APOCALIPSIS SAN JUAN
Cap. 1

[1] Revelación de Jesucristo, que Dios le ha comunicado para manifestar a sus siervos lo que va a suceder pronto; y que enviando a su ángel, dio a conocer a su siervo Juan, [2] quien ha dado testimonio de todo lo que vio: la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo. [3] Bienaventurado el que lee, y los que escuchan las palabras de esta profecía y guardan lo que está escrito en ella; porque el momento está cerca.

PRIMERA PARTE: CARTAS A LAS SIETE IGLESIAS


[4] Juan a las siete iglesias que están en Asia: la gracia y la paz sean con vosotros, de parte de aquel que es, que era y que ha de venir; de parte de los siete espíritus que están delante de su trono, [5] y de parte de Jesucristo, el testigo fiel, primogénito de los muertos y príncipe de los reyes de la tierra. Al que nos ama y nos libró de nuestros pecados con su sangre, [6] y nos ha hecho estirpe real, sacerdotes para su Dios y Padre: A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.
[7] Mirad que viene rodeado de nubes y todos los ojos le verán, incluso los que le traspasaron, y se lamentarán por él todas las tribus de la tierra. Sí. Amén. [8] Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, aquel que es, que era y que ha de venir, el Todopoderoso.
[9] Yo, Juan, vuestro hermano y copartícipe en la tribulación, en el reino y en la paciencia en Jesús, estuve en la isla llamada Patmos, a causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesús. [10] Caí en éxtasis un domingo, y oí detrás de mí una gran voz, como una trompeta, [11] que decía: Escribe en un libro lo que ves y envíalo a las siete iglesias: a Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea.
[12] Me volví para ver quién me hablaba; y, al volverme, vi siete candelabros de oro, [13] y en medio de los candelabros como un Hijo de hombre, vestido de túnica talar, y ceñido el pecho con una banda de oro. [14] Su cabeza y sus cabellos eran blancos como lana blanca, como nieve, sus ojos como llama de fuego, [15] sus pies semejantes al metal precioso cuando está en un horno encendido, y su voz como estruendo de muchas aguas. [16] En su mano derecha tenía siete estrellas, de su boca salía una espada cortante, de dos filos, y su rostro era como el sol cuando brilla en todo su esplendor.
[17] Al verle, caí a sus pies como muerto. El, entonces, puso su mano derecha sobre mí, diciendo: ¡No temas! Yo soy el primero y el último, [18] el que vive; estuve muerto pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del hades. [19] Escribe, pues, lo que has visto, tanto lo presente como lo que va a suceder después. [20] En cuanto al misterio de las siete estrellas que has visto en mi mano derecha, y al de los siete candelabros de oro, las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candelabros son las siete iglesias.


Cap. II


[1] Al ángel de la iglesia de Efeso escribe: Esto dice el que tiene las siete estrellas en su mano derecha, el que anda en medio de los siete candelabros de oro: [2] Conozco tus obras, tu fatiga y tu constancia; que no puedes soportar a los malvados y que has puesto a prueba a los que se dicen apóstoles y no lo son, y los encontraste mentirosos; [3] que tienes paciencia y has sufrido por mi nombre, sin desfallecer. [4] Pero tengo contra ti que has perdido tu primera caridad. [5] Recuerda, pues, de dónde has caído, arrepiéntete, y practica las obras de antes. De lo contrario, iré a ti y removeré de su lugar tu candelabro, a no ser que te conviertas. [6] Sin embargo, tienes esto en tu favor: aborreces las obras de los nicolaítas, que yo también aborrezco. [7] El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venza le daré a comer del árbol de la vida que está en el paraíso de Dios.
[8] Al ángel de la iglesia de Esmirna escribe: Esto dice el Primero y el Ultimo, el que estuvo muerto y ha vuelto a la vida: [9] Conozco tu tribulación, tu pobreza `aunque eres rico` y la calumnia de parte de los que se dicen judíos y no son sino una sinagoga de Satanás. [10] No temas por lo que vas a padecer: el diablo va a encarcelar a algunos de vosotros, para que seáis tentados; y sufriréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida. [11] El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias: Quien venza no será dañado por la muerte segunda.
[12] Al ángel de la iglesia de Pérgamo escribe: Esto dice el que tiene la espada cortante de dos filos: [13] Sé dónde habitas; allí donde está el trono de Satanás; que mantienes mi nombre y no has negado mi fe, ni en los días en que Antipas, mi testigo fiel, sufrió la muerte entre vosotros, allí donde habita Satanás. [14] Pero tengo algo contra ti: que admites ahí a los que sostienen la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balac a seducir a los hijos de Israel para que comieran de los sacrificios idolátricos y fornicaran. [15] También tienes tú seguidores de la doctrina de los nicolaítas. [16] Arrepiéntete, pues; de lo contrario, iré a ti enseguida, y lucharé contra ellos con la espada de mi boca. [17] El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias: Al vencedor le daré del maná escondido; le daré también una piedrecita blanca, y escrito en la piedrecita un nombre nuevo, que nadie conoce sino el que lo recibe.
[18] Al ángel de la iglesia de Tiatira escribe: Esto dice el Hijo de Dios, el que tiene los ojos como llama de fuego y los pies como metal precioso: [19] Conozco tus obras, tu caridad, tu fe, tu servicio, tu paciencia, y tus últimas obras, mayores que las primeras. [20] Pero tengo contra ti que toleras a esa mujer, Jezabel, que se dice profetisa y que enseña y seduce a mis siervos para fornicar y comer lo sacrificado a los ídolos. [21] Le he dado tiempo para que se arrepintiera, pero no quiere arrepentirse de su fornicación. [22] Ahora voy a postrarla en el lecho, y a los que adulteran con ella los pondré en gran tribulación, a no ser que se arrepientan de sus obras. [23] Entregaré a la muerte a sus hijos y sabrán todas las iglesias que yo soy el que sondea los corazones y las entrañas, y os daré a cada uno según vuestras obras. [24] Pero a los demás que estáis en Tiatira, todos los que no seguís esta doctrina y no habéis conocido las profundidades de Satanás, como ellos dicen, yo os anuncio que no pondré sobre vosotros otra carga; [25] pero conservad firmemente lo que tenéis hasta que yo venga. [26] Al que venza y al que guarde hasta el fin mis obras le daré potestad sobre las naciones, [27] y las apacentará con cetro de hierro y serán rotas como vasijas de barro, [28] como yo también recibí de mi Padre tal potestad]; y le daré la estrella de la mañana. [29] El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.


