LIBRO DE LAS CRÓNICAS

Desde Adán a los hijos de Noé
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1 Adán, Set, Enós; 2 Quenán, Mahalalel, Iéred; 3 Henoc, Matusalén, Lamec; 4 Noé, Sem, Cam y Jafet.

La descendencia de Jafet

5 Los descendientes de Jafet fueron Gómer, Magog, Madai, Iaván, Túbal, Mésec y Tirás.
6 Los descendientes de Gómer fueron Asquenaz, Rifat y Togarmá. 7 Los descendientes de Iaván fueron Elisá, Tarsis, Quitím y Rodaním.

La descendencia de Cam

8 Los descendientes de Cam fueron Cus, Misraim, Put y Canaán.
9 Los descendientes de Cus fueron Sebá, Javilá, Sabtá, Raemá y Sabtecá. Los descendientes de Raemá fueron Sebá y Dedán. 10 Cus fue padre de Nimrod, que fue el primer guerrero sobre la tierra.
11 Misraim fue padre de los Iuditas, de los anamitas, de los Iahabitas, de los naftujitas, 12 de los patrusitas, de los caslujitas y de los caftoritas, de donde proceden los filisteos. 13 Canaán fue padre de Sidón, su primogénito, y de Jet; 14 también de los jebuseos, de los amorreos, de los guirgasitas, 15 de los jivitas, de los arqueos, de los sineos, 16 de los arvaditas, de los semaritas y de los jamateos.

La descendencia de Sem

17 Los descendientes de Sem fueron Elám, Asur, Arpaxad, Lud y Arám. Los descendientes de Arám fueron Us, Jul, Guéter y Mésec.
18 Arpaxad fue padre de Sélaj y este fue padre de Eber. 19 Eber tuvo dos hijos; el nombre del primero era Péleg, porque fue en su tiempo cuando se dividió la tierra. Su hermano se llamaba Ioctán.
20 Ioctán fue padre de Almodad, Sélef, Jasarmávet, Iéraj, 21 Hadorám, Uzal, Diclá, 22 Ebal, Abimael, Sabá, 23 Ofir, Javilá y Iobab. Todos estos fueron descendientes de Ioctán.

De Sem a Abraham

24 Sem, Arpaxad, Sélaj, 25 Pélej, Reú, 26 Serug, Najor, Téraj, 27 Abrám, o sea, Abraham. 28 Los hijos de Abraham fueron Isaac e Ismael. 29 Esta fue su descendencia:

La descendencia de Ismael

El primogénito de Ismael fue Nebaiot; luego, Quedar, Abdeel, Mibsám, 30 Mismá, Dumá, Masá, Jadad, Temá, 31 Ietur, Nafis y Quedmá. Estos son los hijos de Ismael.
32 Descendientes de Queturá, concubina de Abraham: ella dio a luz a Zimrán, Iocsán, Medán, Madián, Isbac y Súaj. Los hijos de Iocsán fueron Sabá y Dedán. 33 Los hijos de Madián fueron Efá, Efer, Henoc, Abidá y Eldaá. Todos estos son descendientes de Queturá.

La descendencia de Isaac y Esaú

34 Abraham fue padre de Isaac. Los hijos de Isaac fueron Esaú e Israel.
35 Los descendientes de Esaú fueron Elifaz, Reuel, Ieús, Iaelám y Coré. 36 Los hijos de Elifaz fueron Temán, Omar, Sefí, Gaetám, Quenaz, Timná y Amalec. 37 Los hijos de Reuel fueron Nájat, Zéraj, Samá y Mizá.

La descendencia de Seír

38 Los descendientes de Seír fueron Lotán, Sobal, Sibeón, Aná, Disón, Eser y Disán. 39 Los hijos de Lotán fueron Jorí y Homám; y la hermana de Lotán fue Timná. 40 Los hijos de Sobal fueron Alián, Manájat, Ebal, Sefí y Onám. Los hijos de Sibeón fueron Aiá y Aná. 41 Los descendientes de Aná fueron Disón y sus hijos, a saber, Jamrán, Esbán, Itrán y Querán. 42 Los hijos de Eser fueron Bilhán, Zaaván y Iaacán. Los hijos de Disán fueron Us y Arán.

Los reyes de Edóm

43 Los reyes que reinaron en Edóm antes que los israelitas tuvieran un rey son los siguientes:
Bela, hijo de Beor, reinó en Edóm, y el nombre de su ciudad era Dinhabá. 44 Cuando murió Bela, lo sucedió Iobab, hijo de Zéraj, de Bosrá. 45 Cuando murió Iobab, lo sucedió Jusám, del país de los temanitas. 46 Cuando murió Jusám, lo sucedió Hadad, hijo de Bedad, el que derrotó a Madián en el campo de Moab; el nombre de su ciudad era Avit. 47 Cuando murió Hadad, lo sucedió Samlá, de Masrecá. 48 Cuando murió Samlá, lo sucedió Saúl, de Rejobot del Río. 49 Cuando murió Saúl, lo sucedió Baal Janán, hijo de Acbor. 50 Cuando murió Baal Janán, hijo de Acbor, lo sucedió Hadad; el nombre de su ciudad era Pai, y el nombre de su mujer, Mehetabel, hija de Matred, que a su vez, era hija de Mezahab.

Los caudillos de los edomitas

51 Murió Hadad, y hubo caudillos en Edóm: el caudillo Timná, el caudillo Aliá, el caudillo Ietet, 52 el caudillo Oholibamá, el caudillo Elá, el caudillo Pinón, 53 el caudillo Quenaz, el caudillo Temán, el caudillo Mibsar, 54 el caudillo Magdiel, el caudillo Irám. Estos fueron los caudillos de Edóm.

Los hijos de Israel
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1 Estos son los hijos de Israel: Rubén, Simeón, Leví y Judá, Isacar y Zabulón, 2 Dan, José y Benjamín, Neftalí, Gad y Aser.
La descendencia de Judá
3 Los descendientes de Judá fueron Er, Onán y Selá; los tres le nacieron de la hija de Suá, la cananea. Er, el primogénito de Judá, era malo a los ojos del Señor, y el Señor le quitó la vida. 4 Tamar, la nuera de Judá, tuvo de él a Peres y a Zéraj. Los hijos de Judá fueron cinco en total.
5 Los hijos de Peres fueron Jesrón y Jamul.
6 Los hijos de Zéraj fueron Zimrí, Etán, Hemán, Calcol y Dardá: cinco en total.
7 El hijo de Carmí fue Acar, que perturbó a Israel por haber violado el anatema.
8 El hijo de Etán fue Azarías.

Los orígenes de David

9 Los hijos que tuvo Jesrón fueron Ierajmeel, Ram y Quelubai.
10 Ram fue padre de Aminadab; Aminadab fue padre de Najsón, príncipe de los hijos de Judá. 11 Najsón fue padre de Salmá; Salmá fue padre de Booz. 12 Booz fue padre de Obed; Obed fue padre de Jesé. 13 Jesé fue padre de Eliab, su primogénito; de Abinadab, su segundo hijo; de Simeá, el tercero; 14 de Natanael, el cuarto; de Radai, el quinto; 15 de Osém, el sexto; de David, el séptimo. 16 Sus hermanas fueron Seruiá y Abigail. Los hijos de Seruiá fueron Abisai, Joab y Asahel: tres en total. 17 Abigail dio a luz a Amasá, cuyo padre fue Iéter el ismaelita.

La descendencia de Caleb

18 Caleb, hijo de Jesrón, tuvo hijos con Azubá, su mujer, y con Ieriot. Sus hijos fueron Ieser, Sobab y Ardón. 19 Cuando murió Azubá, Caleb tomó por esposa a Efratá, y de ella le nació Jur. 20 Jur fue padre de Urí, y Urí fue padre de Besalel.
21 Después Jesrón se unió a la hija de Maquir, padre de Galaad. Él tenía sesenta años cuando la tomó por esposa, y de ella le nació Segub. 22 Segub fue padre de Iaír, el cual fue dueño de veintitrés ciudades en el país de Galaad, 23 pero Guesur y Arám le quitaron los campamentos de Iaír, y además, Quenat y sus poblados: sesenta ciudades en total. Todos ellos eran descendientes de Maquir, padre de Galaad. 24 Cuando murió Jesrón, Caleb se unió a Efratá, la esposa de su padre Jesrón, y de ella nació Asjur, padre de Técoa.

La descendencia de Lerajmeel

25 Los descendientes de Lerajmeel, el primogénito de Jesrón fueron Ram, su primogénito, Buná, Orén, Osém y Ajías. 26 Ierajmeel tuvo otra mujer, llamada Atará, que fue la madre de Onám.
27 los hijos de Ram, el primogénito de Ierajmeel, fueron Maás, Iamín y Equer.
28 Los hijos de Onám fueron Samai y Iadá; los hijos de Samai fueron Nadab y Abisur. 29 La esposa de Abisur se llamaba Abiháil, y ella dio a luz a Ajbán y Molid. 30 Los hijos de Nadab fueron Séled y Apaim. Séled murió sin tener hijos, 31 y el hijo de Apaim fue Isei. El hijo de Isei fue Sesán, y el hijo de Sesán, Ajlai. 32 Los hijos de Iadá, el hermano de Samai, fueron Iéter y Jonatán. Iéter murió sin tener hijos, 33 y los hijos de Jonatán fueron Pélet y Zazá. Estos fueron los descendientes de Lerajmeel.
34 Sesán no tuvo hijos, sino hijas; él tenía también un esclavo egipcio que se llamaba Iarjá, 35 a quien dio como esposa a una de sus hijas, y esta fue madre de Atai. 36 Atai fue padre de Natán; Natán fue padre de Zabad; 37 Zabad fue padre de Eflal; Eflal fue padre de Obed; 38 Obed fue padre de Jehú; Jehú fue padre de Azarías; 39 Azarías fue padre de Jeles; Jeles fue padre de Elasá; 40 Elasá fue padre de Sismai; Sismai fue padre de Salúm; 41 Salúm fue padre de Iecamías; Iecamías fue padre de Elisamá.

Otros descendientes de Caleb

42 Los descendientes de Caleb, el hermano de Ierajmeel, fueron los siguientes: Mesá, su primogénito, que fue padre de Zif, y los hijos de Maresá, padre de Hebrón. 43 Los hijos de Hebrón fueron Coré, Tapúaj, Réquem y Semá. 44 Semá fue padre de Rájam, el padre de Iorqueam; Réquem fue padre de Samai. 45 El hijo de Samai fue Maón, y Maón fue padre de Bet Sur.
46 Efá, la concubina de Caleb, dio a luz a Jarán, Mosá y Gazéz; Jarán fue padre de Gazéz.
47 Los hijos de Iahdai fueron Reguém, Jotám, Guesán, Pélet, Efá y Sáaf.
48 Maacá, la concubina de Caleb, dio a luz a Séber y a Tirjaná. 49 También dio a luz a Sáaf, el padre de Madmaná, y a Sevá, el padre de Macbená y de Guibeá.

La hija de Caleb fue Acsá.

50 Estos fueron los hijos de Caleb.

La descendencia de Jur

Los descendientes de Jur, el primogénito de Efratá, fueron Sobal, padre de Quiriat Iearim; 51 Salmá, padre de Belén; Járef, padre de Bet Gader. 52 Los descendientes de Sobal, el padre de Quiriat Iearim, fueron Haroé –es decir, la mitad de los manajatitas– 53 y los clanes de Quiriat Iearim, a saber, los itríes, los putíes, los sumatíes y los misraíes. De ellos proceden los soratíes y los de Estaol.
54 Los descendientes de Salmá fueron Belén y los netofatíes, Atrot Bet Joab –la otra mitad de los manajatitas– los soríes, 55 los clanes de los sofríes que habitaban en Iabés, los tiratíes, los simatíes y los sucatíes. Estos son los quenitas, descendientes de Jamat, padre de la casa de Recab.

La descendencia de David
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1 Estos son los hijos que le nacieron a David en Hebrón: Amnón, hijo de Ajinóam, de Izreel, su primogénito; Daniel, hijo de Abigail de Carmel, su segundo hijo; 2 Absalón, hijo de Maacá, hija de Talmai, rey de Guesur, el tercero; Adonías, hijo de Jaguit, el cuarto; 3 Sefatías, hijo de Abital, el quinto; Itream, hijo de su esposa Eglá, el sexto. 4 Estos seis hijos le nacieron a David en Hebrón, donde reinó siete años y seis meses.
Además, David reinó en Jerusalén treinta y tres años, 5 y estos son los hijos que le nacieron en Jerusalén: Simeá, Sobab, Natán y Salomón, los cuatro hijos de Betsabé, hija de Amiel. 6 También Ibjar, Elisamá, Elifélet, 7 Nogá, Néfeg, Iafía, 8 Elisamá, Eliadá, Elifélet, o sea, nueve.
9 Estos son todos los hijos de David, sin contar los hijos de sus concubinas. La hermana de ellos fue Tamar.

Los reyes de Judá

10 El hijo de Salomón fue Roboám; el hijo de Roboám, Abías; el hijo de Abías, Asá; el hijo de Asá, Josafat; 11 el hijo de Josafat, Jorám; el hijo de Jorám, Ocozías; el hijo de Ocozías, Joás; 12 el hijo de Joás, Amasías; el hijo de Amasías, Azarías; el hijo de Azarías, Jotám; 13 el hijo de Jotám, Acaz; el hijo Acaz, Ezequías; el hijo de Ezequías, Manasés; 14 el hijo de Manasés, Amón; el hijo de Amón, Josías. 15 Los hijos de Josías fueron Iojanán, su primogénito; Joaquím su segundo hijo; Sedecías, el tercero; y Salúm, el cuarto. 16 Los hijos de Joaquím fueron Jeconías y Sedecías.

El linaje davídico después del exilio

17 Los descendientes de Jeconías, el prisionero, fueron Sealtiel, 18 Malquiram, Pedaías, Senasar, Iecamías, Hosamá y Nedabías. 19 Los hijos de Pedaías fueron Zorobabel y Simei; los hijos de Zorobabel, Mesulám, Jananías, y Selomit, hermana de ellos. 20 Los hijos de Mesulám, Jasubá, Ohel, Berequías, Jasadías y Iusab Jésed: cinco en total. 21 El hijo de Jananías fue Pelatías; el hijo de Pelatías, Isaías; el hijo de Isaías, Refaías; el hijo de Refaías, Arnán; el hijo de Arnán, Abdías; el hijo de Abdías, Secanías. 22 Los hijos de Secanías fueron Semaías, Jatús, Igal, Baríaj, Nearías y Safat: seis en total. 23 Los hijos de Nearías fueron Elioenai, Ezequías, Azricam: tres en total. 24 Los hijos de Elioenai fueron Hodaías, Eliasib, Pelaías, Acub, Iojanán, Delaías y Ananí: siete en total.

Fragmentos genealógicos sobre la familia de Judá
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1 Los descendientes de Judá fueron Peres, Jesrón, Carmí, Jur y Sobal.
2 Reaías, hijo de Sobal, fue padre de Iájat; Iájat fue padre de Ajumai y de Lahad. Estas son las familias de los soreatitas.
3 Los descendientes de Etám fueron Izreel, Ismá e Ibdás. Su hermana se llamaba Haslelponí.
4 Penuel fue padre de Guedor, y Ezer padre de Jusá.
Estos son los hijos de Jur, el primogénito de Efratá, padre de Belén.
5 Asjur, padre de Técoa, tuvo dos esposas: Jelá y Naará.
6 Naará dio a luz a Ajuzam, a Jéfer, a los timnitas y a los ajastaritas. Estos son los hijos de Naará.
7 Los hijos de Jelá fueron Séret, Sójar y Etnán.
8 Cos fue padre de Anub, de Hasobebá, y de las familias de Ajarjel, hijo de Harum. 9 Pero Iabés fue más célebre que sus hermanos, y su madre le puso el nombre de Iabés, diciendo: "Di a luz con dolor". 10 Iabés invocó al Dios de Israel, exclamando: "Si me bendices verdaderamente, ensancharás mis fronteras, tu mano estará conmigo y alejarás el mal para que desaparezca mi aflicción". Y Dios le concedió lo que él había pedido.

Otros descendientes de Caleb

11 Quelub, hermano de Sujá, fue padre de Mejir, que fue a su vez padre de Estón. 12 Estón fue padre de Bet Rafá, de Paseáj, y de Tejiná, el padre de Ir Najás. Estos son los hombres de Recá.
13 Los hijos de Quenaz fueron Otniel y Seraías; los hijos de Otniel, Jatat y Meonatai. 14 Meonatai fue padre de Ofrá, y Seraías fue padre de Joab, fundador del valle de los Herreros, porque eran herreros.
15 Los hijos de Caleb, hijo de Iefuné, fueron Irú, Elá y Náam. El hijo de Elá fue Quenaz.
16 Los hijos de Iehalelel fueron Zif, Zifá, Tiriá y Asarel.
17 Los hijos de Ezrá fueron Iéter, Méred, Efer y Ialón. Bitía dio a luz a Miriam, a Samai, y a Isbaj, padre de Estemoa. 18 La mujer de Estemoa, la de Judá, dio a luz a Iéred, padre de Guedor, a Héber, padre de Socó, y a Iecutiel, padre de Zanóaj. Estos son los hijos de Bitía, la hija del Faraón, que Méred había tomado por esposa.
19 También tuvo hijos la mujer de Odías, hermana de Nájam, padre de Queilá, el garmita, y de Estemoa, el maacatita.
20 Los hijos de Simón fueron Amnón, Riná, Ben Janán y Tilón.
Los hijos de Isei fueron Zójet y Ben Zójet.

La descendencia de Selá

21 Los descendientes de Selá, hijo de Judá, fueron Er, padre de Lecá, Ladá padre de Maresá, y las familias de los que trabajan el lino en Bet Asbea. 22 Ioquim, los hombres de Cozebá, Joás y Saraf se casaron en Moab, antes de volver a Belén. Estos son hechos muy antiguos. 23 Ellos eran alfareros y habitaban en Netaím y Guederá; vivían allí con el rey, trabajando a su servicio.
La descendencia de Simeón
24 Los descendientes de Simeón fueron Nemuel, Iamín, Iarib, Zéraj y Saúl. 25 El hijo de Saúl fue Salúm; el hijo de Salúm, Mibsám; el hijo de Mibsám, Mismá; 26 el hijo de Mismá, Jamuel; el hijo de Jamuel, Zacur; el hijo de Zacur, Simei. 27 Simei tuvo dieciséis hijos y seis hijas; pero sus hermanos no tuvieron muchos hijos, y todos sus clanes no fueron tan numerosos como los descendientes de Judá.
28 Ellos habitaban en Berseba, Moladá, Jasar Sual, 29 Bilhá, Esem, Tolad, 30 Betuel, Jormá, Siquelag, 31 Bet Marcabot, Jasar Susím, Bet Birí y Saaraim. Estas fueron sus ciudades hasta el reinado de David. 32 Sus poblados fueron Etám, Ain, Rimón, Toquén y Asán –cinco ciudades en total– 33 y todos los poblados que están alrededor de aquellas ciudades, hasta Baalat. Allí habitaron y fueron registrados por grupos.
34 Mesobab, Iamlec, Iosá, hijo de Amasías; 35 Joel, Jehú, hijo de Iosibías, hijo de Seraías, hijo de Asiel; 36 Elioenai, Iaacobá, Iesojaías, Asaías, Adiel, Iesimiel y Benaías; 37 Zizá, hijo de Sifí, hijo de Alón, hijo de Iedaías, hijo de Simrí, hijo de Semaías: 38 todos estos que han sido mencionados por sus nombres, fueron jefes en sus clanes, y sus familias se multiplicaron considerablemente. 39 Se dirigieron a la entrada de Guerar, hasta el oriente del valle, buscando pastos para sus ganados. 40 Y hallaron pastos abundantes y buenos, y una tierra espaciosa, tranquila y segura, porque antes habían vivido allí los descendientes de Cam.
41 Los que fueron mencionados por sus nombres, llegaron en tiempos de Ezequías, rey de Judá, y destruyeron los campamentos de los descendientes de Cam y los refugios que allí se encontraban, consagrándolos al exterminio total hasta el día de hoy. Allí se establecieron en lugar de ellos, porque había pasto para sus ganados.
42 Algunos de los hijos de Simeón –quinientos hombres– fueron a la montaña de Seír, siendo sus jefes Pelatías, Nearías, Refaías y Uziel, hijos de Isei; 43 y después de derrotar al resto de Amalec, que había huido, habitaron allí hasta el día de hoy.

La descendencia de Rubén
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1 Descendientes de Rubén, el primogénito de Israel. Rubén fue el primero en nacer, pero como profanó el lecho de su padre, su primogenitura fue entregada a los hijos de José, el hijo de Israel, y no fue inscrito en las genealogías como el primogénito. 2 Judá, en efecto, prevaleció entre sus hermanos y de él procede el Príncipe; pero la primogenitura pertenece a José.
3 Los descendientes de Rubén, el primogénito de Israel, fueron Henoc, Palú, Jesrón y Carmí.

La descendencia de Joel

4 El hijo de Joel fue Semaías; el hijo de Semaías, Gog; el hijo de Gog, Simei; 5 el hijo de Simei, Micá; el hijo de Micá, Reaías; el hijo de Reaías, Baal; 6 el hijo de Baal, Beerá, a quien Tiglat Piléser, rey de Asiria, llevó cautivo. Este era jefe de los Rubenitas.
7 Sus hermanos, agrupados por familias según sus genealogías, eran Ieiel, el primero, luego Zacarías, 8 y Belá, hijo de Azaz, hijo de Sema, hijo de Joel.
Estos habitaban en Aroer y se extendían hasta Nebo y Baal Meón. 9 También se extendían hacia el oriente, hasta el borde del desierto que limita con el río Éufrates, porque sus ganados se habían multiplicado en la tierra de Galaad.
10 En tiempos de Saúl combatieron contra los agareos, y estos cayeron en sus manos. Así ocuparon sus campamentos por toda la parte oriental de Galaad.

La descendencia de Gad

11 Los hijos de Gad habitaban frente a ellos en la tierra de Basán hasta Salcá. 12 Joel fue el primero que se estableció en Basán; Sefán, el segundo; luego lo hicieron Ianai y Safat.
13 Sus hermanos, agrupados por familias, fueron Micael, Mesulám, Sebá, Iorai, Iacán, Zía y Héber: siete en total.
14 Estos son los hijos de Abijáil, hijo de Jurí, hijo de Iaróaj, hijo de Guilad, hijo de Micael, hijo de Iesisai, hijo de Iajdó, hijo de Buz. 15 Ají, hijo de Abdiel, hijo de Guní, era jefe de sus familias.
16 Ellos habitaban en Galaad, en Basán y sus poblados, y en todos los campos de pastoreo de Sarón, hasta sus confines. 17 Todos ellos fueron registrados en tiempos de Jotám, rey de Judá, y de Jeroboám, rey de Israel.
18 Los hijos de Rubén, los de Gad y la mitad de la tribu de Manasés, eran muy valientes, llevaban escudo y espada y manejaban el arco. Los que estaban adiestrados para la guerra formaban un ejército de cuarenta y cuatro mil setecientos sesenta hombres. 19 Ellos combatieron contra los agareos, contra Ietur, Nafís y Nodab, 20 y Dios los ayudó, de tal manera que los agareos y todos los que estaban con ellos, cayeron en sus manos: en el combate invocaron a Dios y él les fue propicio, porque confiaban en él. 21 Así lograron capturar sus ganados –cincuenta mil camellos, doscientas cincuenta mil ovejas, dos mil asnos– además de cien mil personas. 22 Como era Dios el que combatía a favor de ellos, dieron muerte a muchos enemigos y ocuparon su lugar hasta el exilio.

La mitad de la tribu de Manasés

23 Los hijos de la mitad de la tribu de Manasés se establecieron en el país, desde Basán hasta Baal Hermón, Senir y la montaña del Hermón. Ellos eran muy numerosos.
24 Estos son los jefes de sus familias: Efer, Isei, Eliel, Azriel, Jeremías, Hodavías y Iajdiel, hombres valientes y jefes famosos de sus respectivas familias.
25 Pero fueron infieles al Dios de sus padres, y se prostituyeron siguiendo a los dioses de los pueblos del país que Dios había destruido delante de ellos. 26 Por eso, el Dios de Israel suscitó contra ellos a Pul, es decir, a Tiglat Pileser, y este deportó a los rubenitas, a los gaditas y a la mitad de la tribu de Manasés, y los llevó a Jalaj, Jabor, Jará y al río Gozán, hasta el día de hoy.
La descendencia de Leví: Aarón y sus descendientes
27 Los descendientes de Leví fueron Gersón, Quehat, y Merarí. 28 Los hijos de Quehat fueron Amrám, Ishar, Hebrón y Uziel. 29 Los hijos de Amrám fueron Aarón, Moisés y Miriam. Los hijos de Aarón fueron Nadab, Abihú, Eleazar e Itamar.
30 Eleazar fue padre de Pinjás; Pinjás fue padre de Abisúa; 31 Abisúa fue padre de Buquí; Buquí fue padre de Uzí; 32 Uzí fue padre de Zerajías; Zerajías fue padre de Meraiot; 33 Meraiot fue padre de Amarías; Amarías fue padre de Ajitub; 34 Ajitub fue padre de Sadoc; Sadoc fue padre de Ajimáas; 35 Ajimáas fue padre de Azarías; Azarías fue padre de Iojanán; 36 Iojanán fue padre de Azarías, el cual ejerció el sacerdocio en el Templo que Salomón edificó en Jerusalén; 37 Azarías fue padre de Amarías; Amarías fue padre de Ajitub; 38 Ajitub fue padre de Sadoc; Sadoc fue padre de Salúm; 39 Salúm fue padre de Jilquías; Jilquías fue padre de Azarías; 40 Azarías fue padre de Seraías ; Seraías fue padre de Iehosadac; 41 Iehosadac fue al destierro, cuando el Señor deportó a los habitantes de Judá y de Jerusalén por medio de Nabucodonosor.

Otros descendientes de Leví
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1 Los descendientes de Leví fueron Gersón, Quehat y Merarí.
2 Los nombres de los hijos de Gersón son los siguientes: Libní y Simí. 3 Los hijos de Quehat fueron Amrám, Ishar, Hebrón y Uziel. 4 Los hijos de Merarí fueron Majlí y Musí. Estas son las familias de los levitas, agrupadas según sus padres.
5 El hijo de Gersón fue Libní; el hijo de Libní, Iájat; el hijo de Iájat, Zimá; 6 el hijo de Zimá, Ioaj; el hijo de Ioaj, Idó; el hijo de Idó, Zéraj; el hijo de Zéraj, Ieotrai.
7 El hijo de Quehat fue Aminadab; el hijo de Aminadab, Coré; el hijo de Coré, Asir; 8 el hijo de Asir, Elcaná; el hijo de Elcaná, Ebiasaf; el hijo de Ebiasaf, Asir; 9 el hijo de Asir, Tájat; el hijo de Tájat, Uriel; el hijo de Uriel, Ozías; el hijo de Ozías, Saúl. 10 Los hijos de Elcaná fueron Amasai y Ajimot. 11 El hijo de Ajimot fue Elcaná; el hijo de Elcaná, Sofai; el hijo de Sofai, Nájat; 12 el hijo de Nájat, Eliab; el hijo de Eliab, Ierojám; el hijo de Ierojám, Elcaná; el hijo de Elcaná, Samuel. 13 Los hijos de Samuel fueron Joel, el primogénito, y Abías, el segundo.
14 El hijo de Merarí fue Majlí; el hijo de Majlí, Libní; el hijo de Libní, Simei; el hijo de Simei, Uzá; 15 el hijo de Uzá, Simá; el hijo de Zimá, Jaguías; el hijo de Jaguías, Asaías.

Los cantores y sus familias

16 Estos son los cantores que puso David para dirigir el canto en la Casa del Señor, desde que el Arca descansó en ella. 17 Ellos servían como cantores ante la Morada –la Carpa del Encuentro– hasta que Salomón edificó el Templo del Señor en Jerusalén, y prestaban servicio conforme a su reglamento.
18 Los que ejercían ese ministerio y sus hijos son los siguientes:
De los descendientes de Quehat: Hemán el cantor, hijo de Joel, hijo de Samuel, 19 hijo de Elcaná, hijo de Ierojám, hijo de Eliel, hijo de Tóaj, 20 hijo de Suf, hijo de Elcaná, hijo de Májat, hijo de Amasai, 21 hijo de Elcaná, hijo de Joel, hijo de Azarías, hijo de Sefanías, 22 hijo de Tájat, hijo de Asir, hijo de Ebiasaf, hijo de Coré, 23 hijo de Ishar, hijo de Quehat, hijo de Leví, hijo de Israel.
24 Además, su hermano Asaf, que asistía a su derecha. Asaf era hijo de Berequías, hijo de Simá, 25 hijo de Micael, hijo de Baasías, hijo de Malquías, 26 hijo de Etní, hijo de Zéraj, hijo de Adaías, 27 hijo de Etán, hijo de Zimá, hijo de Simei, 28 hijo de Iájat, hijo de Gersón, hijo de Leví.
29 Los hijos de Merarí, sus hermanos, que asistían a su izquierda: eran Etán, hijo de Quisí, hijo de Abdí, hijo de Maluc, 30 hijo de Jasabías, hijo de Amasías, hijo de Jilquías, 31 hijo de Amsí, hijo de Baní, hijo de Sémer, 32 hijo de Majlí, hijo de Musí, hijo de Merarí, hijo de Leví.

Los levitas y los sacerdotes descendientes de Aarón

33 Sus hermanos, los levitas, estaban encargados de todo el servicio de la Morada de la Casa de Dios. 34 Pero Aarón y sus hijos eran los que quemaban las ofrendas en el altar de los holocaustos y en el altar de los perfumes: ellos se ocupaban de todo lo concerniente a las cosas santísimas y del rito de expiación en favor de Israel, según lo que había ordenado Moisés, el servidor de Dios.
35 El hijo de Aarón fue Eleazar; el hijo de Eleazar, Pinjás; el hijo de Pinjás, Abisúa; 36 el hijo de Abisúa, Buquí; el hijo de Buquí, Uzí; el hijo de Uzí, Zerajías; 37 el hijo de Zerajías, Meraiot; el hijo de Meraiot, Amarías; el hijo de Amarías, Ajitub; 38 el hijo de Ajitub, Sadoc; el hijo de Sadoc, Ajimáas.

Las ciudades levíticas

39 Estos son los lugares de residencia de los descendientes de Aarón, según los límites de sus campamentos:
A los descendientes de Aarón, de la familia de los quehatitas –porque la suerte cayó primero sobre ellos– 40 se les dio Hebrón en el país de Judá, con sus campos de pastoreo vecinos; 41 pero el campo de la ciudad y sus poblados fueron dados a Caleb, hijo de Iefuné. 42 Las ciudades de refugio concedidas a los hijos de Aarón fueron Hebrón, Libná con sus campos de pastoreo; Iatir y Estemoa con sus campos de pastoreo; 43 Jilaz, Debir, 44 Asán y Bet Semes, con sus respectivos campos de pastoreo. 45 Y de la tribu de Benjamín, se les dio Gueba, Alémet y Anatot, con sus respectivos campos de pastoreo. En total, sus ciudades fueron trece, distribuidas según sus familias.

Las ciudades de los otros levitas

46 A los otros hijos de Quehat les dieron por sorteo, conforme a sus familias, diez ciudades de la tribu de Efraím, de la tribu de Dan y de media tribu de Manasés. 47 A los hijos de Gersón, según sus familias, les correspondieron trece ciudades de la tribu de Isacar, de la tribu de Aser, de la tribu de Neftalí y de la tribu de Manasés en el Basán. 48 A los hijos de Merarí, según sus familias, les tocaron en suerte doce ciudades de la tribu de Rubén, de la tribu de Gad y de la tribu de Zabulón.
49 Los israelitas dieron a los levitas estas ciudades con sus campos de pastoreo. 50 Ellos les entregaron, mediante un sorteo, las ciudades de las tribus de Judá, de Simeón y de Benjamín antes mencionadas.
51 A las otras familias de los descendientes de Quehat, les tocaron en suerte ciudades de la tribu de Efraím. 52 Les fueron asignadas las siguientes ciudades de refugio: Siquém, en la montaña de Efraím, Guézer, 53 Iocmeám, Bet Jorón, 54 Aialón y Gat Rimón, con sus respectivos campos de pastoreo. 55 Y de la mitad de la tribu de Manasés les fueron asignadas Aner y Bilán, con sus respectivos campos de pastoreo. Esto es lo que se dio a las familias de los otros hijos de Quehat.
56 A los hijos de Gersón, se les dio: de la mitad de la tribu de Manasés, Golán, en Basán, y Astarot, con sus respectivos campos de pastoreo. 57 De la tribu de Isacar, Cadés, Dobrat, 58 Ramot y Aném, con sus respectivos campos de pastoreo. 59 De la tribu de Aser, Masal, Abdón, 60 Jucoc y Rejob, con sus respectivos campos de pastoreo. 61 De la tribu de Neftalí, Quedes, en Galilea, Jamón y Quiriataim, con sus respectivos campos de pastoreo.
62 A los demás hijos de Merarí, se les dio: de la tribu de Zabulón, Rimón y Tabor, con sus respectivos campos de pastoreo. 63 De la tribu de Rubén, en la otra parte del Jordán, frente a Jericó, al este del Jordán: Béser en el desierto, Iahsa, 64 Quedemot y Mefaat, con sus respectivos campos de pastoreo. 65 De la tribu de Gad, Ramot, en Galaad, Majanaim, 66 Jesbón y Iazer, con sus respectivos campos de pastoreo.

La descendencia de Isacar
7

1 Los descendientes de Isacar fueron Tolá, Puá, Iasub y Simrón: cuatro en total.
2 Los descendientes de Tolá fueron Uzi, Refaías, Ieriel, Iajmai, Ibsam y Samuel, hombres valerosos y jefes de las familias de Tolá; su número, en tiempos de David, según sus listas genealógicas, era de 22.600 hombres.
3 Los descendientes de Uzí fueron Izrajías y los hijos de Izrajías: Micael, Abdías, Joel e Isías: cinco jefes en total. 4 Ellos tenían divisiones armadas para la guerra, registradas por familias según sus listas genealógicas, en número de 36.000 hombres, porque tenían muchas mujeres e hijos. 5 Sus hermanos de todos los clanes de Isacar eran hombres valerosos, 87.000 en total, y todos ellos estaban registrados.

