste. [26] Les he dado a conocer tu nombre y lo daré a conocer, para que el amor con que Tú me amaste esté en ellos y yo en ellos.


Cap. XVIII
PASION Y MUERTE DE JESUS



[1] Dicho esto, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, en el que entró él con sus discípulos. [2] Judas, el que le había de entregar, conocía el lugar, porque Jesús se reunía frecuentemente allí con sus discípulos. [3] Entonces Judas, tomando la cohorte y los servidores de los pontífices y de los fariseos, vino allí con linternas, antorchas y armas.
[4] Jesús, sabiendo todo lo que le iba a ocurrir, se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis? [5] Le respondieron: A Jesús el Nazareno. Jesús les contestó: Yo soy. Judas, el que le había de entregar, estaba con ellos. [6] Cuando les dijo «yo soy», retrocedieron y cayeron por tierra. [7] Les preguntó de nuevo: ¿A quién buscáis? Ellos respondieron: A Jesús el Nazareno. [8] Jesús contestó: Os he dicho que yo soy; si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos. [9] Así se cumplió la palabra que había dicho: No he perdido ninguno de los que me diste.
[10] Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó, golpeó a un siervo del Pontífice y le cortó la oreja derecha. El nombre del siervo era Malco. [11] Jesús dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina. ¿Acaso no voy a beber el cáliz que el Padre me ha dado?
[12] Entonces la cohorte, el tribuno y los servidores de los judíos prendieron a Jesús y le ataron.
[13] Y le condujeron primero ante Anás, pues era suegro de Caifás, Sumo Pontífice aquel año. [14] Caifás fue el que había aconsejado a los judíos: Conviene que un hombre muera por el pueblo.
[15] Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del Sumo Pontífice y entró con Jesús en el atrio del Sumo Pontífice. [16] Pedro, sin embargo, estaba fuera a la puerta. Salió entonces el otro discípulo que era conocido del Sumo Pontífice, habló a la portera e introdujo a Pedro. [17] La muchacha portera dijo a Pedro: ¿No eres también tú de los discípulos de este hombre? El respondió: No lo soy. [18] Estaban allí los servidores y criados, que habían hecho fuego, pues hacía frío, y se calentaban. Pedro también estaba con ellos calentándose.
[19] El Sumo Pontífice interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. [20] Jesús le respondió: Yo he hablado abiertamente al mundo, he enseñado siempre en la sinagoga y en el Templo, donde todos los judíos se reúnen, y no he dicho nada en secreto. [21] ¿Por qué me preguntas? Pregunta a los que me oyeron de qué les he hablado: ellos saben lo que he dicho. [22] Al decir esto, uno de los servidores que estaba allí dio una bofetada a Jesús, diciendo: ¿Así respondes al Pontífice? [23] Jesús le contestó: Si he hablado mal, declara ese mal; pero si bien, ¿por qué me pegas? [24] Entonces Anás le envió atado a Caifás, el Sumo Pontífice.
[25] Simón Pedro estaba calentándose y le dijeron: ¿No eres tú también de sus discípulos? El lo negó y dijo: No lo soy. [26] Uno de los criados del Sumo Pontífice, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo: ¿Acaso no te vi yo en el huerto con él? [27] Pedro negó de nuevo, e inmediatamente cantó el gallo.
[28] Condujeron a Jesús de Caifás al pretorio. Era muy de mañana. Ellos no entraron en el pretorio para no contaminarse y poder comer la Pascua. [29] Entonces Pilato salió fuera donde estaban ellos, y dijo: ¿Qué acusación traéis contra este hombre? [30] Le respondieron: Si éste no fuera malhechor no te lo hubiéramos entregado. [31] Les dijo Pilato: Tomadle vosotros y juzgadle según vuestra ley. Los judíos le respondieron: A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie. [32] Así se cumplía la palabra que Jesús había dicho al señalar de qué muerte había de morir.
[33] Pilato entró de nuevo en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? [34] Jesús contestó: ¿Dices esto por ti mismo, o te lo han dicho otros de mí? [35] Pilato respondió: ¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los pontífices te han entregado a mí: ¿qué has hecho? [36] Jesús respondió: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores lucharían para que no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. [37] Pilato le dijo: ¿Luego, tú eres Rey? Jesús contestó: Tú lo dices: yo soy Rey. Para esto he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad; todo el que es de la verdad escucha mi voz. [38] Pilato le dijo: ¿Qué es la verdad? Dicho esto, se dirigió de nuevo a los judíos y les dijo: Yo no encuentro en él ninguna culpa. [39] Hay entre vosotros la costumbre de que os suelte uno por la Pascua, ¿queréis, pues, que os suelte al Rey de los judíos? [40] Entonces gritaron de nuevo: A éste no, a Barrabás. Barrabás era un ladrón.