Cap. III


[1] Al ángel de la iglesia de Sardes escribe: Esto dice el que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas: Conozco tus obras, que estás vivo de nombre, pero de hecho estás muerto. [2] Mantente alerta y consolida lo que queda y está a punto de morir, porque no he hallado tus obras perfectas delante de mi Dios. [3] Acuérdate, por tanto, cómo has recibido y oído la palabra, guárdala y arrepiéntete; pues si no estás vigilante, vendré como un ladrón, sin que sepas a qué hora llegaré hasta ti. [4] Sin embargo tienes en Sardes algunas personas que no han manchado sus vestidos y que caminarán conmigo con vestidos blancos, porque son dignos. [5] El vencedor será revestido con vestiduras blancas, y no borraré su nombre del libro de la vida; confesaré su nombre en la presencia de mi Padre y delante de sus ángeles. [6] El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.
[7] Al ángel de la iglesia de Filadelfia escribe: Esto dice el Santo, el Veraz, el que tiene la llave de David, el que abre y nadie puede cerrar, y cierra y nadie puede abrir: [8] Conozco tus obras `mira que he puesto ante ti una puerta abierta que nadie puede cerrar` porque aunque tienes poca fuerza, guardaste mi palabra y no negaste mi nombre. [9] Mira, te daré algunos de la sinagoga de Satanás, que dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten; y he aquí que haré que ellos vengan a postrarse ante tus pies y conocerán que yo te he amado. [10] Porque has guardado mi mandato de perseverar, yo también te guardaré a la hora de la tentación que va a venir sobre todo el mundo, para probar a los habitantes de la tierra. [11] Voy enseguida. Conserva lo que tienes, para que nadie arrebate tu corona. [12] Al que venza, le haré columna en el templo de mi Dios, y no saldrá fuera nunca más, escribiré sobre él el nombre de mi Dios, el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén que desciende del cielo desde mi Dios, y mi nombre nuevo. [13] El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.
[14] Al ángel de la iglesia de Laodicea escribe: Esto dice el Amén, el testigo fiel y veraz, el principio de la creación de Dios: [15] Conozco tus obras, que no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! [16] Así, porque eres tibio y no eres ni caliente ni frío voy a vomitarte de mi boca. [17] Porque dices: Soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad, y no sabes que eres un desdichado y miserable, pobre, ciego y desnudo. [18] Te aconsejo que compres de mí, oro acrisolado por el fuego para que te enriquezcas, túnicas blancas para que te vistas y no aparezca la vergüenza de tu desnudez, y colirio con que ungir tus ojos para que veas. [19] Yo, a los que amo, reprendo y castigo. Ten, pues, celo y arrepiéntete. [20] He aquí que estoy a la puerta y llamo: si alguno escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo. [21] Al que venza le concederé sentarse conmigo en mi trono, como también yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono. [22] El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.


Cap. IV
SEGUNDA PARTE: VISIONES ESCATOLOGICAS VISION INTRODUCTORIA


[1] Después tuve una visión: una puerta abierta en el cielo, y la voz que había oído antes, como una trompeta que hablara conmigo, diciéndome: Sube aquí y te mostraré lo que ha de suceder después. [2] Al instante, caí en éxtasis: Vi un trono en el cielo y alguien sentado en el trono. [3] El que está sentado parece de jaspe y cornalina, y un arco iris rodea el trono, de aspecto semejante a la esmeralda. [4] Y alrededor del trono vi veinticuatro tronos, y sentados en los tronos veinticuatro ancianos vestidos con túnicas blancas, y sobre sus cabezas, coronas de oro. [5] Del trono salen relámpagos, voces y truenos. Siete lámparas de fuego arden ante el trono: son los siete espíritus de Dios. [6] Delante del trono, una especie de mar transparente como el cristal. En medio del trono y alrededor de él hay cuatro seres vivos llenos de ojos delante y detrás. [7] El primer ser vivo es parecido a un león, el segundo ser vivo parecido a un toro, el tercer ser vivo tiene el rostro parecido al de un hombre y el cuarto ser vivo se parece a un águila en vuelo. [8] Cada uno de los cuatro seres vivos tiene seis alas y están llenas de ojos por fuera y por dentro, y, sin descanso, día y noche dicen: Santo, santo, santo es el Señor, el Dios Todopoderoso, el que era, el que es, el que ha de venir.
[9] Cada vez que aquellos seres vivos tributan gloria, honor y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, [10] los veinticuatro ancianos se postran ante el que está sentado en el trono, adoran al que vive por los siglos de los siglos y deponen sus coronas ante el trono, diciendo: [11] Eres digno, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, el honor y el poder, porque Tú creaste todas las cosas y por tu voluntad existían y fueron creadas.


Cap. V


[1] También vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro, y por fuera, sellado con siete sellos. [2] Y vi un ángel fuerte proclamando con gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y romper sus sellos? [3] Y nadie, ni en el cielo, ni en la tierra, ni debajo de la tierra, podía abrir el libro ni mirarlo. [4] Yo lloraba mucho, porque no se encontró a nadie digno de abrir el libro ni de mirarlo. [5] Pero uno de los ancianos me dice: No llores, porque el león de la tribu de Judá, el vástago de David, ha vencido y puede abrir el libro y sus siete sellos.
[6] Entonces vi en medio del trono y de los cuatro seres vivos, y en medio de los ancianos, un Cordero en pie, como sacrificado, con siete cuernos y siete ojos, que son los siete espíritus de Dios enviados a toda la tierra. [7] Se acercó y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono. [8] Cuando él recibió el libro, los cuatro seres vivos y los veinticuatro ancianos se postraron ante el Cordero, con una cítara cada uno y copas de oro llenas de perfumes, que son las oraciones de los santos. [9] Cantan un cántico nuevo, diciendo: Eres digno de recibir el libro y de abrir sus sellos, porque fuiste inmolado y con tu sangre compraste para Dios hombres] de toda tribu, lengua, pueblo y nación. [10] Y los hiciste un reino de sacerdotes para nuestro Dios, y reinarán sobre la tierra.
[11] En la visión oí un clamor de muchos ángeles que rodeaban el trono, los seres vivos y los ancianos. Su número era de miríadas de miríadas y millares de millares, [12] que aclamaban con gran voz: Digno es el Cordero inmolado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza.
[13] Y a toda criatura que hay en el cielo y en la tierra, debajo de la tierra y en el mar, y a todo cuanto hay en ellos, oí que decían: Al que está sentado en el trono y al Cordero, la alabanza, el honor, la gloria y el poder por los siglos de los siglos.
[14] Y los cuatro seres vivos respondieron: Amén. Y los ancianos se postraron y adoraron.


Cap. VI
ACONTECIMIENTOS PREVIOS AL DESENLACE FINAL


[1] En la visión, cuando el Cordero abrió el primero de los siete sellos, oí al primero de los cuatro seres decir con voz de trueno: ¡Ven! [2] Y vi entonces un caballo blanco; el jinete portaba un arco y le fue dada una corona, y salió con el gesto victorioso del que va a vencer.
[3] Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo ser que decía: ¡Ven! [4] Entonces salió otro caballo rojo; al jinete le fue concedido arrebatar la paz de la tierra para que se matasen unos a otros, y se le entregó una gran espada.
[5] Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer ser que decía: ¡Ven! Y vi entonces un caballo negro; el jinete tenía una balanza en su mano. [6] Y oí como una voz en medio de los cuatro seres que decía: Una medida de trigo por un denario, y tres medidas de cebada por un denario; pero al aceite y al vino no hagas daño.
[7] Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser que decía: ¡Ven! [8] Y entonces, en la visión apareció un caballo macilento; su jinete tenía por nombre «la Muerte» y le seguía «el Hades»; les fue dado poder sobre la cuarta parte de la tierra para matar a espada, de hambre, de peste y por medio de las fieras de la tierra.
[9] Cuando abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los inmolados a causa de la palabra de Dios y del testimonio que mantuvieron. [10] Clamaron con gran voz diciendo: ¡Señor santo y veraz!, ¿para cuándo dejas el hacer justicia y vengar nuestra sangre contra los habitantes de la tierra? [11] Entonces se les dio a cada uno una túnica blanca y se les dijo que aguardaran todavía un poco, hasta que se completase el número de sus consiervos y hermanos que iban a ser inmolados como ellos.
[12] Y cuando abrió el sexto sello, vi cómo se producía un gran terremoto: el sol se volvió negro como saco de crines y toda la luna se volvió como si fuera sangre. [13] Las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como se desprenden los higos verdes de la higuera agitada por el vendaval. [14] El cielo se replegó lo mismo que se enrolla un libro y todos los montes y las islas fueron removidos de su sitio. [15] Los reyes de la tierra, los magnates y los tribunos, los ricos y los poderosos, todos los hombres, esclavos y libres, se escondieron en las cuevas y en las rocas de los montes. [16] Y decían a los montes y a las rocas: Precipitaos sobre nosotros y ocultadnos de la presencia del que está sentado en el trono y de la ira del Cordero, [17] porque ha llegado el gran día de su ira, y ¿quién podrá sostenerse en pie?