La descendencia de Benjamín

6 Los descendientes de Benjamín fueron Bela, Béquer, Iediael: tres en total.
7 Los descendientes de Bela fueron Esbón, Uzí, Uziel, Ierimot e Irí: cinco en total; eran jefes de familia y hombres valerosos. Todos estaban registrados y su número era de 22.034.
8 Los descendientes de Béquer fueron Zemirá, Joás, Eliezer, Elioenai, Omrí, Ieremot, Abías, Anatot y Alémet; todos estos eran hijos de Béquer. 9 Estaban registrados según sus listas genealógicas y según los jefes de sus familias, y tenían 20.200 hombres valerosos.
10 Los descendientes de Iediael fueron Bilhán y los hijos de Bilhán: Ieús, Benjamín, Ehúd, Quenaaná, Zetán, Tarsis y Ajisájar. 11 Todos estos fueron hijos de Iediael, jefes de familia y hombres valerosos; su número era de 17.200, aptos para combatir en la guerra.
12 Supím y Jupím eran hijos de Ir; Jusím, hijo de Ajer.

La descendencia de Neftalí

13 Los descendientes de Neftalí fueron Iajasiel, Guní, Iéser y Salúm, hijos de Bilhá.

La descendencia de Manasés

14 Los descendientes de Manasés fueron los siguientes: Asriel, que fue hijo de su concubina aramea, la cual dio a luz también a Maquir, padre de Galaad. 15 Maquir le dio una esposa a Jupím y otra a Supím. El nombre de su hermana era Maacá.
El segundo de sus descendientes se llamaba Selofjad, y este no tuvo más que hijas.
16 Maacá, la mujer de Maquir, dio a luz un hijo, a quien llamó Peres. Su hermano se llamaba Seres, y sus hijos Ulám y Réquem. 17 El hijo de Ulám fue Bedán. Estos son los hijos de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés.
18 Su hermana Amolequet dio a luz a Ishod, Abiézer y Majlá.
19 Los hijos de Semidá fueron Ajián, Séquem, Licjí y Aniám.

La descendencia de Efraím

20 El hijo de Efraím fue Sutélaj; el hijo de Sutélaj, Béred; el hijo de Béred, Tájat; el hijo de Tájat, Eleadá; el hijo de Eleadá, Tájat; 21 el hijo de Tájat, Zabad; el hijo de Zabad, Sutélaj.
A otros dos hijos de Efraím –Ezer y Ebad– los mataron los hombres de Gat, nativos del país, porque habían bajado a apoderarse de sus ganados. 22 Su padre estuvo de duelo por ellos durante mucho tiempo, y sus hermanos fueron a consolarlo. 23 Después se unió a su mujer, la cual concibió y dio a luz un hijo, al que llamó Beriá, por la desgracia que había sufrido su familia. 24 Su hija fue Seerá, que edificó Bet Jorón, la de Arriba y la de Abajo, y Uzén Seerá.
25 Además, su hijo fue Réfaj; el hijo de Réfaj, Résef; el hijo de Résef, Télaj; el hijo de Télaj, Taján; 26 el hijo de Taján, Ladán; el hijo de Ladán, Amihud; el hijo de Amihud, Elisamá; 27 el hijo de Elisamá, Nun; el hijo de Nun, Josué.
28 Su posesión y sus lugares de residencia eran Betel y sus poblados adyacentes; al este, Naarán; al oeste, Guézer y sus poblados adyacentes; y además, Siquém con sus poblados adyacentes, hasta Aiá y sus poblados adyacentes. 29 En poder de los hijos de Manasés estaban Bet Seán, Tanac, Meguido y Dor, todos ellos con sus respectivos poblados adyacentes. En estas ciudades habitaban los hijos de José, hijo de Israel.

La descendencia de Aser

30 Los descendientes de Aser fueron Imná, Isvá, Isví, Beriá y Séraj, la hermana de estos.
31 Los descendientes de Beriá fueron Jéber y Malquiel, que fue padre de Birzait. 32 Jéber fue padre de Iaflet, de Sémer, de Jotán, y de Suá, la hermana de estos.
33 Los descendientes de Iaflet fueron Pasac, Bimhal y Asvat. Estos son los hijos de Iaflet.
34 Los descendientes de su hermano Sémer fueron Rogá, Jubá y Arám.
35 Los descendientes de su hermano Hélem fueron Sofaj, Imná, Seles y Amal. 36 Los descendientes de Sofaj fueron Súaj, Jarnefer, Súal, Berí, Imrá, 37 Béser, Hod, Samá, Silsá, Itrán y Beerá. 38 Los descendientes de Iéter fueron Iefuné, Pispá y Ará.
39 Los descendientes de Ulá fueron Araj, Janiel y Risías.
40 Todos estos fueron descendientes de Aser, jefes de familias, guerreros selectos y valerosos, jefes entre los príncipes. Al ser registrados para el servicio militar, su número alcanzó a 26.000 hombres.
La descendencia de Benjamín
8 1 Benjamín fue padre de Bela, su primogénito; de Asbel, su segundo hijo; de Ajraj, el tercero; 2 de Nojá, el cuarto, y de Rafá, el quinto. 3 Los hijos de Bela fueron Adar, Guerá, padre de Ehúd, 4 Abisuá, Naamán, Ajoaj, 5 Guerá, Sefufán y Jurám.
6 Los hijos de Ehúd, los jefes de familia de los que vivían en Gueba y a los que hicieron emigrar a Manájat, 7 fueron Naamán, Ajías y Guerá. Este los condujo en su emigración, y fue padre de Uzá y Ajijud.
8 Sajaraim tuvo hijos en los campos de Moab, después de haber repudiado a sus mujeres Jusím y Baará. 9 De su nueva mujer le nacieron Iobab, Sibías, Mesá, Malcón, 10 Ieús, Saquías y Mirmá. Estos fueron sus hijos, jefes de familia.
11 De Jusím le habían nacido Abitub y Elpáal. 12 Los hijos de Elpáal fueron Eber, Misán y Sémed, el cual edificó Onó, Lud y sus poblados adyacentes.
13 Beriá y Semá fueron jefes de familia de los habitantes de Aialón, los que obligaron a huir a los habitantes de Gat.
14 Sus hermanos fueron Sesac y Ieremot.

Los benjaminitas de Jerusalén y Gabaón

15 Los hijos de Beriá fueron Zebadías, Arad, Eder, 16 Micael, Ispá y Iojá.
17 Los hijos de Elpáal fueron Zebadías, Mesulám, Jizquí, Jeber, 18 Ismerai, Izlías y Iobab.
19 Los hijos de Simei fueron Iaquím, Zicrí, Zabdí, 20 Elienai, Siletai, Eliel, 21 Adaías, Beraías y Simrat.
22 Los hijos de Sesac fueron Ispán, Eber, Eliel, 23 Abdón, Zicrí, Janán, 24 Ananías, Elám, Antotías, 25 Ifdías y Penuel.
26 Los hijos de Ierojam fueron Samserai, Sejarías, Atalías, 27 Iaaresías, Elías y Zicrí.
28 Estos eran los jefes de familia según sus listas genealógicas, y habitaban en Jerusalén.
29 En Gabaón habitaba Abí Gabaón, cuya esposa se llamaba Maacá. 30 Su hijo primogénito fue Abdón; los otros fueron Sur, Quis, Baal, Ner, Nadab, 31 Guedor, Ajió y Zéquer. 32 Miclot fue padre de Simá. También estos habitaban en Jerusalén, lo mismo que sus hermanos.

Saúl y su familia

33 Ner fue padre de Quis; Quis fue padre de Saúl; Saúl fue padre de Jonatán, Malquisúa, Abinadab y Esbaal. 34 El hijo de Jonatán, fue Meribaal; Meribaal fue padre de Micá. 35 Los hijos de Micá fueron Pitón, Mélec, Tarea y Ajaz. 36 Ajaz fue padre de Iehoadá; Iehoadá fue padre de Alémet, Azmávet y Zimrí; Zimrí fue padre de Mosá; 37 Mosá fue padre de Biná; Biná fue padre de Rafá; Rafá fue padre de Elasá; Elasá fue padre de Asel. 38 Asel tuvo seis hijos, que se llamaban Azricám, Bocrú, Ismael, Searías, Ab-días y Janán. Todos estos fueron hijos de Asel.
39 Los hijos de su hermano Esec fueron : Ulám, el primogénito; Ieús, el segundo; Elifélet, el tercero. 40 Los hijos de Ulám fueron guerreros valerosos y hábiles arqueros tuvieron muchos hijos y nietos: 150 en total.
Todos estos eran descendientes de Benjamín.

Los habitantes de Jerusalén después del destierro
9

1 Cuando fueron deportados a Babilonia por sus infidelidades, todos los israelitas estaban registrados en las listas genealógicas y en el libro de los reyes de Israel y de Judá.
2 Los primeros que volvieron a habitar en sus propiedades y ciudades fueron israelitas, sacerdotes, levitas y empleados del Templo. 3 En Jerusalén habitaron descendientes de Judá, de Benjamín, de Efraím y de Manasés.
4 De los descendientes de Judá: Utai, hijo de Amihud, hijo de Omrí, hijo de Imrí, hijo de Baní, de los hijos de Peres, hijo de Judá. 5 De los silonitas: Asaías, el primogénito, y sus hijos. 6 De los hijos de Zéraj: Ieuel y sus hermanos: 690 en total.
7 De los descendientes de Benjamín: Salú, hijo de Mesulám, hijo de Hodavías, hijo de Hasnuá; 8 Ibneías, hijo de Ierojám; Elá, hijo de Uzí, hijo de Micrí; y Mesulám, hijo de Sefatías, hijo de Reuel, hijo de Ibnías, 9 con sus hermanos, según sus listas genealógicas: 956 en total. Todos estos eran jefes de sus respectivas familias.
10 De los sacerdotes: Iedaías, Iehoiarib, Iaquím; 11 Azarías, hijo de Jilquías, hijo de Mesulám, hijo de Sadoc, hijo de Meraiot, hijo de Ajitub, prefecto de la Casa de Dios; 12 Adaías hijo de Ierojám, hijo de Pasjur, hijo de Malquías; Masai, hijo de Adiel, hijo de Iajzerá, hijo de Mesulám, hijo de Mesilemit, hijo de Imer; 13 y sus hermanos, jefes de sus respectivas familias; 1.760 hombres para el culto de la Casa de Dios.
14 De los levitas: Semaías, hijo de Jasub, hijo de Azricám, hijo de Jasabías, de los hijos de Merarí; 15 Bacbacar, Heres, Galal y Matanías, hijo de Micá, hijo de Zicrí, hijo de Asaf; 16 Abdías, hijo de Semaías, hijo de Galal, hijo de Iedutún; y Berequías, hijo de Asá, hijo de Elcaná, que habitaba en los poblados de los netofatíes.
17 Los porteros eran Salúm, Acub, Talmón, Ajimán y sus hermanos. Salúm era su jefe, 18 y ellos están hasta el presente junto a la puerta del rey, al este. Los porteros del campamento de los hijos de Leví fueron: 19 Salúm, hijo de Coré, hijo de Ebiasaf, hijo de Córaj, y sus hermanos los corajitas, de la misma familia. Ellos se ocupan del culto como guardianes de los umbrales de la Carpa, porque sus padres habían tenido a su cargo la guardia de acceso al campamento del Señor. 20 Antiguamente, su jefe había sido Pinjás, hijo de Eleazar. ¡Que el Señor esté con él! 21 Zacarías, hijo de Meselemías, era portero de la entrada de la Carpa del Encuentro. 22 El total de los elegidos como porteros de los umbrales era de 212, y estaban inscritos en sus poblados. David y Samuel, el vidente, los habían establecido en sus cargos permanentemente. 23 Tanto ellos como sus hijos tenían bajo su custodia la entrada de la Carpa, es decir, de la Casa del Señor. 24 Había porteros en los cuatro puntos cardinales: al este, al oeste, al norte y al sur. 25 Sus hermanos, que habitaban en sus poblados, tenían que ir periódicamente a estar con ellos durante siete días. 26 Los cuatro jefes de los porteros, en cambio, estaban de servicio permanentemente. Estos eran los levitas y tenían a su cargo las cámaras y los tesoros de la Casa de Dios. 27 Pasaban la noche alrededor de la Casa de Dios, porque estaban encargados de custodiarla y tenían que abrirla todas las mañanas.
28 Algunos de ellos tenían el cuidado de los utensilios del culto, y los contaban cada vez que los ponían y los sacaban. 29 Otros tenían a su cuidado los utensilios, todos los vasos sagrados, la harina de las ofrendas, el vino, el aceite, el incienso y los aromas. 30 Pero los que hacían la mezcla de los perfumes aromáticos eran sacerdotes.
31 Matatías, uno de los levitas, el primogénito de Salúm, el coreíta, estaba encargado permanentemente de las ofrendas que se freían en la sartén. 32 Entre los quehatitas, sus hermanos, algunos estaban encargados de preparar cada sábado los panes de la ofrenda.
33 También había cantores, jefes de familias levíticas, que vivían en las habitaciones del templo, exentos de todo otro servicio, porque se ocupaban día y noche de su ministerio.
34 Estos son, según sus listas genealógicas, los jefes de las familias levíticas que habitaban en Jerusalén.

Los orígenes de Saúl

35 En Gabaón habitaban Abí Gabaón y Ieiel, cuya mujer se llamaba Maacá. 36 Su hijo primogénito fue Abdón, y los otros, Sur, Quis, Baal, Ner, Nadab, 37 Guedor, Ajió, Zacarías y Miclot. 38 Miclot fue padre de Simám. También estos habitaban en Jerusalén, lo mismo que sus hermanos.
39 Ner fue padre de Quis. Quis fue padre de Saúl, Saúl fue padre de Jonatán, de Malquisúa, de Abinadab y de Esbaal. 40 El hijo de Jonatán fue Meribaal. Meribaal fue padre de Micá. 41 Los hijos de Micá fueron Pitón, Mélec, Tajrea 42 y Ajaz. Ajaz fue padre de Iará; Iará fue padre de Alémet, de Azmavet y de Zimrí; Zimrí fue padre de Mosá; 43 Mosá fue padre de Biná.
El hijo de Biná fue Refaías; el hijo de Refaías, Elasá; y el hijo de Elasá, Asel. 44 Asel tuvo seis hijos, que se llamaban Azricám, Bocrú, Ismael, Searías, Abdías y Janán. Estos fueron los hijos de Asel.

El desastre de Gelboé y la muerte de Saúl
1 Sam. 31. 1-13
10

1 Los filisteos entablaron combate con Israel. Los hombres de Israel huyeron ante ellos y cayeron heridos de muerte en el monte Gelboé. 2 Los filisteos persiguieron de cerca a Saúl y a sus hijos y mataron a Jonatán, Abinadab y Malquisúa, los hijos de Saúl. 3 El peso del combate recayó entonces sobre Saúl. Los arqueros lo descubrieron, y fue herido por ellos. 4 Saúl dijo a su escudero: "Saca tu espada y traspásame, no sea que vengan esos incircuncisos, para vergüenza mía". Pero su escudero no quiso hacerlo, porque tenía mucho miedo. Entonces Saúl tomó la espada y se arrojó sobre ella. 5 Al ver que Saúl estaba muerto, también su escudero se echó sobre su espada y murió. 6 Así murieron Saúl y sus tres hijos; toda su casa murió al mismo tiempo.
7 Todos los hombres de Israel que estaban en el valle, al ver que la gente huía y que Saúl y sus hijos habían muerto, abandonaron sus ciudades y se dieron a la fuga. Luego vinieron los filisteos y se establecieron allí.
8 Al día siguiente, cuando llegaron los filisteos para despojar a las víctimas, encontraron a Saúl y a sus hijos tendidos sobre el monte Gelboé. 9 Entonces despojaron a Saúl y se llevaron su cabeza y sus armas. Luego enviaron mensajeros por todo el país de los filisteos, para anunciar la buena noticia a sus ídolos y al pueblo. 10 Depositaron las armas de Saúl en el templo de su dios y colgaron su cabeza en el templo de Dagón.
11 Cuando todo Iabés de Galaad oyó lo que los filisteos habían hecho a Saúl, 12 todos los hombres valientes emprendieron la marcha, retiraron el cadáver de Saúl y los cadáveres de sus hijos, y se los llevaron a Iabés. Allí sepultaron sus huesos bajo el Terebinto de Iabés y ayunaron siete días.
13 Así murió Saúl, por haberse rebelado contra el Señor, no observando su palabra, y por haber evocado y consultado al espíritu de un muerto, 14 en lugar de consultar al Señor. Por eso el Señor lo hizo morir y transfirió la realeza a David, hijo de Jesé.

David ungido rey de Israel
2 Sam. 5. 1-3
11

1 Todo Israel se congregó junto a David en Hebrón y le dijeron: "¡Nosotros somos de tu misma sangre! 2 Ya desde antes, incluso cuando Saúl reinaba sobre nosotros, eras tú el que conducía a Israel. Y ahora el Señor te ha dicho: ‘¡Tu apacentarás a mi pueblo Israel, tu serás el jefe de mi pueblo Israel!’". 3 Todos los ancianos de Israel fueron a Hebrón, donde estaba el rey: David estableció una alianza con ellos en Hebrón, en presencia del Señor, y ellos lo ungieron como rey sobre Israel, conforme el Señor lo había anunciado por medio de Samuel.

La conquista de Jerusalén
2 Sam. 5. 6-10

4 David, con todo Israel, avanzó sobre Jerusalén –es decir, Jebús– donde estaban los jebuseos, que habitaban el país, 5 pero estos le dijeron: "¡Aquí no podrás entrar!". A pesar de eso, David conquistó la fortaleza de Sión, que es la Ciudad de David. 6 David había dicho: "El primero que mate a un jebuseo será comandante en jefe". Joab, hijo de Seruiá, fue el primero en subir y se convirtió en jefe. 7 David se instaló en la fortaleza, y por eso la llamaron "Ciudad de David". 8 Luego construyó la ciudad en derredor, desde el Miló hasta los alrededores, y Joab restauró el resto de la ciudad. 9 Así David se iba engrandeciendo cada vez más, y el Señor de los ejércitos estaba con él.

Los Guerreros de David
2 Sam. 23. 8-39

10 Estos son los jefes de los Guerreros de David, que lo sostuvieron durante su reinado, y se unieron a todo Israel para hacerlo rey, conforme a la palabra del Señor acerca de Israel. 11 Esta es la lista de los Guerreros que tenía David: Iasobám, hijo de Jacmoní, jefe de los Tres, que empuñó su lanza y mató a más de trescientos de una sola vez.
12 Después de él, Eleazar, hijo de Dodó, el ajotita, uno de los Tres Valientes. 13 Este estaba con David en Pas Damín, donde los filisteos se habían concentrado para el combate. Allí había una parcela de campo toda sembrada de cebada, y el pueblo huyó delante de los filisteos. 14 Pero él se apostó en medio del campo, lo defendió y derrotó a los filisteos. Así el Señor alcanzó una gran victoria.
15 Tres de los Treinta bajaron juntos a la peña de la cueva de Adulám, donde estaba David, mientras los filisteos acampaban en el valle de Refaím. 16 David se encontraba entonces en el refugio y una guarnición filistea estaba en Belén. 17 David manifestó este deseo: "¡Quién me diera de beber agua del pozo que está junto a la puerta de Belén!". 18 Los Tres Valientes irrumpieron en el campamento filisteo, sacaron agua del pozo que está junto a la puerta de Belén y se la llevaron a David. Pero él no quiso beberla y la derramó como libación al Señor, 19 diciendo: "¡Líbreme Dios de hacer tal cosa! ¿Voy a beber la sangre de estos hombres, al precio de su vida? Ellos la han traído, arriesgando su vida". Y no quiso beber. Esto es lo que hicieron los Tres Valientes.
20 Abisai, hermano de Joab, era el jefe de los Treinta. Él empuñó su lanza contra trescientos hombres y los mató, ganándose un renombre entre los Treinta. 21 Era el más famoso de ellos, y fue su jefe, pero no llegó a igualar a los Tres.
22 Benaías, hijo de Iehoiadá, era un hombre valiente, rico en hazañas, oriundo de Cabsel. Él mató a los dos héroes de Moab, y fue él quien bajó a la cisterna un día de nieve para matar al león. 23 También abatió al egipcio que medía dos metros y medio de alto y tenía en su mano una lanza gruesa como el palo grande de un telar. Benaías lo enfrentó con un garrote, le arrancó la lanza de la mano y le dio muerte con su propia lanza. 24 Esto es lo que hizo Benaías, hijo de Iehoiadá, y así se ganó un renombre entre los Treinta Guerreros. 25 Él era el más famoso de los Treinta, pero no llegó a igualar a los Tres. David lo incorporó a su guardia personal.
26 Los Guerreros valerosos fueron Asahel, hermano de Joab; Eljanán, hijo de Dodó, de Belén; 27 Samot, de Jarod; Jeles, el pelonita; 28 Irá, hijo de Iqués, de Técoa; Abiézer, de Anatot; 29 Sibecai, de Jusá; IIai, el ajotita; 30 Majrai, de Netofá; Jéled, hijo de Baaná, de Netofá; 31 Itai, hijo de Ribai, de Guibeá de los hijos de Benjamín; Benaías, de Pireatón; 32 Jurai, de los torrentes de Gaás; Abiel, el arbatita; 33 Azmávet, de Bejurím; Eliajabá, de Saalbón; 34 Bené Hasém, el guizonita; Jonatán, hijo de Sagué, el ararita; 35 Ajiám, hijo de Sacar, el ararita; Elifal, hijo de Ur; 36 Jéfer, de Mequerá; Ajías, el pelonita; 37 Jesró, de Carmel; Naarai, hijo de Ezbai; 38 Joel, hermano de Natán; Mibjar, hijo de Agrí; 39 Seléc, el amonita; Najrai, de Beerot, escudero de Joab, hijo de Seruiá; 40 Irá, de Iatir; Gareb, de Iatir; 41 Urías, el hitita; Zabad, hijo de Ajlai; 42 Adiná, hijo de Sizá, el rubenita, jefe de los rubenitas, que estaba al frente de los Treinta; 43 Janán, hijo de Maacá; Josafat, el mitnita; 44 Uzías, de Astarot; Sama y Ieiel, hijos de Jotám, de Aroer; 45 Iediael, hijo de Simrí; Jojá, su hermano, el tisita. 46 Elieel, el majavita; Ieribai y Iosavías, hijo de Elnaám; Itmá, el moabita; 47 Eliel, Obed y Iaasiel, de Sobá.

Los primeros partidarios de David
12

1 Estos son los que se unieron a David en Siquelag, mientras él se mantenía alejado de Saúl, hijo de Quis. Ellos estaban entre los guerreros de refuerzo para los combates. 2 Manejaban el arco y la honda con la derecha y con la izquierda, para lanzar flechas y piedras. Eran benjaminitas, parientes de Saúl. 3 Los principales eran Ajiézer y Joás, hijos de Semaá, de Guibeá, y los otros, Ieziel y Pélet, hijos de Azmávet; Beracá y Jehú, de Anatot; 4 Ismaías, de Gabaón, un guerrero de los Treinta y jefe entre ellos; 5 Jeremías, Iajaziel, Iojanán, Iozabad, de Guederot; 6 Eluzai, Ierimot, Bealías, Semarías y Sefatías, de Jarif; 7 Elcaná, Isaías, Azarel, Ioézer, Iasobám, los coreítas; 8 Ioelá y Zebadías, hijos de Ierojám, de Guedor.
9 También algunos gaditas se pasaron a David en el refugio del desierto; eran hombres valerosos, guerreros preparados para el combate, diestros en el manejo del escudo y la lanza, con rostros de león y rápidos como gacelas de los montes. 10 Su jefe era Ezer; el segundo, Abdías; el tercero, Eliab; 11 el cuarto, Mismaná; el quinto, Jeremías; 12 el sexto, Atai; el séptimo, Eliel; 13 el octavo, Iojanán; el noveno, Elzabad; 14 el décimo, Jeremías; el undécimo, Macbanai. 15 Estos eran los jefes de los gaditas, en el ejército: el menor de ellos valía por cien y el mayor por mil. 16 Fueron ellos los que atravesaron el Jordán en el primer mes, cuando se desborda por todas sus riberas, y pusieron en fuga a todos los habitantes de los valles, al este y al oeste.
17 También fueron al refugio, donde estaba David, algunos hombres de Benjamín y de Judá. 18 David se presentó ante ellos y les dijo: "Si vienen como amigos para ayudarme, yo estoy dispuesto a unirme con ustedes; pero si vienen para entregarme a mis enemigos, siendo así que no hay violencia en mis manos, ¡que lo vea el Dios de nuestros padres y haga justicia!".
19 Entonces el espíritu descendió sobre Amasai, el jefe de los Treinta, y este exclamó:
"¡Estamos de tu parte, David!¡Estamos contigo, hijo de Jesé!
¡Paz, paz para ti,y paz para el que te ayuda!
¡Porque tu Dios viene en tu auxilio!".
David les dio la bienvenida y los puso al frente de sus divisiones.
20 También algunos hombres de Manasés se plegaron a David, cuando él iba con los filisteos a combatir contra Saúl; pero esa gente no pudo ayudarlo porque los príncipes de los filisteos, reunidos en consejo, lo despidieron, diciendo: "Él se pondrá de parte de Saúl, su señor, a costa de nuestras vidas". 21 Cuando regresó a Siquelag, se plegaron a él algunos de la tribu de Manasés: Adná, Iozabad, Iediael, Micael, Iozabad, Elihú y Siletai, jefes de mil hombres en Manasés. 22 Estos fueron una buena ayuda para David y su tropa, porque todos eran guerreros valerosos y llegaron a ser jefes del ejército.
23 Día tras día David recibía refuerzos, de manera que su campamento llegó a ser enormemente grande.

Los guerreros que proclamaron rey a David en Hebrón

24 Este es el número de los hombres equipados con sus armas, que se presentaron ante David en Hebrón, para transferirle el reino de Saúl, conforme a la orden del Señor:
25 Hombres de Judá, armados de escudo y lanza: 6.800 equipados para la guerra.
26 Hombres de Simeón, guerreros valerosos para el ejército: 7.100.
27 Hombres de Leví: 4.600; 28 además, Iehoiadá, príncipe de los aaronitas, con otros 3.700, 29 y Sadoc, joven guerrero valeroso, con veintidós jefes de su familia.
30 Hombres de Benjamín, parientes de Saúl: 3.000, la mayor parte de los cuales habían estado al servicio de la casa de Saúl.
31 Hombres de Efraím: 20.800 guerreros valerosos, ilustres en sus propias familias.
32 Hombres de la tribu de Manasés: 18.000 designados nominalmente para ir a proclamar rey a David.
33 Hombres de Isacar, expertos en el conocimiento de los tiempos, para discernir lo que Israel debía hacer: 200 jefes, y todos sus hermanos bajo sus órdenes.
34 Hombres de Zabulón: 50.000 aptos para la guerra, y preparados para combatir con toda clase de armas y luchar audazmente y sin vacilación.
35 Hombres de Neftalí: 1.000 jefes con 37.000 hombres, armados de escudo y lanza.
36 Hombres de Dan preparados para el combate: 28.600.
37 Hombres de Aser, aptos para la guerra y preparados para combatir: 40.000.
38 Hombres de la Transjordania, es decir, de Rubén, de Gad y de la mitad de la tribu de Manasés: 120.000, provistos de toda clase de armas de guerra.
39 Todos estos hombres de guerra, formados en orden de batalla, fueron a Hebrón, sinceramente dispuestos a proclamar a David rey de todo Israel; y también todo el resto de Israel estaba decidido unánimemente a hacer rey a David. 40 Durante tres días, permanecieron allí, comiendo y bebiendo con David, porque sus hermanos los habían provisto de víveres. 41 Además, de los pueblos vecinos, y hasta de Isacar, Zabulón y Neftalí habían traído víveres en asnos, camellos, mulas y bueyes, provisiones de harina, tortas de higo y pasas, vino y aceite, y ganado mayor y menor en abundancia; porque reinaba la alegría en Israel.

El traslado del Arca de la Alianza
2 Sam. 6. 1-11
13

1 Después de consultar a los jefes de mil y de cien hombres y a todos los oficiales, 2 David dijo a toda la asamblea de Israel: "Si a ustedes les parece bien y si el Señor, nuestro Dios, así lo decide, enviaremos mensajeros a nuestros hermanos que han quedado en todas las regiones de Israel y, además, a los sacerdotes y levitas en sus ciudades y poblados, a fin de que se reúnan con nosotros. 3 Entonces traeremos junto a nosotros el Arca de nuestro Dios, ya que no nos hemos preocupado de ella en los tiempos de Saúl".
4 Toda la asamblea resolvió hacerlo así, porque el pueblo entero dio su aprobación. 5 David reunió a todo Israel, desde el Torrente de Egipto hasta la Entrada de Jamat, para traer el Arca de Dios desde Quiriat Iearim. 6 Luego se dirigió con todo Israel a Baalá, a Quiriat Iearim, que está en Judá, para subir desde allí el Arca de Dios, que lleva el nombre del Señor, el que tiene su trono sobre los querubines. 7 Pusieron el Arca de Dios sobre un carro nuevo y la llevaron desde la casa de Abinadab. Uzá y Ajió conducían el carro, 8 mientras David y todo Israel bailaban con todas sus fuerzas delante de Dios, cantando y tocando cítaras, arpas, tamboriles, címbalos y trompetas.
9 Cuando llegaron a la era de Quidón, Uzá extendió su mano para sostener el Arca, porque los bueyes habían resbalado. 10 Entonces la ira del Señor se encendió contra Uzá y lo hirió de muerte por haber extendido su mano hacia el Arca, y Uzá murió allí mismo delante de Dios. 11 David se conmovió, porque el Señor había acometido contra Uzá, y aquel lugar se llamó Peres Uzá –que significa "Brecha de Uzá"– hasta el día de hoy.
12 Aquel día David tuvo miedo de Dios, y dijo: "¿Cómo voy a llevar a mi casa el Arca de Dios?". 13 Y no trasladó el Arca a su casa, a la Ciudad de David, sino que mandó que la llevaran a la casa de Obededóm de Gat. 14 El Arca de Dios permaneció tres meses en la casa de Obededóm. Y el Señor bendijo la casa de Obededóm y todos sus bienes.

La casa y la familia de David en Jerusalén
2 Sam. 5. 11-16
14

1 Jirám, el rey de Tiro, envió a David mensajeros con maderas de cedro, albañiles y carpinteros, para edificarle una casa. 2 Así David reconoció que el Señor lo había afianzado como rey sobre Israel, porque su reino había sido enaltecido a causa de su pueblo Israel.
3 David tomó como esposas a otras mujeres en Jerusalén y tuvo más hijos e hijas. 4 Estos son los nombres de los hijos que le nacieron en Jerusalén: Samúa, Sobab, Natán y Salomón, 5 Ibjar, Elisúa y Elpálet, 6 Nogá, Néfeg y Iafía, 7 Elisamá, Beeliadá y Elifélet.

Victoria de David sobre los filisteos

8 Cuando los filisteos oyeron que habían ungido a David como rey de todo Israel, subieron para atacarlo. Pero David lo supo y les salió al encuentro. 9 Los filisteos vinieron y se desplegaron por el valle de Refaím. 10 David entonces consultó a Dios: "¿Debo atacar a los filisteos? ¿Los entregarás en mis manos?". Y el Señor le respondió: "¡Sube, y yo los entregaré en tus manos!". 11 Ellos subieron a Baal Perasím, y allí David los derrotó. Entonces dijo: "Dios ha abierto ante mí una brecha entre mis enemigos, como una brecha abierta por las aguas". Por eso se llamó a ese lugar Baal Perasím –que significa "Señor de las Brechas"– . 12 Los filisteos abandonaron allí a sus dioses, y David dijo: "¡Que sean arrojados al fuego!".
13 Los filisteos volvieron a desplegarse por el valle. 14 David consultó nuevamente a Dios, y él le respondió: "¡No subas a perseguirlos! Da una vuelta por detrás de ellos y enfréntalos desde el lado de las balsameras. 15 Cuando oigas ruidos de pasos sobre la copa de las balsameras, ataca decididamente, porque Dios saldrá delante de ti para derrotar al ejército de los filisteos". 16 David hizo lo que el Señor le había ordenado y derrotó al ejército de los filisteos, desde Gabaón hasta Guézer. 17 La fama de David se extendió por todas las regiones, porque el Señor lo hizo temible delante de todos los pueblos.

Preparativos para entronizar el Arca
15

1 David construyó casas en la Ciudad de David y preparó un lugar para el Arca de Dios, levantando para ella una Carpa. 2 Después dijo: "El Arca de Dios sólo puede ser transportada por los levitas, porque el Señor los ha elegido para trasladar el Arca del Señor y para servirlo constantemente".
3 Entonces David reunió en Jerusalén a todo Israel, para hacer subir el Arca del Señor al lugar que le había preparado. 4 También reunió a los hijos de Aarón y a los levitas: 5 de los descendientes de Quehat, a Uriel, el jefe, y a sus hermanos: ciento veinte en total; 6 de los de Merarí, a Asaías, el jefe, y a sus hermanos: doscientos veinte en total; 7 de los de Gersón, a Joel, el jefe, y a sus hermanos: ciento treinta en total; 8 de los hijos de Elisafán, a Semaías, el jefe, y a sus hermanos: doscientos en total; 9 de los de Hebrón, a Eliel, el jefe, y a sus hermanos: ochenta en total; 10 de los descendientes de Uziel, a Aminadab, el jefe, y a sus hermanos: ciento doce en total.
11 Después David llamó a los sacerdotes Sadoc y Abiatar, y a los levitas Uriel, Asaías, Joel, Semaías, Eliel y Aminadab, 12 y les dijo: "Ustedes son los jefes de la familia de los levitas. Santifíquense, ustedes y sus hermanos, para subir el Arca del Señor, el Dios de Israel, al lugar que yo le he preparado. 13 Por no haber estado ustedes allí la primera vez, el Señor, nuestro Dios, acometió contra nosotros, ya que no fuimos a consultarlo como está mandado". 14 Entonces los sacerdotes y levitas se santificaron para subir el Arca del Señor, el Dios de Israel. 15 Los hijos de los levitas trasladaron el Arca de Dios, sosteniéndola sobre sus hombros con unas andas, como lo había ordenado Moisés según la palabra del Señor.
16 David ordenó a los jefes de los levitas que organizaran a sus hermanos los cantores, con instrumentos musicales, arpas, cítaras y címbalos, para que los hicieran resonar alegremente. 17 Los levitas designaron a Hemán, hijo de Joel; entre sus hermanos, a Asaf, hijo de Berequías; y entre los hijos de Merarí, sus hermanos, a Etán, hijo de Cusaías.
18 Junto con ellos, a sus hermanos de segundo orden: Zacarías, hijo de Iaaziel, Semiramot, Iejiel, Uní, Eliab, Benaías, Maaseías, Matitías, Eliflehú, Micneías, Obededóm y Ieiel, los porteros.
19 Los cantores Hemán, Asaf y Etán hacían resonar címbalos de bronce. 20 Zacarías, Aziel, Semiramot, Iejiel, Uní, Eliab, Maasías y Benaías tenían arpas de tonos altos. 21 Matitías, Eliflehú, Micneías, Obededóm, Ieiel y Azazaiás tenían cítaras de octava, para dirigir el canto.
22 Quenanías, jefe de los levitas, dirigía el traslado, porque era muy experto. 23 Berequías y Elcaná eran porteros del Arca. 24 Los sacerdotes Sebanías, Josafat, Natanael, Amasai, Zacarías, Benaías y Eliezer, tocaban las trompetas delante del Arca de Dios. Obededóm y Iejías eran porteros del Arca.