Cap. XIX

[1] Entonces Pilato tomó a Jesús y mandó que lo azotaran. [2] Y los soldados, tejiendo una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y lo vistieron con un manto de púrpura. [3] Y se acercaban a él y le decían: Salve, Rey de los judíos. Y le daban bofetadas.
[4] Pilato salió de nuevo fuera y les dijo: He aquí que os lo saco fuera para que sepáis que no encuentro en él culpa alguna. [5] Jesús, pues, salió fuera llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Y Pilato les dijo: He aquí al hombre. [6] Cuando le vieron los pontífices y los servidores, gritaron: ¡Crucifícalo, crucifícalo! Pilato les respondió: Tomadlo vosotros y crucificadlo pues yo no encuentro culpa en él. [7] Los judíos contestaron: Nosotros tenemos una Ley, y según la Ley debe morir porque se ha hecho Hijo de Dios.
[8] Cuando oyó Pilato estas palabras temió más. [9] Y entró de nuevo en el pretorio y dijo a Jesús: ¿De dónde eres tú? Pero Jesús no le dio respuesta alguna. [10] Pilato le dijo: ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo poder para soltarte y poder para crucificarte? [11] Jesús respondió: No tendrías poder alguno contra mí, si no se te hubiera dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene mayor pecado. [12] Desde entonces Pilato buscaba cómo soltarlo. Pero los judíos gritaban diciendo: Si sueltas a ése no eres amigo del César, pues todo el que se hace rey va contra el César.
[13] Pilato, al oír estas palabras, sacó fuera a Jesús y se sentó en el tribunal, en el lugar llamado Litóstrotos, en hebreo Gabbatá. [14] Era la Parasceve de la Pascua, hacia la hora sexta, y dijo a los judíos: He ahí a vuestro Rey. [15] Pero ellos gritaron: Fuera, fuera, crucifícalo. Pilato les dijo: ¿A vuestro Rey voy a crucificar? Los pontífices respondieron: No tenemos más rey que el César. [16] Entonces se lo entregó para que fuera crucificado. Tomaron, pues, a Jesús; [17] y él, con la cruz a cuestas, salió hacia el lugar llamado de la Calavera, en hebreo Gólgota, [18] donde le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y en el centro Jesús. [19] Pilato escribió el título y lo puso sobre la cruz. Estaba escrito: Jesús Nazareno, el Rey de los judíos. [20] Muchos de los judíos leyeron este título, pues el lugar donde Jesús fue crucificado se hallaba cerca de la ciudad. Y estaba escrito en hebreo, en griego y en latín. [21] Los pontífices de los judíos decían a Pilato: No escribas el Rey de los judíos, sino que él dijo: Yo soy Rey de los judíos. [22] Pilato contestó: Lo que he escrito, escrito está.
[23] Los soldados, después de crucificar a Jesús, tomaron su ropa e hicieron cuatro partes, una para cada soldado, y aparte la túnica; pues la túnica no tenía costuras, estaba toda ella tejida de arriba abajo. [24] Se dijeron entonces entre sí: No la rasguemos, sino echémosla a suerte a ver a quién le toca. Para que se cumpliera la Escritura que dice: Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica. Y así lo hicieron los soldados.
[25] Estaban junto a la cruz de Jesús su madre y la hermana de su madre, María de Cleofás, y María Magdalena. [26] Jesús, viendo a su madre y al discípulo a quien amaba, que estaba allí, dijo a su madre: Mujer, he ahí a tu hijo. [27] Después dice al discípulo: He ahí a tu madre. Y desde aquel momento el discípulo la recibió en su casa.
[28] Después de esto, sabiendo Jesús que todo estaba ya consumado, para que se cumpliera la Escritura, dijo: Tengo sed. [29] Había allí un vaso lleno de vinagre. Sujetaron una esponja empapada en el vinagre a una caña de hisopo y se la acercaron a la boca. [30] Jesús, cuando probó el vinagre, dijo: Todo está consumado. E inclinando la cabeza entregó el espíritu.
[31] Como era la Parasceve, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, pues aquel sábado era un día grande, los judíos rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los quitasen. [32] Vinieron los soldados y quebraron las piernas al primero y al otro que había sido crucificado con él. [33] Pero cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, [34] sino que uno de los soldados le abrió el costado con la lanza, y al instante brotó sangre y agua. [35] El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice la verdad para que también vosotros creáis. [36] Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: No le quebrantarán ni un hueso. [37] Y también otro pasaje de la Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.
[38] Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque ocultamente por temor a los judíos, rogó a Pilato que le dejara retirar el cuerpo de Jesús. Y Pilato se lo permitió. Vino, pues, y retiró su cuerpo. [39] Nicodemo, el que había ido antes a Jesús de noche, vino también trayendo una mezcla de mirra y áloe, como de cien libras. [40] Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos, con los aromas, como es costumbre dar sepultura entre los judíos. [41] En el lugar donde fue crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo en el que todavía no había sido sepultado nadie. [42] Como era la Parasceve de los judíos y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.