Cap. VII


[1] Después de esto vi cuatro ángeles de pie sobre los cuatro ángulos de la tierra, que retenían los cuatro vientos de la tierra para que no soplara el viento ni sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre árbol alguno.
[2] Y vi otro ángel que subía del oriente, y llevaba el sello de Dios vivo. Con voz fuerte gritó a los cuatro ángeles a los que se les había encargado hacer daño a la tierra y al mar, [3] diciendo: No hagáis daño a la tierra ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios. [4] Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel. [5] De la tribu de Judá, doce mil sellados; de la tribu de Rubén, doce mil; de la tribu de Gad, doce mil; [6] de la tribu de Aser, doce mil; de la tribu de Neftalí, doce mil; de la tribu de Manasés, doce mil; [7] de la tribu de Simeón, doce mil; de la tribu de Leví, doce mil; de la tribu de Isacar, doce mil; [8] de la tribu de Zabulón, doce mil; de la tribu de José, doce mil; de la tribu de Benjamín, doce mil sellados.
[9] Después de esto, en la visión, apareció una gran multitud que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas, de pie ante el trono y ante el Cordero, vestidos con túnicas blancas, y con palmas en sus manos, [10] que gritaban con fuerte voz, diciendo: La salvación viene de nuestro Dios que se sienta sobre el trono, y del Cordero. [11] Y todos los ángeles estaban de pie alrededor del trono, de los ancianos y de los cuatro seres, y cayeron sobre sus rostros ante el trono y adoraron a Dios, [12] diciendo: Amén; la bendición, la gloria, la sabiduría, la acción de gracias, el honor, el poder y la fortaleza pertenecen a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén.
[13] Entonces uno de los ancianos intervino y me dijo: Estos que están vestidos con túnicas blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido? [14] Yo le respondí: Señor mío, tú lo sabes. Y me dijo: Estos son los que vienen de la gran tribulación, los que han lavado sus túnicas y las han blanqueado con la sangre del Cordero. [15] Por eso están ante el trono de Dios y le sirven día y noche en su templo, y el que se sienta en el trono habitará en medio de ellos. [16] Ya no tendrán hambre, ni tendrán sed, no les agobiará el sol, ni calor alguno, [17] pues el Cordero, que está en medio del trono, será su pastor, que los conducirá a las fuentes de las aguas de la vida, y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos.


Cap. VIII


[1] Y cuando abrió el séptimo sello se hizo un silencio en el cielo, como de media hora.
[2] Entonces vi a los siete ángeles que están de pie delante de Dios; les dieron siete trompetas. [3] Vino otro ángel y se quedó en pie junto al altar con un incensario de oro. Le dieron muchos perfumes para que los ofreciera, con las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que está ante el trono. [4] Y subió el humo de los perfumes, con las oraciones de los santos, desde la mano del ángel hasta la presencia de Dios. [5] Tomó el ángel el incensario, lo llenó con las brasas del altar y las arrojó a la tierra. Entonces se produjeron truenos, voces, relámpagos y un gran terremoto. [6] Los siete ángeles que tenían las siete trompetas, se prepararon para tocarlas.
[7] Tocó la trompeta el primero. Entonces hubo pedrisco y fuego, mezclados con sangre, que fueron arrojados a la tierra: se abrasó la tercera parte de la tierra, se abrasó la tercera parte de los árboles, y se abrasó toda hierba verde. [8] Tocó la trompeta el segundo ángel. Entonces fue arrojado al mar algo como un gran monte ardiendo en llamas; y se convirtió en sangre la tercera parte del mar, [9] y murió la tercera parte de las criaturas vivas que hay en el mar y también quedó destruida la tercera parte de los barcos. [10] Tocó la trompeta el tercer ángel. Entonces cayó del cielo una gran estrella ardiendo como una antorcha, y alcanzó a un tercio de los ríos y de las fuentes de las aguas. [11] El nombre de la estrella es Ajenjo, y una tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo, y muchos hombres murieron a causa de las aguas porque se habían vuelto amargas.
[12] Tocó la trompeta el cuarto ángel. Entonces fue herida una tercera parte del sol, una tercera parte de la luna y una tercera parte de las estrellas, de modo que se oscureció un tercio de ellas, y no hubo luz un tercio del día y, de modo semejante, de la noche.
[13] Y, en la visión, oí un águila que volaba por medio del cielo, diciendo con voz fuerte: ¡Ay, ay, ay de los habitantes de la tierra cuando suenen las otras trompetas que han de tocar los tres ángeles!


Cap. IX


[1] Tocó la trompeta el quinto ángel. Entonces vi una estrella del cielo caída en la tierra y se le dio la llave del pozo del abismo. [2] Abrió el pozo del abismo y subió del pozo una humareda semejante a la de un gran horno. Se oscurecieron el sol y el aire por la humareda del pozo. [3] De la humareda saltaron a la tierra langostas, a las que se les dio un poder como el que tienen los escorpiones. [4] Se les dijo que no hiciesen daño a la hierba de la tierra ni a nada verde, ni a ningún árbol, sino sólo a los hombres que no tuvieran en la frente el sello de Dios. [5] Y se les dio poder no para matarlos sino para atormentarlos durante cinco meses. Su tormento es como el tormento del escorpión cuando pica a un hombre. [6] En aquellos días los hombres buscarán la muerte y no la encontrarán; desearán morir pero la muerte huirá de ellos.
[7] El aspecto de las langostas era semejante al de caballos preparados para el combate. Sobre sus cabezas tenían una especie de coronas que parecían de oro y sus rostros eran como rostros humanos. [8] Tenían cabellos como los de las mujeres, y sus dientes eran como los de los leones. [9] También tenían corazas, semejantes a corazas de hierro, y el ruido de sus alas era como el estruendo de los carros tirados por muchos caballos corriendo al combate. [10] Tenían además colas con aguijones como los escorpiones, y en las colas el poder de dañar a los hombres durante cinco meses. [11] Tienen por rey al ángel del abismo, cuyo nombre en hebreo es Abaddón y en griego Apolión. [12] El primer ¡ay! ha pasado. Mira, después de esto, vienen todavía otros dos ayes.
[13] Tocó la trompeta el sexto ángel. Y entonces oí una voz, procedente de los ángulos del altar de oro que está ante Dios, que decía [14] al sexto ángel que tenía la trompeta: Desata a los cuatro ángeles que están atados junto al gran río Eufrates. [15] Y fueron desatados los cuatro ángeles, preparados para la hora, el día, el mes y el año, en que matarían a un tercio de los hombres. [16] El número de la tropa de caballería era de doscientos millones. Yo oí su número. [17] Y así vi en la visión a los caballos y a los que los montaban: Llevaban corazas de fuego, de jacinto y de azufre. Las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones, y de sus bocas salía fuego, humo y azufre. [18] A causa de estas tres plagas murió una tercera parte de los hombres, por el fuego, el humo y el azufre que salía de sus bocas, [19] pues el poder de los caballos está en sus bocas y en sus colas, ya que sus colas, igual que serpientes, tienen cabezas y con ellas hieren.
[20] Los demás hombres, que no murieron en estas plagas, ni se arrepintieron de las obras de sus manos `dejando de adorar a los demonios y a los ídolos de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, que no pueden ver, ni oír, ni caminar [21] tampoco se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicherías, ni de su fornicación, ni de sus robos.