El Arca de la Alianza en Jerusalén
2 Sam. 6. 12-16

25 David, los ancianos de Israel y los jefes de mil hombres fueron con gran alegría a subir el Arca de la Alianza del Señor, desde la casa de Obededóm. 26 Y porque Dios había asistido a los levitas que trasladaban el Arca de la Alianza del Señor, se inmolaron siete toros y siete carneros. 27 David iba revestido con un manto de lino, lo mismo que todos los levitas que llevaban el Arca, los cantores y Quenanías, el que dirigía el traslado. David llevaba además un efod de lino. 28 Todo Israel subió el Arca de la Alianza del Señor entre aclamaciones y al son de cuernos, trompetas, címbalos, arpas y cítaras. 29 Cuando el Arca de la Alianza del Señor entraba en la Ciudad de David, Mical, la hija de Saúl, estaba mirando por una ventana, y al ver al rey David saltando y bailando, lo despreció en su corazón.

Conclusión de la ceremonia
2 Sam. 6. 17-19
16

1 Luego introdujeron el Arca de Dios y la colocaron en medio de la Carpa que David había hecho levantar para ella, y ofrecieron delante de Dios holocaustos y sacrificios de comunión. 2 Cuando David terminó de ofrecer los holocaustos y los sacrificios de comunión, bendijo al pueblo en nombre del Señor, 3 y distribuyó entre todos los israelitas, hombres y mujeres, una porción de pan, un pastel de dátiles y uno de pasas de uva.

Organización del culto

4 David puso de servicio delante del Arca del Señor a algunos levitas, para conmemorar, celebrar y glorificar al Señor, el Dios de Israel. 5 Asaf era el jefe; Zacarías, el segundo; y además, Uziel, Semiramot, Iejiel, Matitías, Eliab, Benaías, Obededóm y Ieiel, con instrumentos musicales, arpas y cítaras. Asaf hacía sonar los címbalos. 6 Los sacerdotes Benaías y Iajaziel tocaban ininterrumpidamente las trompetas delante del Arca de la Alianza de Dios. 7 Aquel día David dispuso por primera vez que el Señor fuera alabado por Asaf y sus hermanos de esta manera:
8 "¡Den gracias al Señor,invoquen su Nombre,
hagan conocer entre los pueblossus proezas;
9 canten al Señor con instrumentosmusicales,
pregonen todas sus maravillas!
10 ¡Gloríense en su santo Nombre,
alégrense los que buscan al Señor!
11 ¡Recurran al Señor y a su poder,
busquen constantemente su rostro;
12 recuerden las maravillas que él obró,
sus portentos y los juicios de su boca!
13 Descendientes de Israel, su servidor,
hijos de Jacob, su elegido:
14 el Señor es nuestro Dios,
en toda la tierra rigen sus decretos.
15 Él se acuerda eternamente de su alianza,
de la palabra que dio por mil generaciones,
16 del pacto que selló con Abraham,
del juramento que hizo a Isaac:
17 él lo confirmó como norma para Jacob,
como alianza eterna para Israel,
18 cuando dijo: ‘Yo te daré la tierra de Canaán,
como porción hereditaria de todos ustedes’.
19 Cuando formaban un grupo muy pequeño
y eran extranjeros en aquellas regiones;
20 cuando iban de nación en nación
y pasaban de un reino a otro pueblo,
21 no toleró que nadie los oprimiera,
y castigó a reyes, por amor a ellos:
22 ‘No toquen a mis ungidos
ni maltraten a mis profetas’.
23 Cante al Señor toda la tierra,
día tras día, proclamen su victoria.
24 Anuncien su gloria entre las naciones,
y sus maravillas entre los pueblos.
25 Porque el Señor es grandey muy digno de alabanza,más temible que todos los dioses.
26 Los dioses de los pueblosno son más que apariencia,
pero el Señor hizo el cielo;
27 en su presencia hay esplendory majestad,
en su Santuario, poder y hermosura.
28 Aclamen al Señor,familias de los pueblos,
aclamen la gloria y el poder del Señor;
29 aclamen la gloria del nombre del Señor,
preséntense ante él, trayendo una ofrenda.
30 ¡Que toda la tierra tiemble ante él!
El mundo está firmemente establecido:
¡no se moverá jamás!
31 Alégrese el cielo y exulte la tierra,
digan entre las naciones: ‘¡El Señor reina!’.
32 Resuene el mar y todo lo que hay en él,
regocíjese el campo con todos sus frutos.
33 Griten de gozo los árboles del bosque,
griten de gozo delante del Señor,
porque él viene a gobernar la tierra.
34 ¡Den gracias al Señor, porque es bueno,
porque es eterno su amor!
35 Díganle: ‘¡Sálvanos, Dios de nuestra salvación!
Congréganos y líbranos de las naciones,
para que demos gracias a tu santo Nombre
y nos gloriemos en tu alabanza’.
36 ¡Bendito sea el Señor, el Dios de Israel,
desde siempre y para siempre!".
Y todo el pueblo respondió: "¡Amén!". "¡Alabanza al Señor!".
37 David dejó delante del Arca de la Alianza del Señor a Asaf y a sus hermanos, para que prestaran servicio permanentemente delante del Arca, según el ritual de cada día; 38 también dejó a Obededón y a sus sesenta y ocho hermanos. Obededóm, hijo de Iedutún, y Josá eran porteros.
39 Al sacerdote Sadoc y a sus hermanos, los sacerdotes, los puso delante de la Morada del Señor, en el lugar alto de Gabaón, 40 para que ofrecieran constantemente sacrificios al Señor en el altar de los holocaustos, por la mañana y por la tarde, según lo que está escrito en la Ley que el Señor dio a Israel. 41 Con ellos estaban Hemán, Iedutún y los demás que habían sido elegidos nominalmente para celebrar al Señor: "¡Porque es eterno su amor!". 42 Hemán y Iedutún tenían consigo trompetas, címbalos e instrumentos musicales para acompañar los cantos de Dios. Los hijos de Iedutún eran porteros.
43 Luego, todo el pueblo se fue a su casa, y David se volvió para bendecir a su casa.

La profecía de Natán
2 Sam. 7. 1-17
17

1 Cuando David se estableció en su casa, dijo al profeta Natán: "Mira, yo habito en una casa de cedro, mientras el Arca de la Alianza del Señor está bajo una tienda de campaña". 2 Natán respondió a David: "Puedes hacer todo lo que tienes pensado, porque el Señor está contigo".
3 Pero aquella misma noche, la palabra del Señor llegó a Natán en estos términos: 4 "Ve a decirle a mi servidor David: Así habla el Señor: No eres tú el que me edificará la casa para que yo la habite. 5 Porque desde el día en que hice subir a Israel hasta el día de hoy, nunca habité en una casa, sino que anduve de carpa en carpa y de morada en morada. 6 Y mientras iba caminando entre todo Israel, ¿acaso dije a uno solo de sus Jueces, a los que mandé apacentar a mi pueblo: ‘Por qué no me han edificado una casa de cedro’? 7 Y ahora, esto es lo que le dirás a mi servidor David: Así habla el Señor de los ejércitos: Yo te saqué del campo de pastoreo, de detrás del rebaño, para que fueras el jefe de mi pueblo Israel. 8 Estuve contigo dondequiera que fuiste y exterminé a todos tus enemigos delante de ti. Yo haré que tu nombre sea tan grande como el de los grandes de la tierra. 9 Fijaré un lugar para mi pueblo Israel y lo plantaré para que tenga allí su morada. Ya no será perturbado, y los malhechores no seguirán devorándolo como antes. 10 Desde el día en que constituí Jueces sobre mi pueblo Israel, yo he sometido a todos tus enemigos. Y ahora te anuncio que el Señor te edificará una casa. 11 Sí, cuando llegues al término de tus días y te vayas con tus padres, yo elevaré después de ti a uno de tus descendientes, a uno de entre tus hijos, y afianzaré su realeza. 12 Él me edificará una Casa y yo afianzaré su trono para siempre. 13 Yo seré un padre para él, y él será para mí un hijo. Y jamás retiraré de él mi fidelidad, como se la retiré a aquel que te precedió. 14 Lo estableceré en mi Casa y en mi reino para siempre, y su trono será estable eternamente".
15 Natán comunicó a David todas estas palabras y toda esta visión.

La oración de David
2 Sam. 7. 18-29

16 Entonces el rey David fue a sentarse delante del Señor y exclamó: "¿Quién soy yo, Señor Dios, y qué es mi casa para que me hayas hecho llegar hasta aquí? 17 Y como esto te pareció demasiado poco, Dios mío, también has hecho una promesa acerca de la casa de tu servidor, para un futuro lejano. ¡Tú me has mirado como a un hombre de alto rango, Señor Dios! 18 ¿Qué más podría decirte David sobre el honor que le has dispensado, si tú ya conoces a tu servidor? 19 Por amor a tu servidor y conforme a tu designio, Señor, tú has realizado toda esta gran obra, dando así a conocer tu inmensa grandeza. 20 Sí, Señor, no hay nadie como tú, ni hay Dios fuera de ti, por todo lo que hemos escuchado con nuestros propios oídos. 21 ¿Y hay sobre la tierra una sola nación como tu pueblo Israel, ese pueblo a quien el mismo Dios fue a rescatar para sí, a fin de hacerse un nombre grande y temible, expulsando a naciones enteras ante el pueblo que rescataste de Egipto? 22 Tú has hecho que tu pueblo Israel fuera tu Pueblo para siempre, y tú, Señor, eres su Dios. 23 Y ahora, Señor, que se mantenga firme eternamente la palabra que has pronunciado acerca de tu servidor y de su casa, y obra conforme a lo que has dicho. 24 Que se mantenga firme, y que tu Nombre sea engrandecido para siempre. Que se diga: ‘¡El Señor de los ejércitos es el Dios de Israel, es Dios para Israel!’. Y que la casa de David, tu servidor, esté bien afianzada delante de ti. 25 Porque tú mismo, Dios mío, le has revelado a tu servidor que le edificarás una casa; por eso tu servidor se ha atrevido a dirigirte esta plegaria. 26 Y ahora tú, Señor, que eres Dios, le has prometido estos bienes a tu servidor. 27 Por eso, dígnate bendecir la casa de tu servidor, para que ella permanezca siempre en tu presencia; porque lo que tú has bendecido, Señor, queda bendito para siempre".

Las guerras de David
2 Sam. 8. 1-14
18

1 Después de esto, David derrotó a los filisteos y los sometió, despojándolos de Gat y sus poblados. 2 También derrotó a los moabitas, y estos pasaron a ser vasallos de David, sometidos a tributo.
3 David derrotó a Hadadézer, rey de Sobá, cuando este iba a establecer su dominio sobre el río Éufrates. 4 Capturó mil carros, siete mil soldados de caballería y veinte mil hombres de a pie, y mutiló todos los caballos de los carros de guerra, reservándose sólo cien. 5 Los arameos de Damasco acudieron en auxilio de Hadadézer, pero David derrotó a veintidós mil de esos arameos. 6 Luego puso gobernadores en Arám de Damasco, y los arameos pasaron a ser vasallos de David, sometidos a tributo. El Señor daba la victoria a David en todas sus campañas.
7 David se apoderó de los escudos de oro que llevaban los oficiales de Hadadézer, y se los llevó a Jerusalén. 8 De Tibjat y de Cun, ciudades de Hadadézer, David trajo una enorme cantidad de bronce, con el que Salomón hizo el Mar de bronce, las columnas y los utensilios de bronce.
9 Cuando Tou, rey de Jamat, oyó que David había derrotado a todo el ejército de Hadadézer, rey de Sobá, 10 le envió a su hijo Hadorám para saludarlo y felicitarlo por haber hecho la guerra y derrotado a Hadadézer, ya que este era su rival. Además, le envió toda clase de objetos de plata, oro y bronce, 11 y David consagró también esos objetos, como lo había hecho con la plata y el oro que había traído de todas las naciones: de Edóm, de Moab, de los amonitas, de los filisteos y de Amalec.
12 Abisai, hijo de Seruiá, derrotó a dieciocho mil edomitas en el valle de la Sal. 13 Luego puso gobernadores en Edóm y todos los edomitas pasaron a ser vasallos de David. El Señor daba la victoria a David en todas sus campañas.

La administración del reino
2 Sam. 8. 15-18

14 David reinó sobre todo Israel, y administraba el derecho y la justicia a todo su pueblo. 15 Joab, hijo de Seruiá, era el comandante del ejército; Josafat, hijo de Ajilud, el heraldo; 16 Sadoc, hijo de Ajitub, y Ajimélec, hijo de Abiatar, eran sacerdotes; Sausá, el secretario; 17 Benaías, hijo de Iehoiadá, comandaba a los quereteos y peleteos; y los hijos de David eran los principales al lado del rey.

La afrenta de los amonitas a los enviados de David
2 Sam. 10. 1-5
19

1 Después de esto, murió Najás, el rey de los amonitas, y reinó su hijo en lugar de él. 2 David dijo: "Voy a comportarme lealmente con Janún, hijo de Najás, porque su padre ha sido leal conmigo". Entonces envió a unos mensajeros para presentarle sus condolencias por la muerte de su padre. Pero cuando los servidores de David llegaron al país de los amonitas para darle el pésame a Janún, 3 los jefes de los amonitas dijeron a Janún: "¿Crees que David te hace llegar sus condolencias para honrar a tu padre? ¿No será que sus servidores han venido como espías, para sembrar la agitación y explorar el país?". 4 Entonces Janún hizo detener a los servidores de David, los rapó, les cortó la ropa a la altura de las caderas y los despidió.
5 Apenas lo pusieron al tanto de lo sucedido con aquellos hombres, David ordenó que fueran a recibirlos, porque estaban muy avergonzados. Y el rey les mandó a decir: "Quédense en Jericó hasta que les crezca la barba, y después vengan".

Primera campaña de Israel contra los amonitas
2 Sam. 10. 6-14

6 Cuando los amonitas se dieron cuenta de que se habían enemistado con David, Janún y los amonitas enviaron mil talentos de plata para contratar carros de guerra y caballería en Arám Naharaim, en Arám de Maacá y en Sobá. 7 Así contrataron treinta y dos mil carros de guerra y al rey de Maacá con sus tropas, que fueron a acampar frente a Madabá, mientras los amonitas se concentraban fuera de sus ciudades y acudían al combate.
8 David, al enterarse, envió a Joab con todo el ejército y con sus guerreros. 9 Los amonitas salieron y formaron en orden de batalla, pero los reyes que habían venido se mantuvieron aparte, en campo abierto. 10 Cuando Joab vio que había dos frentes de batalla, uno delante de él y otro detrás, seleccionó a lo más escogido de Israel y los alineó frente a los arameos, 11 dejando el resto de la tropa a las órdenes de su hermano Abisai. Estos tomaron posiciones frente a los amonitas, 12 y Joab dijo: "Si los arameos son más fuertes que yo, tú vendrás en mi ayuda; y si los amonitas son más fuertes que tú, yo iré a auxiliarte. 13 ¡Ánimo! ¡Luchemos valerosamente por nuestro pueblo y por las ciudades de nuestro Dios! ¡Y que el Señor haga lo que le parezca bien!".
14 Luego Joab avanzó con sus tropas para enfrentarse con los arameos y estos huyeron delante de él. 15 Cuando los amonitas vieron que los arameos habían huido, también ellos huyeron delante de Abisai, el hermano de Joab, y entraron en la ciudad. Joab, por su parte, se volvió a Jerusalén.

Nueva victoria de David sobre los arameos
2 Sam. 10. 15-19

16 Los arameos, al ver que habían sido vencidos por Israel, enviaron mensajeros para movilizar a los arameos del otro lado del Río. Sofác, el jefe del ejército de Hadadézer, estaba al frente de ellos. 17 Cuando informaron de esto a David, él concentró a todo Israel, cruzó el Jordán, llegó adonde ellos estaban y tomó posiciones contra ellos. David se dispuso en orden de batalla frente a los arameos, y estos entraron en combate. 18 Los arameos huyeron delante de Israel, y David mató a siete mil soldados de caballería y cuarenta mil hombres de a pie. También dio muerte a Sofác, el jefe del ejército. 19 Cuando los que estaban al servicio de Hadadézer vieron que Israel los había derrotado, hicieron las paces con David y le quedaron sometidos. En adelante, los arameos no quisieron prestar más ayuda a los amonitas.

Conquista de Rabá y sometimiento de los amonitas
2 Sam. 11. 1; 12. 26-31
20

1 Al comenzar el año, en la época en que los reyes salen de campaña, Joab condujo el grueso del ejército y arrasó el país de los amonitas. Luego puso sitio a Rabá, mientras David permanecía en Jerusalén. Cuando Joab expugnó y destruyó a Rabá, 2 David tomó la corona de la cabeza del dios Milcóm y comprobó que pesaba un talento de oro. La corona tenía una piedra preciosa, que fue colocada sobre la frente de David. Él se llevó también de la ciudad un enorme botín. 3 En cuanto a la población, la hizo salir de la ciudad y la obligó a trabajar con sierras, con picos de hierro y hachas. Lo mismo hizo con todas las ciudades de los amonitas. Luego David y todo el ejército se volvieron a Jerusalén.

Hazañas contra los filisteos
2 Sam. 21. 18-22

4 Después de esto, se entabló un combate contra los filisteos en Guézer. Fue entonces cuando Sibecai, el jusatita, mató a Sipai, uno de los descendientes de los refaím, y los filisteos fueron sometidos.
5 Luego hubo otro combate contra los filisteos, y Eljanán, hijo de Jaír, mató a Lajmí, hermano de Goliat, el de Gat. El asta de su lanza era gruesa como el palo grande de un telar.
6 También hubo un combate en Gat. Allí había un hombre de enorme estatura, que tenía seis dedos en cada mano y seis en cada pie, veinticuatro en total. También él era descendiente de Rafá. 7 Y como desafiaba a Israel, lo mató Jonatán, hijo de Simeá, hermano de David.
8 Estos hombres eran descendientes de Rafá, en Gat, y fueron abatidos por la mano de David y de sus servidores.

El censo de los israelitas
2 Sam. 24. 1-9
21

1 Satán se alzó contra Israel e instigó a David a hacer un censo de Israel.
2 David dijo a Joab y a los jefes del pueblo: "Vayan a hacer el recuento de Israel, desde Berseba hasta Dan, y tráiganme el resultado para que sepa cuántos son". 3 Joab respondió: "¡Que el Señor multiplique a su pueblo cien veces más! Pero, rey y señor mío, ¿no son todos ellos tus servidores? ¿Por qué entonces mi señor hace esto? ¿Por qué cargar con una culpa a Israel?". 4 Sin embargo, la orden del rey prevaleció sobre el parecer de Joab, y este salió a recorrer todo Israel. Luego volvió a Jerusalén 5 y presentó a David las cifras del censo de la población: en todo Israel había 1.100.000 hombres aptos para el servicio militar, y en Judá, 470.000. 6 Pero Joab no incluyó en el censo ni a Leví ni a Benjamín, porque consideraba abominable la orden del rey.

El castigo del Señor y el arrepentimiento de David
2 Sam. 24. 10-17

7 Dios vio esto con malos ojos y castigó a Israel. 8 Entonces David dijo a Dios: "He cometido un grave pecado al obrar de esta manera. Dígnate ahora borrar la falta de tu servidor, porque me he comportado como un necio".
9 El Señor dirigió su palabra a Gad, el vidente de David, en estos términos: 10 "Ve a decir a David: Así habla el Señor: Te propongo tres cosas. Elige una, y yo la llevaré a cabo". 11 Gad se presentó a David y le dijo: "Así habla el Señor: Tienes que elegir, 12 o bien tres años de hambre; o bien tres meses de derrotas ante tus enemigos, bajo los golpes de espada de tus adversarios; o bien tres días en que la espada del Señor y la peste asolarán el país y el Ángel del Señor hará estragos en todo el territorio de Israel. Ahora mira bien qué debo responder al que me envió". 13 David dijo a Gad: "¡Estoy en un grave aprieto! Prefiero caer en manos del Señor, porque es muy grande su misericordia, antes que caer en manos de los hombres".
14 Entonces el Señor envió la peste a Israel, y cayeron setenta mil hombres de Israel. 15 Dios mandó un Ángel a Jerusalén para exterminarla; pero cuando la estaba exterminando, el Señor miró y se arrepintió del mal que le infligía, y dijo al Ángel exterminador: "¡Basta ya! ¡Retira tu mano!". El Ángel del Señor estaba junto a la era de Ornán, el jebuseo. 16 David alzó los ojos, y vio al Ángel del Señor erguido entre la tierra y el cielo, con su espada desenvainada en la mano, apuntando hacia Jerusalén. David y los ancianos, vestidos de sayales, cayeron con el rostro en tierra, 17 y David dijo a Dios: "¿No he sido yo el que ordenó hacer el recuento del pueblo? ¿No he sido yo el que ha pecado y ha obrado mal? Pero estos, las ovejas, ¿qué han hecho? ¡Señor, Dios mío, descarga tu mano sobre mí y sobre la casa de mi padre, pero no castigues a tu pueblo!".

La construcción de un altar en la era de Ornán
2 Sam. 24. 18-25

18 El Ángel del Señor ordenó a Gad que dijera a David: "Que David suba a erigir un altar al Señor en la era de Ornán, el jebuseo". 19 David subió, conforme a la palabra que había dicho Gad en nombre del Señor. 20 Ornán, que estaba trillando el trigo, al darse vuelta, había visto al Ángel, y los cuatro hijos que estaban con él se habían escondido. 21 David llegó adonde estaba Ornán. Este dirigió una mirada y, al ver a David, salió de la era y se postró delante de él con el rostro en tierra. 22 David dijo entonces a Ornán: "Cédeme el terreno de la era para edificar en él un altar al Señor; entrégamelo por su valor real, y así cesará la plaga que azota a mi pueblo". 23 Ornán respondió a David: "Tómala, y que mi señor el rey haga con ella lo que mejor le parezca. Te doy los bueyes para los holocaustos, los trillos para que sirvan de leña y el trigo para la oblación. Yo te entrego todo esto".
24 Pero el rey David dijo a Ornán: "¡De ninguna manera! La compraré por su precio real en plata, porque no voy a tomar para el Señor lo que te pertenece, ni voy a ofrecer un holocausto que no cuesta nada". 25 Así David entregó a Ornán por ese terreno la suma de seiscientos siclos de oro.
26 Allí edificó David un altar al Señor, y ofreció holocaustos y sacrificios de comunión. Invocó al Señor, y él le respondió enviando fuego del cielo sobre el altar del holocausto. 27 Y el Señor ordenó al Ángel que volviera a enfundar su espada.
28 En aquel tiempo, al ver que el Señor le había respondido en la era de Ornán, el jebuseo, David ofreció sacrificios allí. 29 La Morada del Señor, que Moisés había hecho en el desierto, y el altar de los holocaustos estaban entonces en el lugar alto de Gabaón. 30 Pero David no había podido presentarse allí para consultar a Dios, porque la espada del Ángel del Señor lo había llenado de terror.
22 1 David dijo: "¡Esta es la Casa del Señor Dios, y este el altar para el holocausto de Israel!".

Preparativos para la construccióndel Templo

2 David ordenó que se reuniera a todos los extranjeros residentes en el territorio de Israel y los empleó como obreros para que tallaran las piedras destinadas a la construcción de la Casa de Dios. 3 También preparó hierro en abundancia, para clavar las hojas de las puertas y para las grampas, bronce en cantidad incalculable, 4 y madera de cedro sin medida, porque los sidonios y los tirios habían traído a David madera de cedro en abundancia.
5 David, en efecto, pensaba: "Mi hijo Salomón es todavía joven y débil, y la Casa que hay que edificar para el Señor debe ser extraordinariamente grandiosa, de manera que se hable de ella y sea famosa en todos los países. Por eso, yo haré los preparativos". Así, David hizo grandes preparativos antes de su muerte. 6 Después llamó a su hijo Salomón y le ordenó que edificara una Casa para el Señor, el Dios de Israel. 7 David dijo a Salomón: "Hijo mío, yo me había propuesto edificar una Casa para el nombre del Señor, mi Dios. 8 Pero la palabra del Señor me llegó en estos términos: ‘Tú has derramado mucha sangre y has hecho grandes guerras; tú no edificarás una Casa para mi Nombre, porque has derramado mucha sangre sobre la tierra delante de mí. 9 Te nacerá un hijo, que será hombre de paz; yo lo haré vivir en paz con todos los enemigos de su alrededor, porque su nombre será Salomón, y mientras él viva, concederé paz y tranquilidad a Israel. 10 Él edificará una Casa para mi Nombre; él será para mí un hijo y yo seré para él un padre, y afianzaré su trono real sobre Israel para siempre’. 11 Ahora, hijo mío, que el Señor esté contigo, para que logres edificar la Casa del Señor, tu Dios, como él lo ha predicho de ti. 12 Y que el Señor te dé discernimiento e inteligencia cuando te ponga al frente de Israel, a fin de que observes la Ley del Señor, tu Dios. 13 Si te empeñas por cumplir los decretos y las leyes que el Señor ha ordenado a Moisés para Israel, entonces prosperarás. ¡Sé fuerte y valeroso! ¡No temas ni te acobardes! 14 Mira lo que yo he preparado con mucha dificultad para la Casa del Señor: cien mil talentos de oro, un millón de talentos de plata y una incalculable cantidad de bronce y de hierro. He preparado también maderas y piedras que tú tendrás que acrecentar. 15 Tienes a tu disposición un buen número de obreros, talladores de piedras, orfebres y expertos en toda clase de obras. 16 El oro, la plata, el bronce y el hierro son incalculables. Prepárate para la obra y que el Señor esté contigo".
17 Después David ordenó a todos los jefes de Israel que ayudaran a su hijo Salomón: 18 "¿Acaso no está con ustedes el Señor, su Dios? ¿No les ha dado paz por todas partes? Porque él ha puesto en sus manos a los habitantes del país, y todo el país está sometido al Señor y a su pueblo. 19 Dedíquense ahora de todo corazón y con toda su alma a buscar al Señor, su Dios. Prepárense a edificar el Santuario del Señor, su Dios, a fin de trasladar a la Casa que se va edificar para el nombre del Señor el Arca de la Alianza del Señor y los utensilios consagrados a Dios".

Organización de los levitas
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1 Cuando David ya era un anciano de edad muy avanzada, proclamó a su hijo Salomón rey de Israel. 2 Reunió a todos los jefes de Israel, a los sacerdotes y a los levitas, 3 y se hizo el censo de los levitas mayores de treinta años: su número, contados uno por uno, sumaba 38.000 hombres. 4 De estos, 24.000 estaban al frente del servicio de la Casa del Señor; 6.000 eran escribas y jueces, 5 4.000 porteros, y los otros 4.000 alababan al Señor con los instrumentos que David había fabricado con ese fin.
6 David los distribuyó por clases, según los hijos de Leví: Gersón, Quehat y Merarí.
7 Los descendientes de Gersón fueron Ladán y Simei. 8 Los hijos de Ladán fueron Iejiel, el primero, y luego, Zetám y Joel: tres en total. 9 Los hijos de Simei fueron Selomit, Jaziel y Harán: tres en total . Estos fueron los jefes de las familias de Ladán. 10 Los hijos de Simei fueron Iájat, Zizá, Ieús y Beriá. Estos fueron los cuatro hijos de Simei. 11 Iájat era el jefe y Zizá el segundo; Ieús y Beriá no tuvieron muchos hijos, por lo cual fueron registrados en el censo como una sola familia.
12 Los descendientes de Quehat fueron Amram, Ishar, Hebrón y Uziel: cuatro en total. 13 Los hijos de Amram fueron Aarón y Moisés. Aarón fue separado, junto con sus hijos, para consagrar perpetuamente las cosas santísimas, para quemar incienso delante del Señor, y para servirlo y bendecir en su Nombre eternamente. 14 En cuanto a Moisés, hombre de Dios, sus hijos fueron contados en la tribu de Leví. 15 Los hijos de Moisés fueron Gersón y Eliezer. 16 El primer hijo de Gersón fue Sebuel, 17 y el primer hijo de Eliezer, Rejabías. Eliezer no tuvo más hijos, pero los hijos de Rejabías fueron muy numerosos. 18 El primer hijo de Ishar fue Selomit. 19 Los hijos de Hebrón fueron Ieriías, el primero, Amarías, el segundo, Iajaziel, el tercero, y Iecamám, el cuarto. 20 Los hijos de Uziel fueron Micá, el primero, e Isías, el segundo.
21 Los hijos de Merarí fueron Majlí y Musí. Los hijos de Majlí fueron Eleazar y Quis. 22 Eleazar murió sin tener hijos; sólo tuvo hijas, y los hijos de Quis, sus hermanos, las tornaron por esposas. 23 Los hijos de Musí fueron Majlí, Eder y Ieremot: tres en total.
24 Estos son los hijos de Leví, según sus familias, los jefes de ellas, registrados nominalmente en el censo, uno por uno. Ellos estaban dedicados al servicio de la Casa del Señor, a partir de los veinte años de edad. 25 Porque David había dicho: "El Señor, el Dios de Israel, ha dado paz a su pueblo y habita en Jerusalén para siempre. 26 De manera que los levitas ya no tienen que transportar la Morada ni todos los utensilios destinados a su servicio". 27 Conforme a estas últimas disposiciones de David, se hizo el cómputo de los hijos de Leví de veinte años para arriba. 28 Estaban a las órdenes de los hijos de Aarón, para el servicio de la Casa del Señor, teniendo a su cargo los atrios y las habitaciones, la purificación de todas las cosas sagradas y la obra del servicio de la Casa de Dios. 29 Asimismo, tenían a su cargo los panes de la ofrenda, la harina para la oblación, las tortas sin levadura, las ofrendas fritas a la sartén o cocidas, y todas las medidas de capacidad y longitud. 30 Tenían que presentarse cada mañana y cada tarde, para dar gracias y alabar al Señor. 31 Además, debían ofrecer los holocaustos al Señor en los sábados, novilunios y solemnidades, según el número y el rito establecido delante del Señor para siempre. 32 En resumen, ellos tenían a su cargo el cuidado de la Carpa del Encuentro y la custodia del Santuario, y debían servir a los hijos de Aarón, sus hermanos, en el culto de la Casa del Señor.

Las clases sacerdotales
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1 Los descendientes de Aarón también estaban distribuidos por clases. Los hijos de Aarón fueron Nadab, Abihú, Eleazar e Itamar. 2 Nadab y Abihú murieron antes que su padre, sin tener hijos; y fueron Eleazar e Itamar los que ejercieron las funciones sacerdotales. 3 David junto con Sadoc, de los hijos de Eleazar, y con Ajimélec, de los hijos de Itamar, los dividió en clases y los registró según sus funciones. 4 Entre los hijos de Eleazar, había más varones que entre los hijos de Itamar, y por eso, al ser divididos, los jefes de familia fueron dieciséis entre los hijos de Eleazar, y ocho entre los hijos de Itamar. 5 Unos y otros fueron divididos por sorteo, porque tanto entre los hijos de Eleazar como entre los hijos de Itamar había jefes consagrados y jefes al servicio de Dios. 6 El escriba Semaías, hijo de Natanael, uno de los levitas, los inscribió en presencia del rey y de los jefes, y en presencia del sacerdote Sadoc, de Ajimélec, hijo de Abiatar, y de los jefes de las familias sacerdotales y levíticas. Se echaba la suerte, una vez por Itamar y dos veces por Eleazar.
7 La primera suerte cayó sobre Iehoiarib; la segunda sobre Iedaías; 8 la tercera sobre Jarím; la cuarta sobre Seorím; 9 la quinta sobre Malquías; la sexta sobre Miamím; 10 la séptima sobre Hacós; la octava sobre Abías; 11 la novena sobre Iesúa; la décima sobre Secanías; 12 la undécima sobre Eliasib; la duodécima sobre Iaquím; 13 la decimotercera sobre Jupá; la decimocuarta sobre Iesebab; 14 la decimoquinta sobre Bilgá; la decimosexta sobre Imer; 15 la decimoséptima sobre Jezir; la decimoctava sobre Hapisés; 16 la decimonovena sobre Petajías; la vigésima sobre Ezequiel; 17 la vigésima primera sobre Iaquín; la vigésima segunda sobre Gamul; 18 la vigésima tercera sobre Delaías; la vigésima cuarta sobre Maazías.
19 Esta fue su distribución por turnos para entrar en la Casa del Señor, conforme al reglamento establecido por Aarón, su padre, como lo había ordenado el Señor, el Dios de Israel.

Otros miembros de las familias levíticas

20 Los hijos de Leví que aún quedaban eran los siguientes: de los hijos de Amrám, Subael; de los hijos de Subael, Iejdías; 21 de Rejabías y sus hijos, el jefe era Isías; 22 de los isharitas, Selomot, de los hijos de Selomot, Iájat; 23 de los hijos de Hebrón, el jefe era Ierías, Amarías el segundo, Iajziel el tercero, y Iecamám el cuarto; 24 de los hijos de Uziel, Micá; de los hijos de Micá, Samir. 25 Isías era hermano de Micá, y el jefe de los hijos de Isías era Zacarías.
26 De los hijos de Merarí: Majlí y Musí, además de los descendientes de su hijo Iaazías. 27 Hijos de Merarí por la línea de su hijo Iaazías: Sóham, Zacur e Ibrí. 28 Por parte de Majlí, Eleazar, que no tuvo hijos. 29 Por parte de Quis, su hijo Ierajmel. 30 Los hijos de Musí eran Majlí, Eder y Ierimot.
Estos eran los hijos de Leví, agrupados por familias. 31 También ellos, igual que sus hermanos, los hijos de Aarón, participaron del sorteo en presencia del rey David, de Sadoc, de Ajimélec, y de los jefes de las familias sacerdotales y levíticas. En cada familia, el jefe fue tratado de la misma manera que su hermano menor.