Cap. XX
APARICIONES DE JESUS RESUCITADO


[1] El día siguiente al sábado, al amanecer, cuando todavía estaba oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio quitada la piedra del sepulcro; [2] entonces echó a correr, fue a Simón Pedro y al otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: Se han llevado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde lo han puesto. [3] Salió Pedro con el otro discípulo y fueron al sepulcro.
[4] Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro. [5] Se inclinó y vio allí los lienzos plegados, pero no entró. [6] Llegó tras él Simón Pedro, entró en el sepulcro y vio los lienzos plegados, [7] y el sudario que había sido puesto en su cabeza, no plegado junto con los lienzos, sino aparte, todavía enrollado, en un sitio. [8] Entonces entró también el otro discípulo que había llegado antes al sepulcro, vio y creyó. [9] No entendían aún la Escritura según la cual era preciso que resucitara de entre los muertos. [10] Los discípulos se volvieron de nuevo a casa.
[11] María estaba fuera llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, [12] y vio a dos ángeles de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies, donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. [13] Ellos dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les respondió: Se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.
[14] Dicho esto, se volvió hacia atrás y vio a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús. [15] Le dijo Jesús: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si te lo has llevado tú, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré. [16] Jesús le dijo: ¡María! Ella, volviéndose, exclamó en hebreo: ¡Rabbuni!, que quiere decir Maestro. [17] Jesús le dijo: Suéltame, que aún no he subido a mi Padre; pero vete a mis hermanos y diles: subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. [18] Fue María Magdalena y anunció a los discípulos: ¡He visto al Señor!, y me ha dicho estas cosas.
[19] Al atardecer de aquel día, el siguiente al sábado, estando cerradas las puertas del lugar donde se habían reunido los discípulos por miedo a los judíos, vino Jesús, se presentó en medio de ellos y les dijo: La paz sea con vosotros. [20] Y dicho esto les mostró las manos y el costado. Al ver al Señor se alegraron los discípulos. [21] Les dijo de nuevo: La paz sea con vosotros. Como el Padre me envió así os envío yo. [22] Dicho esto sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo; [23] a quienes les perdonéis los pecados, les son perdonados; a quienes se los retengáis, les son retenidos.
[24] Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. [25] Los otros discípulos le dijeron: ¡Hemos visto al Señor! Pero él les respondió: Si no veo la señal de los clavos en sus manos, y no meto mi dedo en esa señal de los clavos y mi mano en su costado, no creeré.
[26] A los ocho días, estaban de nuevo dentro sus discípulos y Tomás con ellos. Estando las puertas cerradas, vino Jesús, se presentó en medio y dijo: La paz sea con vosotros. [27] Después dijo a Tomás: Trae aquí tu dedo y mira mis manos, y trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente. [28] Respondió Tomás y le dijo: ¡Señor mío y Dios mío! [29] Jesús contestó: Porque me has visto has creído; bienaventurados los que sin haber visto han creído.
[30] Muchos otros milagros hizo también Jesús en presencia de sus discípulos, que no han sido escritos en este libro. [31] Estos, sin embargo, han sido escritos para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.