Cap. X


[1] Y vi a otro ángel poderoso que descendía del cielo, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; su rostro era como el sol y sus pies como columnas de fuego. [2] En la mano tenía un libro pequeño abierto. Puso el pie derecho sobre el mar y el izquierdo sobre la tierra, [3] y gritó con voz fuerte, como el rugido del león. Cuando gritó, los siete truenos hicieron oír sus respectivas voces.
[4] Al hablar los siete truenos, me disponía a escribir. Pero oí una voz del cielo que decía: Sella lo que han dicho los siete truenos, no lo escribas. [5] Y el ángel que vi de pie sobre el mar y sobre la tierra levantó la mano derecha hacia el cielo, [6] y juró por el que vive por los siglos de los siglos, el que creó el cielo y cuanto hay en él, la tierra y cuanto hay en ella, y el mar y cuanto hay en él: Ya no habrá más tiempo, [7] sino que, en los días en que se oiga la voz del séptimo ángel cuando empiece a tocar la trompeta, se consumará el misterio de Dios, tal como lo anunció a sus siervos los profetas.
[8] Entonces la voz que había oído del cielo, me habló de nuevo diciendo: Ve y toma el libro abierto en la mano del ángel que está de pie sobre el mar y sobre la tierra. [9] Me acerqué al ángel y le dije que me diera el libro pequeño. El me contestó: Toma y devóralo, te amargará las entrañas, pero en tu boca será dulce como la miel. [10] Tomé el pequeño libro de la mano del ángel y lo devoré. En mi boca fue dulce como la miel, pero cuando lo comí, se me amargaron las entrañas. [11] Entonces me dijeron: Es necesario que profetices de nuevo contra muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.


Cap. XI


[1] Y se me dio una caña como una vara de medir], diciéndome: Levántate y mide el templo de Dios, el altar, y a los que adoran en él. [2] Pero prescinde del atrio exterior del templo y no lo midas, pues ha sido entregado a los gentiles, que hollarán la ciudad santa durante cuarenta y dos meses. [3] Yo haré que mis dos testigos profeticen, vestidos de saco, durante mil doscientos sesenta días. [4] Ellos son los dos olivos y los dos candelabros que están en presencia del Señor de la tierra. [5] Y si alguno quisiera hacerles daño, saldrá fuego de sus bocas y devorará a sus enemigos; y si alguno quisiera hacerles daño, de la misma forma habrá de morir. [6] Ellos tienen poder de cerrar el cielo para que no llueva en los días de su profecía, y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y para afligir la tierra con toda suerte de plagas, cuantas veces quieran. [7] Cuando concluyan su testimonio, la bestia que surge del abismo entablará combate contra ellos, los derrotará y los matará. [8] Sus cadáveres quedarán en la plaza de la gran ciudad, la que simbólicamente es llamada Sodoma o Egipto, donde también su Señor fue crucificado. [9] Las gentes de los pueblos, tribus, lenguas y naciones verán sus cadáveres durante tres días y medio, pues no permitirán colocar sus cadáveres en el sepulcro. [10] Los habitantes de la tierra se alegrarán por la muerte de ambos, se regocijarán, y se intercambiarán regalos, porque estos dos profetas habían atormentado a los habitantes de la tierra.
[11] Después de tres días y medio un soplo de vida procedente de Dios entró en ellos, y se alzaron sobre sus pies, y un gran temor sobrecogió a los que los miraban. [12] Entonces oyeron una voz fuerte desde el cielo que les decía: Subid aquí. Y subieron al cielo en una nube y sus enemigos los vieron. [13] En aquella hora se produjo un gran terremoto y la décima parte de la ciudad se derrumbó; siete mil personas perecieron en el terremoto y los restantes se llenaron de temor y dieron gloria al Dios del cielo. [14] El segundo ¡ay! ha pasado. Mira, enseguida llega el tercer ¡ay!

VICTORIA DE CRISTO SOBRE LOS PODERES DEL MAL Y GLORIFICACION DE LA IGLESIA



[15] Tocó la trompeta el séptimo ángel. Y resonaron fuertes voces en el cielo que decían: El reinado en este mundo es ya de nuestro Señor y de su Cristo, que reinará por los siglos de los siglos.
[16] Entonces los veinticuatro ancianos, que se sientan en sus tronos en la presencia de Dios, se echaron rostro en tierra y adoraron a Dios, [17] diciendo: Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, el que es y el que era, porque has ejercido tu inmenso poder y has comenzado a reinar. [18] Las naciones se habían encolerizado, pero llegó tu ira y el tiempo de ser juzgados los muertos y de dar la recompensa a tus siervos los profetas, a los santos y a los que temen tu nombre, pequeños y grandes, y de exterminar a los que destruyen la tierra.
[19] Y se abrió el templo de Dios en el cielo y en él apareció el arca de su alianza; y se produjeron relámpagos, fragor de truenos, un terremoto y un gran pedrisco.


Cap. XII


[1] Una gran señal apareció en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna bajo sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. [2] Está encinta y grita al sufrir los dolores del parto y los tormentos de dar a luz. [3] Apareció entonces otra señal en el cielo: Un gran dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas siete diademas. [4] La cola arrastró una tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó a la tierra. El dragón se puso delante de la mujer, que iba a dar a luz, para devorar a su hijo en cuanto naciera. [5] Y dio a luz un hijo varón, el que ha de regir a todas las naciones con cetro de hierro. Pero su hijo fue arrebatado hasta Dios y hasta su trono. [6] Entonces la mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar preparado por Dios para que allí la alimenten durante mil doscientos sesenta días.
.PP [7] Y se entabló un gran combate en el cielo: Miguel y sus ángeles lucharon contra el dragón. También lucharon el dragón y sus ángeles, [8] pero no prevalecieron, ni hubo ya para ellos un lugar en el cielo. [9] Fue arrojado aquel gran dragón, la serpiente antigua, llamado Diablo y Satanás, que seduce a todo el universo. Fue arrojado a la tierra y también fueron arrojados sus ángeles con él. [10] Entonces oí en el cielo una fuerte voz que decía: Ahora ha llegado la salvación, la fuerza, el reino de nuestro Dios, y el poder de su Cristo, pues ha sido arrojado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche. [11] Ellos lo vencieron por la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio que dieron, pues no amaron su propia vida más que la muerte. [12] Por eso, alegraos, cielos, y cuantos en ellos habitáis.
Ay de la tierra y del mar! pues ha descendido hasta vosotros el Diablo, con gran ira, al saber que le queda poco tiempo.
[13] Cuando el dragón vio que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al varón. [14] Pero le fueron dadas a la mujer las dos alas del águila grande para que volara al desierto, a su lugar, donde es alimentada durante un tiempo, dos tiempos y medio tiempo, lejos de la serpiente. [15] Entonces la serpiente arrojó de su boca como un río de agua tras la mujer, para arrastrarla con la corriente. [16] Pero la tierra ayudó a la mujer: abrió la tierra su boca y absorbió el río que había echado el dragón de su boca. [17] El dragón se enfureció contra la mujer y se marchó a hacer la guerra al resto de su descendencia, aquellos que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús. [18] Y se detuvo sobre la arena del mar.