Organización de los cantores
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1 David y los jefes del ejército separaron para el servicio del culto a los hijos de Asaf, de Hemán y de Iedutún, los cuales profetizaban, acompañándose con cítaras, arpas y címbalos. La lista de los encargados de este servicio es la siguiente:
2 De los hijos de Asaf: Zacur, José, Netanías y Asarelá, hijos de Asaf. Estos estaban bajo la dirección de Asaf, el cual profetizaba conforme a las órdenes del rey.
3 De Iedutún: los hijos de Iedutún, a saber, Guedalías, Serí, Isaías, Jasabías, Matitías y Simei: seis en total. Estos estaban bajo la dirección de su padre Iedutún, el cual profetizaba al son de la cítara para celebrar y alabar al Señor.
4 De Hemán: los hijos de Hemán, a saber, Buquías, Matanías, Uziel, Sebuel, Ierimot, Jananías, Jananí, Eliatá, Guidaltí, Romantí Ezer, Iosbecasá, Malotí, Hotir y Majaziot. 5 Todos estos eran hijos de Hemán, el vidente del rey en los asuntos referentes a Dios. Para exaltar su poder, Dios había dado a Hemán catorce hijos y tres hijas. 6 Todos ellos estaban bajo la dirección de su padre, para cantar en la Casa del Señor al son de címbalos, arpas y cítaras al servicio de la Casa de Dios, siguiendo las indicaciones del rey, de Asaf, de Iedutún y de Hemán. 7 Eran doscientos ochenta y ocho en total, contando a sus hermanos, todos los cuales habían sido instruidos y eran expertos en el canto del Señor.
8 Se sortearon los turnos para el servicio, tanto del grande como del pequeño, del maestro como del discípulo.
9 La primera suerte recayó sobre el asafita José;
la segunda sobre Guedalías, con sus hijos y hermanos: doce en total;
10 la tercera sobre Zacur, con sus hijos y hermanos: doce en total;
11 la cuarta sobre Isrí, con sus hijos y hermanos: doce en total;
12 la quinta sobre Netanías, con sus hijos y hermanos: doce en total;
13 la sexta sobre Buquías, con sus hijos y hermanos: doce en total;
14 la séptima sobre Iesarelá, con sus hijos y hermanos: doce en total;
15 la octava sobre Isaías, con sus hijos y hermanos: doce en total;
16 la novena sobre Matanías, con sus hijos y hermanos: doce en total;
17 la décima sobre Simei, con sus hijos y hermanos: doce total;
18 la undécima sobre Azarel, con sus hijos y hermanos: doce en total;
19 la duodécima sobre Jasabías, con sus hijos y hermanos: doce en total;
20 la decimotercera sobre Subael, con sus hijos y hermanos: doce en total;
21 la decimocuarta sobre Matitías, con sus hijos y hermanos: doce en total;
22 la decimoquinta sobre Ieremot, con sus hijos y hermanos: doce en total;
23 la decimosexta sobre Jananías, con sus hijos y hermanos: doce en total;
24 la decimoséptima sobre Iosbecasá, con sus hijos y hermanos: doce en total;
25 la decimoctava sobre Jananí, con sus hijos y hermanos: doce en total;
26 la decimonovena sobre Malotí, con sus hijos y hermanos: doce en total;
27 la vigésima sobre Eliatá, con sus hijos y hermanos: doce en total;
28 la vigésima primera sobre Hotir, con sus hijos y hermanos: doce en total;
29 la vigésima segunda sobre Guidaltí, con sus hijos y hermanos: doce en total;
30 la vigésima tercera sobre Majaziot, con sus hijos y hermanos: doce en total;
31 la vigésima cuarta sobre Romantí Ezer, con sus hijos y hermanos: doce en total.

Organización de los porteros
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1 Los grupos de porteros fueron los siguientes:
De los coreítas: Meselemías, hijo de Coré, uno de los hijos de Ebiasaf. 2 Los hijos de Meselemías fueron: el primogénito, Zacarías; el segundo, Iediael; el tercero, Zebadías; el cuarto, Iatniel; 3 el quinto, Elám; el sexto, Iehojanán, y el séptimo, Eliehoenai.
4 Los hijos de Obededóm: el primogénito, Semaías; el segundo, Iehozabad; el tercero, Ioaj; el cuarto, Sacar; el quinto, Natanael; 5 el sexto, Amiel; el séptimo, Isacar, y el octavo, Peuletai. Dios, en efecto, lo había bendecido. 6 A su hijo Semaías le nacieron hijos, que tuvieron autoridad sobre sus familias, porque eran hombres muy valientes. 7 Los hijos de Semaías fueron Otní, Rafael, Obed, Elzabad y sus hermanos, Elihú y Semaquías, hombres valientes. 8 Todos estos fueron hijos de Obededóm; ellos, sus hijos y sus hermanos eran hombres de gran valor y aptitud para el servicio: eran sesenta y dos en total.
9 Meselemías tuvo hijos y hermanos: eran en total dieciocho hombres valientes.
10 Josá, de los hijos de Merarí, tuvo hijos: el principal de ellos fue Simrí, porque aunque no era el primogénito, su padre lo constituyó jefe; 11 el segundo fue Jilquías; el tercero, Tebalías; el cuarto, Zacarías. Los hijos de Josá fueron trece en total.
12 Los jefes de estos grupos de porteros, lo mismo que sus hermanos, tenían a su cargo la custodia de la Casa del Señor. 13 Se echaron suertes para cada puerta, entre todas las familias, tanto las pequeñas como las principales. 14 La puerta oriental le tocó en suerte a Selemías. Después sortearon la puerta del norte, y esta le tocó en suerte a su hijo Zacarías, que era prudente consejero. 15 A Obededóm le tocó el sur, y a sus hijos los almacenes. 16 A Supím y a Josá, les tocó el lado occidental, con la puerta de Salequet, en el camino de la subida. Las guardias estaban dispuestas de esta manera: 17 en la puerta oriental, había seis levitas por día; en la del norte, cuatro por día, en la del sur, cuatro por día; en los almacenes, dos y dos; 18 en el Parbar, al oeste, había cuatro para la subida y dos para el Parbar. 19 Estos eran los grupos de los porteros de los hijos de los coreítas y de los hijos de Merarí.

Los encargados de los tesoros del Templo

20 Los levitas, sus hermanos, que estaban encargados de los tesoros de la Casa de Dios y de los depósitos de las cosas sagradas, eran los siguientes:
21 Los hijos de Ladán –descendientes de Gersón por la línea de Ladán– tenían a los iejielitas como jefes de las familias de Ladán, el gersonita. 22 Los hijos de Iejiel, Zetán y su hermano Joel eran los encargados de los tesoros de la Casa del Señor.
23 De los amramitas, isharitas, hebronitas y uzielitas, 24 Subael hijo de Gersón, hijo de Moisés, era el tesorero mayor. 25 Sus hermanos por parte de Eliezer fueron: el hijo de Eliezer, Rejabías; el hijo de Rejabías, Isaías; el hijo de Isaías, Jorám; el hijo de Jorám, Zicrí; el hijo de Zicrí, Selomit. 26 Selomit y sus hermanos estaban al frente de los tesoros de las ofrendas sagradas que habían sido dedicadas por el rey David, por los jefes de familias, por los jefes de mil y de cien hombres, y por otros oficiales del ejército. 27 Ellos habían consagrado algo del botín de guerra para el sostenimiento de la Casa del Señor. 28 Y lo que habían consagrado el vidente Samuel, Saúl, hijo de Quis, Abner, hijo de Ner, y Joab, hijo de Seruiá, en una palabra, todas las cosas sagradas estaban bajo la custodia de Selomit y sus hermanos.
29 De los isharitas, Quenanías y sus hijos administraban como secretarios y jueces los asuntos de Israel.
30 De los hebronitas, Jasabías y sus hermanos –1.700 hombres valiosos– tenían a su cargo la administración de Israel al oeste del Jordán, en todos los asuntos referentes al Señor y al servicio del rey. 31 El jefe de los hebronitas era Ieriías. En el año cuarenta del reinado de David, se hicieron averiguaciones sobre las genealogías de los hebronitas, y se encontró entre ellos a hombres valerosos en Iezer de Galaad. 32 Los hermanos de Ieriías –2.700 jefes de familia, hombres de gran valor– fueron puestos por el rey David al frente de los rubenitas, de los gaditas y de la mitad de la tribu de Manasés, en todos los asuntos referentes a Dios y al rey.
Organización militar y civil del reinode David: las divisiones del ejército
27 1 El número de los israelitas –incluyendo los jefes de familia, los jefes de mil y cien hombres y los oficiales que servían al rey en lo referente a las divisiones que entraban y salían de servicio cada mes, a lo largo de todo el año– era de 24.000 hombres por cada división.
2 Al frente de la primera división, la del primer mes, estaba Iasobám, hijo de Zabdiel: su división tenía 24.000 hombres. 3 Él pertenecía a la familia de Peres y era el jefe de todos los oficiales del primer mes.
4 Al frente de la división del segundo mes estaba Dodai, el ajojita: su división tenía 24.000 hombres.
5 El jefe del tercer regimiento, el del tercer mes, era Benaías, hijo del sacerdote Iehoiadá: su división tenía 24.000 hombres. 6 Benaías era uno de los Treinta guerreros y se hallaba al frente de ellos; en su división estaba también su hijo Amizabad.
7 El cuarto, el del cuarto mes, era Asahel, hermano de Joab, y le sucedió su hijo Zebadías: su división tenía 24.000 hombres.
8 El quinto jefe, el del quinto mes, era Samhut, el izrajita: su división tenía 24.000 hombres.
9 El sexto, el del sexto mes, era Irá, hijo de Iqués, el tecoíta: su división tenía 24.000 hombres.
10 El séptimo, el del séptimo mes, era Jeles, el pelonita, de los descendientes de Efraím: su división tenía 24.000 hombres.
11 El octavo, el del octavo mes, era Sibecai, de Jusá, de los zarjitas: su división tenía 24.000 hombres.
12 El noveno, el del noveno mes, era Abiézer, de Anatot, de los benjaminitas: su división tenía 24.000 hombres.
13 El décimo, el del décimo mes, era Maharai, de Netofá, de los zarjitas: su división tenía 24.000 hombres.
14 El undécimo, el del undécimo mes, era Benaías, de Pireatón, de los descendientes de Efraím: su división tenía 24.000 hombres.
15 El duodécimo, el del duodécimo mes, era Jeldai, de Netofá, de la estirpe de Otniel: su división tenía 24.000 hombres.

Los jefes de las tribus

16 Los jefes que estaban al frente de las tribus de Israel fueron los siguientes:
De Rubén: Eliezer, hijo de Zicrí. De Simeón: Sefatías, hijo de Maacá. 17 De Leví: Jasabías, hijo de Quemuel. De Aarón: Sadoc. 18 De Judá: Elihú, uno de los hermanos de David. De Isacar: Omrí, hijo de Micael. 19 De Zabulón: Ismaías, hijo de Abdías. De Neftalí: Ierimot, hijo de Azriel. 20 De los descendientes de Efraím: Oseas, hijo de Azazías. De la mitad de la tribu de Manasés: Joel, hijo de Pedaías. 21 De la mitad de la tribu de Manasés, en Galaad: Idó, hijo de Zacarías. De Benjamín: Iaasiel, hijo de Abner. 22 De Dan: Azarel, hijo de Ierojám. Estos eran los jefes de las tribus de Israel.
23 David no hizo el censo de los que tenían menos de veinte años, porque el Señor le había prometido que multiplicaría a Israel como las estrellas del cielo. 24 Joab, hijo de Seruiá, había comenzado a hacer el censo, pero no lo terminó, porque a causa de él, la ira del Señor se descargó sobre Israel. Por eso el resultado del censo no figura en el libro de las Crónicas del rey David.
Los encargados de la administración
25 Azmávet, hijo de Adiel, era el encargado de los tesoros del rey. Jonatán, hijo de Uzías, el encargado de los depósitos de los campos, de las ciudades, de los poblados y de las fortalezas. 26 Ezrí, hijo de Quelub, el encargado de los agricultores que trabajaban las tierras. 27 Simei, de Ramá, el encargado de las viñas. Sabdí, el sifmita, el encargado del producto de las viñas y de las bodegas. 28 Baal Janán, de Guéder, el encargado de los olivares y los sicomoros de la Sefelá. Joás, el encargado de los depósitos de aceite. 29 Sitrai, de Sarón, el encargado del ganado vacuno que pastaba en Sarón. Safat, hijo de Adlai, el encargado del ganado vacuno de los valles. 30 Obil, el ismaelita, el encargado de los camellos. Jejdeías, de Meronot, el encargado de las asnas. 31 Y Iazíz, de Agar, el encargado del ganado menor. Todos estos eran los encargados de los bienes que pertenecían al rey David.

El Consejo del rey

32 Jonatán, tío de David, hombre prudente e instruido, era consejero. Iejiel, hijo de Iacmoní, era preceptor de los hijos del rey. 33 Ajitófel era consejero del rey. Jusai, el arquita, era amigo del rey. 34 Los sucesores de Ajitófel fueron Iehoiadá, hijo de Benaías, y Abiatar. Joab era el jefe del ejército real.
Instrucciones de David para la edificación del Templo
28 1 David reunió en Jerusalén a todos los jefes de Israel, a los jefes de las tribus, a los jefes de las divisiones que estaban al servicio del rey, a los jefes de mil y de cien hombres, a los administradores de todos los bienes y del ganado del rey y de sus hijos, a los funcionarios, a los guerreros y a todos los hombres de valor. 2 El rey David se puso de pie y dijo:
"Óiganme, hermanos y pueblo mío. Yo me había propuesto construir una Casa donde descansara el Arca de la Alianza del Señor, que es la tarima de los pies de nuestro Dios, y había hecho preparativos para su construcción. 3 Pero Dios me dijo: ‘Tú no edificarás la Casa para mi Nombre, porque eres hombre de guerra y has derramado sangre’.
4 Sin embargo, el Señor, el Dios de Israel, me eligió entre toda mi familia, a fin de que yo fuera rey de Israel para siempre. Porque él eligió como guía a la tribu de Judá, y entre las familias de Judá, a la casa de mi padre; y entre los hijos de mi padre se complació en mí para hacerme rey sobre todo Israel. 5 Y entre todos mis hijos –porque el Señor me ha dado muchos– eligió a mi hijo Salomón para que se sentara en el trono de la realeza del Señor sobre Israel. 6 Y él me dijo: ‘Tu hijo Salomón edificará mi Casa y mis atrios; porque lo he elegido como hijo y yo seré para él un padre. 7 Afianzaré su reino para siempre, si se mantiene firme en el cumplimiento de mis mandamientos y mis leyes como en el día de hoy’.
8 Y ahora, a la vista de todo Israel, que es la asamblea del Señor, y delante de nuestro Dios que nos escucha, yo les digo: ‘Cumplan y observen todos los mandamientos del Señor, nuestro Dios, para que puedan poseer esta hermosa tierra y puedan dejarla como herencia a sus hijos después de ustedes para siempre’.
9 Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvelo con un corazón íntegro y con ánimo generoso, porque el Señor sondea todos los corazones y penetra hasta el fondo de todos los pensamientos. Si lo buscas, él se dejará encontrar; pero si lo abandonas, él te rechazará para siempre. 10 Ten presente que el Señor te ha elegido para que le edifiques una Casa como Santuario. ¡Sé fuerte, y manos a la obra!".

Entrega de los planos y de los materiales para el Templo

11 David dio a su hijo Salomón el diseño del vestíbulo y de los demás edificios, de los almacenes, de las habitaciones superiores, de las salas interiores y del lugar del Propiciatorio. 12 Le entregó también el diseño de todo lo que había proyectado para los atrios de la Casa del Señor, para las habitaciones de alrededor, para los tesoros de la Casa de Dios, para los depósitos de las cosas sagradas, 13 para las clases de los sacerdotes y de los levitas, para la manera de ejercer el servicio de la Casa del Señor y para los utensilios destinados al culto de la Casa del Señor. 14 Determinó el peso del oro y la plata para todos los objetos de oro y plata que debían utilizarse en cada servicio; 15 fijó asimismo el peso del oro y la plata para los candelabros de oro y plata con sus lámparas, según el uso a que estaban destinados; 16 también determinó el peso del oro para cada una de las mesas de los panes de la ofrenda, y el peso de la plata destinada a las mesas de plata; 17 el oro puro para los tenedores, los aspersorios y las jarras; el peso del oro y de la plata para cada una de las copas de oro y plata; 18 y el peso del oro refinado para el altar del incienso; finalmente, entregó el modelo de la carroza y de los querubines que cubren con sus alas extendidas el Arca de la Alianza del Señor. 19 Todo esto había sido escrito por la mano del Señor, para dar a conocer los detalles del diseño.

Exhortación de David a Salomón

20 David dijo a su hijo Salomón: "¡Sé fuerte y valeroso, y manos a la obra! No temas ni te acobardes, porque el Señor Dios, mi Dios, estará contigo: él no te dejará ni te abandonará hasta que hayas terminado toda la obra necesaria para el servicio de la Casa del Señor. 21 Aquí están las clases de los sacerdotes y levitas para todo el servicio de la Casa de Dios. En todo este trabajo contarás con la ayuda de obreros adiestrados para cualquier tipo de tareas. También los jefes y todo el pueblo estarán a tus órdenes".

Las ofrendas para el Templo
29

1 El rey David dijo a toda la asamblea: "Mi hijo Salomón, el único elegido por Dios, es todavía joven e inexperto, mientras que la obra es grande, porque este palacio no es para los hombres, sino para Dios. 2 Por eso, con todas mis fuerzas he preparado para la Casa de mi Dios, oro para los objetos de oro, plata para los de plata, bronce para los de bronce, hierro para los de hierro, madera para los de madera; y también, piedras de ónix y de engaste, piedras brillantes y de varios colores, piedras preciosas de toda clase y alabastro en abundancia. 3 Más aún, lo que yo poseo personalmente en oro y plata, lo entrego por amor a la Casa de mi Dios, además de todo lo que he preparado para el Templo santo: 4 tres mil talentos de oro, en oro de Ofir, y siete mil talentos de plata finísima para recubrir las paredes de los edificios 5 y para hacer los objetos de oro y plata y todas las obras de orfebrería. ¿Quién de ustedes esta dispuesto a ofrecer sus dones al Señor con la misma generosidad?".
6 Entonces los jefes de familia, los jefes de las tribus de Israel, los jefes de mil y de cien hombres, y los encargados de las obras del rey, entregaron espontáneamente sus ofrendas, 7 y dieron para el servicio de la Casa de Dios cinco mil talentos de oro, diez mil dáricos, diez mil talentos de plata, dieciocho mil talentos de bronce y cien mil talentos de hierro. 8 Los que tenían piedras preciosas, las entregaron en manos de Iejiel, el gersonita, para el tesoro de la Casa del Señor. 9 El pueblo se alegró por estas ofrendas voluntarias, porque las habían presentado al Señor de todo corazón. Y también el rey David se llenó de alegría.

Acción de gracias de David

10 Después David bendijo al Señor en presencia de toda la asamblea, diciendo:
"¡Bendito seas, Señor, Dios de nuestro padre Israel, desde siempre y para siempre! 11 Tuya, Señor, es la grandeza, la fuerza, la gloria, el esplendor y la majestad; porque a ti pertenece todo lo que hay en el cielo y en la tierra. Tuyo, Señor, es el reino; tú te elevas por encima de todo. 12 De ti proceden la riqueza y la gloria; tú lo gobiernas todo, en tu mano están el poder y la fuerza, y es tu mano la que engrandece y afianza todas las cosas. 13 Por eso, Dios nuestro, te damos gracias y alabamos tu Nombre glorioso. 14 Porque ¿quién soy yo y quién es mi pueblo, para que podamos presentarte estas ofrendas voluntarias? En realidad, todo viene de ti y de tu mano procede lo que te damos. 15 Nosotros somos extranjeros y peregrinos delante de ti, como lo fueron nuestros padres: nuestros días sobre la tierra pasan como una sombra, sin esperanza. 16 Señor, Dios nuestro, todas estas riquezas que hemos preparado para edificar una Casa a tu santo Nombre, proceden de tu mano y todo es tuyo. 17 Yo sé, Dios mío, que tú sondeas el corazón y amas la rectitud: por eso, con rectitud de corazón, te he ofrecido espontáneamente todas estas cosas, y ahora veo con alegría que el pueblo aquí presente te ofrece sus dones generosamente. 18 Señor, Dios de nuestros padres Abraham, Isaac e Israel, conserva para siempre estos mismos pensamientos en el corazón de tu pueblo y dirige su corazón hacia ti. 19 Concede a mi hijo Salomón un corazón íntegro, para que observe y cumpla todos tus mandamientos, tus testimonios y tus leyes, y edifique el Templo que yo te he preparado".
20 Después David dijo a toda la asamblea: "¡Bendigan al Señor, su Dios!". Y toda la asamblea bendijo al Señor, el Dios de sus padres, y se postró delante del Señor y del rey.

Coronación de Salomón

21 Al día siguiente ofrecieron sacrificios y holocaustos al Señor: mil novillos, mil carneros y mil corderos, con sus libaciones, y un gran número de sacrificios por todo Israel. 22 Aquel día, comieron y bebieron con gran alegría en la presencia del Señor. Luego proclamaron como segundo rey a Salomón, hijo de David, y lo ungieron como príncipe del Señor. Sadoc fue ungido como sacerdote. 23 Salomón se sentó como rey en el trono del Señor, en lugar de su padre David. Él prosperó y todo Israel le obedeció. 24 Todos los jefes y guerreros, lo mismo que todos los hijos del rey David, juraron fidelidad al rey Salomón. 25 El Señor engrandeció sobremanera a Salomón a los ojos de todo Israel, y le concedió un reinado glorioso como nunca había tenido ningún otro rey de Israel antes de él.

La muerte de David
1 Rey. 2. 10-12

26 David, hijo de Jesé, había reinado sobre todo Israel. 27 Cuarenta años duró su reinado sobre Israel. Reinó siete años en Hebrón y treinta y tres en Jerusalén. 28 Murió después de una dichosa vejez, lleno de años, de riqueza y de gloria, y le sucedió su hijo Salomón. 29 Los hechos del rey David, desde el primero hasta el último, están escritos en las Crónicas de Samuel, el vidente, en las de Natán, el profeta, y en las de Gad, el vidente, 30 con todo lo referente a su reinado y a sus hazañas, y a las vicisitudes que le sobrevinieron a él, a Israel y a todos los reinos de aquellas regiones.



El sueño y la súplica de Salomón en Gabaón
1 Rey. 3. 4-15
1

1 Salomón, hijo de David, se afianzó en su trono, y el Señor, su Dios, estaba con él y lo engrandeció sobremanera. 2 Salomón habló a todo Israel, a los jefes de mil y de cien hombres, a los jueces y a todos los príncipes de todo Israel, o sea, a los jefes de familia. 3 Después Salomón fue con toda la asamblea al lugar alto de Gabaón, donde estaba la Carpa del Encuentro de Dios, que Moisés, el servidor del Señor, había construido en el desierto. 4 El Arca de Dios, en cambio, había sido llevada por David de Quiriat Iearim al lugar que él mismo le había preparado en Jerusalén, levantando allí una tienda de campaña para ella. 5 Pero el altar de bronce que había hecho Besalel, hijo de Urí, hijo de Jur, estaba en Gabaón delante de la Morada del Señor, y Salomón fue junto con la asamblea a consultarlo allí al Señor. 6 Salomón subió al altar de bronce que estaba junto a la Carpa del Encuentro, y ofreció sobre él mil holocaustos, en la presencia del Señor.
7 Aquella misma noche, Dios se apareció a Salomón y le dijo: "Pídeme lo que quieras". 8 Salomón respondió a Dios: "Tú has tratado a mi padre David con gran fidelidad y me has hecho reinar en lugar de él. 9 Ahora, Señor Dios, que se cumpla la promesa que le hiciste a mi padre David, ya que tú me has constituido rey sobre un pueblo numeroso como el polvo de la tierra. 10 Por eso, dame sabiduría e inteligencia, para que yo pueda guiar a este pueblo, porque ¿quién podría juzgar a un pueblo tan grande como el tuyo?".
11 Dios respondió a Salomón: "Ya que me haces esta petición y no reclamas riquezas, ni posesiones, ni gloria, ni la muerte de tus enemigos, ni tampoco una larga vida, sino que pides sabiduría e inteligencia para juzgar a mi pueblo, del cual te he constituido rey, 12 por eso te son concedidas la sabiduría y el entendimiento, y además te daré riquezas, posesiones y gloria, como no las tuvo ninguno de los reyes antes de ti, ni las tendrá ninguno después de ti".
13 Salomón regresó a Jerusalén desde el lugar alto de Gabaón, donde estaba la Carpa del Encuentro, y reinó sobre Israel.

La caballería de Salomón
9. 25-28; 1 Rey. 10. 26-29

14 Salomón reunió carros de guerra y caballería: llegó a tener mil cuatrocientos carros y doce mil caballos, y los acantonó en las ciudades destinadas a las carros, y en Jerusalén, junto al rey. 15 Él hizo que la plata y el oro fueran en Jerusalén tan comunes como las piedras, y la madera de cedro tan abundante como los sicomoros de la Sefelá. 16 Los caballos de Salomón procedían de Musrí y de Cilicia. Los agentes del rey los adquirían en Cilicia, a un precio fijo. 17 Cada carro importado de Musrí costaba seiscientos siclos de plata; cada caballo ciento cincuenta. En las mismas condiciones, por medio de esos agentes, se exportaban para todos los reyes hititas y para los reyes de Arám.

La alianza con el rey de Tiro para la construcción del Templo
1 Rey. 5. 16-26

18 Salomón decidió construir una Casa para el nombre del Señor y un palacio real para sí mismo.
2 1 Entonces reclutó setenta mil hombres para transportar cargas y ochenta mil para extraer las piedras de las montañas, y puso tres mil seiscientos capataces al frente de ellos.
2 Salomón mandó a decir a Jirám, rey de Tiro: "Haz conmigo lo mismo que hiciste con mi padre David, cuando le enviaste maderas de cedro para que se construyera una casa donde habitar. 3 Ahora yo voy a construir una Casa para el nombre del Señor, mi Dios, y voy a consagrarla a él para quemar incienso aromático en su presencia, para presentar las ofrendas dispuestas continuamente, y para ofrecer los holocaustos de la mañana y de la tarde, de los sábados, los novilunios y las solemnidades del Señor, nuestro Dios, y eso para siempre en Israel. 4 La Casa que voy a construir será grande, porque nuestro Dios es más grande que todos los dioses. 5 Pero ¿quién será capaz de construirle una Casa, si ni siquiera el cielo y lo más alto del cielo pueden contenerlo? ¿Y quién soy yo para construirle una Casa, aunque sólo sea para quemar incienso en su presencia? 6 Envíame, entonces, un hombre hábil en trabajar el oro, la plata, el bronce, el hierro, la púrpura escarlata, el carmesí y la púrpura violeta, y que sepa esculpir; él trabajará con los artesanos que tengo conmigo en Judá y en Jerusalén, y que mi padre David había puesto a mi disposición. 7 Envíame también madera de cedro, de ciprés y de sándalo del Líbano, porque sé que tus servidores saben talar los árboles del Líbano. Mis servidores trabajarán con los tuyos 8 para prepararme madera en abundancia, porque la Casa que quiero construir será grande y digna de admiración. 9 Yo daré a los que corten la madera veinte mil cargas de trigo y otras tantas de cebada, veinte mil barriles de vino y otros tantos de aceite: todo esto para el mantenimiento de tus servidores".
10 Jirám, rey de Tiro, respondió en una carta que envió al rey Salomón: "Por el amor que el Señor tiene a su pueblo te ha constituido rey sobre él". 11 Y agregaba: "¡Bendito sea el Señor, el Dios de Israel! Él hizo el cielo y la tierra, y dio al rey David un hijo sabio, prudente e inteligente que construirá una Casa para el Señor y un palacio real para sí mismo. 12 Por eso, ahora te envió a Jurám Abí, un hombre hábil e inteligente, 13 hijo de una mujer danita, cuyo padre era de Tiro. Él sabe trabajar el oro, la plata, el bronce, el hierro, las piedras preciosas, la madera, la púrpura escarlata, la púrpura violeta, el lino fino y el carmesí. También sabe hacer toda clase de esculturas y ejecutar cualquier obra que se le proponga, junto con tus artesanos y los de tu padre David, mi señor. 14 Que mi señor envíe a sus servidores el trigo, la cebada, el aceite y el vino que ha prometido: 15 nosotros cortaremos toda la madera del Líbano que necesites y te la llevaremos en balsas, por mar, hasta Jope; y luego tú mandarás que la suban a Jerusalén".

El reclutamiento de los trabajadores
1 Rey. 5. 27-32

16 Salomón hizo el censo de todos los extranjeros residentes en Israel, semejante al que había hecho su padre David, y se comprobó que estos eran ciento cincuenta y tres mil seiscientos. 17 Destinó a setenta mil de ellos para transportar las cargas, a ochenta mil para extraer las piedras de las montañas, y puso al frente de ellos a tres mil seiscientos capataces para hacer trabajar al pueblo.

La construcción del Templo
1 Rey. 6. 1-30; 7. 15-22
3

1 Salomón comenzó a construir la Casa del Señor en Jerusalén, sobre el monte Moria, donde el Señor se había aparecido a su padre David, en el lugar que había preparado David sobre la era de Ornán, el jebuseo. 2 Comenzó la construcción en el segundo mes, en el cuarto año de su reinado. 3 Y estas son las bases fijadas por Salomón para edificar la Casa de Dios: el largo medía treinta metros, o sea, sesenta codos de la antigua medida, y el ancho era de diez metros. 4 El Vestíbulo que estaba al frente, cuya longitud cubría todo el ancho de la Casa, era de diez metros, y tenía una altura de sesenta metros. Además, lo recubrió por dentro de oro puro. 5 A la nave central la revistió de madera de ciprés y luego la recubrió de oro fino, sobre el que hizo representar palmeras y guirnaldas. 6 Recubrió la nave con un decorado de piedras preciosas, y el oro empleado era oro de Parvaim. 7 También revistió de oro los postes, los umbrales, los muros y las puertas de la nave, e hizo grabar querubines sobre las paredes. 8 Hizo asimismo el recinto del Santo de los santos: su longitud, que cubría todo el ancho de la Casa, era de diez metros, y tenía diez metros de ancho. Y lo revistió con seiscientos talentos de oro fino. 9 El peso de los clavos era de cincuenta siclos de oro, y recubrió de oro el artesonado.
10 Hizo dos querubines, obra de escultores, en el interior del Santo de los santos, y se los revistió de oro. 11 Las alas de los querubines medían diez metros de largo: un ala del primer querubín, de dos metros y medio, tocaba el muro de la Casa; la otra ala, de dos metros y medio, tocaba el ala del otro querubín. 12 Un ala del otro querubín, de dos metros y medio, tocaba el muro de la Casa; la otra ala, de dos metros y medio, se juntaba con el ala del primer querubín. 13 Así, las alas desplegadas de los dos querubines medían diez metros. Ellos estaban erguidos sobre sus pies, con el rostro vuelto hacia el interior. 14 Salomón hizo además el velo de púrpura violeta y de púrpura roja, de carmesí y de lino, sobre el cual hizo bordar querubines.
15 Delante de la Casa hizo colocar dos columnas de diecisiete metros y medio de alto, rematadas por un capitel de dos metros y medio. 16 Hizo guirnaldas en forma de collar y las puso en lo alto de las columnas; además, hizo cien granadas y las colocó en las guirnaldas. 17 Y erigió las columnas al frente del Templo, una a la derecha y otra a la izquierda. A la columna derecha la llamó Iaquím, y a la izquierda, Boaz.

El Mar de bronce
1 Rey. 7. 23-26
4

1 Salomón hizo un altar de bronce, de diez metros de largo, diez de ancho y cinco de alto.
2 Él hizo además el Mar de metal fundido, que medía cinco metros de diámetro y tenía forma circular; su altura era de dos metros y medio, y una cuerda de quince metros medía su circunferencia. 3 Debajo del borde, todo alrededor, había unas figuras de toros –diez cada cinco metros– que rodeaban todo el contorno del Mar; había dos hileras de toros, fundidos con el Mar en una sola pieza. 4 El Mar estaba asentado sobre doce toros, tres vueltos hacia el norte, tres hacia el oeste, tres hacia el sur y tres hacia el este. El Mar se elevaba por encima de ellos, que estaban con sus partes traseras vueltas hacia el interior. 5 Su espesor medía un palmo, y su borde tenía forma de copa, semejante al cáliz de una azucena. Su capacidad era de más de cien mil litros.
6 También hizo diez recipientes para el agua; los colocó cinco a la derecha y cinco a la izquierda, para las abluciones; en ellos se lavaba lo que servía para el holocausto, pero los sacerdotes hacían su abluciones en el Mar de bronce. 7 Hizo asimismo los diez candeleros de oro, conforme al modelo prescrito, y los puso en la nave central, cinco a la derecha y cinco a la izquierda. 8 Hizo diez mesas y las colocó en la nave central, cinco a la derecha y cinco a la izquierda. Hizo cien copas de oro. 9 Hizo el atrio de los sacerdotes, y la gran explanada con sus puertas, a las que recubrió de bronce. 10 En cuanto al Mar, lo puso al lado derecho, hacia el sudeste.

Los otros utensilios del Santuario
1 Rey. 7. 40-51

11 Jurám hizo las ollas, las palas y los aspersorios. Así terminó el trabajo que debía hacer para el rey Salomón en la Casa de Dios: 12 las dos columnas, las dos esferas de los capiteles que remataban las columnas, las dos redes para cubrir las dos esferas de los capiteles que estaban encima de las columnas; 13 las cuatrocientas granadas para las dos redes, dos hileras de granadas para cada red, a fin de cubrir las dos esferas de los capiteles que estaban encima de las columnas; 14 los diez soportes y los diez recipientes sobre los soportes; 15 el Mar único y los doce toros que estaban debajo de él; 16 las ollas, las palas y los tenedores. Todos estos objetos, Jurám Abí los hizo para el rey Salomón, para la Casa del Señor, en bronce reluciente. 17 El rey los hizo fundir en la región del Jordán, sobre el suelo arcilloso, entre Sucot y Seredá. 18 Salomón hizo todos esos objetos en tal cantidad, que no se pudo calcular el peso del bronce.
19 Salomón mandó hacer asimismo todos los objetos que estaban en la Casa del Señor: el altar de oro y las mesas sobre las que se ponía el pan de la ofrenda; 20 los candeleros y sus lámparas, para encenderlas conforme al ritual ante el lugar santísimo, todo de oro fino; 21 los cálices, las lámparas y las pinzas –¡todo del oro más puro!– 22 los cuchillos, los aspersorios, las tazas y los incensarios de oro fino; la entrada de la Casa, sus puertas interiores para el Santo de los santos, y las puertas de la nave central, todo de oro.