Cap. XXI

[1] Después se apareció de nuevo Jesús a sus discípulos junto al mar de Tiberíades. Se apareció así: [2] estaban juntos Simón Pedro y Tomás, llamado Dídimo, Natanael, que era de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. [3] Les dijo Simón Pedro: Voy a pescar. Le contestaron: Vamos también nosotros contigo. Salieron, pues, y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada.
[4] Llegada ya la mañana, se presentó Jesús en la orilla; pero sus discípulos no sabían que era Jesús. [5] Les dijo Jesús: Muchachos, ¿tenéis algo de comer? Le contestaron: No. [6] El les dijo: Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis. La echaron, y ya no podían sacarla por la gran cantidad de peces. [7] Aquel discípulo a quien amaba Jesús dijo a Pedro: ¡Es el Señor! Al oír Simón Pedro que era el Señor se ciñó la túnica, porque estaba desnudo, y se echó al mar. [8] Los otros discípulos vinieron en la barca, pues no estaban lejos de tierra, sino a unos doscientos codos, arrastrando la red con los peces.
[9] Cuando descendieron a tierra vieron unas brasas preparadas, un pez puesto encima y pan. [10] Jesús les dijo: Traed algunos de los peces que habéis pescado ahora. [11] Subió Simón Pedro y sacó a tierra la red llena de ciento cincuenta y tres peces grandes. Y aunque eran tantos no se rompió la red. [12] Jesús les dijo: Venid y comed. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Tú quién eres?, pues sabían que era el Señor.
[13] Vino Jesús, tomó el pan y lo distribuyó entre ellos, y lo mismo el pez. [14] Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos, después de resucitar de entre los muertos.
[15] Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor, tú sabes que te amo. Le dijo: Apacienta mis corderos. [16] De nuevo le preguntó por segunda vez: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Le respondió: Sí, Señor, tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. [17] Le preguntó por tercera vez: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Pedro se entristeció porque le preguntó por tercera vez si le amaba, y le respondió: Señor, tú lo sabes todo. Tú sabes que te amo. Le dijo Jesús: Apacienta mis ovejas. [18] En verdad, en verdad te digo: cuando eras más joven te ceñías tú mismo e ibas a donde querías; pero cuando envejezcas extenderás tus manos y otro te ceñirá y llevará a donde no quieras. [19] Esto lo dijo indicando con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme.
[20] Volviéndose Pedro vio que le seguía aquel discípulo que Jesús amaba, el que en la cena se había recostado en su pecho y le había preguntado: Señor, ¿quién es el que te entregará? [21] Viéndole Pedro dijo a Jesús: Señor, ¿y éste qué? [22] Jesús le respondió: Si yo quiero que él permanezca hasta que yo vuelva, ¿a ti qué? Tú sígueme. [23] Por eso surgió entre los hermanos el rumor de que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: Si yo quiero que él permanezca hasta que yo vuelva, ¿a ti qué?
[24] Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas y las ha escrito, y sabemos que su testimonio es verdadero. [25] Hay, además, otras muchas cosas que hizo Jesús, y que si se escribieran una por una, pienso que ni aun el mundo podría contener los libros que se tendrían que escribir.