Cap. XIII


[1] Y vi una bestia que salía del mar: tenía diez cuernos y siete cabezas, y sobre sus cuernos diez diademas y sobre sus cabezas títulos blasfemos. [2] La bestia que vi era semejante a un leopardo, sus pies como de un oso, y su boca como boca de león. El dragón le entregó su fuerza, su trono y gran poder. [3] Una de sus cabezas estaba como herida de muerte, pero se curó su herida mortal, y toda la tierra siguió admirada a la bestia. [4] Y adoraron al dragón porque había entregado el poder a la bestia. También adoraron a la bestia diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién puede luchar contra ella? [5] Se le dio una boca que profería palabras arrogantes y blasfemias, y se le dio poder para actuar durante cuarenta y dos meses. [6] Y abrió su boca con blasfemias contra Dios, para injuriar su nombre, su tabernáculo, y a los que moran en el cielo. [7] Se le permitió también hacer la guerra contra los santos y vencerlos, y se le dio poder sobre toda tribu y pueblo, lengua y nación. [8] Y le adorarán todos los que habitan la tierra, aquellos cuyo nombre no está escrito, desde el origen del mundo, en el libro de la vida del Cordero inmolado. [9] Si alguno tiene oídos, que oiga: [10] Si alguno está destinado a la cautividad, a la cautividad irá; si alguno debe morir a espada, es necesario que muera a espada. Aquí está la paciencia y la fe de los santos.
[11] Y vi otra bestia que subía de la tierra. Tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como un dragón. [12] Ejerce en su presencia todo el poder de la primera bestia, y hace que la tierra y sus habitantes adoren a la primera bestia, cuya herida de muerte fue curada. [13] Realiza grandes prodigios, incluso hace bajar fuego del cielo a la tierra a la vista de los hombres.
[14] Y seduce a los habitantes de la tierra por medio de los prodigios que le ha sido concedido realizar en presencia de la bestia, diciendo a los habitantes de la tierra que hagan una imagen de la bestia que habiendo sido herida de espada revivió. [15] Se le concedió infundir aliento a la imagen de la bestia, de modo que la imagen de la bestia hable y haga que todos cuantos no adoren la imagen de la bestia mueran. [16] Hace que todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y siervos, reciban una marca en la mano derecha o en su frente, [17] para que nadie pueda comprar o vender sino el que tenga la marca, el nombre de la bestia o el número de su nombre. [18] En esto consiste la sabiduría: El que tenga inteligencia que calcule el número de la bestia, pues es número de un hombre. Su número es seiscientos sesenta y seis.


Cap. XIV


[1] Entonces, en la visión, el Cordero estaba en pie, sobre el monte Sión, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que llevaban escrito en sus frentes el nombre de él y el nombre de su Padre. [2] Y oí una voz del cielo, semejante al ruido de muchas aguas, y al estruendo de un gran trueno. La voz que oí era como el canto de citaristas que tañían sus cítaras, [3] cantando un cántico nuevo delante del trono y delante de los cuatro seres y de los ancianos. Y ninguno podía aprender el cántico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil, que fueron rescatados de la tierra. [4] Estos son los que no se mancillaron con mujeres, pues son vírgenes. Estos son los que siguen al Cordero dondequiera que vaya. Estos han sido rescatados de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero; [5] y no se halló mentira en su boca: son inmaculados.
[6] Y vi otro ángel que volaba en lo alto del cielo, llevando un evangelio eterno para anunciarlo a los que habitan en la tierra, y a toda nación, tribu, lengua y pueblo, [7] y diciendo con voz fuerte: Temed a Dios, y dadle gloria, porque ha llegado la hora de su juicio. Adorad al que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas. [8] Le siguió otro ángel, el segundo, diciendo: Cayó, cayó la gran Babilonia, aquella que dio a beber el vino del furor de su fornicación a todas las naciones. [9] Otro ángel, el tercero, siguió a aquéllos, diciendo con voz fuerte: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano, [10] éste también beberá el vino de la ira de Dios, que está preparado, sin mezcla, en el cáliz de su ira, y será atormentado delante de los santos ángeles y delante del Cordero, con fuego y azufre. [11] El humo de su tormento se eleva por los siglos de los siglos; no tienen descanso de día ni de noche los que han adorado a la bestia y a su imagen, y cualquiera que haya recibido la marca de su nombre.
[12] En esto consiste la paciencia de los santos: que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. [13] Y oí una voz del cielo que decía: Escribe: Bienaventurados los muertos que desde ahora mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, que descansen de sus trabajos, pues sus obras los acompañan.
[14] Entonces, en la visión, apareció una nube blanca, y sobre la nube sentado uno semejante a un Hijo de hombre, con una corona de oro sobre su cabeza y una hoz afilada en su mano. [15] Y otro ángel salió del templo, gritando con voz fuerte al que estaba sentado sobre la nube: Mete tu hoz y siega, porque ha llegado la hora de la siega, ya que la mies de la tierra está en sazón. [16] El que estaba sentado sobre la nube acercó la hoz a la tierra y quedó segada la tierra.
[17] Otro ángel salió del templo que está en el cielo, llevando él también una hoz afilada. [18] Y otro ángel, el que tiene poder sobre el fuego, salió del altar, y clamó con voz fuerte al que tenía la hoz afilada: Mete tu hoz afilada y vendimia los racimos de la viña de la tierra, porque sus uvas están maduras. [19] Acercó el ángel la hoz a la tierra, vendimió la viña de la tierra y la echó en el gran lagar de la ira de Dios. [20] El lagar fue pisado fuera de la ciudad, y salió sangre del lagar hasta los frenos de los caballos, a lo largo de mil seiscientos estadios.


Cap. XV


[1] Vi en el cielo otro signo grande y admirable: Siete ángeles que tenían siete plagas, las últimas, porque en ellas culmina la ira de Dios. [2] Vi también como un mar de cristal mezclado con fuego, y a los que vencieron a la bestia y a su imagen y al número de su nombre, que estaban en pie sobre el mar de cristal llevando las cítaras de Dios. [3] Y cantaban el cántico de Moisés, siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: ¡Grandes y admirables son tus obras, Señor, Dios omnipotente! ¡Justos y verdaderos tus caminos, Rey de las naciones! [4] ¿Quién no temerá, Señor, y glorificará tu nombre? Porque sólo Tú eres Santo, porque todas las naciones vendrán y se postrarán en tu presencia, porque tus juicios se han manifestado.
[5] Y continuó la visión: Se abrió en el cielo el templo de la tienda del testimonio, [6] y salieron del templo los siete ángeles llevando las siete plagas. Iban vestidos de lino puro y brillante, ceñidos con cinturones de oro a la altura del pecho. [7] Entonces uno de los cuatro seres dio a los siete ángeles siete copas de oro llenas de la ira de Dios que vive por los siglos de los siglos. [8] Y el templo se llenó del humo de la gloria de Dios y de su fuerza. Nadie podía entrar en el templo hasta que se cumplieran las siete plagas de los siete ángeles.