5

1 Así fue terminado todo el trabajo que hizo el rey Salomón para la Casa del Señor. Salomón llevó todas las ofrendas que había consagrado su padre David: la plata, el oro y los demás utensilios, y los depositó en los tesoros de la Casa de Dios.

La Dedicación del Templo: el traslado del Arca
1 Rey. 8. 1-9

2 Entonces Salomón reunió en Jerusalén a los ancianos de Israel, a todos los jefes de las tribus y a los príncipes de las casas paternas de los israelitas, para subir el Arca de la Alianza del Señor desde la Ciudad de David, o sea, desde Sión. 3 Todos los hombres de Israel se reunieron junto al rey durante la Fiesta del séptimo mes. 4 Cuando llegaron todos los ancianos de Israel, los levitas levantaron el Arca, 5 y la subieron con la Carpa del Encuentro y con todos los objetos sagrados que había en la Carpa. Los que trasladaron todo eso fueron los sacerdotes levíticos. 6 Mientras tanto, el rey Salomón y toda la comunidad de Israel reunida junto a él delante del Arca, sacrificaban carneros y toros, en tal cantidad que no se los podía contar ni calcular.
7 Los sacerdotes introdujeron el Arca de la Alianza del Señor en su sitio, en el lugar santísimo de la Casa –el Santo de los santos– bajo las alas de los querubines. 8 Los querubines desplegaban sus alas sobre el sitio destinado el Arca, y recubrían por encima al Arca y sus andas. 9 Las andas eran tan largas que sus extremos se veían desde el Santo, por delante del lugar santísimo, aunque no se las veía desde afuera. Allí han estado hasta el día de hoy. 10 En el Arca se encontraban únicamente las dos tablas de piedra que Moisés, en el Horeb, había puesto allí: las tablas de la Alianza que el Señor había hecho con los israelitas a su salida de Egipto.

La Gloria del Señor en el Templo
1 Rey. 8. 10-13

11 Mientras los sacerdotes salían del Santo –porque todos los sacerdotes que se hallaban presentes se habían santificado, sin distinción de clases– 12 los levitas cantores en pleno –Asaf, Hemán y Iedutún, con sus hijos y sus hermanos– vestidos de lino fino, estaban de pie al oriente del altar, con címbalos, arpas y cítaras. Junto a ellos había ciento veinte sacerdotes que tocaban las trompetas. 13 Los que tocaban las trompetas y los cantores hacían oír sus voces al unísono, para alabar y celebrar al Señor. Y cuando ellos elevaban la voz al son de las trompetas, de los címbalos y de los instrumentos musicales, para alabar al Señor "porque es bueno, porque es eterno su amor", una nube llenó el Templo, la Casa del Señor, 14 de manera que los sacerdotes no pudieron continuar sus servicios a causa de la nube, porque la gloria del Señor llenaba la

Casa de Dios.
6

1 Entonces Salomón dijo:
"El Señor ha decidido habitaren la nube oscura.
2 Sí, yo te he construido la Casa de tu señorío,un lugar donde habitarás para siempre".
Alocución de Salomón al pueblo
1 Rey. 8. 14-21
3 Después el rey se volvió y bendijo a toda la asamblea de Israel, mientras esta permanecía de pie. 4 Él dijo: "Bendito sea el Señor, el Dios de Israel, que ha cumplido con su mano lo que su boca había anunciado a mi padre David, cuando le dijo: 5 ‘Desde el día en que hice salir del país de Egipto a mi pueblo, no elegí otra ciudad, entre todas las tribus de Israel, para que allí se edificara una Casa donde residiera mi Nombre, ni elegí a otro hombre para que fuera príncipe de mi pueblo Israel, 6 sino que elegí a Jerusalén para que allí residiera mi Nombre, y elegí a David para que estuviera al frente de mi pueblo Israel’. 7 Mi padre David pensó edificar una Casa para el nombre del Señor, el Dios de Israel. 8 Pero el Señor dijo a mi padre David: ‘Tú has pensado edificar una Casa para mi Nombre, y has hecho bien al pensar así. 9 Sin embargo, no serás tú el que edificará la Casa, sino un hijo nacido de tus entrañas: él construirá la Casa para mi Nombre’. 10 Y el Señor cumplió la palabra que había dicho: yo he sucedido a mi padre David y me he sentado en el trono de Israel, como lo había dicho el Señor. Yo edifiqué la Casa para el nombre del Señor, el Dios de Israel, 11 y allí he puesto el Arca donde se encuentra la Alianza que el Señor concluyó con los israelitas".

La súplica de Salomón
1 Rey. 8. 22-52

12 Salomón, puesto de pie ante el altar del Señor, frente a toda la asamblea de Israel, extendió las manos. 13 Porque él había hecho un estrado de bronce, de dos metros y medio de largo, dos y medio de ancho, y uno y medio de alto, y lo había colocado en medio del atrio. Salomón subió al estrado, se arrodilló frente a toda la asamblea de Israel, extendió sus manos hacia el cielo 14 y dijo:
"Señor, Dios de Israel, ni en el cielo ni en la tierra hay un Dios como tú, que mantienes la Alianza y eres fiel con tus servidores, cuando caminan delante de ti de todo corazón. 15 Tú has cumplido, en favor de mi padre David, la promesa que le habías hecho, y hoy mismo has realizado con tu mano lo que había dicho tu boca. 16 Y ahora, Señor, Dios de Israel, cumple en favor de tu servidor David, mi padre, la promesa que le hiciste, diciendo: ‘Nunca te faltará un descendiente que esté sentado delante de mí en el trono de Israel, con tal que tus hijos vigilen su conducta, caminando conforme a mi Ley, como has caminado tú’. 17 Y ahora, Dios de Israel, que se verifique la promesa que hiciste a mi padre, tu servidor David.
18 Pero ¿es posible que Dios habite realmente con los hombres en la tierra? Si el cielo y lo más alto del cielo no pueden contenerte, ¡cuánto menos esta Casa que yo he construido! 19 No obstante, Señor, Dios mío, vuelve tu rostro hacia la oración y la súplica de tu servidor, y escucha el clamor y la oración que te dirige tu servidor. 20 Que tus ojos estén abiertos día y noche sobre esta Casa, sobre el lugar del que dijiste que allí residiría tu Nombre. ¡Escucha la oración que tu servidor dirige hacia este lugar! 21 ¡Escucha la súplica y la oración que tu servidor y tu pueblo Israel dirijan hacia este lugar! ¡Escucha desde tu morada en el cielo, escucha y perdona!
22 Cuando un hombre peque contra su prójimo, si se lo obliga a prestar el juramento imprecatorio, y él viene a pronunciar la imprecación sobre tu altar, en esta Casa, 23 escucha tú desde el cielo, actúa y juzga a tus servidores: castiga al culpable, dándole su merecido, y absuelve al inocente, tratándolo según su justicia.
24 Cuando tu pueblo Israel sea derrotado por el enemigo por haber pecado contra ti, si ellos se convierten y celebran tu Nombre, si oran y suplican delante de ti en esta Casa, 25 escucha tú desde el cielo: perdona el pecado de tu pueblo Israel y tráelo de nuevo a la tierra que les diste a ellos y a sus padres.
26 Cuando el cielo se cierre y no haya lluvia, porque ellos pecaron contra ti, si oran hacia este lugar, si celebran tu Nombre y se convierten de su pecado, porque tú los humillaste, 27 escucha tú desde el cielo: perdona el pecado de tus servidores y de tu pueblo Israel, mostrándoles el buen camino que deben seguir, y envía lluvia a la tierra que diste en herencia a tu pueblo.
28 Cuando haya hambre en el país, o haya peste, quemazón o plaga en los sembrados, langosta o pulgón; cuando el enemigo lo tenga sitiado en alguna de sus ciudades, o sobrevenga un flagelo o una epidemia, 29 cualquiera sea la oración o la súplica que te dirija un miembro de tu pueblo Israel, sintiéndose tocado por su desgracia y su dolor, y con las manos extendidas hacia esta Casa, 30 escúchalas tú desde el cielo, desde el lugar donde habitas; escucha y perdona a cada uno según su conducta, tú que conoces su corazón, porque sólo tú conoces el corazón de los humanos. 31 Así los israelitas sentirán temor de ti y seguirán tus caminos, mientras vivan en el suelo que diste a sus padres.
32 También al extranjero, que no pertenece a tu pueblo Israel, y llegue de un país lejano a causa de tu gran Nombre, de tu mano poderosa y de tu brazo extendido, si él viene a orar hacia esta Casa, 33 escucha tú desde el cielo, desde el lugar donde habitas, y concede al extranjero todo lo que te pida. Así todos los pueblos de la tierra conocerán tu Nombre, sentirán temor de ti como tu pueblo Israel, y sabrán que esta Casa, que yo he construido, es llamada con tu Nombre.
34 Cuando tu pueblo salga a combatir contra sus enemigos, por el camino que tú le señales, si ellos oran al Señor vueltos hacia la ciudad que tú has elegido y hacia la Casa que yo edifiqué para tu Nombre, 35 escucha tú desde el cielo esa oración y esa súplica, y hazles justicia.
36 Cuando pequen contra ti –porque no hay hombre que no peque– y tú, irritado contra ellos, los pongas a merced del enemigo, y sus vencedores los lleven cautivos a un país enemigo, próximo o lejano, 37 si en el país al que han sido deportados reflexionan y se convierten, si en el país de sus vencedores te suplican, diciendo: ‘¡Hemos pecado, somos culpables, hemos cometido el mal!’; 38 si en el país de los enemigos que los hayan deportado se vuelven hacia ti de todo corazón y con toda el alma, si te suplican en dirección al país que diste a sus padres, a la ciudad que tú has elegido y a la Casa que yo edifiqué para tu Nombre, 39 escucha tú desde el cielo, desde el lugar donde habitas, esa oración y esa súplica, y hazles justicia: perdona a tu pueblo los pecados que haya cometido contra ti.
40 Sí, Dios mío, que tus ojos estén abiertos y tus oídos atentos a las súplicas que se hagan en este lugar.
41 Y ahora, ¡levántate, Señor Dios,entra en el lugar de tu Reposo,tú y tu Arca poderosa!
¡Que tus sacerdotes se revistande la salvacióny tus fieles gocen de felicidad!
42 ¡Señor Dios, no rechaces a tu Ungido,acuérdate de los favores concedidosa David, tu servidor!".

Los sacrificios de la Dedicación del Templo
1 Rey. 8. 62-66
7

1 Cuando Salomón terminó de orar, bajó fuego del cielo y devoró el holocausto y los sacrificios. La gloria del Señor llenó la Casa, 2 y los sacerdotes no podían entrar en ella, porque la gloria del Señor llenaba la Casa del Señor. 3 Todos los israelitas, al ver que bajaba el fuego y que la gloria del Señor se posaba sobre la Casa, se postraron con el rostro en tierra sobre el pavimento, mientras adoraban y celebraban al Señor, "porque es bueno, porque es eterno su amor".
4 El rey y todo el pueblo ofrecieron sacrificios delante del Señor. 5 El rey Salomón ofreció en sacrificio 22.000 bueyes y 20.0000 carneros. Fue así como el rey y todo el pueblo dedicaron la Casa de Dios. 6 Los sacerdotes ocupaban sus puestos, y los levitas tocaban los instrumentos musicales que había hecho el rey David para celebrar al Señor, "porque es eterno su amor". Mientras el mismo David alababa a Dios por medio de ellos, los sacerdotes tocaban las trompetas en el lado opuesto y todo el pueblo permanecía de pie.
7 Salomón consagró el centro del atrio que está delante de la Casa del Señor, ofreciendo allí los holocaustos y la grasa de los sacrificios de comunión, porque el altar de bronce que él había hecho no podía contener los holocaustos, la oblación y la grasa de los sacrificios.
8 En aquella ocasión, Salomón, y con él todo Israel, celebró la Fiesta durante siete días. Se congregó una asamblea inmensa, venida desde la Entrada de Jamat hasta el Torrente de Egipto. 9 Al octavo día, tuvo lugar una asamblea solemne, porque habían celebrado la dedicación del altar durante siete días y la Fiesta durante otros siete días. 10 El día veintitrés del séptimo mes, Salomón despidió al pueblo y ellos se fueron a sus campamentos, con el corazón desbordante de alegría por el bien que el Señor había hecho a David, a Salomón y a su pueblo Israel.

Nueva aparición del Señor a Salomón
1 Rey. 9. 1-9

11 Salomón terminó la Casa del Señor y la casa del rey, llevando así a cabo todo lo que se había propuesto hacer para la Casa del Señor y para su propia casa. 12 Entonces el Señor se apareció a Salomón durante la noche y le dijo: "He oído tu oración y me he elegido este lugar como Templo para los sacrificios.
13 Cuando yo cierre el cielo y no haya lluvia, cuando ordene a la langosta que devore el país, cuando envíe a mi pueblo la peste, 14 si mi pueblo, el que es llamado con mi Nombre, se humilla y suplica, si busca mi rostro y se convierte de sus malos caminos, yo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y haré que su país se restablezca. 15 A partir de ahora, mis ojos estarán abiertos y mis oídos atentos a la súplica que se haga en este lugar. 16 Y a partir de ahora, yo he elegido y consagrado esta Casa, a fin de que mi Nombre resida en ella para siempre: mis ojos y mi corazón estarán allí todos los días.
17 En cuanto a ti, si caminas en mi presencia como lo hizo tu padre David, practicando todo lo que te mandado, observando mis preceptos y mis leyes, 18 entonces yo mantendré tu trono real, como se lo aseguré a tu padre David, cuando dije: ‘Nunca te faltará un descendiente que gobierne Israel’.
19 Pero si defeccionan y abandonan los preceptos y mandamientos que puse delante de ustedes, si van a servir a otros dioses y se postran delante de ellos, 20 entonces los arrancaré de mi suelo, el que yo les he dado, arrojaré lejos de mi presencia esta Casa que consagré a mi Nombre, y la convertiré en objeto de burla y de irrisión entre todos los pueblos. 21 Y esta Casa, que fue tan magnífica, será motivo de estupor para todo el que pase junto a ella, a tal punto que se preguntará: ‘¿Por qué el Señor ha tratado así a este país y a esta Casa?’. 22 Y se responderá: ‘Porque abandonaron al Señor, el Dios de sus padres, que los había hecho salir de Egipto, y porque siguieron a otros dioses, se postraron delante de ellos y los sirvieron: por eso el Señor atrajo sobre ellos esta calamidad’".

Las construcciones de Salomón
1 Rey. 9. 10, 17b-19
8

1 Al cabo de los veinte años que tardó Salomón en construir la Casa del Señor y su propia casa, 2 él reconstruyó las ciudades que le había dado Jirám y estableció en ellas a los israelitas. 3 Luego se dirigió a Jamat de Sobá y se apoderó de ella. 4 Reconstruyó Tadmor en el desierto, como asimismo todos los centros de aprovisionamiento que había edificado en Jamat. 5 Reconstruyó Bet Jorón de Arriba y Bet Jorón de Abajo –plazas fuertes con muros, puertas y cerrojos– 6 y también Baalat, todos los centros de aprovisionamiento que tenía Salomón, todas las ciudades para los carros de guerra y la caballería, y todas las demás construcciones que Salomón quiso levantar en Jerusalén, en el Líbano y en todo el país sometido a su dominio.

El reclutamiento de trabajadores
1 Rey. 9. 20-23

7 A los sobrevivientes de los hititas, los amorreos, los perizitas, los jivitas y los jebuseos, que no pertenecían a Israel 8 –es decir, a sus descendientes, que habían quedado después de ellos en el país, porque los israelitas no los habían exterminado– Salomón les impuso trabajos serviles hasta el día de hoy. 9 Pero no sometió a esclavitud a ningún israelita, sino que a ellos los empleó como hombres de guerra, jefes de sus escuderos y comandantes de sus carros de guerra y su caballería. 10 Los supervisores de los capataces puestos por Salomón eran doscientos cincuenta hombres, que dirigían al personal.
El traslado de la hija del Faraón
1 Rey. 9. 24
11 Salomón hizo subir a la hija del Faraón desde la Ciudad de David a la casa que había edificado para ella, porque él decía: "Mi mujer no puede habitar en la casa de David, el rey de Israel, ya que los lugares donde ha entrado el Arca del Señor son sagrados".

La organización del culto
1 Rey. 9. 25

12 Entonces Salomón comenzó a ofrecer holocaustos al Señor sobre el altar que había erigido ante el vestíbulo del Templo. 13 Según el rito de cada día, ofrecía lo que había mandado Moisés para los sábados, los novilunios y las tres solemnidades anuales, a saber: la fiesta de los Ácimos, la fiesta de las Semanas y la fiesta de las Chozas. 14 Además, conforme a las disposiciones de su padre David, asignó a las clases sacerdotales sus respectivas funciones; estableció en sus cargos a los levitas, para cantar alabanzas y oficiar en presencia de los sacerdotes, según el rito de cada día; y a los porteros, según sus clases, los encargó de cada una de las puertas, porque así lo había mandado David, el hombre de Dios. 15 Ellos no se apartaron en nada de lo mandado por el rey en lo referente a los sacerdotes y a los levitas, ni tampoco en lo concerniente a los tesoros.
16 Así se llevó a cabo toda la obra de Salomón, desde el día en que se pusieron los cimientos de la Casa del Señor hasta su terminación. La Casa del Señor quedó totalmente concluida.

La flota de Salomón
1 Rey. 9. 26-28

17 Entonces Salomón se dirigió a Esión Guéber y a Elat, a orillas del mar, en el país de Edóm. 18 Jirám, por medio de sus servidores, le envió una flota y algunos marineros, buenos conocedores del mar. Ellos fueron a Ofir con los servidores de Salomón, y trajeron de allí cuatrocientos talentos de oro, que entregaron al rey Salomón.

La visita de la reina de Sabá
1 Rey. 10. 1-13
9

1 La reina de Sabá oyó hablar de la fama de Salomón, y fue a ponerlo a prueba, proponiéndole unos enigmas. Llegó a Jerusalén con un séquito imponente, con camellos cargados de perfumes, de gran cantidad de oro y de piedras preciosas. Cuando se presentó ante Salomón, le expuso todo lo que tenía pensado decirle. 2 Salomón respondió a todas sus preguntas: no hubo para él ninguna cuestión tan oscura que no se la pudiera explicar.
3 Cuando la reina vio toda la sabiduría de Salomón, las casa que había construido, 4 los manjares de su mesa, los aposentos de sus servidores, el porte y la librea de sus camareros y de sus coperos, y los holocaustos que ofrecía en la Casa del Señor, se quedó sin aliento 5 y dijo al rey: "¡Realmente era verdad lo que había oído decir en mi país acerca de ti y de tu sabiduría! 6 Yo no lo quería creer, sin venir antes a verlo con mis propios ojos. Pero ahora compruebo que no me habían contado ni siquiera la mitad: el cúmulo de tu sabiduría supera la fama que llegó a mis oídos. 7 ¡Felices tus mujeres, y felices también estos servidores tuyos, que están constantemente delante de ti, escuchando tu sabiduría! 8 ¡Y bendito sea el Señor, tu Dios, que te ha mostrado su favor, poniéndote sobre su trono como rey, al servicio del Señor, tu Dios! ¡Sí, por su amor a Israel, y a fin de hacerlo subsistir para siempre, tu Dios te ha puesto como rey al frente de ellos, para que ejercieras el derecho y la justicia!".
9 La reina regaló al rey ciento veinte talentos de oro, una enorme cantidad de perfumes y piedras preciosas; nunca más hubo tantos perfumes como los que la reina de Sabá dio al rey Salomón.
10 Los servidores de Jirám y de Salomón, que habían traído el oro de Ofir, trajeron también madera de sándalo y piedras preciosas. 11 Con la madera de sándalo, el rey hizo unos tablados para la Casa del Señor y para la casa del rey, y también cítaras y arpas para los músicos. Nunca se había visto nada semejante en el país de Judá.
12 Por su parte, el rey Salomón dio a la reina de Sabá todo lo que a ella se le ocurrió pedir, mucho más de lo que ella misma había traído al rey. Después, la reina emprendió el camino de regreso a su país, acompañada de su séquito.

Las riquezas de Salomón1 Rey. 10.14-25

13 El peso del oro que recibía Salomón en un solo año ascendía a seiscientos sesenta y seis talentos. 14 sin contar lo que aportaba el tráfico de los viajantes y mercaderes. Todos los reyes de Arabia y los gobernadores del país llevaban oro y plata a Salomón.
15 El rey Salomón hizo doscientos grandes escudos de oro trabajado a martillo, empleando para cada uno seiscientos siclos de oro, 16 y trescientos escudos más pequeños, también de oro trabajado a martillo, empleando para cada uno trescientos siclos de oro. Luego el rey los ubicó en la sala llamada Bosque del Líbano.
17 El rey hizo, además, un gran trono de marfil, al que recubrió de oro puro. 18 El trono tenía seis gradas, una plataforma de oro, unos sostenes, y brazos a ambos lados del asiento; junto a los brazos había dos leones de pie, 19 y otros doce leones de pie sobre las seis gradas, a uno y otro lado. En ningún reino se había hecho nada igual.
20 Toda la vajilla del rey Salomón era de oro, y todo el mobiliario de la sala llamada Bosque del Líbano, de oro fino; no se usaba la plata, a la que en tiempos de Salomón no se la tenía en cuenta para nada. 21 Porque el rey disponía de una flota que iba a Tarsis con los servidores de Jirám, y una vez cada tres años las naves de alta mar llegaban cargadas de oro, plata, marfil, monos y pavos reales.
22 El rey Salomón superó a todos los reyes de la tierra en riqueza y sabiduría. 23 Todos los reyes de la tierra trataban de ver a Salomón para oír la sabiduría que Dios había puesto en su corazón. 24 Y cada uno aportaba sus presentes: objetos de plata y oro, trajes, armas, perfumes, caballos y mulas. Así, año tras año.

La caballería real1. 14-17; 1 Rey. 10. 26-29

25 Salomón llegó a tener cuatro mil caballerizas para los caballos y los carros de guerra, y doce mil caballos, que acantonó en las ciudades de guarnición y en Jerusalén, junto a él.
26 Él dominaba sobre todos los reyes, desde el Río hasta el país de los filisteos y hasta la frontera de Egipto. 27 El rey hizo que la plata fuera en Jerusalén tan común como las piedras, y que la madera de cedro fuera tan abundante como los sicomoros de la Sefelá. 28 Los caballos para Salomón se importaban de Musrí y de todos los países.

Fin del reinado de Salomón1 Rey. 11. 41-43

29 El resto de los hechos de Salomón, desde el comienzo hasta el fin, está escrito en las Crónicas del profeta Natán, en la Profecía de Ajías, el silonita, y en las Visiones del vidente Idó acerca de Jeroboám, hijo de Nebat. 30 Salomón reinó sobre todo Israel, en Jerusalén, durante cuarenta años. 31 Luego se fue a descansar con sus padres, y lo sepultaron en la Ciudad de David, su padre. Su hijo Roboám reinó en lugar de él.

La asamblea de Siquém (933)
1 Rey. 12. 1-19
10

1 Roboám se dirigió a Siquém, porque allí había ido todo Israel para proclamarlo rey.
2 Cuando se enteró Jeroboám, hijo de Nebat –que estaba todavía en Egipto, adonde había huido del rey Salomón– se volvió de Egipto. 3 Lo mandaron llamar, y él se presentó con toda la asamblea de Israel. Entonces hablaron así a Roboám: 4 "Tu padre hizo muy penoso nuestro yugo. Alivia tú ahora la dura servidumbre y el penoso yugo que nos impuso tu padre, y te serviremos". 5 Él les replicó: "Vuelvan a verme dentro de tres días". Y el pueblo se retiró.
6 El rey Roboám fue a consultar a los ancianos que habían asistido a su padre Salomón, cuando este aún vivía, y les preguntó: "¿Qué respuesta me aconsejan dar a este pueblo?". 7 Ellos le hablaron así: "Si te comportas bien con este pueblo, si eres condescendiente con ellos y les respondes con buenas palabras, serán siempre tus servidores".
8 Pero él desechó el consejo que le habían dado los ancianos, y fue a consultar a los jóvenes que se habían criado con él y lo servían como asistentes. 9 Les preguntó: "Y ustedes, ¿qué aconsejan? ¿Qué debemos responder a este pueblo que me ha dicho: ‘Alivia el yugo que nos impuso tu padre’?". 10 Los jóvenes que se habían criado con él le dijeron: "Al pueblo que te ha dicho: ‘Tu padre nos impuso un yugo pesado, pero tú alívianos la carga’, diles esto: ‘¡Mi dedo meñique es más grueso que la cintura de mi padre! 11 Si mi padre los cargó con un yugo pesado, yo lo haré más pesado aún; si él los castigó con látigos, yo usaré lonjas con puntas de hierro’".
12 Al tercer día, Jeroboám y todo el pueblo comparecieron ante Roboám, según lo que había indicado el rey cuando dijo: "Vuelvan a verme al tercer día". 13 Pero el rey Roboám les respondió duramente; desechó el consejo de los ancianos 14 y, siguiendo el consejo de los jóvenes, les habló así: "Mi padre les impuso un yugo pesado, y yo lo haré más pesado aún; si él los castigó con látigos, yo usaré lonjas con puntas de hierro".
15 Así el rey no escuchó al pueblo, porque este era el medio de que se valía Dios para cumplir la palabra que él había dicho a Jeroboám, hijo de Nebat, por boca de Ajías de Silo. 16 Y cuando todo Israel vio que el rey no los había escuchado, el pueblo respondió:
"¿Qué parte tenemos nosotros con David?¡No tenemos herencia comúncon el hijo de Jesé!
¡A tus carpas, Israel!¡Ahora, ocúpate de tu casa, David!".
Todo Israel se fue a sus campamentos, 17 pero Roboám siguió reinando sobre los israelitas que habitaban en las ciudades de Judá. 18 El rey Roboám envió a Adorám, el encargado del reclutamiento, pero los israelitas lo mataron a pedradas. Y el mismo rey Roboám tuvo que subir precipitadamente a su carro para huir a Jerusalén. 19 Fue así como Israel se rebeló contra la casa de David hasta el día de hoy.

La división del reino
1 Rey. 12. 21-24
11

1 Roboám llegó a Jerusalén y convocó a la casa de Judá y a Benjamín –ciento ochenta mil guerreros adiestrados– para ir a combatir contra Israel y recuperar el reino. 2 Pero la palabra del Señor llegó a Semaías, un hombre de Dios, en estos términos: 3 "Di a Roboám, hijo de Salomón, rey de Judá, y a toda la gente de Israel que está en Judá y en Benjamín: 4 Así habla el Señor: No suban a combatir contra sus hermanos; que cada uno vuelva a su casa, porque esto ha sucedido por disposición mía". Ellos escucharon las palabras del Señor y desistieron de su campaña contra Jeroboám.
5 Roboám habitó en Jerusalén y construyó ciudades fortificadas en Judá. 6 Reconstruyó Belén, Etám, Técoa, 7 Betsur, Socó, Adulám, 8 Gat, Maresá, Zif, 9 Adoraim, Laquis, Azecá, 10 Sorá, Aialón y Hebrón, ciudades fortificadas que están en Judá y en Benjamín. 11 Él reforzó sus fortificaciones y puso en ellas comandantes y depósitos de víveres, aceite y vino. 12 En cada ciudad había escudos y lanzas. El rey las hizo extremadamente fuertes, y así le estuvieron sometidos Judá y Benjamín.

Adhesión de los sacerdotesy levitas a Roboám

13 Los sacerdotes y levitas de todo Israel acudían desde sus territorios para plegarse a Roboám. 14 En efecto, los levitas abandonaron sus campos de pastoreo y sus posesiones y se fueron a Judá y a Jerusalén, porque Jeroboám y sus hijos les impedían ejercer el sacerdocio del Señor, 15 al instituir por su cuenta sacerdotes para los lugares altos, para los sátiros y para los terneros que él había fabricado. 16 Gente de todas las tribus de Israel, que buscaba de todo corazón al Señor, el Dios de Israel, fue detrás de ellos a Jerusalén, para ofrecer sacrificios al Señor, el Dios de sus padres. 17 Así fortalecieron el reino de Judá y durante tres años, consolidaron a Roboám, hijo de Salomón, ya que durante tres años se siguió el camino de David y Salomón.

Las mujeres y los hijos de Roboám

18 Roboám tomó por esposa a Majalat, hija de Ierimot, hijo de David y de Abijáil, hijo de Eliab, hijo de Jesé. 19 Ella le dio varios hijos: Ieús, Semarías y Zahám. 20 Después tomó a Maacá, hija de Absalón, de la que le nacieron Abías, Atai, Zizá y Selomit. 21 Roboám amó a Maacá, hija de Absalón, más que a todas sus mujeres y concubinas, ya que tuvo dieciocho mujeres y sesenta concubinas, y fue padre de veintiocho hijos y de sesenta hijas. 22 Roboám puso al frente de sus hermanos a Abías, hijo de Maacá, constituyéndolo príncipe heredero, porque quería hacerlo rey. 23 Además, supo distribuir hábilmente a sus hijos por todas las regiones de Judá y de Benjamín, en todas las ciudades fortificadas, dándoles gran cantidad de víveres y procurándoles muchas mujeres.

La invasión de Sisac, rey de Egipto
1 Rey. 14. 25-28
12

1 Pero cuando Roboám consolidó su reino y se hizo fuerte, abandonó la Ley del Señor, y con él todo Israel. 2 Y por haber sido infieles al Señor, en el año quinto del rey Roboám, subió contra Jerusalén Sisac, rey de Egipto, 3 con tres mil doscientos carros de guerra, sesenta mil jinetes y una multitud innumerable que venía con él de Egipto, en la que había libios, suquíes y cusitas. 4 Así se apoderó de las ciudades fortificadas de Judá y llegó a Jerusalén.
5 Entonces el profeta Semaías se presentó a Roboám y a los jefes de Judá, que se habían concentrado en Jerusalén ante el avance de Sisac, y les dijo: "Así habla el Señor: Ustedes me han abandonado a mí, y yo, a mi vez, los he abandonado en manos de Sisac". 6 Los jefes de Israel y el rey se humillaron y dijeron: "¡El Señor es justo!". 7 Cuando el Señor vio que se habían humillado, la palabra del Señor llegó a Semaías, en estos términos: "Ellos se han humillado: no los destruiré, sino que los libraré dentro de poco, y mi furor no se derramará sobre Jerusalén por la mano de Sisac. 8 Pero le estarán sometidos, y así sabrán lo que es servirme a mí y lo que es servir a los reyes de la tierra".
9 Sisac, rey de Egipto, subió contra Jerusalén y se apoderó de los tesoros de la Casa del Señor y de la casa del rey. Se apoderó de todo, incluso de los escudos de oro que había hecho Salomón. 10 En lugar de ellos, el rey Roboám hizo unos escudos de bronce, y se los confió a los jefes de los guardias que custodiaban el acceso a la casa del rey. 11 Cada vez que el rey iba a la Casa del Señor, los guardias los llevaban, y luego los volvían a dejar en la sala de guardia.
12 Por haberse humillado, la ira del Señor se apartó de él y no lo destruyó por completo, ya que aún había algo bueno en Judá.

Fin del reinado de Roboám
1 Rey. 14. 21, 29-31

13 El rey Roboám se reafirmó en Jerusalén y siguió reinando. Roboám tenía cuarenta y un años cuando comenzó a reinar, y reinó diecisiete años en Jerusalén, la ciudad que el Señor eligió entre todas las tribus de Israel para poner su Nombre en ella. Su madre se llamaba Naamá, la amonita. 14 Él obró mal, porque no se empeñó en buscar al Señor de corazón.
15 Los hechos de Roboám, desde el principio hasta el fin, están escritos en las Crónicas del profeta Semaías y del vidente Idó, para ser registrados en las genealogías. Roboám y Jeroboám estuvieron continuamente en guerra. 16 Roboám se fue a descansar con sus padres, y fue sepultado en la Ciudad de David. Su hijo Abías reinó en lugar de él.

El reinado de Abías en Judá (915-913) y su guerra con Jeroboám
1 Rey. 15. 1-2
13

1 En el año decimoctavo del reinado de Jeroboám, comenzó a reinar Abías sobre Judá 2 y reinó tres años en Jerusalén. Su madre se llamaba Micaía, hija de Uriel, de Guibeá. Abías y Jeroboám se hicieron la guerra. 3 Abías entró en combate con un ejército de cuatrocientos mil guerreros escogidos, y Jeroboám se alineó contra él con ochocientos mil guerreros escogidos.
4 Abías se paró sobre el monte Semaraim, que está en la montaña de Efraím, y dijo: "¡Escuchen, Jeroboám y todo Israel! 5 ¿Acaso no saben que el Señor, el Dios de Israel, ha dado a David y a sus hijos el reino de Israel para siempre, por medio de una alianza de sal? 6 Pero Jeroboám, hijo de Nebat, servidor de Salomón, hijo de David, se reveló contra su señor. 7 Unos hombres inútiles e impíos se unieron a él y prevalecieron sobre Roboám, hijo de Salomón, porque Roboám era joven y débil, y no supo hacerles frente. 8 ¡Ahora ustedes tratan de resistir a la soberanía del Señor, que está en manos de los hijos de David! ¡Ustedes son una enorme multitud y tienen los terneros de oro que Jeroboám les dio como dioses! 9 ¿Acaso no han expulsado a los sacerdotes del Señor, a los hijos de Aarón y a los levitas, para establecer sacerdotes a la manera de los pueblos paganos? Porque cualquiera que viene con un ternero y siete carneros para recibir la investidura, puede llegar a ser sacerdote de los que no son dioses. 10 En cuanto a nosotros, nuestro Dios es el Señor y no lo hemos abandonado: los sacerdotes que sirven al Señor son los hijos de Aarón y los que ejercen el ministerio son los levitas. 11 Todas las mañanas y todas las tardes, ellos ofrecen holocaustos al Señor y queman el incienso aromático, disponen los panes de la ofrenda sobre la mesa pura y encienden todas las tardes el candelabro de oro con sus lámparas. Porque nosotros observamos las disposiciones del Señor, nuestro Dios, que ustedes han abandonado. 12 ¡Aquí está Dios al frente de nosotros, aquí están los sacerdotes con las trompetas, listos para hacer resonar el grito de guerra contra ustedes! ¡Israelitas, no hagan la guerra contra el Señor, el Dios de sus padres, porque nada conseguirán!".