Cap. XVI


[1] Oí una fuerte voz procedente del templo, que decía a los siete ángeles: Id y derramad sobre la tierra las siete copas de la ira de Dios. [2] Marchó el primero, vertió sobre la tierra su copa, y sobrevino una llaga maligna y perniciosa a los hombres que tenían la marca de la bestia y a los que habían adorado su imagen. [3] El segundo vertió su copa en el mar, que se convirtió en sangre como de muerto, y todos los seres vivos del mar murieron. [4] El tercero vertió su copa en los ríos y en las fuentes de las aguas, que se convirtieron en sangre. [5] Entonces oí al ángel de las aguas que decía: Justo eres Tú, el que es y el que era, el Santo, porque has juzgado de esta forma, [6] porque a los que derramaron la sangre de los santos y profetas, les has dado a beber sangre. Se lo merecen. [7] Oí al altar que decía: Sí, Señor Dios todopoderoso, verdaderos y justos son tus juicios.
[8] El cuarto vertió su copa sobre el sol y se le permitió abrasar a los hombres con fuego. [9] Fueron abrasados los hombres con un gran ardor, y blasfemaron del nombre de Dios, que tiene la autoridad sobre aquellas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria.
[10] El quinto vertió su copa sobre el trono de la bestia, y su reino se sumió en tinieblas y se mordían las lenguas de dolor. [11] Blasfemaron del Dios del cielo a causa de su dolor y de sus heridas, pero no se arrepintieron de sus obras. [12] El sexto vertió su copa sobre el gran río Eúfrates, y se secaron sus aguas de modo que quedó preparado el camino a los reyes del oriente. [13] Entonces vi tres espíritus inmundos como ranas que salían de la boca del dragón, de la boca de la bestia y de la boca del falso profeta. [14] Son espíritus demoníacos que hacen prodigios, y se dirigen a los reyes de todo el orbe, a fin de reunirlos para la batalla del gran día del Dios omnipotente.
[15] He aquí que vengo como un ladrón. Bienaventurado el que esté vigilante y guarde sus vestidos, para no andar desnudo y que vean sus vergüenzas.
[16] Y los reunió en el lugar llamado en hebreo Harmagedón.
[17] El séptimo vertió su copa en el aire, y salió del templo, desde el trono, una voz que decía: ¡Hecho está! [18] Hubo relámpagos, estampidos de truenos, y se produjo un gran terremoto como nunca existió desde que hay hombres sobre la tierra: ¡Tan grande fue el terremoto! [19] La gran ciudad se partió en tres trozos, y las ciudades de las naciones se derrumbaron. La gran Babilonia fue recordada ante Dios para darle a beber la copa del vino del furor de su ira. [20] Todas las islas desaparecieron y de los montes no se encontró rastro. [21] Y un pedrisco con granizos como de un talento cayó del cielo sobre los hombres, que prorrumpieron en blasfemias contra Dios por el azote del pedrisco: ¡Era una plaga tremenda!


Cap. XVII


[1] Vino uno de los siete ángeles que tenían las siete copas y me habló diciendo: Ven, te mostraré el castigo de la gran ramera, la que se sienta sobre muchas aguas. [2] Con ella han fornicado los reyes de la tierra y se han embriagado los habitantes de la tierra con el vino de su lujuria. [3] Me condujo en espíritu al desierto, y vi una mujer sentada sobre una bestia roja, llena de nombres blasfemos, que tenía siete cabezas y diez cuernos. [4] La mujer estaba revestida de púrpura y escarlata, adornada con oro, piedras preciosas y perlas. Tenía en la mano un vaso de oro lleno de abominaciones y de las inmundicias de su fornicación, [5] y escrito en su frente un nombre, un misterio: La gran Babilonia, madre de las lascivias y abominaciones de la tierra. [6] Y vi a la mujer ebria de la sangre de los santos y de la sangre de los mártires de Jesús. Al verla me admiré con gran asombro.
[7] Entonces el ángel me dijo: ¿Por qué te admiras? Yo te descubriré el misterio de la mujer y de la bestia en que cabalga, la que tiene siete cabezas y diez cuernos: [8] La bestia que has visto existía pero ya no existe, y ha de subir del abismo, pero irá a la perdición. Los habitantes de la tierra, cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida desde la creación del mundo, se sorprenderán al ver a la bestia, porque existía, pero ya no existe, y sin embargo, reaparecerá.
[9] Este es el sentido, lleno de sabiduría: Las siete cabezas son siete colinas sobre las cuales la mujer está sentada, y también son siete reyes: [10] cinco cayeron, uno subsiste, otro aún no ha llegado y cuando llegue debe permanecer por poco tiempo. [11] La bestia que existía, pero ya no existe, es el octavo, aunque también es uno de los siete, y va hacia la perdición. [12] Los diez cuernos que has visto son diez reyes, que aún no han recibido el reino, pero recibirán, junto con la bestia, el poder real durante una hora. [13] Estos, de común acuerdo, entregan su fuerza y su poder a la bestia. [14] Lucharán contra el Cordero; pero el Cordero, junto con sus llamados, elegidos y fieles seguidores, los vencerá, porque es Señor de señores y Rey de reyes.
[15] Y me dijo: Las aguas que has visto, donde la ramera se sienta, son pueblos y muchedumbres, naciones y lenguas. [16] Los diez cuernos que has visto y la bestia aborrecerán a la ramera, la dejarán desolada y desnuda, comerán sus carnes y la abrasarán con fuego. [17] Porque Dios ha movido sus corazones para que ejecuten el designio divino y, de común acuerdo, entreguen el reino a la bestia, hasta que se cumplan las palabras de Dios. [18] La mujer que has visto es la gran ciudad que ostenta la soberanía sobre los reyes de la tierra.