La victoria de Judá sobre Israel

13 Mientras tanto, Jeroboám hizo dar un rodeo para tender una emboscada y atacar a los hombres de Judá por la espalda, de manera que ellos quedaron delante de Judá y la emboscada detrás. 14 Al darse vuelta, los de Judá advirtieron que les presentaban combate por delante y por detrás. Entonces clamaron al Señor y los sacerdotes tocaron las trompetas. 15 Los hombres de Judá lanzaron el grito de guerra, y mientras ellos gritaban, Dios derrotó a Jeroboám y a todo Israel delante de Abías y de Judá. 16 Los israelitas huyeron delante de Judá, pero Dios los entregó en sus manos: 17 Abías y su ejército les infligieron una gran derrota, y cayeron quinientos mil hombres escogidos de Israel. 18 En esa ocasión, los israelitas quedaron humillados, mientras que los de Judá se fortalecieron por haberse apoyado en el Señor, el Dios de sus padres.
19 Abías persiguió a Jeroboám y le arrebató las ciudades de Betel, Iesaná y Efrón con sus respectivos poblados. 20 Jeroboám ya no recuperó su poderío en los tiempos de Abías: el Señor lo hirió gravemente y él murió. 21 Abías, por el contrario, se hizo cada vez más fuerte. Tuvo catorce mujeres, veintidós hijos y dieciséis hijas.

Fin del reinado de Abías
1 Rey. 15. 7-8

22 El resto de la historia de Abías, sus obras y sus hazañas, están escritos en el Comentario del profeta Idó. 23 Abías se fue a descansar con sus padres y lo sepultaron en la Ciudad de David. Su hijo Asá reinó en lugar de él. En tiempos de este el país gozó de paz durante diez años.

El reinado de Asá en Judá (912-871)
1 Rey. 15. 9-12
14

1 Asá hizo lo que era bueno y recto a los ojos del Señor, su Dios. 2 Suprimió los altares de los cultos extranjeros y los lugares altos; rompió las piedras conmemorativas y los pilares sagrados, 3 y exhortó a Judá a buscar al Señor, el Dios de sus padres, y a practicar la Ley y los mandamientos. 4 Mandó suprimir de todas las ciudades de Judá los lugares altos y los altares de incienso; y el reino estuvo en paz bajo su reinado. 5 Edificó ciudades fortificadas en Judá, porque el país estaba en paz, y durante aquellos años nadie le hizo la guerra ya que el Señor le había dado tranquilidad.
6 Entonces Asá dijo a Judá: "Construyamos estas ciudades, rodeándolas de murallas, torres, puertas y cerrojos. Tenemos el país a nuestra disposición, porque hemos buscado al Señor, nuestro Dios, y por eso, él nos ha buscado a nosotros y nos ha dado tranquilidad por todas partes". Y ellos construyeron las ciudades con todo éxito.
7 Asá tenía en Judá un ejército de trescientos mil hombres, provistos de escudos grandes y lanzas, y otro en Benjamín, de doscientos ochenta mil hombres armados con escudos pequeños y arcos. Todos ellos eran guerreros valerosos.

La invasión y la derrota de Zéraj

8 Zéraj, el cusita, avanzó contra ellos con un ejército de un millón de hombres y trescientos carros de guerra, y llegó hasta Maresá. 9 Asá salió a su encuentro, y ambos se dispusieron para el combate en el valle de Sefatá, junto a Maresá. 10 Entonces Asá invocó al Señor, su Dios, diciendo: "¡Tú solo, Señor, puedes ayudar al débil contra el fuerte! ¡Ayúdanos, Señor, Dios nuestro, porque en ti nos apoyamos y en tu Nombre marchamos contra esta inmensa muchedumbre! ¡Señor, tú eres nuestro Dios! ¡Que ningún mortal prevalezca contra ti!".
11 El Señor derrotó a los cusitas delante de Asá y de Judá, y los cusitas huyeron. 12 Asá y las tropas que lo acompañaban, los persiguieron hasta Guerar. Cayeron tantos etíopes que no quedó ningún sobreviviente, porque quedaron destrozados delante del Señor y de su campamento. Los hombres de Judá recogieron un enorme botín. 13 También derrotaron a todas las ciudades de los alrededores de Guerar, porque el terror del Señor se había apoderado de ellas, y las saquearon ya que había en ellas un gran botín. 14 Atacaron asimismo los campamentos de los que apacentaban los rebaños, y se llevaron una gran cantidad de ovejas y camellos. Después regresaron a Jerusalén.

La profecía de Azarías
15

1 Azarías, hijo de Oded, sobre el que había descendido el espíritu de Dios, 2 salió al encuentro de Asá y le dijo: "¡Escúchenme, Asá y todo Judá y Benjamín! El Señor está con ustedes cuando ustedes están con él. Si lo buscan, él se dejará encontrar por ustedes; si lo abandonan, él los abandonará. 3 Durante mucho tiempo Israel estuvo sin verdadero Dios, sin sacerdote que lo instruyera y sin ley. 4 Pero en su angustia, ellos se volvieron hacia el Señor, el Dios de Israel; lo buscaron, y el Señor se dejó encontrar por ellos. 5 En aquellos tiempos no había paz para nadie, sino grandes tribulaciones sobre todos los habitantes del país. 6 La gente y las ciudades se destruían unas contra otras, porque Dios las perturbaba con toda clase de calamidades. 7 Pero ustedes, ¡manténganse firmes y no desfallezcan! Porque sus obras serán recompensadas".

La reforma religiosa de Asá
1 Rey. 15. 13-15

8 Al oír estas palabras y la profecía que había pronunciado Azarías, hijo de Oded, Asá se decidió a eliminar los ídolos abominables de todo el territorio de Judá y Benjamín, y también de las ciudades que había conquistado en la montaña de Efraím. Además, restauró el altar del Señor que estaba delante del Vestíbulo del Templo. 9 Luego reunió a todo Judá y Benjamín, y a los hombres de Efraím, de Manasés y de Simeón que residían con ellos, porque mucha gente de Israel se había pasado a Asá, al ver que el Señor, su Dios, estaba con él. 10 Ellos se reunieron en Jerusalén el tercer mes del año quince del reinado de Asá. 11 Aquel día sacrificaron al Señor setecientos bueyes y siete mil ovejas del botín que habían traído, 12 e hicieron un pacto, comprometiéndose a buscar al Señor, el Dios de sus padres, con todo su corazón y con toda su alma: 13 a todo el que no buscara al Señor, el Dios de Israel, se lo haría morir, fuera grande o pequeño, hombre o mujer. 14 Así lo juraron al Señor en alta voz, con gritos de júbilo y al son de trompetas y cuernos. 15 Todo Judá se alegró a causa del juramento, porque lo había prestado de todo corazón y había buscado sinceramente al Señor. Por eso el Señor se dejó encontrar por ellos y les dio paz por todas partes.
16 El rey Asá despojó incluso del rango de Reina Madre a su abuela Maacá, por haber dedicado un horrendo fetiche a la diosa Aserá. Asá eliminó ese fetiche, lo redujo a polvo y lo quemó en el torrente Cedrón. 17 Sin embargo, no desaparecieron de Israel los lugares altos, aunque el corazón de Asá perteneció íntegramente al Señor durante toda su vida. 18 Él hizo llevar a la Casa del Señor las ofrendas consagradas por su padre y las que él mismo había consagrado: plata, oro y otros utensilios. 19 Y no hubo guerra hasta el año treinta y cinco del reinado de Asá.

La guerra de Asá contra Basá, rey de Israel
1 Rey. 15. 16-22
16

1 El año trigésimo sexto del reinado de Asá, Basá, rey de Israel, subió contra Judá y fortificó Ramá, para cortarle las comunicaciones a Asá, rey de Judá. 2 Entonces Asá recogió plata y oro de los tesoros de la Casa del Señor y de la casa del rey, y se los envió a Ben Hadad, rey de Arám, que residía en Damasco, con el siguiente mensaje: 3 "Hay una alianza entre tú y yo, como la hubo entre mi padre y el tuyo. Aquí te envío plata y oro. Rompe tu alianza con Basá, rey de Israel, para que él se retire de mi territorio". 4 Ben Hadad le hizo caso y envió a los jefes de su ejército contra las ciudades de Israel. Ellos atacaron a Ión, Dan, Abel Maim y todos los depósitos de las ciudades de Neftalí. 5 Cuando se enteró Basá, suspendió la fortificación de Ramá e interrumpió los trabajos. 6 El rey Asá movilizó entonces a todo Judá, y se llevaron las piedras y la madera con que Basá estaba fortificando Ramá. Con ellas, Asá fortificó Gueba y Mispá.
7 En aquel tiempo, el vidente Jananí se presentó ante Asá, rey de Judá, y le dijo: "Por haberte apoyado en el rey de Arám en vez de apoyarte en el Señor, tu Dios, el ejército del rey de Arám se te ha escapado de las manos. 8 ¿Acaso los cusitas y los libios no formaban un ejército numeroso, con una enorme cantidad de carros de guerra y caballería? Y sin embargo, por haberte apoyado en el Señor, él los entregó en tus manos. 9 Porque los ojos del Señor recorren toda la tierra para sostener a aquellos cuyo corazón está con él íntegramente. En esto te has comportado como un necio. Por eso, de ahora en adelante vivirás en guerra". 10 Asá se irritó contra el vidente y lo hizo poner en la cárcel, porque se había enfurecido con él a causa de esto. Por aquel mismo tiempo, Asá oprimió también a una parte del pueblo.

Fin del reinado de Asá
1 Rey. 15. 23-24

11 En cuanto a los hechos de Asá, desde el principio hasta el fin, están escritos en el Libro de los reyes de Judá y de Israel. 12 En el trigésimo noveno año de su reinado, Asá se enfermó gravemente de los pies. Pero ni siquiera en su enfermedad recurrió al Señor, sino a los médicos. 13 Asá murió en el cuadragésimo primer año de su reinado, y se fue a descansar con sus padres. 14 Lo sepultaron en la tumba que se había hecho cavar en la Ciudad de David. Lo depositaron sobre un lecho lleno de ungüentos y de diversos perfumes cuidadosamente preparados, y se encendió en su honor una enorme hoguera.

El reinado de Josafat en Judá (870-846)
17

1 En lugar de Asá reinó su hijo Josafat, el cual logró imponerse sobre Israel. 2 Instaló destacamentos en todas las ciudades fortificadas de Judá, y puso gobernadores en el territorio de Judá y en las ciudades de Efraím que había conquistado su padre Asá.
3 El Señor estuvo con Josafat, porque él siguió los caminos que su padre había seguido al comienzo, y no buscó a los Baales, 4 sino que buscó al Dios de su padre y procedió conforme a sus mandamientos, sin imitar lo que hacía Israel. 5 El Señor afianzó el reino bajo su poder, y todo Judá le hacía regalos, de manera que su riqueza y su gloria llegaron a ser muy grandes. 6 Su corazón siguió fervientemente los caminos del Señor, y él hizo desaparecer otra vez de Judá los lugares altos y los postes sagrados.
7 El tercer año de su reinado envió a sus oficiales Ben Jáil, Abdías, Zacarías, Natanael y Miqueas, para que enseñaran en las ciudades de Judá. 8 Con ellos iban los levitas Semaías, Netanías, Zebadías, Asahel, Semiramot, Jonatán, Adonías, Tobías y Tobadonías, y también los sacerdotes Elisamá y Jorám: 9 todos ellos enseñaron en Judá, llevando consigo el libro de la Ley del Señor, y recorrieron todas las ciudades de Judá, enseñando al pueblo. 10 El terror del Señor se apoderó de todos los reinos de los países que rodeaban a Judá, de manera que no hicieron la guerra contra Josafat. 11 Algunos filisteos trajeron a Josafat presentes y plata en calidad de tributo. También los árabes le trajeron siete mil setecientos carneros y siete mil setecientos chivos. 12 Así Josafat prosperaba cada día más, y construyó en Judá fortalezas y ciudades de aprovisionamiento.

El ejército de Josafat

13 Josafat tenía abundantes reservas en las ciudades de Judá, y un regimiento de guerreros en Jerusalén. 14 Ellos estaban enrolados por clanes, de la siguiente manera:
De Judá, jefes de mil hombres: Adná, el jefe, con 300.000 guerreros. 15 A su lado, Iehojanán, con 280.000 hombres. 16 A su lado, Amasías, hijo de Zicrí, que se había consagrado espontáneamente al Señor, con 200.000 guerreros.
17 De Benjamín: Eliadá, guerrero valeroso, con 200.000 hombres armados de arco y escudo. 18 A su lado, Iehozabad, con 180.000 hombres equipados para la guerra.
19 Estos eran los que estaban al servicio del rey, sin contar los que él había apostado en las ciudades fortificadas de todo Judá.

Preparativos para la campañacontra Ramot de Galaad
1 Rey. 22. 1-5
18

1 Josafat tuvo riquezas y gloria en abundancia. Y como se había emparentado con Ajab, 2 al cabo de unos años bajó a visitarlo a Samaría. Ajab sacrificó gran cantidad de ovejas y bueyes para él y para la gente que lo acompañaba, y lo indujo a subir contra Ramot de Galaad. 3 Ajab, rey de Israel, dijo a Josafat, rey de Judá: "¿Irías conmigo contra Ramot de Galaad?". Josafat respondió al rey de Israel: "Cuenta conmigo como contigo mismo, con mi gente como con la tuya". 4 Pero añadió: "Consulta primero la palabra del Señor".

La intervención de los falsos profetas
1 Rey. 22. 6-12

5 El rey de Israel reunió a los profetas –unos cuatrocientos hombres– y les preguntó: "¿Podemos ir a combatir contra Ramot de Galaad, o debo desistir?". Ellos respondieron: "Sube, y el Señor la entregará en manos del rey". 6 Pero Josafat insistió: "¿No queda por ahí algún profeta del Señor para consultar por medio de él?". 7 El rey de Israel dijo a Josafat: "Si, queda todavía un hombre por cuyo intermedio se podría consultar al Señor. Pero yo lo detesto, porque nunca me vaticina nada bueno, sino sólo desgracias: es Miqueas, hijo de Imlá". "No hable el rey de esa manera", replicó Josafat. 8 Entonces el rey de Israel llamó a un eunuco y ordenó: "Que venga en seguida Miqueas, hijo de Imlá".
9 El rey de Israel y Josafat, rey de Judá, estaban sentados cada uno en su trono, con sus vestiduras reales, sobre la explanada que está a la entrada de la puerta de Samaría, mientras todos los profetas vaticinaban delante de ellos. 10 Sedecías, hijo de Canaaná, se había hecho unos cuernos de hierro y decía: "Así habla el Señor: Con esto embestirás a Arám hasta acabar con él". 11 Y todos los profetas vaticinaban en el mismo sentido, diciendo: "¡Sube a Ramot de Galaad y triunfarás! El Señor la entregará en manos del rey".

La intervención del profeta Miqueas
1 Rey. 22. 13-28

12 El mensajero que había ido a llamar a Miqueas le dijo: "Mira que las palabras de los profetas anuncian a una sola voz buena fortuna para el rey. Habla tú también como uno de ellos, y anuncia la victoria". 13 Pero Miqueas replicó: "¡Por la vida del Señor, sólo diré lo que mi Dios me diga!".
14 Cuando se presentó al rey, este le dijo: "Miqueas, ¿podemos ir a combatir contra Ramot de Galaad, o debo desistir?". Él le respondió: "Sube y triunfarán; ellos serán entregados en manos de ustedes". 15 Pero el rey le dijo: "¿Cuántas veces tendré que conjurarte a que no me digas más que la verdad en nombre del Señor?". 16 Miqueas dijo entonces:
"He visto a todo Israel disperso por las montañas,como ovejas sin pastor.
El Señor ha dicho:Estos ya no tienen dueño;vuélvase cada uno a su casa en paz".
17 El rey de Israel dijo a Josafaat: "¿No te había dicho que este no me vaticina nada bueno, sino sólo desgracias?". 18 Miqueas siguió diciendo: "Por eso, escuchen la palabra del Señor: Yo vi al Señor sentado en su trono, y todo el Ejército de los cielos estaba de pie a su derecha y a su izquierda. 19 El Señor preguntó: ‘¿Quién seducirá a Ajab, para que suba y caiga en Ramot de Galaad?’. Ellos respondieron, uno de una manera y otro de otra. 20 Entonces se adelantó el espíritu y, puesto de pie delante del Señor, dijo: ‘Yo lo seduciré’. ‘¿Cómo?’, preguntó el Señor. 21 Él respondió: ‘Iré y seré un espíritu de mentira en la boca de todos sus profetas’. Entonces el Señor le dijo: ‘Tú lograrás seducirlo. Ve y obra así’. 22 Ahora, el Señor ha puesto un espíritu de mentira en la boca de estos profetas, porque él ha decretado tu ruina".
23 Sedecías, hijo de Canaaná, se acercó a Miqueas y le dio una bofetada, diciendo: "¿Por dónde se me escapó el espíritu del Señor para hablarte a ti?". 24 Miqueas repuso: "Eso lo verás el día en que vayas de una habitación a otra para esconderte". 25 Entonces el rey de Israel ordenó: "Tomen a Miqueas y llévenlo a Amón, el gobernador de la ciudad, y a Joás, el hijo del rey. 26 Ustedes dirán: Así habla el rey: Encierren a este hombre en la cárcel y ténganlo a pan y agua, hasta que yo regrese victorioso". 27 Miqueas replicó: "Si tú regresas victorioso, quiere decir que el Señor no ha hablado por mi boca".

Muerte de Ajab en Ramot de Galaad
1 Rey. 22. 29-38

28 El rey de Israel y Josafat, rey de Judá, subieron hacia Ramot de Galaad. 29 Y el rey de Israel dijo a Josafat: "Yo me voy a disfrazar para entrar en batalla, pero tú quédate con tus vestiduras". El rey de Israel se disfrazó, y entraron en combate. 30 El rey de Arám, por su parte, había dado esta orden a los comandantes de sus carros de guerra: "No ataquen a nadie, ni pequeño ni grande, sino sólo al rey de Israel".
31 Cuando los comandantes de los carros vieron a Josafat, dijeron: "¡Es el rey de Israel!", y lo rodearon para atacarlo. Josafat lanzó un grito y el Señor lo socorrió: Dios los alejó de él. 32 Los comandantes de los carros, al ver que ese no era el rey de Israel, dejaron de perseguirlo. 33 Pero un hombre disparó su arco al azar e hirió al rey de Israel por entre las junturas de la coraza. El rey dijo al conductor de su carro: "Vuelve atrás y sácame del campo de batalla, porque estoy malherido".
34 Aquel día, el combate fue muy encarnizado. El rey de Israel se mantuvo de pie sobre su carro frente a los arameos hasta la tarde, y murió a la puesta del sol.

El reproche de Jehú a Josafat
19

1 Cuando Josafat, rey de Judá, regresaba sano y salvo a Jerusalén, 2 le salió al encuentro Jehú, hijo de Jananí, el vidente, y le dijo: "¿Tenías que ayudar al impío y favorecer a los que odian al Señor? Por eso has atraído sobre ti la cólera del Señor. 3 Sin embargo, tienes algunas cosas buenas, porque has quemado los postes sagrados que han desaparecido del país, y te has esforzado por buscar a Dios de todo corazón".

La reforma judicial de Josafat

4 Josafat residía en Jerusalén, pero salió de nuevo para visitar a su pueblo, desde Berseba hasta la montaña de Efraím, y lo hizo volver al Señor, el Dios de sus padres. 5 Estableció jueces en el país, en todas y cada una de las ciudades fortificadas de Judá, 6 y dijo a los jueces: "Miren bien lo que hacen, porque ustedes no deben juzgar en nombre de los hombres, sino del Señor, que está con ustedes cuando administran la justicia. 7 ¡Que permanezca sobre ustedes el temor del Señor! Tengan mucho cuidado con lo que hacen, porque el Señor, nuestro Dios, no tolera la injusticia, ni la acepción de personas, ni el soborno".
8 También en Jerusalén, Josafat estableció levitas, sacerdotes y jefes de familia de Israel, para dictar las sentencias del Señor y dirimir los pleitos entre los habitantes de Jerusalén. 9 Les dio estas instrucciones: "Obren siempre con temor del Señor, con fidelidad e integridad de corazón. 10 En todo pleito que provenga de sus hermanos residentes en cualquier ciudad –ya sean causas de sangre o cuestiones relativas a la Ley, a los mandamientos, a los preceptos y a las costumbres– ustedes deberán instruirlos, para que no se hagan culpables delante del Señor y su ira no se encienda contra ustedes y contra sus hermanos. Obren de esta manera, y no se harán culpables.
11 El sacerdote Amarías tendrá autoridad sobre ustedes en todos los asuntos concernientes al Señor, y Zebadías, hijo de Ismael, príncipe de la casa de Judá, en todos los asuntos concernientes al rey. Los levitas les servirán de escribas. ¡Tengan ánimo y pónganse a trabajar! ¡Y que el Señor esté con los hombres de bien!".

Invasión de los moabitas y los amonitas
20

1 Después de un tiempo, los moabitas y los amonitas, junto con algunos maonitas, fueron a combatir contra Josafat. 2 Entonces informaron a Josafat, diciéndole: "Una gran multitud, procedente de Edóm, avanza contra ti desde el otro lado del mar, y ya están en Jasasón Tamar, es decir, en Engadí".

Súplica de Josafat

3 Josafat, muy atemorizado, decidió consultar al Señor y proclamó un ayuno en todo Judá. 4 Judá se reunió para implorar al Señor, y acudió gente de todas las ciudades. 5 Entonces Josafat se puso de pie en medio de la asamblea de Judá y de Jerusalén, en la Casa del Señor, delante del atrio nuevo, 6 y dijo: "Señor, Dios de nuestros padres, ¿acaso no eres tú el Dios del cielo y el que dominas a todos los reinos de las naciones? ¿No están en tu mano la fuerza y el poder, sin que nadie pueda resistirte? 7 ¿No has sido tú, Dios nuestro, el que expulsaste a los habitantes de esta tierra delante de tu pueblo Israel, y se la entregaste para siempre a los descendientes de tu amigo Abraham? 8 Ellos la han habitado y han edificado un Santuario para tu Nombre, diciendo: 9 ‘Si nos sobreviene alguna desgracia –la espada, el castigo, la peste o el hambre– nos presentaremos delante de esta Casa y delante de ti, porque tu Nombre reside en ella; te invocaremos en nuestra angustia, y tú oirás y nos salvarás’.
10 Mira ahora a los amonitas, a los moabitas y a los de las montañas de Seír: tú no permitiste que Israel entrara en sus tierras cuando salía de Egipto, y por eso él se apartó de ellos y no los destruyó. 11 Ahora ellos nos pagan viniendo a expulsarnos de tu propiedad, la que tú nos has dado en posesión. 12 Dios nuestro, ¿no harás justicia contra ellos? Porque nosotros no tenemos fuera contra esta gran multitud que viene a atacarnos, y no sabemos qué hacer. Pero nuestros ojos están puestos en ti".
13 Todo Judá permanecía de pie delante del Señor, con sus niños, sus mujeres y sus hijos. 14 Entonces el espíritu del Señor descendió sobre Iajaziel, hijo de Zacarías, hijo de Benaías, hijo de Ieiel, hijo de Matanías, uno de los levitas de los hijos de Asaf, que estaba en medio de la asamblea. 15 Y él dijo: "¡Presten atención, todo Judá, todos ustedes, habitantes de Jerusalén, y tú, rey Josafat! Así les habla el Señor: No teman ni se acobarden ante esa gran muchedumbre, porque esta guerra no es de ustedes sino de Dios. 16 Bajen a atacarlos mañana: ellos suben por la cuesta de Sis y ustedes los encontrarán al extremo del valle, frente al desierto de Ieruel. 17 No tendrán necesidad de combatir en esta ocasión: deténganse allí sin moverse y verán la salvación que el Señor les tienen preparada. ¡No teman ni se acobarden, Judá y Jerusalén! Salgan mañana a enfrentarse con ellos, porque el Señor estará con ustedes".
18 Josafat se postró con el rostro en tierra; y todo Judá y los habitantes de Jerusalén se postraron ante el Señor para adorarlo. 19 Y los levitas del grupo de los descendientes de Quehat y de los descendientes de Coré se levantaron para alabar en alta voz al Señor, el Dios de Israel.

La victoria de Judá

20 Al día siguiente, muy de madrugada, salieron hacia el desierto de Técoa. Mientras salían, Josafat se puso de pie y dijo: "¡Escuchen, Judá y habitantes de Jerusalén! Tengan confianza en el Señor, nuestro Dios, y estarán seguros; confíen en sus profetas y triunfarán". 21 Después de consultar al pueblo, designó a unos cantores, para que avanzaran al frente de los guerreros, revestidos con los ornamentos sagrados y alabaran al Señor, diciendo: "¡Alaben al Señor, porque es eterno su amor!". 22 En el momento en que ellos comenzaron las aclamaciones y las alabanzas, el Señor sembró la discordia entre los amonitas, los moabitas y los de las montañas de Seír que habían venido a invadir a Judá, y se batieron entre sí. 23 Los amonitas y los moabitas se levantaron contra los habitantes de las montañas de Seír, para consagrarlos al exterminio total y aniquilarlos, y cuando acabaron con los habitantes de Seír, se destruyeron mutuamente.

La celebración del triunfo

24 Cuando los hombres de Judá llegaron a la cima que domina el desierto y volvieron sus ojos hacia la multitud, no vieron más que cadáveres tendidos por tierra, porque ninguno había podido escapar. 25 Josafat y su pueblo fueron a saquear los despojos y encontraron mucho ganado, provisiones, ropa y objetos preciosos: fue tanto lo que recogieron que no se lo podían llevar. Emplearon tres días en saquear el botín, porque era muy abundante. 26 Al cuarto día se reunieron en el valle de la Bendición, donde bendijeron al Señor; por eso se dio a este lugar el nombre de valle de la Bendición hasta el día de hoy. 27 Después, todos los hombres de Judá y de Jerusalén, con Josafat a la cabeza, regresaron jubilosamente a Jerusalén, porque el Señor los había hecho triunfar sobre sus enemigos. 28 Entraron en Jerusalén, en la Casa del Señor, al son de arpas, cítaras y trompetas. 29 El terror de Dios se apoderó de los reyes de todos los países, cuando estos se enteraron de que el Señor había combatido contra los enemigos de Israel. 30 El reinado de Josafat gozó de tranquilidad, y su Dios le dio paz por todas partes.

Fin del reinado de Josafat
1 Rey. 22. 41-51

31 Josafat reinó sobre Judá. Tenía treinta y cinco años cuando inició su reinado, y reinó veinticinco años en Jerusalén. Su madre se llamaba Azubá, hija de Siljí. 32 Siguió en todo el camino de su padre Asá y no se apartó de él, haciendo lo que es recto a los ojos del Señor. 33 Sin embargo, no desaparecieron los lugares altos y el pueblo aún no se había entregado de corazón al Dios de sus padres. 34 El resto de los hechos de Josafat, desde el comienzo hasta el fin, están escritos en las Memorias de Jehú, hijo de Jananí, que se encuentran incluidas en el Libro de los reyes de Israel.
35 Después de esto, Josafat, rey de Judá, se alió con Ocozías, rey de Israel, aunque este procedía mal. 36 Se asoció con él para construir barcos que fueran a Tarsis, y los fabricaron en Esión Guéber. 37 Entonces Eliezer, hijo de Dodaías, de Maresá, profetizó contra Josafat diciendo: "Por haberte aliado con Ocozías, el Señor abrió una brecha en tus obras". En efecto, los barcos naufragaron y no pudieron ir a Tarsis.

21

1 Josafat se fue a descansar con sus padres, y lo sepultaron con sus antepasados en la Ciudad de David. Su hijo Jorám lo sucedió en el trono.

El reinado de Jorám en Judá (848-841)
2 Rey. 8. 16-19

2 Jorám tenía seis hermanos, hijos de Josafat, que eran: Azarías, Iejiel, Zacarías, Azariahu, Micael y Sefatías. Todos eran hijos de Josafat, rey de Israel. 3 Su padre les había hecho muchos regalos de oro, plata y objetos preciosos, además de algunas ciudades fortificadas de Judá. Pero él había entregado el reino a Jorám porque era el hijo mayor; 4 y cuando Jorám tomó posesión del reino de su padre y se afianzó en el poder, degolló a todos sus hermanos y a algunos de los jefes de Israel.
5 Jorám tenía treinta y dos años cuando comenzó a reinar, y reinó ocho años en Jerusalén. 6 Siguió el camino de los reyes de Israel, conforme a lo que había hecho la casa de Ajab, porque se había casado con una hija de Ajab; e hizo lo que es malo a los ojos del Señor. 7 Pero el Señor no quiso destruir a la casa de David, en razón de la alianza que había concluido con él, y de la promesa que le había hecho de darles, a él y a sus hijos, una lámpara para siempre.

La rebelión de Edóm y de Libná
2 Rey. 8. 20-22

8 Durante el reinado de Jorám, Edóm se rebeló contra Judá, y se instituyó un rey. 9 Entonces Jorám cruzó la frontera con sus jefes y todos sus carros de guerra. Durante la noche atacó a los edomitas que lo tenían cercado, a él y a los jefes de los carros de guerra. 10 Sin embargo, Edóm se libró de la dominación de Judá hasta el día de hoy. También Libná se rebeló contra él en esa misma época, porque él había abandonado al Señor, el Dios de sus padres.

Advertencia del profeta Elías

11 Además, Jorám construyó los lugares altos en las montañas de Judá, incitó a la prostitución a los habitantes de Jerusalén e hizo extraviar a Judá. 12 Entonces le llegó un escrito del profeta Elías que decía: "Así habla el Señor, el Dios de tu padre David: Tú no has seguido los caminos de tu padre Josafat, ni los de Asá, rey de Judá, 13 sino que imitaste a los reyes de Israel e incitaste a Judá y a los habitantes de Jerusalén a que se prostituyeran como la familia de Ajab. También has asesinado a tus hermanos, la familia de tu padre, que eran mejores que tú. 14 Por eso el Señor infligirá un terrible castigo a tu pueblo, a tus hijos, a tus mujeres y a todos tus bienes. 15 Tú mismo padecerás muchas dolencias, y una enfermedad maligna te irá carcomiendo las entrañas día tras día".

Fin del reinado de Jorám
2 Rey. 8. 23-24

16 El Señor excitó contra Jorám la hostilidad de los filisteos y de los árabes vecinos de los cusitas, 17 que atacaron a Judá, la invadieron y se apoderaron de todos los tesoros que había en el palacio real, y también de sus hijos y de sus mujeres; solamente le quedó Ocozías, que era el menor de sus hijos. 18 Por último, el Señor lo hirió con una enfermedad incurable del vientre. 19 Y después de un tiempo, al cabo de dos años, la enfermedad le carcomió las entrañas, y murió en medio de terribles dolores. Su pueblo no quemó perfumes por él, como había hecho por sus padres. 20 Tenía treinta y dos años cuando comenzó a reinar, y reinó ocho años en Jerusalén. Se fue sin que lo lloraran, y lo sepultaron en la Ciudad de David, pero no en los sepulcros de los reyes.

El reinado de Ocozías en Judá (841)
2 Rey. 8. 25-29a
22

1 Los habitantes de Jerusalén proclamaron rey en lugar de Jorám a Ocozías, su hijo menor, porque la banda que invadió el campamento con los árabes había asesinado a todos los hijos mayores. Así reinó Ocozías, hijo de Jorám, rey de Judá. 2 Ocozías tenía cuarenta y dos años cuando comenzó a reinar, y reinó un solo año en Jerusalén. Su madre se llamaba Atalía, y era hija de Omrí.
3 Él también siguió los caminos de la casa de Ajab, porque su madre lo instigaba a cometer el mal. 4 Hizo lo que es malo a los ojos del Señor, como los de la familia de Ajab, porque después de la muerte de su padre, ellos fueron sus consejeros para ruina de él. 5 Por consejo de ellos, fue con Jorám, hijo de Ajab, rey de Israel, a combatir contra Jazael, rey de Arám, en Ramot de Galaad. Los arameos hirieron a Jorám, 6 y este volvió a Izreel para hacerse curar de las heridas que le habían infligido en Ramot, en la batalla contra Jazael, rey de Arám.

El asesinato de Ocozías
2 Rey. 8. 29b; 9. 27-29

Ocozías, hijo de Jorám, rey de Judá, bajó a Izreel para visitar a Jorám, hijo de Ajab, que se encontraba enfermo. 7 Esta visita a Jorám estaba dispuesta por Dios para ruina de Ocozías. Porque cuando llegó, salió con Jorám a luchar contra Jehú, hijo de Nimsí, a quien el Señor había ungido para extirpar la casa de Ajab. 8 Mientras Jehú hacía justicia con la familia de Ajab, se encontró con los jefes de Judá y con los hijos de los hermanos de Ocozías, que estaban a su servicio, y los mató. 9 Después buscó a Ocozías, y lo capturaron en Samaría, donde se había ocultado. Luego lo llevaron a la presencia de Jehú y lo mataron. Pero le dieron sepultura, porque decían: "Es el hijo de Josafat, el que buscó al Señor de todo corazón".

El crimen y el interregno de Atalía en Judá (841-835)
2 Rey. 11. 1-3

En la familia de Ocozías no quedó nadie capaz de reinar. 10 Atalía, la madre de Ocozías, al ver que había muerto su hijo, comenzó a exterminar todo el linaje real de la tribu de Judá. 11 Pero Josebá, hija del rey, tomó a Joás, hijo de Ocozías, lo sacó de en medio de los hijos del rey que iban a ser masacrados, y lo puso con su nodriza en la sala que servía de dormitorio. Josebá, hija del rey Jorám, esposa del sacerdote Iehoiadá y hermana de Ocozías, lo ocultó a los ojos de Atalía y no lo mataron. 12 Así estuvo con ellos seis años en la Casa de Dios, mientras Atalía reinaba sobre el país.

La conjuración contra Atalía y la entronización de Joás
2 Rey. 11. 4-12
23

1 Al séptimo año, Iehoiadá se armó de valor y reunió a los centuriones: a Azarías, hijo de Ierojám, a Ismael, hijo de Iehojanán, a Azarías, hijo de Obed, a Maaseías, hijo de Adaías, y a Elisafat, hijo de Zicrí. Hizo un pacto con ellos, 2 y recorrieron todo el territorio de Judá congregando a los levitas de todas las ciudades y a los jefes de familia de Israel. Cuando llegaron a Jerusalén, 3 toda la asamblea selló una alianza con el rey en la Casa de Dios.
Iehoiadá les dijo: "Aquí está el hijo del rey. Él debe reinar, como lo dijo el Señor acerca de los descendientes de David. 4 Ustedes harán lo siguiente: un tercio de ustedes, los sacerdotes y levitas que entran de servicio el día sábado, montarán guardia en las puertas; 5 otro tercio ocupará la casa del rey, y el otro tercio se quedará en la puerta del Fundamento. Mientras tanto, todo el pueblo permanecerá en los atrios de la Casa del Señor. 6 Que nadie entre en la Casa del Señor, fuera de los sacerdotes y levitas que estén de servicio. Ellos podrán entrar, porque están consagrados. Pero todo el pueblo observará las prescripciones del Señor. 7 Los levitas formarán un círculo alrededor del rey, con las armas en la mano. Cualquiera que intente penetrar en el Templo, morirá. Permanezcan junto al rey dondequiera que vaya".
8 Los levitas y todo Judá ejecutaron exactamente lo que les había ordenado el sacerdote Iehoiadá. Cada uno de ellos tomó a sus hombres –los que entraban de servicio y los que eran relevados el día sábado– porque el sacerdote Iehoiadá no había exceptuado a ninguna de las clases. 9 El sacerdote Iehoiadá entregó a los centuriones las lanzas, los escudos y los broqueles del rey David, que estaban en la Casa de Dios. 10 Luego apostó a toda la tropa, cada uno con una jabalina en la mano, desde el lado sur hasta el lado norte de la Casa, delante del altar y delante de la Casa, para formar un círculo alrededor del rey. 11 Entonces hicieron salir al hijo del rey, le impusieron la diadema y el Testimonio, lo proclamaron rey, y Iehoiadá y sus hijos lo ungieron, aclamando: "¡Viva el rey!".

La muerte de Atalía
2 Rey. 11. 13-20

12 Atalía oyó el griterío de la gente que corría y aclamaba al rey, y se dirigió hacia la Casa del Señor, donde estaba el pueblo. 13 Y al ver al rey de pie sobre el estrado, junto a la entrada, a los jefes y las trompetas junto al rey, a todo el pueblo que estaba de fiesta y tocaba las trompetas, y a los cantores que dirigían las aclamaciones con sus instrumentos musicales, rasgó sus vestiduras y gritó: "¡Traición! ¡Traición!". 14 Entonces el sacerdote Iehoiadá impartió órdenes a los centuriones encargados de la tropa, diciéndoles: "¡Háganla salir de entre las filas! Si alguien la sigue, que sea pasado al filo de la espada". Porque el sacerdote había dicho: "No la maten en la Casa del Señor". 15 La llevaron a empujones, y por la entrada de la puerta de los Caballos llegó a la casa del rey; allí la mataron.
16 Iehoiadá selló una alianza entre el Señor, el rey y todo el pueblo, comprometiéndose este a ser el pueblo del Señor. 17 Luego, todo el pueblo se dirigió al templo de Baal, lo derribó y destrozó sus altares y sus imágenes. Y a Matán, el sacerdote de Baal, lo mataron delante de los altares.
18 Iehoiadá estableció puestos de guardia en la Casa del Señor, a las órdenes de los sacerdotes que David había distribuido en la Casa del Señor, para ofrecer holocaustos al Señor –como está escrito en la Ley de Moisés– con alegría y con cantos, según las prescripciones de David. 19 Puso porteros en las puertas de la Casa del Señor, para que no entrara absolutamente nada impuro. 20 Después reunió a los centuriones, a los dignatarios, a las autoridades del pueblo y a toda la gente del país; hizo descender de la Casa del Señor al rey, y entraron en la casa del rey por la puerta Alta. Allí hicieron sentar al rey en el trono real. 21 Toda la gente del país se alegró y la ciudad permaneció en calma. A Atalía la habían pasado al filo de la espada.

El reinado de Joás en Judá (835-796)
2 Rey. 12. 1-3
24

1 Joás tenía siete años cuando inició su reinado, y reinó cuarenta años en Jerusalén. Su madre se llamaba Sibia, y era de Berseba. 2 Joás hizo lo que es recto a los ojos del Señor mientras vivió el sacerdote Iehoiadá. 3 Este lo hizo casar con dos mujeres, y él tuvo hijos e hijas.

La restauración del Templo de Jerusalén
2 Rey. 12. 5-17

4 Después de esto, Joás resolvió restaurar la Casa del Señor. 5 Reunió a los sacerdotes y a los levitas, y les dijo: "Salgan todos los años por las ciudades de Judá, y recojan dinero de todo Israel para restaurar la Casa de nuestro Dios. Háganlo lo antes posible". Pero los levitas no se apresuraron a hacerlo.
6 Entonces el rey llamó al Sumo Sacerdote Iehoiadá y le preguntó: "¿Por qué no les has insistido a los levitas para que traigan de Judá y de Jerusalén las contribuciones que Moisés, el servidor de Dios, y la asamblea de Israel prescribieron para la Carpa del Testimonio? 7 Porque Atalía, la impiedad en persona, y sus secuaces han dejado deteriorar la Casa de Dios, y han destinado al culto de los Baales las ofrendas consagradas a la Casa del Señor". 8 Entonces el rey ordenó que se hiciera una cofre y se lo colocara junto a la puerta de la Casa del Señor, en la parte exterior; 9 y se proclamó en Judá y en Jerusalén que trajeran al Señor la contribución que Moisés, el servidor de Dios, había impuesto a Israel en el desierto. 10 Todos los jefes y el pueblo se alegraron, y traían sus ofrendas y las echaban en el cofre hasta que se llenaba.
11 Cuando era el momento de llevar el cofre a la administración real por medio de los levitas, si veían que había mucho dinero venía el secretario del rey y el inspector del Sumo Sacerdote, vaciaban el cofre para retirar el dinero y luego lo volvían a colocar en su lugar. Así se hacía cada día, y se reunía mucho dinero. 12 El rey y Iehoiadá se lo entregaban a los encargados de las obras de la Casa del Señor, y estos contrataban albañiles y carpinteros para restaurar la Casa del Señor, y también herreros y fundidores de bronce para repararla. 13 Cuando los obreros pusieron manos a la obra, el trabajo fue progresando hasta que la Casa de Dios quedó restaurada y consolidada. 14 Y una vez terminada la obra, trajeron el resto del dinero al rey y a Iehoiadá, a fin de que se fabricaran utensilios para la Casa del Señor: recipientes para el uso litúrgico y para los holocaustos, vasos y objetos de oro y plata. Mientras vivió Iehoiadá se ofrecieron continuamente holocaustos en la Casa del Señor.

La apostasía de Joás y asesinato de Zacarías

15 Iehoiadá envejeció y murió colmado de días, cuando tenía ciento treinta años. 16 Lo sepultaron junto a los reyes, en la Ciudad de David, porque había obrado bien en Israel en lo que respecta a Dios y a su Casa.
17 Después de la muerte de Iehoiadá, los jefes de Judá fueron a postrarse delante del rey, y este se dejó llevar por sus palabras. 18 Entonces abandonaron la Casa del Señor, el Dios de sus padres, y rindieron culto a los postes sagrados y a los ídolos. Por este pecado, se desató la indignación del Señor contra Judá y Jerusalén. 19 Les envió profetas que dieron testimonio contra ellos, para que se convirtieran al Señor, pero no quisieron escucharlos. 20 El espíritu de Dios revistió a Zacarías, hijo del sacerdote Iehoiadá, y este se presentó delante del pueblo y les dijo: "Así habla Dios: ¿Por qué quebrantan los mandamientos del Señor? Así no conseguirán nada. ¡Por haber abandonado al Señor, él los abandonará a ustedes!". 21 Ellos se confabularon contra él, y por orden del rey lo apedrearon en el atrio de la Casa del Señor. 22 El rey Joás no se acordó de la fidelidad que le había profesado Iehoiadá, padre de Zacarías, e hizo matar a su hijo, el cual exclamó al morir: "¡Que el Señor vea esto y les pida cuenta!".

La invasión aramea y asesinato de Joás
2 Rey. 12. 18-22

23 Al comenzar el año, el ejército de los arameos subió a combatir contra Joás. Invadieron Judá y Jerusalén, ejecutaron a todos los jefes que había en el pueblo, y enviaron el botín al rey de Damasco. 24 Aunque el ejército de Arám había venido con pocos hombres, el Señor entregó en sus manos a un ejército mucho más numeroso, por haberlo abandonado a él, el Dios de sus padres. De esta manera, los arameos hicieron justicia con Joás, 25 y cuando se fueron, lo dejaron gravemente enfermo. Sus servidores tramaron una conspiración contra él para vengar la sangre del hijo del sacerdote Iehoiadá, y lo mataron cuando estaba en su lecho. Así murió, y fue sepultado en la Ciudad de David, pero no en el sepulcro de los reyes. 26 Los conjurados fueron Zabad, hijo de Simat, la amonita, y Jozabad, hijo de Simrit, la moabita.
27 Todo lo que se refiere a sus hijos, a los numerosos oráculos pronunciados contra él y a la restauración de la Casa de Dios, está escrito en el Comentario al libro de los Reyes.
Su hijo Amasías reinó en lugar de él.

El reinado de Amasías en Judá (811-782)
2 Rey. 14. 1-6
25

1 Amasías tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó veintinueve años en Jerusalén. Su madre se llamaba Iehoadán, y era de Jerusalén. 2 Él hizo lo que es recto a los ojos del Señor, aunque no de todo corazón. 3 Cuando su poder real quedó plenamente afianzado, mató a los servidores que habían dado muerte al rey, su padre. 4 Pero no hizo morir a los hijos de ellos, cumpliendo lo que está escrito en la Ley, en el libro de Moisés, donde el Señor prescribió lo siguiente: "Los padres no morirán por las culpas de los hijos, ni los hijos por las de los padres, sino que cada uno morirá por su propio pecado".

La victoria de Amasías sobre Edóm
2 Rey. 14. 7

5 Amasías reunió a la gente de Judá y puso al frente de todo Judá y de Benjamín, agrupados por familias, jefes de mil y de cien hombres. Registró a los que tenían más de veinte años, y comprobó que había trescientos mil guerreros aptos para salir en campaña, armados de lanza y escudo. 6 Luego reclutó cien mil mercenarios de Israel, por cien talentos de plata. 7 Pero un hombre de Dios se presentó ante él y le dijo: "Que no vaya contigo, rey, un ejército de Israel, porque el Señor no está con Israel, con esos efraimitas. 8 Si ellos te acompañan, por más que luches valerosamente, Dios te hará caer ante el enemigo. Porque es Dios el que tiene poder para socorrer y derribar". 9 Pero Amasías dijo al hombre de Dios: "¿Y qué pasa con los cien talentos de plata que entregué a la tropa de Israel?". El hombre de Dios respondió: "El Señor puede darte mucho más". 10 Entonces Amasías licenció a la tropa que había venido de Efraím, para que se fueran a su tierra. Ellos se indignaron contra Judá y volvieron enfurecidos a su tierra.
11 Amasías se sintió fuerte y avanzó al frente de sus tropas hasta el valle de la Sal, donde mató a diez mil hombres de Seír. 12 Los hombres de Judá capturaron vivo a otros diez mil y los llevaron hasta la cumbre de La Roca. Desde allí los despeñaron, y todos murieron destrozados. 13 Mientras tanto, las tropas que Amasías había despedido para que no fueran con él a la guerra, invadieron las ciudades de Judá, desde Samaría hasta Bet Jorón, y mataron a tres mil personas, recogiendo además un gran botín.

La infidelidad de Amasías

14 Después que Amasías volvió de derrotar a los edomitas, introdujo a los dioses de los habitantes de Seír y los tomó como propios, se postró delante de ellos y les quemó incienso. 15 Entonces la ira del Señor se encendió contra Amasías y le envió un profeta para decirle: "¿Por qué has buscado a los dioses de esa gente, que no han podido salvar a su pueblo de tus manos?". 16 Mientras el profeta le estaba hablando, Amasías le replicó: "¿Quién te ha nombrado consejero del rey? ¡No insistas! ¿O quieres que te maten?". El profeta desistió, no sin antes decir: "Yo sé que Dios ha decidido destruirte, por haber hecho esto y no haber escuchado mi consejo".

La derrota de Amasías frente a Israel
2 Rey. 14. 8-14

17 Después de hacerse aconsejar, Amasías, rey de Judá, envió mensajeros a Joás, hijo de Joacaz, hijo de Jehú, rey de Israel, para decirle: "¡Ven a enfrentarte conmigo cara a cara!". 18 Pero Joás, rey de Israel, mandó a decir a Amasías, rey de Judá: "El cardo del Líbano mandó a decir al cedro del Líbano: Dale tu hija por esposa a mi hijo. Pero un animal salvaje del Líbano pasó y pisoteó el cardo. 19 Tú dices: ‘He derrotado a Edóm’, y por eso tu corazón se ha engreído y se gloría. ¡Quédate ahora en tu casa! ¿Para qué comprometerte en una guerra desastrosa y sucumbir, tú y Judá contigo?".
20 Amasías no hizo caso, porque Dios así lo había dispuesto, para entregarlo en manos de Joás por haber venerado a los dioses de Edóm. 21 Entonces subió Joás, rey de Israel, y se enfrentaron él y Amasías, rey de Judá, en Bet Semes de Judá. 22 Judá cayó derrotado ante Israel, y cada uno huyó a su carpa. 23 Joás, rey de Israel, tomó prisionero en Bet Semes a Amasías, hijo de Joás, hijo de Ocozías, rey de Judá. Lo llevó a Jerusalén y abrió una brecha de doscientos metros en el muro de Jerusalén, desde la puerta de Efraím hasta la puerta del Ángulo. 24 Se apoderó de todo el oro y la plata y de todos los objetos que se hallaban en la Casa de Dios, al cuidado de Obededóm; se llevó los tesoros de la casa del rey y algunos rehenes, y se volvió a Samaría.

Fin del reinado de Amasías
2 Rey. 14. 17-20

25 Amasías, hijo de Joás, rey de Judá, vivió quince años después de la muerte de Joás, hijo de Joacaz, rey de Israel.
26 El resto de los hechos de Amasías, desde el comienzo hasta el fin, ¿no está escrito en el Libro de los reyes de Judá y de Israel? 27 A partir del momento en que Amasías dejó de seguir al Señor, se urdió una conspiración contra él en Jerusalén. Él huyó a Laquis, pero lo hicieron perseguir hasta Laquis y allí le dieron muerte. 28 Después lo trasladaron sobre unos caballos, y fue sepultado con sus padres en la Ciudad de David.

El reinado de Ozías en Judá (781-740)
2 Rey. 14. 21. 22; 15. 1-3
26

1 Todo el pueblo de Judá tomó a Ozías, que tenía dieciséis años, y lo proclamaron rey en lugar de su padre Amasías. 2 Él fue quien reconstruyó Elat y la recuperó para Judá después de la muerte del rey. 3 Ozías tenía dieciséis años cuando comenzó a reinar, y reinó cincuenta y dos años en Jerusalén. Su madre se llamaba Jecolías, y era de Jerusalén. 4 Él hizo lo que es recto a los ojos del Señor, tal como lo había hecho su padre Amasías. 5 Buscó a Dios durante la vida de Zacarías, que lo había instruido en el temor de Dios, y mientras buscó al Señor, Dios lo hizo prosperar.

Victorias y poderío de Ozías

6 Ozías salió a combatir contra los filisteos y derribó las murallas de Gat, de Iabné y de Asdod. Después construyó fortalezas en Asdod y en la región de los filisteos. 7 Dios lo ayudó contra los filisteos, contra los árabes que habitaban en Gur Baal y contra los meonitas. 8 Los amonitas le pagaban tributo, y su fama se extendió hasta las fronteras de Egipto, porque se había hecho muy poderoso. 9 Además, construyó torres en Jerusalén, en la puerta del Ángulo, en la puerta del Valle y en la Esquina, y las fortificó. 10 También construyó torres en el desierto y abrió muchas cisternas, porque tenía abundante ganado en la llanura y en la meseta. Tenía además labradores y viñadores en las montañas y en los viñedos, ya que era amante de la agricultura.
11 Ozías tenía un ejército equipado para la guerra y pronto para salir en campaña, agrupados según el censo realizado por el escriba Ieiel y el secretario Maaseías. Este ejército estaba a las órdenes de Jananías, uno de los oficiales del rey. 12 Los jefes de familia que estaban al frente de esos guerreros valerosos sumaban en total dos mil seiscientos. 13 Estos tenían bajo su mando un ejército de trescientos siete mil quinientos soldados, capacitados para ayudar valientemente al rey contra sus enemigos. 14 Ozías proveyó a todo este ejército de escudos, lanzas, cascos, corazas, arcos y hondas. 15 Además, mandó construir en Jerusalén máquinas de guerra ideadas por expertos, para ser colocadas sobre las torres y los ángulos, a fin de arrojar flechas y grandes piedras. Su fama se extendió hasta muy lejos, porque con la ayuda extraordinaria de Dios llegó a hacerse fuerte.

El pecado y el castigo de Ozías

16 Pero cuando se hizo fuerte, su corazón se ensoberbeció hasta pervertirse, y se rebeló contra el Señor, su Dios, entrando en el Templo del Señor para ofrecer incienso sobre el altar de los perfumes. 17 Detrás de él entró el sacerdote Azarías con otros ochenta sacerdotes del Señor, hombres valerosos, 18 los cuales se opusieron al rey Ozías, diciéndole: "Ozías, no te corresponde a ti ofrecer incienso al Señor, sino a los sacerdotes hijos de Aarón, que han sido consagrados para quemar el incienso. Aléjate del Santuario, porque te has rebelado, y eso no será para ti un título de gloria a los ojos del Señor Dios".
19 Ozías, que tenía el incensario en la mano para ofrecer el incienso, se enfureció contra los sacerdotes. Pero en ese mismo momento le brotó lepra en su frente, delante de los sacerdotes, en el Templo del Señor, junto al altar de los perfumes. 20 El Sumo Sacerdote Azarías y todos los demás sacerdotes, al volverse hacia él, vieron que tenía lepra en la frente. Entonces lo expulsaron de allí, y él mismo se apresuró a salir porque el Señor lo había herido.

Fin del reinado de Ozías
2 Rey. 15. 5-7

21 El rey Ozías quedó leproso hasta el día de su muerte. Tuvo que habitar en una casa apartada, porque estaba excluido de la Casa del Señor a causa de su lepra. Su hijo Jotám estaba al frente del palacio real y gobernaba a todo el pueblo del país.
22 El resto de los hechos de Ozías, desde el comienzo hasta el fin, fue escrito por el profeta Isaías, hijo de Amós. 23 Ozías se fue a descansar con sus padres, y lo sepultaron con ellos en el campo adyacente a la sepultura de los reyes, porque dijeron: "Es un leproso". Su hijo Jotám reinó en lugar de él.

El reinado de Jotám en Judá (740-735)
2 Rey. 15. 32-38
27

1 Jotám tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó dieciséis años en Jerusalén. Su madre se llamaba Ierusá y era hija de Sadoc. 2 Él hizo lo que es recto a los ojos del Señor, como había hecho su padre Ozías, pero no entró en el Templo del Señor. Mientras tanto, el pueblo seguía corrompiéndose.
3 Fue él quien construyó la puerta superior de la Casa del Señor, e hizo muchas obras en el muro del Ofel. 4 Construyó asimismo ciudades en la montaña de Judá, y edificó fortines y torres en los bosques. 5 Combatió contra el rey de los amonitas y lo venció. Aquel año, los amonitas le entregaron cien talentos de plata, diez mil medidas de trigo y diez mil de cebada. Lo mismo le pagaron el segundo y el tercer año. 6 Jotám se hizo poderoso, porque procedía rectamente ante el Señor, su Dios.
7 El resto de los hechos de Jotám, sus guerras y sus proezas, están escritas en el Libro de los reyes de Israel y de Judá. 8 Tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó dieciséis años en Jerusalén. 9 Jotám se fue a descansar con sus padres, y lo sepultaron en la Ciudad de David. Su hijo Ajaz reinó en lugar de él.

El reinado de Ajaz en Judá (735-716)
2 Rey. 16. 2-4
28

1 Ajaz tenía veinte años cuando comenzó a reinar, y reinó dieciséis años en Jerusalén. Él no hizo lo que es recto a los ojos del Señor, a diferencia de su padre David. 2 Siguió los caminos de los reyes de Israel, e incluso hizo ídolos de metal fundido para los Baales. 3 Quemó incienso en el valle de Ben Hinnóm e inmoló a sus hijos en el fuego, según las costumbres abominables de las naciones que el Señor había desposeído delante de los israelitas. 4 Ofreció sacrificios y quemó incienso en los lugares altos, sobre las colinas y bajo todo árbol frondoso.

La invasión siro-efraimita

5 Entonces el Señor, su Dios, lo entregó en manos del rey de los arameos. Estos lo derrotaron y capturaron gran cantidad de prisioneros que fueron llevados a Damasco. También fue entregado en manos del rey de Israel, que le infligió una gran derrota: 6 Pécaj, hijo de Remalías, mató en un solo día a ciento veinte mil hombres valientes de Judá, porque habían abandonado al Señor, el Dios de sus padres. 7 Zicrí, un hombre valiente de Efraím, mató a Maaseías, hijo del rey, a Azricám, mayordomo del palacio, y a Elcaná, que ocupaba el segundo lugar después del rey. 8 Los israelitas capturaron doscientos mil prisioneros entre las mujeres, los hijos y las hijas de sus hermanos; también les arrebataron un enorme botín y se lo llevaron a Samaría.

El reproche del profeta Obed a los israelitas

9 Había allí un profeta del Señor, llamado Obed. Él salió al encuentro del ejército que llegaba a Samaria y les dijo: "El Señor, el Dios de sus padres, se enfureció contra Judá y lo entregó en manos de ustedes. ¡Pero ustedes los han masacrado con una furia tal que clama al cielo! 10 ¡Y ahora pretenden convertir a los habitantes de Judá y de Jerusalén en esclavos y esclavas de ustedes! ¿Acaso no son ustedes los verdaderos culpables delante del Señor, su Dios? 11 Por eso, escúchenme y devuelvan los prisioneros que han capturado entre sus hermanos, porque la ira del Señor se ha encendido contra ustedes".

La devolución de los prisioneros de Judá

12 Entonces Azarías, hijo de Iojanám, Berequías, hijo de Mesilemot, Ezequías, hijo de Salúm y Amasá, hijo de Jadlai –que eran algunos de los jefes de los efraimitas– se levantaron contra los que regresaban de la expedición 13 y les dijeron: "¡No traigan aquí a esos prisioneros, porque nos haríamos culpables delante del Señor! Ustedes tratan de aumentar nuestros pecados y nuestras culpas, siendo así que nuestra culpa es ya demasiado grande y la ira del Señor pesa sobre Israel".
14 Los soldados abandonaron a los prisioneros y el botín delante de los jefes y de toda la asamblea, 15 y algunos hombres, designados expresamente, se hicieron cargo de los prisioneros: vistieron a los que estaban desnudos con lo que habían recogido en el botín, les dieron ropa y calzado; los alimentaron, les dieron de beber y los perfumaron. Finalmente, los llevaron de vuelta, cargando sobre asnos a los que estaban débiles, y los condujeron hasta Jericó, la ciudad de las Palmeras, junto a sus hermanos. Después regresaron a Samaría.

El recurso de Ajaz al rey de Asiria

16 En ese tiempo, el rey Ajaz mandó a pedir auxilio a los reyes de Asiria. 17 Porque los edomitas habían invadido de nuevo y derrotado a Judá, llevándose algunos prisioneros. 18 Los filisteos habían saqueado las ciudades de la Sefelá y del Négueb de Judá, se habían apoderado de Bet Semes, Aialón y Gederot, y también de Socó, Timná y Guimzó, con sus respectivos poblados, estableciéndose en ellas. 19 Así el Señor humillaba a Judá por culpa de Ajaz, rey de Judá, que había fomentado el desenfreno en Judá y se había rebelado contra el Señor.
20 Tiglat Piléser, rey de Asiria, en lugar de apoyarlo, lo atacó y lo sitió. 21 Ajaz tuvo que despojar la Casa del Señor, el palacio real y las casas de los príncipes, y le entregó todo al rey de Asiria; pero esto no le sirvió de nada.
La impiedad de Ajaz
22 Incluso durante el asedio, el rey Ajaz persistió en su rebeldía contra el Señor. 23 Él mismo ofreció sacrificios a los dioses de Damasco que lo habían derrotado, diciendo: "Ya que estos dioses ayudan a los reyes de Arám, yo les ofreceré sacrificios para que me ayuden también a mí". Pero ellos causaron su ruina y la de todo Israel. 24 Ajaz juntó los utensilios de la Casa de Dios y los hizo pedazos, cerró las puertas de la Casa del Señor y se edificó altares en todos los rincones de Jerusalén; 25 y en cada una de las ciudades de Judá erigió lugares altos para quemar incienso a los dioses extranjeros, provocando así la indignación del Señor, el Dios de sus padres.

Fin del reinado de Ajaz
2 Rey. 16. 19-20

26 El resto de los hechos de Ajaz y todas sus acciones, desde el comienzo hasta el fin, están escritos en el Libro de los reyes de Judá y de Israel. 27 Ajaz se fue a descansar con sus padres y lo sepultaron en la ciudad de Jerusalén, pero no lo llevaron al sepulcro de los reyes de Israel. Su hijo Ezequías reinó en lugar de él.

El reinado de Ezequías en Judá (716-687)
2 Rey. 18. 1-3
29

1 Ezequías tenía veintinueve años cuando comenzó a reinar, y reinó veinticinco años en Jerusalén. Su madre se llamaba Abiá y era hija de Zacarías. 2 Él hizo lo que es recto a los ojos del Señor, tal como lo había hecho su padre David.
La reforma religiosa de Ezequías
3 En el primer mes del primer año de su reinado, Ezequías abrió las puertas de la Casa del Señor y las restauró. 4 Después convocó a los sacerdotes y a los levitas, los reunió en el atrio oriental 5 y les dijo: "¡Escúchenme, levitas! Purifíquense ahora y purifiquen la Casa del Señor, el Dios de sus padres, eliminando todas las impurezas que hay en el Santuario. 6 Porque nuestros padres se han rebelado y han hecho lo que es malo a los ojos del Señor, nuestro Dios; lo han abandonado y han apartado su rostro de la Morada del Señor, volviéndole la espalda. 7 También cerraron las puertas del Vestíbulo del Templo, extinguieron las lámparas y no ofrecieron más incienso ni holocaustos al Dios de Israel en su Santuario. 8 Por eso el Señor se irritó contra Judá y Jerusalén, y lo convirtió en objeto de horror, de estupor y de burla, como ustedes pueden ver con sus propios ojos. 9 ¡Por eso nuestros padres cayeron bajo la espada, y fueron llevados al cautiverio nuestros hijos, nuestras hijas y nuestras mujeres! 10 Ahora yo quiero hacer una alianza con el Señor, el Dios de Israel, para que aparte de nosotros el ardor de su ira. 11 No sean negligentes, hijos míos, ya que el Señor los eligió a ustedes para que estén en su presencia, lo sirvan, le rindan culto y le ofrezcan incienso".

La purificación del Templo

12 Entonces se presentaron los levitas: De los descendientes de Quehat: Majat, hijo de Amasai, y Joel, hijo de Azarías; de los descendientes de Merarí: Quis, hijo de Abdí, y Azarías, hijo de Iehalelel; de los descendientes de Gersón: Ioaj, hijo de Zimá, y Eden, hijo de Ioaj; 13 de los descendientes de Elisafán: Simrí y Ieiel; de los descendientes de Asaf: Zacarías y Matanías; 14 de los descendientes de Hemán: Iejiel y Simei; de los descendientes de Iedutún: Semaías y Uziel.
15 Estos reunieron a sus hermanos, se purificaron y luego fueron a purificar el Templo del Señor, conforme a la orden del rey y según la palabra del Señor. 16 Después, los sacerdotes penetraron en el interior de la Casa del Señor para purificarla, y sacaron al atrio todos los objetos impuros que encontraron en el Templo del Señor: allí los recogían los levitas y los arrojaban al torrente del Cedrón. 17 El primer día del primer mes comenzaron la purificación, y al octavo día llegaron al Vestíbulo del Santuario. Emplearon otros ocho días en purificar la Casa del Señor, de manera que la purificación quedó concluida el día dieciséis del primer mes.
18 Entonces entraron a las habitaciones del rey Ezequías y le dijeron: "Hemos purificado toda la Casa del Señor, el altar de los holocaustos con todos sus utensilios, y la mesa de los panes de la ofrenda con todos sus utensilios. 19 Hemos restaurado y purificado todos los objetos que el rey Ajaz había profanado con sus rebeldías durante su reinado: ahora están delante del altar del Señor".

El sacrificio de expiación

20 El rey Ezequías se levantó de madrugada, reunió a los jefes de la ciudad y subió a la Casa del Señor. 21 Trajeron siete terneros, siete carneros, siete corderos y siete chivos para ofrecerlos en sacrificio expiatorio por el reino, por el Santuario y por Judá, y el rey ordenó a los sacerdotes, hijos de Aarón, que los ofrecieran en holocausto sobre el altar del Señor. 22 Primero inmolaron los terneros, y los sacerdotes recogieron la sangre y con ella hicieron una aspersión sobre el altar. Luego inmolaron los carneros y con su sangre hicieron una aspersión sobre el altar. Después inmolaron los corderos y con sus sangre hicieron una aspersión sobre el altar. 23 Por último, acercaron los chivos para el sacrificio expiatorio y los colocaron delante del rey y de la asamblea para que les impusieran las manos. 24 Los sacerdotes los inmolaron, y con la sangre derramada sobre el altar ofrecieron un sacrificio expiatorio por todo Israel, porque el rey había ordenado que el holocausto y el sacrificio expiatorio se ofreciera por todo Israel.
25 El rey instaló a los levitas en el Templo del Señor, con címbalos, arpas y cítaras, como lo habían ordenado David, Gad, el vidente del rey, y el profeta Natán: este era, en efecto, un mandamiento de Dios, que había sido dado por medio de sus profetas. 26 Cuando los levitas estuvieron preparados con los instrumentos de David y los sacerdotes con las trompetas, 27 Ezequías ordenó que se ofreciera el holocausto sobre el altar. En el momento de comenzar el holocausto, comenzaron también los cantos del Señor y sonaron las trompetas acompañadas por los instrumentos de David, rey de Israel. 28 Toda la asamblea permaneció postrada, mientras se cantaban los himnos y resonaban las trompetas, hasta que terminó el holocausto.
29 Cuando se terminó de ofrecer el holocausto, el rey y todos los que lo acompañaban, doblaron sus rodillas y se postraron. 30 Después, el rey Ezequías y los jefes ordenaron a los levitas que alabaran al Señor con las palabras de David y de Asaf, el vidente. Ellos cantaron jubilosamente las alabanzas e, inclinándose, se postraron.
31 Ezequías tomó la palabra y dijo: "Ahora que ustedes han sido consagrados al Señor, acérquense y presenten en la Casa del Señor sacrificios y ofrendas de acción de gracias". Entonces la asamblea ofreció sacrificios y ofrendas de acción de gracias, y los que eran generosos presentaron también holocaustos. 32 El número de holocaustos que ofreció la asamblea fue de setenta terneros, cien carneros y doscientos corderos. Todo esto se ofreció como holocausto al Señor. 33 Se consagraron también seiscientos terneros y tres mil cabras y ovejas. 34 Pero como los sacerdotes eran pocos y no daban abasto para degollar todas las víctimas de los holocaustos, sus hermanos levitas les ayudaron hasta que el trabajo quedó concluido y los sacerdotes se purificaron, porque los levitas se habían mostrado más dispuestos a purificarse que los sacerdotes. 35 Hubo una gran cantidad de holocaustos, además de la grasa de los sacrificios de comunión y de las libaciones para los holocaustos. Así quedó restablecido el culto en la Casa del Señor. 36 Ezequías y todo el pueblo se alegraron de que Dios hubiera predispuesto al pueblo, ya que todo pudo hacerse tan rápidamente.

Proclamación de la Pascua
30

1 Entonces Ezequías dio órdenes a todo Israel y Judá, y también escribió cartas a Efraím y a Manasés para que acudieran a la casa del Señor, en Jerusalén, a celebrar la Pascua en honor del Señor, el Dios de Israel. 2 El rey, sus jefes y toda la asamblea de Jerusalén se pusieron de acuerdo para celebrar esta Pascua en el segundo mes, 3 ya que no habían podido celebrarla a su debido tiempo, porque los sacerdotes no se habían purificado en número suficiente y el pueblo no se había reunido en Jerusalén. 4 Esto pareció bien al rey y a toda la asamblea, 5 y decidieron anunciarlo a todo Israel, desde Berseba hasta Dan, para que fueran a celebrar la Pascua en honor del Señor, el Dios de Israel, en Jerusalén, porque la mayoría no la había celebrado como estaba prescrito.
6 Los enviados recorrieron todo Israel y Judá con las cartas del rey y de sus jefes. En ellas se decía lo siguiente, conforme a la orden del rey: "Israelitas: vuelvan al Señor, el Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, y él se volverá al resto que ha quedado de ustedes, a los que han escapado de las manos de los reyes de Asiria. 7 No sean como sus padres y sus hermanos, que se rebelaron contra el Señor, el Dios de sus padres, y por eso él los entregó a la devastación, como ustedes lo están viendo. 8 No se obstinen como sus padres, extiendan sus manos hacia el Señor y entren en el Santuario que él ha santificado para siempre. Sirvan al Señor, su Dios, y el ardor de su ira se apartará de ustedes. 9 Si ustedes se convierten al Señor, sus hermanos y sus hijos serán tratados con misericordia por aquellos que los han deportado, y podrán volver a esta tierra, porque el Señor, su Dios, es bondadoso y compasivo: él no apartará su rostro de ustedes si ustedes vuelven a él". 10 Los enviados fueron de ciudad en ciudad, por el territorio de Efraím y Manasés hasta Zabulón, pero todos se reían y se burlaban de ellos. 11 Solamente algunos hombres de Aser, de Manasés y de Zabulón se sometieron y fueron a Jerusalén. 12 Pero fue sobre todo en Judá donde la mano del Señor movió los corazones para que se cumpliera unánimemente la orden del rey y de los jefes, conforme a la palabra del Señor.