Cap. XVIII


[1] Después de esto vi otro ángel que bajaba del cielo, con gran poder, y la tierra quedó iluminada con su claridad. [2] Y gritó con fuerte voz, diciendo: Cayó, cayó la gran Babilonia y se convirtió en morada de demonios, en guarida de todo espíritu impuro y en refugio de toda bestia inmunda y odiosa, [3] porque todas las naciones bebieron del vino del furor de su lujuria, los reyes de la tierra han fornicado con ella, y con su desenfrenado lujo se han enriquecido los mercaderes de la tierra.
[4] Y oí otra voz del cielo que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis cómplices de sus pecados ni participéis de sus castigos. [5] Pues sus pecados llegaron hasta el cielo y se acordó Dios de sus iniquidades. [6] Devolved con arreglo a lo que dio; pagadle el doble de lo que merecen sus obras, y en la copa que os preparo, mezcladle el doble. [7] Tanto como se jactó y vivió en placeres, dadle eso mismo en tormento y llanto, porque dice en su corazón: Estoy sentada como una reina, no soy viuda y no veré llanto. [8] Por eso en un solo día llegarán sus plagas, la muerte, el llanto y el hambre, y será quemada con fuego, porque poderoso es el Señor Dios que la ha juzgado. [9] Entonces llorarán y se lamentarán por ella los reyes de la tierra, que fornicaron y se entregaron a los placeres con ella, cuando vean el humo de su incendio; [10] se alejarán de ella por el miedo de sus tormentos, y dirán: ¡Ay, ay, la gran ciudad, Babilonia, la ciudad fuerte: en una sola hora ha llegado tu condena!
[11] Los comerciantes de la tierra lloran y gimen por ella, porque ya nadie compra sus mercancías: [12] ni oro, plata, piedras preciosas ni perlas; ni lino, púrpura, seda ni escarlata; toda madera olorosa, todo objeto de marfil y todos los enseres de madera preciosa, de bronce, de hierro y mármol; [13] canela, especias aromáticas y perfumes, mirra, incienso; vino, aceite, flor de harina y trigo; bestias de carga, ovejas, caballos y carros; esclavos y vidas humanas. [14] Todos los frutos que tu alma apetecía se apartaron de ti, y todo lo rico y espléndido pereció para ti y jamás lo volverás a encontrar.
[15] Los traficantes en estos negocios, que se habían enriquecido a costa de ella, se mantendrán lejos por miedo de sus tormentos, y, llorando y gimiendo, [16] dirán: ¡Ay, ay, la gran ciudad, la que vestía de lino, púrpura y escarlata, adornada con oro, piedras preciosas y perlas: [17] en una sola hora han sido arrasadas tantas riquezas!
Todos los pilotos y todos los navegantes, los marineros y cuantos bregan en la mar se quedaron lejos, [18] y gritaban al ver la humareda de su incendio: ¿Qué ciudad hubo comparable a la gran ciudad? [19] Echaron polvo sobre sus cabezas, y gritaron llorando y gimiendo, mientras decían: ¡Ay, ay, la gran ciudad, con cuya opulencia se enriquecieron todos los armadores de barcos: en una sola hora ha sido arrasada!
[20] Alégrate por ella, ¡oh cielo! y los santos, los apóstoles y los profetas, pues Dios ha sentenciado vuestro juicio contra ella. [21] Un ángel poderoso levantó una piedra como una gran muela de molino y la arrojó al mar diciendo: Con tal ímpetu será arrojada Babilonia, la gran ciudad, y ya nunca más será hallada. [22] La música de los citaristas y de los cantores, de los que tañen la flauta y la trompeta ya no se oirá más en ti. Ningún artesano de ningún oficio se encontrará en ti jamás, ni el rumor de la muela del molino se oirá nunca en ti. [23] No lucirá jamás en ti la luz de la lámpara, ni se oirá ya más la voz del esposo y la esposa, porque tus mercaderes eran los magnates de la tierra, y todas las gentes se extraviaron con tus hechicerías. [24] En ella se encontró la sangre de los profetas y los santos, y de todos los inmolados en la tierra.


Cap. XIX


[1] Después de esto oí como la fuerte voz de una inmensa muchedumbre en el cielo, que decía: ¡Aleluya! ¡La salvación, la gloria y el poder son de nuestro Dios; [2] sus juicios son verdaderos y justos, pues condenó a la gran ramera, que corrompía la tierra con su prostitución, y vengó en ella la sangre de sus siervos! [3] Por segunda vez dijeron: ¡Aleluya! ¡Su humareda sube por los siglos de los siglos!
[4] Los veinticuatro ancianos y los cuatro seres se postraron, y adoraron a Dios sentado en el trono, diciendo: ¡Amén¡ ¡Aleluya!
[5] Entonces salió una voz desde el trono que decía: Alabad a nuestro Dios todos sus siervos y los que le teméis, pequeños y grandes.
[6] Y oí una voz como de inmensa muchedumbre, como el estruendo de caudalosas aguas, y el estampido de fuertes truenos, que decían: ¡Aleluya: Reinó el Señor, nuestro Dios omnipotente! [7] Alegrémonos; saltemos de júbilo; démosle gloria, pues llegó el día de] las bodas del Cordero y se ha engalanado su esposa; [8] le han regalado un vestido de lino puro y deslumbrante: El lino son las buenas obras de los santos.
[9] Entonces me dijo: Escribe: Bienaventurados los llamados a la cena de las bodas del Cordero, y añadió: Estas son palabras verdaderas de Dios. [10] Me postré a sus pies para adorarle, pero me dijo: ¡Mira, no lo hagas!: Yo soy consiervo tuyo y de tus hermanos que guardan el testimonio de Jesús. Adora a Dios. El testimonio de Jesús es el espíritu de profecía.
[11] Y vi el cielo abierto: en él un caballo blanco, y el que lo monta se llama Fiel y Veraz, y con justicia juzga y combate. [12] Sus ojos son como llama de fuego, y en su cabeza hay muchas diademas; lleva escrito un nombre que nadie conoce sino él; [13] está vestido con un manto teñido de sangre, y su nombre es «el Verbo de Dios». [14] Los ejércitos celestes, vestidos de lino blanco y resplandeciente, le seguían en caballos blancos. [15] De su boca sale una espada afilada para herir con ella a las naciones; él las pastoreará con cetro de hierro; ya pisa el lagar del vino que contiene el furor de la ira de Dios omnipotente. [16] En el manto y en el `muslo` lleva escrito un nombre: Rey de reyes y Señor de señores.
[17] Vi también un ángel de pie sobre el sol que gritó con voz fuerte, diciendo a todas las aves que volaban por el cielo: Venid, congregaos para la gran cena de Dios, [18] para que comáis carne de reyes y carne de tribunos, carne de poderosos y carne de caballos y sus jinetes, carne de todos los hombres libres y siervos, pequeños y grandes.
[19] Y vi a la bestia, a los reyes y a sus ejércitos congregados para hacer la guerra contra el que iba montado en el caballo y contra su ejército. [20] Pero la bestia fue apresada y con ella el falso profeta que en su presencia hacía prodigios, con los que seducía a los que habían recibido la marca de la bestia y a los que habían adorado su imagen. Los dos fueron arrojados vivos al estanque de fuego que arde con azufre. [21] Los demás fueron muertos con la espada que sale de la boca del que va montado en el caballo. Y todas las aves se hartaron de sus carnes.


Cap. XX


[1] Vi un ángel que bajaba del cielo, con la llave del abismo y una gran cadena en la mano. [2] Apresó al dragón, la serpiente antigua, que es el Diablo y Satanás, y lo encadenó por mil años. [3] Lo arrojó al abismo, lo cerró y puso un sello en él, para que no seduzca más a las naciones hasta que pasen los mil años. Después debe ser soltado por poco tiempo.
[4] Vi también unos tronos; a los que se sentaron en ellos se les dio potestad de juzgar; y vi las almas de los degollados por dar testimonio de Jesús y de la palabra de Dios, y a los que no adoraron a la bestia ni su imagen, ni recibieron la marca en su frente ni en su mano. Revivieron y reinaron con Cristo mil años. [5] Los demás muertos no revivieron hasta que se cumplieron los mil años. Esta es la resurrección primera.
[6] Bienaventurado y santo el que tiene parte en la resurrección primera. Sobre éstos la muerte segunda no tiene poder, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.
[7] Cuando se hayan cumplido los mil años, Satanás será soltado de su prisión, [8] y saldrá a seducir a las naciones que hay en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, y a reunirlos para la guerra, siendo innumerables como la arena del mar. [9] Subieron por la ancha faz de la tierra y pusieron cerco al campamento de los santos y a la ciudad amada, pero bajó fuego del cielo y les devoró. [10] Y el Diablo, el seductor, fue arrojado al estanque de fuego y azufre, donde están también la bestia y el falso profeta, y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.
[11] Vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él; ante su presencia huyeron la tierra y el cielo, y no dejaron ningún rastro. [12] Vi a los muertos, grandes y pequeños, en pie ante el trono, y fueron abiertos los libros. También fue abierto otro libro, el de la vida. Y los muertos fueron juzgados por lo que estaba escrito en los libros, según sus obras.
[13] El mar entregó los muertos que había en él, la muerte y el hades entregaron los muertos que había en ellos, y fue juzgado cada uno según sus obras. [14] Entonces la muerte y el hades fueron arrojados al estanque del fuego. Esta es la muerte segunda, el estanque de fuego. [15] Todo el que no figuraba escrito en el libro de la vida, era arrojado al estanque de fuego.


Cap. XXII


[1] Vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe. [2] Vi también la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo del lado de Dios, ataviada como una novia que se engalana para su esposo. [3] Y oí una fuerte voz procedente del trono que decía: He aquí la morada de Dios con los hombres: Habitará con ellos y ellos serán su pueblo, y Dios, habitando realmente en medio de ellos, será su Dios. [4] Y enjugará toda lágrima de sus ojos; y no habrá muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor, porque todo lo anterior ya pasó.
[5] El que estaba sentado en el trono dijo: Ahora hago nuevas todas las cosas. Y añadió: Escribe: Estas palabras son fieles y veraces. [6] También me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al sediento daré de beber gratis de la fuente de agua viva. [7] El que venza, heredará estas cosas, y yo seré para él Dios, y él será para mí hijo. [8] En cambio, los cobardes, incrédulos, abominables y homicidas, fornicarios, hechiceros, idólatras y todos los embusteros tendrán su parte en el estanque que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.
[9] Entonces vino uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas finales, y habló conmigo diciendo: Ven, te mostraré a la novia, la esposa del Cordero. [10] Me llevó en espíritu a un monte grande y alto y me mostró la ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del cielo del lado de Dios, [11] reflejando la gloria de Dios: su luz era semejante a una piedra preciosísima, como la piedra de jaspe, transparente como el cristal. [12] Tenía una muralla grande y alta con doce puertas, y sobre las puertas doce ángeles y unos nombres escritos que son los de las doce tribus de los hijos de Israel. [13] Tres puertas al oriente, tres puertas al norte, tres puertas al mediodía y tres puertas al poniente. [14] La muralla de la ciudad tenía doce pilares y en ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero.
[15] El que hablaba conmigo tenía una caña de oro para medir la ciudad, sus puertas y su muralla. [16] El trazado de la ciudad era cuadrado: su longitud era tanta como la anchura. Midió la ciudad con la caña y tenía doce mil estadios; su longitud, anchura y altura eran iguales. [17] Midió también la muralla: tenía ciento cuarenta y cuatro codos, según la medida humana usada por el ángel. [18] Las piedras de su muralla eran de jaspe, y la ciudad era de oro puro parecido al cristal nítido. [19] Los pilares de la muralla de la ciudad estaban adornados con toda clase de piedras preciosas: el primer pilar era de jaspe, el segundo de zafiro, el tercero de calcedonia, el cuarto de esmeralda, [20] el quinto de sardónica, el sexto de cornalina, el séptimo de crisólito, el octavo de berilo, el noveno de topacio, el décimo de crisoprasa, el undécimo de jacinto y el duodécimo de amatista. [21] Las doce puertas son doce perlas, cada una de las puertas estaba hecha de una sola perla. La plaza de la ciudad era de oro como cristal trasparente. [22] Pero no vi templo alguno en ella, pues su templo es el Señor Dios omnipotente y el Cordero. [23] La ciudad no tiene necesidad de que la alumbren el sol ni la luna: la ilumina la gloria de Dios y su lámpara es el Cordero. [24] A su luz caminarán las naciones y los reyes de la tierra le rendirán su gloria. [25] Sus puertas no se cerrarán durante el día, porque allí no habrá noche. [26] Llevarán a ella la gloria y las riquezas de las naciones, [27] pero no entrará nada profano, ni el que comete abominación y falsedad, sino los que están escritos en el libro de la vida del Cordero.


Cap. XXII


[1] Me mostró el río del agua de la vida, claro como un cristal, procedente del trono de Dios y del Cordero. [2] En medio de su plaza, y en una y otra orilla del río, está el árbol de la vida, que produce frutos doce veces, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol sirven para sanar a las naciones. [3] Ya no habrá nada maldito. En ella estará el trono de Dios y del Cordero, y sus siervos le darán culto, [4] verán su rostro y llevarán su nombre grabado en sus frentes. [5] Ya no habrá noche: no tienen necesidad de luz de lámparas ni de la luz del sol, porque el Señor Dios alumbrará sobre ellos y reinarán por los siglos de los siglos.
[6] Y me dijo: Estas palabras son fidedignas y verdaderas; el Señor, Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel para manifestar a sus siervos las cosas que van a suceder pronto. [7] Mira, vendré enseguida. Bienaventurado el que guarde las palabras de la profecía de este libro.
[8] Yo, Juan, soy quien he oído y visto estas cosas. Al oírlas y verlas, me postré en adoración a los pies del ángel que me las había mostrado. [9] Pero él me dijo: ¡Mira, no lo hagas!: Yo soy consiervo tuyo y de tus hermanos los profetas y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios.
[10] También me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca. [11] El injusto, que cometa aún injusticias; el sucio, que se manche aún más; el justo, que siga practicando la justicia; y el santo, santifíquese todavía más. [12] Mira, vendré pronto con mi recompensa, para dar a cada uno según haya sido su conducta. [13] Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el ultimo, el principio y el fin. [14] Bienaventurados los que lavan sus vestiduras pues tendrán derecho al árbol de la vida, y entrarán por las puertas de la ciudad. [15] Fuera los perros, los hechiceros, los impuros, los homicidas, los idólatras y todo el que ama y practica la mentira.

EPILOGO


[16] Yo, Jesús, he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas que se refieren a las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella radiante de la mañana.
[17] El Espíritu y la esposa dicen: ¡Ven! Y el que oiga, diga: ¡Ven! El que tenga sed que venga, el que quiera que tome gratis el agua de la vida.
[18] Yo aseguro a todo el que oiga las palabras proféticas de este libro: Si alguien añade algo a ellas, Dios enviará sobre él las plagas escritas en este libro. [19] Y si alguien quita alguna de las palabras de este libro profético, Dios le quitará su parte en el árbol de la vida y en la ciudad santa, que se han descrito en este libro.
[20] El que da testimonio de estas cosas dice: Sí, voy enseguida. Amén. ¡Ven, Señor Jesús!
[21] La gracia del Señor Jesús esté con todos.