Celebración de la Pascua y de los Ácimos

13 Una gran multitud se reunió en Jerusalén para celebrar la fiesta de los Ácimos en el segundo mes: fue una asamblea muy numerosa. 14 Primero retiraron los altares que había en Jerusalén y todos los altares para el incienso, y los arrojaron al torrente Cedrón. 15 Luego inmolaron la Pascua el día catorce del segundo mes. Llenos de compunción, los sacerdotes y los levitas se purificaron y ofrecieron holocaustos en el Templo del Señor. 16 Ocuparon sus puestos, conforme al ritual según la ley de Moisés, el hombre de Dios, y los sacerdotes hacían aspersiones con la sangre que recibían de manos de los levitas. 17 Como en la asamblea había muchos que no se habían purificado, los levitas se encargaron de inmolar las víctimas pascuales de todos los que no estaban debidamente purificados para consagrarlos al Señor. 18 En efecto, una gran parte del pueblo, sobre todo de Efraím, de Manasés, de Isacar y de Zabulón, no se habían purificado y, sin embargo, comieron la Pascua sin ajustarse a los prescrito. Pero Ezequías rogó por ellos, diciendo: "¡Que el Señor por su bondad perdone 19 a todos los que están dispuestos a buscar de corazón a Dios, el Señor, el Dios de sus padres, aunque no tengan la pureza requerida para las cosas santas!". 20 El Señor escuchó a Ezequías y perdonó al pueblo.
21 Los israelitas que se encontraban en Jerusalén celebraron con gran alegría la fiesta de los Ácimos durante siete días, mientras los levitas y los sacerdotes alababan diariamente al Señor con todas sus fuerzas. 22 Ezequías habló cordialmente a todos los levitas que se habían aplicado con tanto acierto al servicio del Señor. Y así continuaron la solemnidad durante siete días, ofreciendo los sacrificios de comunión y alabando al Señor, el Dios de sus padres. 23 Luego toda la asamblea resolvió prolongar la fiesta siete días más, y así pasaron otros siete días de gran alegría. 24 Porque Ezequías, rey de Judá, había reservado para la asamblea mil terneros y siete mil cabras y ovejas, mientras que los jefes habían aportado mil novillos y diez mil ovejas, y ya se habían purificado muchos sacerdotes. 25 Reinaba una gran alegría en toda la asamblea de Judá, lo mismo que entre los sacerdotes y levitas, entre los que habían llegado de Israel, los forasteros que llegaban del territorio de Israel y los habitantes de Judá. 26 Hubo una alegría muy grande en Jerusalén, porque desde los tiempos de Salomón, hijo de David, rey de Israel, no había sucedido nada semejante en Jerusalén. 27 Después, los sacerdotes levíticos se pusieron a bendecir al pueblo: su voz fue escuchada y su oración llegó hasta la santa morada de Dios en el cielo.

Medidas contra la idolatría
31

1 Una vez terminada la fiesta, los israelitas que se encontraban allí salieron por las ciudades de Judá y destrozaron las piedras conmemorativas, talaron los postes sagrados y demolieron los lugares altos y los altares de todo Judá y Benjamín, y también los de Efraím y Manasés, hasta destruirlos completamente. Luego todos los israelitas regresaron a sus ciudades, cada uno a su posesión.
La reorganización del servicio del Templo
2 Ezequías restableció las clases de los sacerdotes y levitas, clase por clase, cada una según su servicio sacerdotal o levítico, para ofrecer los holocaustos y los sacrificios de comunión, para servir al culto y cantar alabanzas e himnos en las puertas del campamento del Señor. 3 El rey destinó una parte de sus rentas para los holocaustos de la mañana y de la tarde, de los sábados, de los novilunios y de las solemnidades, como está escrito en la Ley del Señor. 4 Luego mandó al pueblo que habitaba en Jerusalén que entregara la parte correspondiente a los sacerdotes y levitas, a fin de que estos pudieran dedicarse enteramente a la Ley del Señor. 5 Cuando se promulgó la orden, los israelitas aportaron abundantemente las primicias del trigo, del vino nuevo, del aceite fresco, de la miel y de todos los productos del campo, y entregaron en abundancia el diezmo de todo. 6 También la gente de Israel y de Judá que habitaba en las ciudades de Judá, entregó el diezmo del ganado mayor y menor, como asimismo el diezmo de las cosas santas consagradas al Señor, acumulándolas en montones. 7 Comenzaron a hacer los montones en el tercer mes, y en el séptimo ya habían terminado. 8 Ezequías y los jefes fueron a ver los montones, y bendijeron al Señor y a su pueblo Israel.
9 Ezequías pidió información a los sacerdotes y a los levitas acerca de esos montones, 10 y Azarías, el Sumo Sacerdote, de la casa de Sadoc, le respondió: "Desde que empezaron a traer las ofrendas a la Casa del Señor, hemos comido hasta saciarnos y ha sobrado muchísimo, porque el Señor ha bendecido a su pueblo: toda esta cantidad es lo que ha sobrado".
11 Ezequías mandó preparar unas despensas en la Casa del Señor. Así lo hicieron, 12 y todos llevaron puntualmente las ofrendas, los diezmos y los dones consagrados. El levita Conanías era el encargado principal y tenía a su hermano Simei como ayudante. 13 Iejiel, Azazías, Nájat, Azael, Ierimot, Ioazabad, Eliel, Ismaquías, Májat y Benaías eran los inspectores, a las órdenes de Conanías y de su hermano Simei, por disposición del rey Ezequías y de Azarías, el mayordomo de la Casa de Dios. 14 El levita Coré, hijo de Imná, guardián de la puerta de Oriente, estaba encargado de las ofrendas voluntarias hechas a Dios, para administrar las ofrendas del Señor y los dones santísimos. 15 Él tenía bajo sus órdenes a Eden, Miniamín, Josué, Semaías, Amarías y Secanías, repartidos permanentemente en las ciudades sacerdotales para proveer a sus hermanos, tanto pequeños como grandes, según sus clases: 16 además de los que estaban inscritos en el registro de los varones, de tres años para arriba, todos los que entraban en la Casa del Señor recibían cada día su parte, según sus funciones y sus clases. 17 La inscripción de los sacerdotes se hacía por casa paternas, y la de los levitas –a partir de los veinte años– por funciones y por clases. 18 Esa inscripción valía para toda la familia –para sus mujeres, sus hijos e hijas– es decir, para toda la asamblea, porque estaban consagrados fielmente al servicio de las cosas santas. 19 En cuanto a los hijos de Aarón, a los sacerdotes que vivían en los campos suburbanos de sus respectivas ciudades, había para cada ciudad personas designadas expresamente, con el fin de repartir las provisiones a todos los varones de familia sacerdotal y a todos los levitas inscritos en el registro.
20 Así procedió Ezequías en todo Judá, e hizo lo que es bueno, recto y leal delante del Señor, su Dios. 21 En todas las obras que emprendió por el servicio de la Casa de Dios, por la Ley y los mandamientos, obró buscando a Dios de todo corazón, y tuvo éxito.

La invasión de Senaquerib
2 Rey. 18. 13; Is. 36. 1
32

1 Después de estos acontecimientos y de todas estas pruebas de fidelidad, Senaquerib, rey de Asiria, invadió Judá, sitió las ciudades fortificadas y mandó expugnarlas. 2 Cuando Ezequías vio que Senaquerib había venido con la intención de atacar a Jerusalén, 3 consultó a sus jefes y a sus guerreros sobre la conveniencia de cortar el agua de las fuentes que estaban fuera de la ciudad, y ellos lo apoyaron. 4 Entonces se reunió una gran multitud y taparon todas las fuentes y el arroyo que corría en medio de esa región, diciendo: "Así, cuando lleguen los reyes de Asiria, no encontrarán agua en abundancia".
5 Ezequías obró con decisión: reparó todas las brechas de la muralla, levantó torres sobre ella y otro muro por fuera, fortificó el Miló en la Ciudad de David y fabricó gran cantidad de dardos y escudos. 6 También puso jefes militares al frente del pueblo, los reunió junto a él en la plaza de la puerta de la ciudad, y los animó diciéndoles: 7 "¡Sean fuertes y tengan valor! No teman ni se acobarden ante el rey de Asiria y ante toda la multitud que lo acompaña, porque el que está con nosotros es más poderoso que el que está con él. 8 Con él no hay más que un brazo de carne, pero con nosotros está el Señor, nuestro Dios, para socorrernos y combatir a nuestro lado". El pueblo se sintió reconfortado por las palabras de Ezequías, rey de Judá.

Amenazas de Senaquerib contra Jerusalén
2 Rey. 18. 17-37; Is. 36. 2-22

9 Después de esto, Senaquerib, rey de Asiria, que se encontraba en Laquis con todas sus tropas, envió a sus servidores a Jerusalén para decir a Ezequías, rey de Judá, y a todo el pueblo de Judá que estaba en Jerusalén: 10 "Así habla Senaquerib, rey de Asiria: ¿En qué confían ustedes para permanecer sitiados en Jerusalén? 11 ¿No ven que Ezequías los está engañando y que él los expone a morir de hambre y de sed, cuando dice: ‘El Señor, nuestro Dios, nos librará de la mano del rey de Asiria’? 12 ¿No ha sido el mismo Ezequías el que eliminó sus lugares altos y sus altares, diciendo a Judá y a Jerusalén: ‘Sólo ante un altar se postrarán y sobre él quemarán incienso’? 13 Ustedes saben muy bien lo que hemos hecho, yo y mis padres, a todos los pueblos de las diversas regiones. ¿Acaso los dioses de esas naciones pudieron salvar a sus países de mis manos? 14 Entre todos los dioses de esas naciones que mis padres consagraron al exterminio, ¿hubo alguno capaz de librar a su pueblo de mis manos? ¡Tampoco su dios podrá entonces librarlos a ustedes! 15 ¡Que Ezequías no los engañe ni los seduzca de esa manera! No le crean, porque ningún dios de ninguna nación ni de ningún reino pudo salvar a su pueblo de mis manos ni de las manos de mis padres: ¡cuánto menos su dios podrá librarlos a ustedes!".
16 Mientras los servidores de Senaquerib seguían hablando contra el Señor Dios y contra Ezequías, su servidor, 17 Senaquerib escribió una carta para ultrajar al Señor, el Dios de Israel, y desafiarlo en estos términos: "Así como en los otros países los dioses de las naciones no han podido librar a sus pueblos, tampoco podrá el dios de Ezequías librar a su pueblo de mis manos". 18 Los servidores de Senaquerib gritaban a voz en cuello, en lengua hebrea, al pueblo de Jerusalén que se hallaba sobre la muralla, para intimidarlos y asustarlos, a fin de apoderarse de la ciudad. 19 Y hablaban del Dios de Jerusalén como si fuera uno de los dioses de los pueblos de la tierra, obra de manos humanas.

Retirada y muerte de Senaquerib
2 Rey. 19. 35-37; Is. 37. 36-38

20 El rey Ezequías y el profeta Isaías, hijo de Amós, oraron y clamaron al Cielo. 21 Entonces el Señor envió un ángel que aniquiló a todos los guerreros valientes, a los jefes y a los oficiales en el campamento del rey de Asiria. Este tuvo que volver a su país, completamente avergonzado, y allí, al entrar en el templo de su dios, algunos de sus hijos lo asesinaron.
22 Así salvó el Señor a Ezequías y a los habitantes de Jerusalén de las manos de Senaquerib, rey de Asiria, y de las manos de todos los demás, y les dio paz en todas sus fronteras. 23 Muchos llevaron a Jerusalén ofrendas para el Señor y regalos para Ezequías, rey de Judá, el cual, después de esto, adquirió gran prestigio ante todas las naciones.

Enfermedad y curación de Ezequías
2 Rey. 20. 1-11; Is. 38. 1-8

24 En aquel tiempo, Ezequías cayó gravemente enfermo y estuvo a punto de morir. Entonces imploró al Señor; el Señor le respondió y le concedió una señal extraordinaria. 25 Pero Ezequías no correspondió al beneficio recibido: al contrario, su corazón se ensoberbeció, y así atrajo la ira del Señor contra él, contra Judá y contra Jerusalén. 26 Ezequías se arrepintió de su orgullo, junto con los habitantes de Jerusalén, y la ira del Señor no se abatió más sobre ellos en tiempos de Ezequías.

Las riquezas y la gloria de Ezequías
2 Rey. 20. 13; Is. 39. 2

27 Ezequías tuvo riquezas y gloria en abundancia. Adquirió tesoros de plata, oro, piedras preciosas, aromas, escudos y toda clase de objetos valiosos, 28 así como depósitos para sus provisiones de trigo, de vino y de aceite, establos para toda clase de ganado y rebaños para los establos. 29 Levantó ciudades y tuvo gran cantidad de rebaños y ganado menor y mayor, porque Dios le había dado muchísimos bienes.
30 Ezequías fue el que obstruyó la salida superior de las aguas de Guijón y las canalizó bajo tierra hacia la parte occidental de la Ciudad de David. Ezequías tuvo éxito en todas sus empresas. 31 Sin embargo, durante las conversaciones con los príncipes de Babilonia, enviados para informarse sobre la señal extraordinaria ocurrida en el país, Dios lo abandonó para ponerlo a prueba y conocer sus sentimientos.

Fin del reinado de Ezequías
2 Rey. 20. 20-21

32 El resto de los hechos de Ezequías y sus obras de piedad están escritos en la Visión del profeta Isaías, hijo de Amós, y en el Libro de los reyes de Judá y de Israel. 33 Ezequías se fue a descansar con sus padres, y lo sepultaron en la cuesta de los sepulcros de los hijos de David. Todos los habitantes de Judá y de Jerusalén le tributaron honras fúnebres. Su hijo Manasés reinó en lugar de él.

El reinado de Manasés en Judá (687-642)
2 Rey. 21. 1-9
33

1 Manasés tenía doce años cuando comenzó a reinar, y reinó cincuenta y cinco años en Jerusalén. 2 Él hizo lo que es malo a los ojos del Señor, siguiendo las costumbres abominables de las naciones que el Señor había desposeído delante de los israelitas. 3 Reedificó los lugares altos que había derribado su padre Ezequías; erigió altares a los Baales, hizo postes sagrados, y se postró delante de todo el Ejército de los cielos y lo sirvió. 4 Edificó altares en la Casa del Señor, de la que el mismo Señor había dicho: "En Jerusalén estará mi Nombre para siempre". 5 Edificó altares a todo el Ejército de los cielos en los dos atrios de la Casa del Señor. 6 Inmoló a sus propios hijos en el fuego, en el valle de Ben Hinnóm, practicó la astrología, la magia y la hechicería, e instituyó nigromantes y adivinos. Persistió en hacer lo que es malo a los ojos del Señor, provocando su indignación. 7 La estatua del Ídolo que había hecho, la instaló en la Casa de Dios, de la que el mismo Dios había dicho a David y a su hijo Salomón: "En esta Casa y en Jerusalén, que yo elegí entre todas las tribus de Israel, pondré mi Nombre para siempre. 8 Ya no permitiré que Israel ande errante lejos del suelo que destiné a sus padres, con tal que se empeñen en practicar todo lo que les he mandado, de acuerdo con la Ley, los preceptos y las normas, transmitidos por Moisés". 9 Manasés extravió a Judá y a los habitantes de Jerusalén, a tal punto que obraron peor que las naciones que el Señor había exterminado delante de los israelitas. 10 El señor habló a Manasés y a su pueblo, pero ellos no le prestaron atención.

La conversión de Manasés

11 Entonces el Señor hizo venir contra ellos a los jefes del ejército del rey de Asiria, y estos capturaron a Manasés con garfios, lo sujetaron con doble cadena de bronce y lo llevaron a Babilonia. 12 En medio de su angustia él aplacó al Señor, su Dios, humillándose profundamente delante del Dios de sus padres. 13 Le suplicó, y el Señor lo escuchó benignamente: oyó su plegaria y lo hizo volver a su reino, en Jerusalén. Así reconoció Manasés que el Señor es Dios.
14 Después de esto, construyó una muralla exterior a la Ciudad de David, al oeste del Guijón, en el valle, hasta la puerta de los Peces, rodeando el Ofel, y la hizo muy alta. Además, puso jefes militares en todas las ciudades fuertes de Judá.
15 Luego retiró de la Casa del Señor los dioses extranjeros y el Ídolo. Hizo lo mismo con todos los altares que él mismo había erigido en la montaña de la Casa del Señor y en Jerusalén, arrojándolos fuera de la ciudad. 16 Restauró el altar del Señor e inmoló sobre él sacrificios de comunión y de acción de gracias, y ordenó que Judá sirviera al Señor, el Dios de Israel. 17 El pueblo, sin embargo, continuaba ofreciendo sacrificios en los lugares altos, aunque sólo al Señor, su Dios.

Fin del reinado de Manasés
2 Rey. 21. 17-18

18 El resto de los hechos de Manasés, la oración hecha a su Dios y las palabras de los videntes que le hablaron en nombre del Señor, el Dios de Israel, están escritos en los Anales de los reyes de Israel. 19 Su plegaria y cómo fue escuchado, todo su pecado y su prevaricación, los sitios donde edificó lugares altos y erigió postes sagrados e ídolos, antes de humillarse, están escritos en las Memorias de Jozai. 20 Manasés se fue a descansar con sus padres, y lo sepultaron en su casa. Su hijo Amón reinó en lugar de él.

El reinado de Amón en Judá (642-640)
2 Rey. 21. 19-24

21 Amón tenía veintidós años cuando comenzó a reinar, y reinó dos años en Jerusalén. 22 Él hizo lo que es malo a los ojos del Señor, como lo había hecho su padre Manasés. Ofreció sacrificios y sirvió a todos los ídolos que había hecho su padre Manasés. 23 Pero no se humilló delante del Señor, como se había humillado su padre Manasés, sino que multiplicó sus culpas.
24 Sus servidores conspiraron contra él y lo mataron en su palacio. 25 Pero el pueblo del país mató a todos los que habían conspirado contra el rey Amón, y el mismo pueblo proclamó rey en lugar de él a su hijo Josías.

El reinado de Josías en Judá (640-609)
2 Rey. 22. 1-2
34

1 Josías tenía ocho años cuando comenzó a reinar, y reinó treinta y un años en Jerusalén. 2 Hizo lo que es recto a los ojos del Señor y siguió los caminos de su padre David, sin apartarse ni a la derecha ni a la izquierda.

Las primeras reformas religiosas
2 Rey. 23. 4-20

3 En el octavo año de su reinado, cuando todavía era joven, comenzó a buscar al Dios de su padre David, y en el año duodécimo comenzó a purificar a Judá y Jerusalén de los lugares altos, de los postes sagrados y de los ídolos esculpidos o de metal fundido. 4 Fueron derribados en su presencia los altares de los Baales, e hizo pedazos los incensarios que había encima de ellos; destrozó los postes sagrados y los ídolos esculpidos o de metal fundido, los redujo a polvo, y lo esparció sobre las tumbas de los que les habían ofrecido sacrificios. 5 Quemó los huesos de los sacerdotes sobre sus altares, y así purificó a Jerusalén y a Judá. 6 En las ciudades de Manasés, de Efraím, de Siméon, e incluso de Neftalí, en todas sus plazas, 7 derribó los altares, destruyó los postes sagrados y los ídolos hasta reducirlos a polvo, y destrozó todos los incensarios en todo el país de Israel. Luego regresó a Jerusalén.

Descubrimiento del libro de la Ley en el Templo
2 Rey. 22. 3-10

8 El año decimoctavo de su reinado, una vez que purificó el país y la Casa, Josías envió a Safán, hijo de Asalías, a Maaseías, gobernador de la ciudad, y a Ioáj, hijo de Ioajaz, el archivista, a reparar la Casa del Señor, su Dios. 9 Ellos se presentaron a Jilquías, el sumo sacerdote, y le entregaron el dinero recaudado para la Casa de Dios, que los levitas guardianes del umbral habían recogido de Manasés, de Efraím y de todo el resto de Israel, de todo Judá y Benjamín, y de los habitantes de Jerusalén. 10 Luego ese dinero se puso en manos de los que dirigían los trabajos, de los encargados de supervisar la Casa del Señor, y ellos lo entregaron a los que ejecutaban las obras que se hacían en la Casa del Señor, para restaurar y reparar el edificio. 11 También se lo dieron a los carpinteros y albañiles, a fin de comprar piedras talladas y madera para el armazón y las vigas de las construcciones, que los reyes de Judá habían dejado deteriorarse.
12 Estos hombres realizaban su trabajo a conciencia. Como encargados al frente de ellos estaban los levitas Iájat y Abdías, de los hijos de Merarí, y Zacarías y Mesulám, de los hijos de Quehat, que dirigían las obras. Los levitas, que sabían tocar instrumentos musicales, 13 acompañaban a los que llevaban las cargas y dirigían a todos los obreros, cualquiera fuera su oficio. Otros levitas eran escribas, inspectores y porteros.
14 Mientras retiraban el dinero recaudado para la Casa del Señor, el sacerdote Jilquías encontró el libro de la Ley promulgada por Moisés. 15 Entonces Jilquías tomó la palabra y dijo a Safán, el secretario: "He encontrado el libro de la Ley en la Casa del Señor". Jilquías entregó el libro a Safán, 16 y este se lo llevó al rey, cuando fue a darle cuenta, diciendo: "Tus servidores hicieron todo lo que les habías encomendado: 17 han volcado la plata que se encontraba en la Casa del Señor y se la entregaron a los encargados y a los que ejecutan los trabajos". 18 Luego el secretario Safán anunció al rey: "Jilquías, el sacerdote, me ha dado un libro". Y Safán lo leyó delante del rey.

La consulta a la profetisa Julda
2 Rey. 22. 11-20

19 Cuando el rey oyó las palabras de la Ley, rasgó sus vestiduras, 20 y dio esta orden a Jilquías, a Ajicám, hijo de Safán, a Abdón, hijo de Micá, a Safán, el secretario, y a Asaías, el servidor del rey: 21 "Vayan a consultar al Señor por mí y por el resto de Israel y de Judá, acerca de las palabras del libro que ha sido encontrado. Porque es grande el furor del Señor que se ha derramado sobre nosotros, ya que nuestros padres no han observado la palabra del Señor y no han obrado conforme a todo lo que está escrito en este libro".
22 Jilquías y los que habían sido designados por el rey fueron a ver a la profetisa Julda, esposa de Salúm, hijo de Tocat, hijo de Jasrá, el encargado del vestuario. Ella habitaba en Jerusalén, en el barrio nuevo. Y una vez que le expusieron el caso, 23 les dijo: "Así habla el Señor, el Dios de Israel: Díganle al hombre que los ha enviado: 24 Así habla el Señor: Yo voy a traer una desgracia sobre este lugar y sobre sus habitantes, cumpliendo así todas las maldiciones escritas en el libro que han leído ante el rey de Judá. 25 Porque me han abandonado y han quemado incienso a otros dioses, provocando mi indignación con todas las obras de sus manos, mi furor se derramará sobre este lugar, y no se extinguirá. 26 Pero al rey de Judá que los envía a consultar al Señor, le dirán: Así habla el Señor, el Dios de Israel: En lo que respecta a las palabras que tú has escuchado... 27 Porque tu corazón se ha conmovido y te has humillado delante de Dios al oír sus palabras contra este lugar y contra sus habitantes; porque te has humillado delante de mí, has rasgado tus vestiduras y has llorado en mi presencia, también yo he escuchado –oráculo del Señor– . 28 Yo voy a reunirte con tus padres: serás sepultado en paz y tus ojos no verán nada de la desgracia que atraeré sobre este lugar". Ellos llevaron la respuesta al rey.

La lectura de la Leyy renovación de la Alianza
2 Rey. 23. 1-3

29 El rey mandó reunir a todos los ancianos de Judá y de Jerusalén. 30 Luego subió a la Casa del Señor, acompañado de todos los hombres de Judá y de los habitantes de Jerusalén –los sacerdotes, los levitas y todo el pueblo, desde el más grande al más pequeño– y les leyó todas las palabras del libro de la Alianza, que había sido hallado en la Casa del Señor. 31 Después, de pie sobre su estrado, el rey selló delante del Señor la alianza que obliga a seguir al Señor y a observar sus mandamientos, sus testimonios y sus preceptos, de todo corazón y con toda el alma, poniendo en práctica las palabras de la alianza escritas en aquel libro. 32 Él hizo que se comprometieran todos los que se encontraban en Jerusalén y en Benjamín, y los habitantes de Jerusalén obraron conforme a la alianza de Dios, el Dios de sus padres.
33 Josías hizo desaparecer todas las abominaciones de los territorios pertenecientes a los israelitas, y obligó a todos los que se encontraban en Israel a servir al Señor, su Dios. Durante toda su vida, ellos no dejaron de seguir al Señor, el Dios de sus padres.

Preparación de la Pascua
2 Rey. 23. 21-23
35

1 Josías celebró en Jerusalén la Pascua del Señor, e inmolaron la víctima pascual el día catorce del primer mes. 2 Restableció a los sacerdotes en sus funciones y los animó a dedicarse enteramente al servicio de la Casa del Señor. 3 Luego dijo a los levitas que instruían a todo Israel y estaban consagrados al Señor: "Pongan el Arca santa en el Templo que edificó Salomón, hijo de David, rey de Israel: ya no tendrán que llevarla sobre los hombros. Ahora sirvan al Señor, su Dios, y a su pueblo Israel. 4 Agrúpense por familias, según sus clases, conforme a lo que establecieron por escrito David, rey de Israel, y su hijo Salomón. 5 Ocupen el sitio que les corresponde en el Santuario, según los grupos de las familias de sus hermanos, la gente del pueblo, de manera que a cada familia le corresponda una sección de los levitas. 6 Inmolen la Pascua, santifíquense y prepárenla para sus hermanos, a fin de que ellos puedan celebrarla según la palabra del Señor transmitida por Moisés".
7 Josías entregó para la gente del pueblo ganado menor –corderos y cabritos– en número de treinta mil, como víctimas pascuales para todos los que se encontraban allí, y dio además tres mil bueyes. Todo esto provenía de los bienes del rey. 8 También sus jefes entregaron ofrendas voluntarias para el pueblo, los sacerdotes y los levitas. Jilquías, Zacarías y Iejiel, mayordomos de la Casa de Dios, dieron a los sacerdotes dos mil seiscientas víctimas pascuales y trescientos bueyes. 9 Conanías, Semaías y Netanel, sus hermanos, y Jasabías, Ieiel y Iozabad, jefe de los levitas, dieron a estos cinco mil víctimas pascuales y quinientos bueyes. 10 Una vez organizado el servicio, los sacerdotes ocuparon sus puestos, lo mismo que los levitas, según sus clases, conforme a la orden del rey.

Solemne celebración de la Pascua

11 Luego se inmoló la Pascua, y los sacerdotes hacían la aspersión con la sangre recibida de manos de los levitas, mientras estos desollaban las víctimas. 12 Además, cuando daban su parte a los grupos de familias de la gente del pueblo, separaban lo que se debía ofrecer al Señor en holocausto, como está escrito en el libro de Moisés. E hicieron lo mismo con los bueyes. 13 Después asaron al fuego la víctima pascual, como está establecido, cocinaron las otras ofrendas consagradas, en ollas, cacerolas y fuentes, y las repartieron rápidamente entre toda la gente del pueblo.
14 Luego prepararon la Pascua para ellos y para los sacerdotes, porque los sacerdotes, hijos de Aarón, habían estado ocupados en ofrecer los holocaustos y las grasas hasta la noche: por eso los levitas prepararon la Pascua para sí mismos y para los sacerdotes, hijos de Aarón. 15 Los cantores, hijos de Asaf, estaban en sus puestos, según las prescripciones de David y de Asaf, de Hemán y de Iedutún, el vidente del rey; y también los porteros ocupaban cada uno su puesto: ninguno de ellos tuvo necesidad de apartarse de su servicio, porque sus hermanos, los levitas, les prepararon la Pascua.
16 Así se organizó aquel día todo el servicio del Señor, para celebrar la Pascua y ofrecer los holocaustos sobre el altar del Señor, según la orden del rey Josías. 17 Los israelitas que se encontraban allí celebraron la Pascua en aquella ocasión, y también la fiesta de los Ácimos durante siete días.
18 Nunca se había celebrado en Israel una Pascua como esta desde los días del profeta Samuel; ninguno de los reyes de Israel había celebrado una Pascua como la que celebró Josías con los sacerdotes y los levitas, con todo Judá, con los israelitas allí presentes y con los habitantes de Jerusalén. 19 Fue el año dieciocho del reinado de Josías cuando se celebró esta Pascua.

Trágico fin de Josías
2 Rey. 23. 28-30a

20 Después de todo esto, cuando Josías ya había reorganizado el culto del Templo, subió Necao, rey de Egipto, para combatir en Carquemís, junto al río Éufrates. Josías le salió al paso, 21 pero Necao le envió mensajeros para decirle: "¿Qué hay entre nosotros, rey de Judá? Ahora no vengo contra ti, sino contra una dinastía que me hace la guerra. Dios me ha dicho que me apure. No te opongas a Dios, que está conmigo, no sea que él te destruya". 22 Pero Josías no cedió, y se obstinó en combatirlo. Sin escuchar las palabras de Necao, que procedían de la boca de Dios, fue a presentarle batalla en la llanura de Meguido. 23 Los arqueros dispararon contra el rey Josías, y este dijo a sus servidores: "Sáquenme, porque estoy gravemente herido". 24 Sus servidores lo sacaron de su carro de guerra, lo subieron a otro carro y lo llevaron a Jerusalén, donde murió. Él fue sepultado en los sepulcros de sus padres, y todo Judá y Jerusalén hicieron duelo por Josías. 25 Jeremías compuso una lamentación sobre Josías, y todos los cantores y cantoras han hablado de él en sus cantos fúnebres hasta el día de hoy. Estos cantos se hicieron tradicionales en Israel y ahora están escritos en las Lamentaciones.
26 El resto de los hechos del rey Josías, sus obras de piedad, acordes con lo que prescribe la Ley del Señor, 27 y todo lo que él hizo, desde el comienzo hasta el fin, está escrito en el Libro de los reyes de Israel y de Judá.

El reinado de Joacaz en Judá (609)
2 Rey. 23. 30b-35
36

1 El pueblo del país tomó entonces a Joacaz, hijo de Josías, y lo proclamó rey en Jerusalén en lugar de su padre. 2 Joacaz tenía veintitrés años cuando comenzó a reinar, y reinó tres meses en Jerusalén. 3 El rey de Egipto lo destituyó para que no reinara en Jerusalén, e impuso al país un tributo de cien talentos de plata y un talento de oro. 4 El rey de Egipto designó a Eliaquím, hermano de Joacaz, rey de Judá y de Jerusalén, y le cambió su nombre por el de Joaquím. A su hermano Joacaz, Necao lo tomó prisionero y se lo llevó a Egipto.

El reinado de Joaquím en Judá (609-598)
2 Rey. 23. 36 – 24. 6

5 Joaquím tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó once años en Jerusalén. Hizo lo que es malo a los ojos del Señor, su Dios. 6 Nabucodonosor, rey de Babilonia, subió a atacarlo y lo sujetó con doble cadena de bronce, para conducirlo a Babilonia. 7 Nabucodonosor llevó también a Babilonia parte de los objetos de Casa del Señor y los puso en su palacio de Babilonia. 8 El resto de los hechos de Joaquím, las abominaciones que cometió y todo lo que recayó sobre él está escrito en el Libro de los reyes de Israel y de Judá. Su hijo Joaquím reinó en lugar de él.

El reinado de Joaquín en Judá (598-597)
2 Rey. 24. 8-17

9 Joaquín tenía dieciocho años cuando comenzó a reinar, y reinó tres meses y diez días en Jerusalén. Hizo lo que es malo a los ojos del Señor. 10 Al comienzo del año, el rey Nabucodonosor mandó que lo llevaran prisionero a Babilonia, junto con los objetos preciosos de la Casa del Señor, y proclamó rey de Judá y de Jerusalén a su pariente Sedecías.

El reinado de Sedecías en Judá (597-587)
2 Rey. 24. 18-20; Jer. 52. 1-3

11 Sedecías tenía veintiún años cuando comenzó a reinar, y reinó once años en Jerusalén. 12 Hizo lo que es malo a los ojos del Señor, su Dios, y no quiso humillarse delante del profeta Jeremías, que hablaba de parte del Señor. 13 Incluso, se rebeló contra el rey Nabucodonosor, que le había hecho jurar fidelidad delante de Dios. Él se obstinó y endureció su corazón, en lugar de volverse al Señor, el Dios de Israel.
14 De la misma manera, todos los jefes de Judá, los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, imitando todas las abominaciones de los paganos, y contaminaron el Templo que el Señor se había consagrado en Jerusalén. 15 El Señor, el Dios de sus padres, les llamó la atención constantemente por medio de sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo y de su Morada. 16 Pero ellos escarnecían a los mensajeros de Dios, despreciaban sus palabras y ponían en ridículo a sus profetas, hasta que la ira del Señor contra su pueblo subió a tal punto, que ya no hubo más remedio.
La ruina de Jerusalén y la deportación a Babilonia (587)2 Rey. 25. 8-21
17 Entonces Dios hizo subir contra ellos al rey de los caldeos, y este hizo morir por la espada a sus jóvenes en el interior de su Santuario, sin perdonar a nadie, ni joven ni virgen, ni anciano ni hombre encanecido: los entregó a todos en sus manos. 18 Todos los objetos de la Casa de Dios, grandes y pequeños, los tesoros de la Casa del Señor, y los tesoros del rey y de sus jefes, todo se lo llevó a Babilonia. 19 Ellos quemaron la Casa de Dios, demolieron las murallas de Jerusalén, prendieron fuego a todos sus palacios y destruyeron todos sus objetos preciosos. 20 Nabucodonosor deportó a Babilonia a los que habían escapado de la espada y estos se convirtieron en esclavos del rey y de sus hijos hasta el advenimiento del reino persa. 21 Así se cumplió la palabra del Señor, pronunciada por Jeremías: "La tierra descansó durante todo el tiempo de la desolación, hasta pagar la deuda de todos sus sábados, hasta que se cumplieron setenta años".

Esperanza para el porvenir Esd. 1. 1-3

22 En el primer año del reinado de Ciro, rey de Persia, para que se cumpliera la palabra del Señor pronunciada por Jeremías, el Señor despertó el espíritu de Ciro, el rey de Persia, y este mandó proclamar de viva voz y por escrito en todo su reino: 23 "Así habla Ciro, rey de Persia: El Señor, el Dios del cielo, me ha dado todos los reinos de la tierra y él me ha encargado que le edifique una Casa en Jerusalén, de Judá. Si alguno de ustedes pertenece a ese pueblo, ¡que el Señor, su Dios, lo acompañe y que suba...!".